Autor: Vilar, Sergio. 
   Demagogos en flor     
 
 Diario 16.    28/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Demagogos en flor

Sergio Vilar

Cabía esperar que las tensiones planteadas durante el último congreso del PSOE

iban a producir un debate

riguroso, a fondo, de las cuestiones teórica-concretas, programáticas y

organizadoras de los militantes

socialistas. Venían expresándose algunos deseos o esperanzas de que se

perfilaran un par de verdaderas

líneas originales, o por lo menos unas cuantas contribuciones sectoriales que

renovaran los proyectos de

marcha hacia el socialismo. Pero estamos al final de la etapa de la

confrontación de posiciones y nada

nuevo se ha ofrecido a los militantes y a los simpatizantes.

Por lo visto sólo existía una querella para conquistar o mantener los puestos en

la estructura de poder.

Hoy está plenamente demostrado que sólo continua la misma y mezquina discusión.

Frente al anterior equipo dirigida por Felipe González y, según fuentes diversas

y contrastadas, dominado

por Guerra, no existe ningún otro equipo que proponga una auténtica política

nueva. Por razones, pues, de

inercia en la ocupación de los puestas de poder, y a causa de la debilidad y la

repetición teórico-

programática de los «contestatarios», desde hace ya semanas resulta obvio

predecir que el anterior primer

secretario del PSOE volverá con fuerza, a ocuparse de los quehaceres políticos

de la organización

fundada por Pablo Iglesias.

Posiciones endebles

Las posiciones de Bustelo, Caslellano y Gómez Llorente «cabezas» de la corriente

«crítica», son tan

endebles que no sólo está siendo fácil a González-Guerra contrarrestarlas:

también otros dirigentes menos

«rodados» y más moderados que ellos habrían podido ganar la partida a tales

pseudos-izquierdistas.

Puesto que los lectores ya conocen suficientemente las posiciones de Felipe

González a través de las

numerosas declaraciones a la prensa que viene haciendo desde hace dos o tres

años, es preciso poner de

manifiesto las «tesis» de sus contrincantes, dicen que son «socialistas de

izquierda».

La auto-proclamación limitada a adjetivaciones simplistas es una costumbre

propia de los revolucionarios

decimonónicos y de la «belle époque», así como de los adolescentes que empiezan

a intervenir en las

lides políticas, que hoy ha dejado, por fortuna, de merecer el menor crédito a

cuantos trabajan en la

política con rigor y lucidez. Ser o no ser de izquierdas es algo que han de

demostrar los hechos en los que

tal o cual equipo o esta o aquella persona interviene y también puede

demostrarlo la coherencia de un

conjunto de textos, estos es: de intervenciones en la realidad desde el campo de

la teoría. Este trabajo

teórico-práctico es fundamental, absolutamente necesario para un partido.

Apología de Marx

El pensamiento de la línea «critica» o de «izquierda» del PSOE se resume

apresuradamente en un folleto

que acaba de publicar el señor Bustelo; en la primera página del prólogo, el

autor corre rápidamente a

decimos que él es «socialista de izquierda». Mal síntoma esta ansiosa afirmación

sin demostración. Y este

síntoma se confirma a lo largo de las páginas restantes.

El folleto no es más que un balanceo entre simples apologías del pensamiento de

Marx, por un lado, y por

el otro: propuestas más o menos explícitas de una política reformista que en

nada fundamental se

distingue de la que ha venido haciendo el PSOE dirigido por Felipe González. En

las páginas de Bustelo

no consta la menor innovación teórico-concreta, sino al contrario: está muy por

debajo de las

contribuciones al análisis marxista que nos proponen otros autores europeos y

coterráneos. Y es que ser

marxista hoy no consiste en proclamar una fe simplista en Marx. No hay que

confundir a Marx con la

Virgen de Lourdes.

En medio de ese balanceo proliferan las tautologías y las redundancias (por

ejemplo, página 20: «El

socialismo es una postura política de izquierdas» que equivale al

redescubrimiento de la pólvora en la era

atómica), así como los errores históricos o la alarmante aceptación de slogans

propagandísticos como sí

fueran hechos (por ejemplo, página 20: «El socialismo cuenta con más de un siglo

de existencia.». No,

señor Bustelo, el socialismo, o sea: la sociedad socialista, todavía no se ha

realizado en ninguna parte en

1979. Las ideas socialistas sí que proliferan desde hace más de un siglo, lo que

es distinto.

Las confusiones de una palabras con otras son graves para un intelectual como el

señor Bustelo, esto es;

una persona que tiene el oficio de manejar correctamente el sentido de los

conceptos, y no escribir a

tontas y a locas. En las páginas 101 y 103, Bustelo también da por hecho que el

"comunismo" existe, a

pesar de que hoy es casi unánime la tesis, incluso entre la mayoría de

dirigentes de los PC de Europa

occidental de que la sociedad de la U.R.S.S. no tiene nada que ver con el

comunismo y que incluso está

muy lejos de ser socialismo.

Vía revolucionaria

Después de las auto-proclamaciones izquierdistas, cuando Bustelo propone una

política concreta no se

distingue, como sugería, del reformismo más corriente y moliente, aunque él

pretenda situarse en el polo

opuesto a los reformistas. Pero en la página 91 dice: «No es posible sustituir

el marco capitalista», y en la

página 92 pide a los militantes que comprendan «el enorme interés que reviste

mejorar, sin modificarla a

fondo, la sociedad actual». Felicitaciones, señor Bustelo: como otros demagogos

pretende ir por la vía

«revolucionaria» al más elocuente reformismo.

Como aspirantes a teóricos marxistas, el señor Bustelo y sus amigos demuestran

que tienen un bajísimo

nivel. Y como aspirantes a dirigentes políticos son torpes: perderán la partida.

Las exhibiciones verbales de los demagogos en flor son respetables, aunque

evidentemente criticables.

Todo el mundo tiene derecho a la palabra. Pero estos demagogos que juegan a

parecer de «izquierda»

podrían resultar peligrosos a la hora de ofrecernos frutos.

En este desierto de la controversia socialista existen, sin embargo, algunos

dirigentes, como el catalán

Obiols, que están racionalmente influidos por el marxismo, guardan la cabeza

fría y no se fían de las

exageradas auto-proclamaciones marxistas.

 

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