Autor: P. J. R.. 
 Clausura del congreso extraordimario del PSOE. 
 Felipe arrolló a los críticos  :   
 Obtuvo el 85,9 por 100 de los votos, frente al 6,9 por 100 favorable a la lista a Gómez Llorente. 
 ABC.    30/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

30 DE SEPTIEMBRE DE 1979 - NUM. 22.922 VEINTICINCO PESETAS

ABC

CLAUSURA DEL CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PSOE

FELIPE ARROLLO A LOS "CRÍTICOS"

Obtuvo el 85,9 por 100 de los votos, frente al 6,9 por 100 favorable a la lista

a Gómez Llorente

Felipe González vivió esta madrugada momentos de rotundo triunfo personal, al

ser reelegido por un

enorme margen de votos y al frente de una Ejecutiva homogénea de

cierta significación intelectual,

secretario general del Partido Socialista. En su discurso de clausura del

Congreso extraordinario Felipe

González afirmó que la nuestra es todavía una «democracia débil» y prometió que

el PSOE asumiría sus

responsabilidades desde una actitud de «preocupación sosegada».

Media hora después de la medianoche el presidente de la Comisión de Escrutinios

anunció a los

delegados congregados en el mismo salón que ya sirviera de marco en diciembre

del 76 al primer

Congreso del partido en la legalidad al cabo de cuarenta años, que Felipe

González había obtenido el 85,9

por 100 de los votos, mientras que su oponente para la Secretaría General, el

líder del «sector críticos».

Luís Gómez Llorente, tan sólo reunía el 6,9 por 100, correspondiendo el margen

restante a las

abstenciones.

Gómez Llorente fue precisamente el primero en felicitar con gran efusión a

Felipe González, todavía

sentado entre los miembros de la Delegación de Madrid. Otro tanto hizo en

seguida Alonso Puerta,

dirigente de la etérea «tercera vía». Unas cuantas filas más atrás la esposa del

otra vez secretario general.

Carmen Romero, era felicitada por Mario Soares observador atento de todo el

desarrollo del Congreso.

Entre prolongados aplausos y gritos coreando su nombre, Felipe González subió al

estrado, donde ya se

había instalado Ramón Rubial, elegido presidente del partido. A continuación se

les agregó el nuevo

vicepresidente general, Alfonso Guerra —consagrado ya oficialmente como «numero

dos» —, y otro

tanto fueron haciendo los restantes miembros de la lista vencedora. Todos

saludaron puño en alto, a

excepción de Enrique Múgica, que lo hizo con la mano abierta, si bien por un

momento hubo de cerrarla

ante la insistente petición, en tono distendido y jovial, de un sector de la

sala.

La nueva Ejecutiva supone un enriquecimiento cualitativo sobre la base del mismo

equino que controlaba

el partido hasta el XXVIII Congreso. La mitad de los miembros de aquella

dirección forman de hecho,

parte de la candidatura vencedora. Entre las incorporaciones destacan, por su

dimensión intelectual, la del

catedrático Ignacio Sotelo, que ocupa la Secretaría de Cultura, y la del

sociólogo José María Maravall,

que ocupa la de Formación.

También se consideran importantes las inclusiones de Ciriaco de Vicente y Raimon

Obiols, dos elementos

fundamentales en el proceso de síntesis ideológica consumado en el Congreso. Tal

vez se note, en

cambio, la falta entre los nuevos ejecutivos de algún economista de talla, pues

ni Ernest Lluch, ni Miguel

Boyer, ni Enrique Barón figuraron en la candidatura.

Todos los miembros de la lista vencedora acumularon un porcentaje de

votos muy similar al de

Felipe González, con cuatro salvedades. Guillermo Galeote (Prensa y

Propaganda), Luís

Fajardo (Municipal), José Federico de Carvajal y Gregorio Peces Barba —titulares

éstos de sendas

vocalías— obtuvieron un 10 por 100 de sufragios menos, al no ser votados por la

Delegación de Madrid.

El carácter aplastante de la derrota del «sector crítico» ha sido la única

sorpresa del Congreso, ya que

todos los cálculos «a priori» le atribuían en cierto control cuando menos sobre

el 20 por 100 de los

delegados. Hay que señalar que ni Gómez Llorente, ni Pablo Castellano, ni

Francisco Bustelo han llegado

a tomar la palabra en ningún momento en los debates plenarios, proyectando una

extraña impresión de

«abandonismo».

El acto de clausura incluyó una breve intervención de Juan Antonio Barragán —

incorporado también a la

Ejecutiva- en nombre de las Juventudes Socialistas y un más extenso parlamento

de Nicolás Redondo,

quien perfiló la nueva estrategia sindical de la UGT, distanciándose de

Comisiones Obreras y subrayando

la importancia cuantitativa de los «cuadros intermedios».

En medio de una enorme expectación tomó finalmente la palabra Felipe González.

El suyo fue un

discurso integrador y generoso para con los derrotados, insistiendo en que para

todos hay un sitio en el

partido, pero advirtiendo que «el PSOE no se puede enquistar en sectores y

tendencias».

«Tenemos una democracia débil, una democracia que no se ha consolidado», aseguró

después. «La

democracia está amenazada por la violencia y por la crisis económica. Todavía la

sociedad no se ha

incorporado a la democracia.» Fue en este contexto donde explicó que si bien el

PSOE desea evitar por

todos los medios el Gobierno de coalición con UCD, sabrá asumir sus

responsabilidades en caso de

emergencia.

Lo más reseñable de su parlamento fue luego una serie encadenada de afirmaciones

rotundas sobre la

situación en el País Vasco: «La violencia tiene nombres y apellidos y tenemos

que atrevernos a decirlos:

es la ETA. No quieren. Estatuto ni ninguna otra fórmula que permita la conquista

de la libertad del pueblo

vasco. Los socialistas tenemos que apoyar los Estatutos. El 25 de octubre

llegará pese a los terroristas y a

los golpistas.»

El Congreso se clausuró al son de «La Internacional» y en medio de invocaciones

masivas del nombre del

secretario general.—P. J. R.

 

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