Autor: Tusell, Javier. 
   El PSOE ¿Tiene remedio?     
 
 Ya.    30/09/1979.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Pag. 8

COLABORACIONES

30-IX-1979

EL PSOE ¿TIENE REMEDIO?

UN suspiro de alivio recorrió España una vez celebrado el congreso socialista de

mayo pasado. La

sensación retrospectiva de haberse librado de una grave aventura como

consecuencia del acceso

hegemónico al poder de un Partido Socialista que ahora descubría su inmadurez,

explica que así fuera

interpretado dicho congreso en medios no partidistas. Frente a lo que parecía

ser la opinión de la inmensa

mayoría de sus volantes y, desde luego, de los que hubieran podido llegar a

serlo, el Partido Socialista

demostró una voluntad poco menos que decidida de hacer inviable su tan pregonada

alternativa de poder.

Desde mayo hasta el presente mes de septiembre, el debate socialista ha estado

constantemente presente

en la prensa. Por supuesto, no es la primera vez que esto sucede; también en la

Segunda República hubo

un debate parecido. No en la agresividad, que es, sin duda, mucho mayor, ni en

la calidad ideológica de

los pronunciamientos, que es, quizá, inferior, sino también en la voluntad de

intolerancia que muestran

cada una de las partes contendientes.

Adelantemos en primer lugar que, desde luego, el balance ideológico de estos

meses de disputa no es en

exceso esclarecedor. Baste con remitirse a los dos libros que pueden resumirlo:

el de Bustelo, titulado

«Introducción al socialismo marxista», y el de Alfonso S. Palomares, «El

socialismo y la polémica

marxista". El primero pretende ser una introducción pedagógica al socialismo

marxista, pero se queda en

una curiosa y pedestre contraposición entre una voluntad de represar el

doctrinarismo radial que, sin duda,

caracteriza a su autor y la involuntaria aparición del mismo en sus páginas.

Desde luego, por muy

pedagógico que pretenda ser ningún libro, debería comenzar con una frase como la

siguiente: La especie

humana es una de las miles que habitan en la tierra..., el proceso de

hominización ha sido

extraordinariamente largo y lento.»

Tampoco parece que la pedagogía del marxismo permita la introducción de una

especie de teoría acerca de

crisis económica gorda», tal como hace el señor Bustelo en la página 59 su

opúsculo. Pero lo que nos

interesa es el hecho de que efectivamente se da un cambio entre el Bustelo autor

de otros

pronunciamientos ideológicos y el que ahora escribe. Este último manifiesta una

voluntad de

identificación con el marxismo, pero sólo por razones coyunturales o

estratégicas, y una actitud desde

luego no revolucionario, aunque mantenga la defensa del maoísmo en China, y

simplemente defensora de

una planificación a condición de que "ésta sea radicalmente diferente de la

franquista». Es decir, que el

señor Bustelo a la hora de pararse a traducir sobre el blanco de las paginas sus

tesis políticas, nos muestra

un considerable menor radicalismo que el que ha demostrado en otras ocasiones. Y

demuestra, también,

capacidad para adecuar las ideas a la realidad, virtud esta típica de sus tan

odiados socialdemócratas. Su

radicalismo queda en el ideario de fondo, pero desdibujado e impreciso.

EN cuanto a Palomares, al que hay que refutar como una voz autorizada de Felipe

González, pues él iba a

presentar su libro, nos proporciona algunas ideas en las que el lector

fácilmente podrá identificarse: por

ejemplo, el repudio a la divinización del marxismo o a un radicalismo incapaz de

sugerir una alternativa

política de cambio para la sociedad española. El señor Palomares muestra sus

reticencias ante palabras

como autogestión o tesis, como la colaboración del Partido Comunista, que hace

unos meses hubieran

sido juzgadas como netamente derechistas. Se inventa, además, lo que él denomina

como marxismo

analógico", que no es sino una fórmula de privarle de contenido y sobre todo, de

la condición de Biblia

indisputada. Pero, aún alabando la sensatez de muchos de los juicios de

Palomares, el lector no socialista

se encontrará con una actitud básicamente negativa con respecto a lo que han

sido las tesis tradicionales

del ala radical, sin que, en cambio, huya un proyecto sugestivo de construir el

futuro, ni una afirmación

socialdemócrata.

PORQUE precisamente, al margen de la escasa calidad de la polémica, el más grave

inconveniente de

dicha polémica socialista ha sido, precisamente, éste: el debate se ha reducido

desde el punto de vista

ideológico a una discusión más o menos esotérica y confusa para la mayor parte

de los españoles, en

donde no han sido infrecuentes los cambios de papeles y la incapacidad de

localizar a los contrincantes.

En cambio, es mucho más difícil de percibir el programa concreto de los

socialistas para verdaderamente

llegar a «cambiar la vida». Esto es, desde luego, grave, pero lo es incluso más

la agresividad y la falta de

voluntad de concordia de las que han hecho gala las dos alas enfrentadas. Es muy

fácil, desde luego,

criticar las posturas del ala radical. Por ello se nos disculpara que nos

refiramos a la que se identifica con

Felipe González. Este no solamente no ha ofrecido un proyecto positivo que

explique su postura, sino

que, además, ha demostrado a lo largo de estas semanas una voluntad de triunfo

quizá excesiva, una

capacidad mucho mayor para marginar que para sumar y una definitiva renuncia a

cambiar los

procedimientos en la dirección interna del partido.

¿Será necesario decir de nuevo que resulta imprescindible un Partido Socialista

fuerte, que llegue

verdaderamente a constituirse en alternativa de poder y que esté en condiciones

de acceder al mismo en el

plazo más breve posible? Desde luego, el resultado del congreso de mayo sólo

pudo ser una sorpresa para

los incautos, y debe ser motivo de grave preocupación para todos la posibilidad

de que dentro de unos

días el Partido Socialista no enderece definitivamente su rumbo.

JAVIER TUSELL

 

< Volver