Autor: Altares, Pedro. 
   Cuidado con la autofagia     
 
 Diario 16.    28/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

¡Cuidado con la autofagia!

Pedro Altares

Bien. Han pasado los cuatro meses y ya estamos en el XXIX Congreso

Extraordinario del PSOE, el

principal partido de la izquierda española. Es, sin duda, uno de los principales

acontecimientos políticos

del año y uno de los que, en mucho tiempo, han desencadenado mayor cantidad de

ríos de tinta, aunque, a

decir verdad, aquélla haya privado sobre la calidad. A pesar de su centenaria

historia, ciertos grados de

inmadurez, reflejada sobre todo en la primicia de los elementos personales, han

condicionado un debate

que en tugar de desarrollarse ha girado a modo de espiral sobre sí mismo. Ello

ha motivado en algunos

especialmente en los denominados críticos, un excesivo encasillamiento en sus

posturas iniciales. Más

que a una discusión en profundidad hemos asistido, hay que repetirlo, a una

campaña electoral delante de

unas bases que han cristalizado sus posiciones en el apoyo incondicional a uno u

otro sector. Por el

momento, con un notable desequilibrio de resultados: van a apoyar a Felipe

González como secretario

general no menos de un 70 por 100 de los votos representados. Pero en la

ponencia ideológica, objeto

primordial del congreso, la línea de los llamados moderados va a hacer más

concesiones y, desde luego,

un mayor esfuerzo de síntesis. La «batalla» por la ejecutiva, capital, parece a

estas alturas prácticamente

resuelta: desechada por el momento, y salvo sorpresas de última hora, cualquier

solución de síntesis (y

donde sólo Gómez Llorente seria «integrable»), se irá al juego de las mayorías y

minorías, donde la

encabezada por el ex secretario general no tiene posible competencia.

Sin embargo, las cosas no van a resultar fáciles. Todo congreso auténticamente

democrático tiene siempre

reacciones imprevisibles. Y no ha disminuido ni la crispación ni la emotividad.

Lo sucedido en Madrid en

los últimos días es una pauta a tener en cuenta. La gravísima tendencia a la

autofagia que los partidos

políticos, todos, cultivan con tenacidad digna de mejor causa, asomó

peligrosamente en esa votación de la

agrupación de Chamberí para que ni Gómez Llorente ni Bustelo acudiesen como

delegados a la asamblea

de la Federación Socialista Madrileña y, por otra parte, ésta, en su. conjunto,

distó mucho de estar a la

altura de las circunstancias cuando todo su objetivo era, de alguna manera,

rebajar la presencia de Felipe

González a ese cuarto puesto de la delegación cuando nadie, absolutamente nadie,

considera que éste

tenga o debe tener sustitución. Trasladar el objetivo ideológico inicial a una

especie de «antifelipismo»

visceral es en el fondo un modo como otro cualquiera de escamotear la verdadera

naturaleza de la

discusión. Es evidente que los críticos intentan evitar cualquier tentación de

«cesarismo» dentro del

partido y que los ganadores puedan machacar al adversario. No creo, sin embargo,

que ese peligro exista.

Cualquier tentación en ese sentido sería arrollada por la dinámica posterior. No

sería entonces el final de

una crisis, sino el comienzo de otra más profunda. Y el «aparato» que salga de

este congreso

extraordinario lo sabe.

Sería de desear, dentro de lo que cabe y dadas las circunstancias externas e

internas del PSOE, que el

congreso sirviese realmente para una clarificación ideológica del socialismo

español. Hay que decir que,

en contra de lo previsto, estos pasados cuatro meses no han sido lodo lo útiles

que hubiera sido de esperar.

Por otra parte, el sistema de votaciones (donde implacablemente han ganado las

listas mayoritarias sin

concesiones a la proporcionalidad) ha podido dejar fuera del congreso a una

proporción mayor de críticos

que de sus oponentes. Aquéllos dan la impresión de haberse cerrado en esquemas

excesivamente rígidos y

de salida dudosa. Pero su peso especifico no es desdeñable de cara a muchas

agrupaciones. Está claro que

el debate marxismo sí o no se ha diluido bastante. Pero no así las

«incompatibilidades» personales, que

siempre son una prueba de incapacidad política. Sería grave, muy grave, que a

la larga el saldo con que

se cerrase este congreso fuese «la quema» de una serie de nombres, de uno u otro

sector, que hoy tienen

un peso específico dentro del socialismo español. Grave para el PSOE, pero

también para el país.

 

< Volver