Autor: Bustelo, Francisco. 
 Ante el XXVIII Congreso del PSOE. 
 Los dos posibles socialismos     
 
 Diario 16.    19/05/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Diariol 6/19-mayo-79

Ante el XXVIII Congreso del PSOE

Los dos posibles socialismos

Francisco Bustelo (Senador del PSOE por Madrid)

No estoy muy seguro de que los militantes del PSOE - para no hablar, claro es,

de la opinión pública—

tengamos una idea muy clara de qué es lo que de verdad está en juego en el

Congreso que celebramos

estos días.

Podemos aceptar, sin duda, como punto de partida que todos los socialistas

queremos un partido lo más

potente posible que llegue cuanto antes al poder y haga avanzar a la sociedad

hacia cotas más altas de

libertad, justicia y progreso. Pero a partir de aquí las cosas se complican.

¿Qué tipo de partido queremos?

¿Cómo, vemos la España actual? ¿Qué política hay que seguir en la oposición? Y

si llegamos al

Gobierno, ¿qué haríamos?

Todavía en desarrollo

Todas estas preguntas no tienen una respuesta socialista única. Veamos las

posibles discrepancias. Para

empezar hay dos análisis distintos sobre la etapa de desarrollo histórico en que

se encuentra España.

Algunos, entre los que me cuento, no creemos que baste la democracia actual —de

la que hay que

felicitarse y a la que hay que apoyar, pero con la idea de irla ampliando más y

más— para conseguir una

sociedad estable y próspera. España se encuentra todavía en una etapa de

desarrollo capitalista atrasado,

si se juzga, como no puede ser menos, por raseros europeos. Aquí hay todavía

muchas necesidades que

cubrir, mucho marginado, mucha desigualdad.

La socialdemocracia no sólo no sirve —únicamente vale para países ricos— sino

que además no puede

imponerse, pues no contaría, hoy por hoy, con votos suficientes. (¿Se ha

reflexionado, por ejemplo, sobre

lo que supone que en un país como Italia, parecido a España, pero en más

avanzado, la socialdemocracia

obtenga sólo el 3 por 100 de los votos?) Yerran así, a mi juicio, a que los que

como Felipe González, con

toda buena intención, creen que van a conseguir más votos siendo más moderados.

Este país está harto,

desde luego, de violencias —bastante hubo ya en el pasado e incluso en el

presente—, pero eso no quiere

decir que esté contento con su suerte y sólo desee algún que otro revoco de

fachadas en un lento caminar

hacia un capitalismo más humano.

Qué tipo de partido

Y esto es fundamental para saber qué tipo de partido socialista se desea. Si se

tiene como meta el

socialismo del SPD alemán, no cabe duda que hay que hacer un partido de cuadros,

buenos conocedores de la sociedad capitalista y de sus artilugios, sin base

propiamente dicha —ya que la

base la constituyen en esa perspectiva los votantes y no los militantes— y que

funcione de arriba abajo.

Arriba se decide y abajo se rectifica por parte de unas pocas decenas de miles

de militantes que ocupan

casi todos líos cargos dentro o fuera del partido.

En cambio, sí con todo el realismo, sensatez y lentitud que se quiera, a lo que

se aspira es a una sociedad

diferente, lo que hay que hacer es enraizarse en el pueblo, tener una

organización política de centenares

de miles de militantes convencidos, informados y participantes (y también una

organización sindical de

millones de afiliados). Aquí es la base quien decide -no asambleariamente, que

no fue nunca la imposible

democracia directa plato de gusto socialista- pero sí a través del oportuno

esquema organizativo, tampoco

tan difícil de montar. Entonces la pirámide constituida por todos los

socialistas se asienta, como es lógico,

en la base y ésta transmite su fuerza al vértice, que es quien ejecuta y, como

mucho, ordena y estimula las

corrientes que vienen de abajo.

El PSOE fue siempre un partido del segundo tipo. Hoy empieza a apuntar hacia la

otra dirección. Algunos

de sus dirigentes no ocultan sus claras preferencias en ese sentido. Piensan

sería estúpido e injusto creer

que no piensan o que no tienen razones o que sólo les interesa el consenso por

el consenso o que su única

ambición es ser ministros— que la historia de España dio un salto cualitativo en

el último medio siglo y

que el socialismo ha de adaptarse a los nuevos tiempos.

Otros pensamos que hay que seguir siendo fieles al ideal centenario del partido,

no por tradición, que no

es lo nuestro, sino porque las ideas de Pablo Iglesias siguen teniendo validez,

porque el capitalismo está

llamado a desaparecer, porque continúa siendo insalvable la contradicción entre

capital y trabajo, porque

la sociedad en que vivimos está impregnada de costes indebidos, de despilfarro,

de injusticias, de

ineficacia, de alienación y de infelicidad.

Pero, sobre todo, porque en su consciente o subconsciente, eso lo saben millones

y millones de españolas

y españoles, y sólo llegaremos a ellos si les sabemos explicar por qué son las

cosas así y por qué

podríamos, con su apoyo, por una vía pacífica, plural y democrática, avanzar

mucho hacia una sociedad

bastante mejor. Pero para ello hay que ir al fondo de las cosas, a las

corrientes profundas de la historia,

para desde allí hacer una política día a día eficaz, coherente, poderosa y

convincente. Esto y no personas

como Felipe sí o Felipe no, no palabras como marxismo sí o marxismo no— es en

definitiva lo que se va

a debatir en el XXVIII Congreso del PSOE. De ahí su importancia.

(P.S.: Permítaseme un pequeño alegato pro domo. Estos días, con motivo del

congreso socialista, hemos

leído abundantes afirmaciones desde dentro y fuera del partido y no digamos

desde la derecha— acerca

de que la línea critica o izquierdista del PSOE somos, en el mejor de los casos,

unos honrados pero

peligrosos visionarios que ignoramos todo de este país, y, en el peor de los

casos, unos frustrados o

resentidos. A los Tezanos, Sotelos, Salas y tantos otros —todos ellos amigos de

ayer y de hoy— quisiera

recordarles que algunos, aunque sólo sea por razón de oficio, algo sabemos de la

sociedad española

pasada y presente, y que si nuestra principal aspiración fuese figurar en el

partido, figuraríamos, y mucho,

si sólo hubiésemos callado. Por lo menos que se nos reconozca la inteligencia y

honradez que nosotros

reconocemos a los compañeros y amigos con los que discrepamos. Si no fuera así

no habría que ir más

lejos para saber dónde está el verdadero socialismo.)

 

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