Autor: Lago, Julián. 
   Bustelo: No pretendía cargarme a Felipe     
 
 Interviú.     Página: 6-8. Páginas: 3. Párrafos: 75. 

Bustelo:«No pretendía cargarme a Felipe»

Por JULIÁN LAGO

Fotos: GERMÁN GALLEGO

- Buen lío has armado, Paco, buen lío.

— Yo no he armado ningún lío, en todo caso quien ha armado el lío ha sido

Felipe. Felipe es, claro, Felipe González. Paco es, claro también, Paco Bustelo.

O, si ustedes lo prefieren, Francisco Bustelo y García del Real, catedrático de

Historia Económica, senador socialista, hermano del actual ministro de Industria

y de la no menos conocida feminista Carlota Bustelo. Barba entrecana, miopía

profesoral, manos pequeñas con las que no para de jugar con el pequeño vaso de

whisky que acaba de servirse, Paco Bustelo se ha incorporado al ranking de la

política la última semana, a la lista de los políticos que todo el mundo conoce,

a la nómica de quien ha ocupado alguna vez las primeras páginas de diarios y

revistas: Bustelo para arriba, Bustelo para abajo. El ha sido quien, en el

reciente congreso del pesoe, defendió la ponencia radical («di, mejor, la más

inequívocamente marxista») frente a la tesis moderada y oficialista de la

anterior ejecutiva.

— En realidad, tú has sido quien has echado a Felipe.

—No, no, por favor; que no quiero que haya malas interpretaciones, que yo no he

echado a Felipe, que eso quede bien claro.

— Al menos, le has zarandeado tanto que ha caído.

—En absoluto, en absoluto; fíjate, si lo hubiera querido zarandear, habría

preparado una estrategia completamente distinta. Mi intención en ningún momento

ha sido cargarme a Felipe.

- Bueno, pues has dado un toque al aparato.

- He dado, si, un toque al aparato, pero no a las personas. Hemos querido dar un

toque con la crítica a la gestión de la ejecutiva. Pero, al mismo tiempo, ese

partido, en un noventa por ciento, quiere a Felipe de primer secretario;

entonces, ¿qué ocurre?, pues que Felipe va y dice que es incompatible con la

resolución política, y todo eso está muy bien, y dice mucho en honor de Felipe,

pero antes habría que hacer algunas observaciones sobre la actitud de Felipe.

- ¿Por ejemplo?

- «Por ejemplo, que por qué no dijo todo eso Felipe antes del congreso. Porque

todos, absolutamente todos, y lo digo con toda sinceridad, estábamos convencidos

de que, bueno, a Felipe no le iba a gustar una resolución política avanzada pero

nadie creía que en ningún caso iba a dejar de ser el primer secretario general

por ello.

- ¿Habéis ido muy lejos en el intento?

—No, no muy lejos, no, porque la resolución política que hemos aprobado es igual

que la del setenta y seis, sólo que atenuada.

—Si, pero en el setenta y seis el contexto era distinto: Franco estaba

prácticamente aún vivo en la sociedad española.

—El contexto es diferente, pero Felipe ha sido secretario general durante dos

años con una resolución política más radical... Tienes tú razón, eran unas

circunstancias bien distintas, pero entonces Felipe tenía que haber puesto las

cosas sobre el tapete, porque si tres meses atrás nos indican que, si se aprueba

una resolución parecida a la del setenta y seis, no será secretario, habríamos

al menos preparado una alternativa, que ese ha sido nuestro drama.

- Dicen ellos que tenían una ideología y un líder, pero que vosotros teníais una

ideología sin líder.

- Bueno, eso es verdad, claro, porque Felipe ha sido el único líder del partido,

en el que nos hemos volcado todos.

- ¿Tú has sido antes felipista?

- Yo aprecio a Felipe muchísimo personalmente, he colaborado con él durante

años. Ahora bien, no cabe duda que este hombre ha sufrido una evolución. Una

evolución, como ocurre siempre, quizá por el propio hecho del poder, que te ha

llevado desde posiciones en las que inicialmente coincidíamos hasta posiciones

que apuntan claramente hacia la socialdemocracia.

— ¿Te atreves a asegurar que hoy Felipe es socialdemócrata?

—De la socialdemocracia habría mucho que hablar; pero yo creo que sí, que el

análisis que hace del partido y de la sociedad española son más propios de

países como Suecia, como Austria, como la República Federal Alemana, y toda esa

óptica es discutible. Pero aquí hay además otro problema, que dentro de esos

partidos socialdemócratas, que son partidos hechos en los que todos están de

acuerdo en que no hay que ir a cambios profundos porque la sociedad ha llegado a

un nivel alto, tan alto que los aspectos más negativos del capitalismo se pueden

corregir, entonces, digo, aquí hay el problema de que los que no compartimos tos

análisis hechos por Felipe y la dirección del pesoe no hemos podido expresarlo

libremente; en el partido, no nos engañemos, se han acallado las voces críticas,

se ha hecho un partido que ha funcionado de arriba abajo.

- Sin embargo, el congreso ha sido un modelo de democracia interna. ¿O no?

—Eso desde luego, eso desde luego.

- ¿Cómo, pues, puedes ahora acusar al aparato del partido de tener todo

controlado y bien controlado?

—Porque el congreso ha sido una experiencia histórica, una experiencia cuya

elección de delegados se ha hecho por agrupaciones y no por federaciones.

Entonces, tener control sobre cuatrocientas agrupaciones es imposible. Pero es

vox populi que dentro del partido, concretamente la secretaria de organización,

ha actuado de forma poco democrática, y por eso una de las críticas que se le

hacen a Felipe es el apoyo Incondicional que en todo momento ha prestado a

Alfonso Guerra.

- O sea, que quizá no hubiera estallado la crisis de no haberse apoyado Felipe

tanto en Guerra.

—Algo de eso hay. Nosotros hemos pensado más. Incluso superando el aspecto

concreto de Guerra, que es un hombre muy capaz, pero que tiene un afán de tener

todas las cosas del partido en sus manos, incluso superando eso, a mí me parece

que Felipe ha perdido la ocasión de convertirse en el líder indiscutido por

muchísimos años del socialismo español al no haberse colocado por encima de

posiciones que sólo son ideológicas, que son digamos de grupo. A mi me gustaría

saber qué frases textuales no son asumibles por Felipe, porque parece que

nosotros somos unos locos que hemos puesto en tela de Juicio la Monarquía, que

hemos dicho que la Constitución es una mierda, o que descartamos la vía

pacífica, democrática y plural, de la lucha por el socialismo, y no hay nada de

eso.

— Pero él tampoco podía aceptar un programa impuesto.

—Primero, eso no es una imposición. Eso es una decisión democrática del

congreso. Lo que no puede hacer Felipe es intentar dar la vuelta a la decisión

mayoritaria y democrática de un congreso, y entonces a lo que él nos ha obligado

ha sido a constituir la comisión gestora para que, no nos engañemos, dentro de

cuatro o seis meses Felipe pueda sacar en el congreso extraordinario una

resolución política distinta a la votada. Se va a abrir, pues, un periodo

constituyente, que ayudará a aclarar las cosas definitivamente.

— Porque lo que aún no está claro es saber quién está con quién.

—Exactamente. Eso puede ser culpa de todos; pero desde luego es también culpa de

Felipe, que no se ha clarificado. ¿Cuándo se ha clarificado Felipe?; en dos

ocasiones, en las declaraciones de Barcelona hace un año y en las declaraciones

de hace tres semanas en Gijón. En las reuniones del partido, fíjate que ha

habido reuniones del comité federal en los últimos años, el tío no se ha

significado claramente en esa línea, porque además ni se manifestó en el

discurso de inauguración, ni siquiera en las reuniones de la ponencia política.

— ¿Que no manifestó su idea en la ponencia política?

— En absoluto.

- Pues a mi me había contado que incluso había amenazado con dimitir ya

entonces, si prosperaba tu ponencia..

—Qué va. Si se hubiera manifestado entonces, nos hubiésemos planteado el

problema, no sé si se hubiese modificado pero desde fuego se habría abordado et

tema; pero ten en cuenta que tampoco era mía la ponencia que Felipe no aceptó.

Yo intervine en una parte destacada, y luego de ahí pasó al pleno del congreso,

donde yo la defendí, porque entendieron que mi voz representaba el sentir de la

ponencia de

Asturias.

- ¿Por qué no la quiso defender Luís Gómez Llorente, que además de asturiano

estaba identificado con esa línea?

— Estatutariamente no podía hacerlo, porque no era delegado, y no podía

serlo por ser miembro de la ejecutiva.

- Fue el único de la ejecutiva que te aplaudió.

— Ya lo sé, y la prueba de que coincidirnos es que él está en el equipo de

alternativa de Felipe que estamos preparando. Luís Gómez Llorente ha tenido en

estos dos últimos años una actitud conciliatoria, él no ha ocultado jamás sus

convicciones marxistas, el ha procurado a lo largo del congreso llegar a una

fórmula de compromiso, entonces Luís es también fiel a sus principios y ha

tomado partido claramente.

En la ejecutiva le tachan de traidor.

— Yo creo que eso es totalmente inaceptable, porque precisamente Gómez Llorente,

en esa línea de conciliación, quería presentar una ponencia suavizada. Es

decir, que a Gómez Llorente no se te puede tachar de traidor ni a mi de haber

defenestrado a Felipe, porque, aunque yo no hubiese defendido esa ponencia, otro

lo habría hecho, y seguro que se habría aprobado de todas todas.

- Pues ya sabes lo que se comenta sobre eso.

- ¿Qué?

- Que los delegados votaron en contra porque la mayoría no habían entrado en las

listas electorales, por que estaban frustrados, porque en definitiva no habían

satisfecho sus ansias de poder.

- Sí, claro, esas afirmaciones siempre se pueden hacer, o desgraciadamente se

hacen; pero también pueden utilizarse en sentido contrario. Es decir, bueno, los

que están en el poder son unos puñeteros ambiciosos que se mantienen con uñas y

dientes, y los que no estamos en el poder somos unos puñeteros frustrados y

resentidos que queremos pegar una patada en el culo a los que están ahí arriba.

Sin embargo, yo creo que eso nunca ha ocurrido, por fortuna, en el Partido

Socialista; esperemos que nunca ocurra, sin olvidar que somos seres humanos con

componentes de ambición, o de mantenimiento en el poder, o de frustración, pero

yo no creo que eso sea asi en el socialismo español, y por lo que a mí respecta

yo llevo veinte años en el partido, en el 74 era el número dos, y estuve en la

dirección del 74 al 76 hasta que lo dejé.

- ¿Hasta que lo dejaste o hasta que te descabalgaron?

— No. no me descabalgaron, dimití antes del congreso del 76 porque no estaba de

acuerdo en cómo se hacían las cosas.

— Quizás ahora te quieres vengar.

— ¿Vengarme de qué?

— De los compañeros que ayer te pusieron en el brete de marcharte.

— No, yo no he querido vengarme de nadie. Yo lo que sí creo, tú sabes mi

convicción, es que el marxismo, el marxismo abierto y no dogmático, es no sólo

fundamental para el socialismo sino que además, para un gran partido, un partido

fuerte, coherente, potente, hace falta una teoría y una práctica determinada,

porque en las pasadas elecciones nos faltaron ochocientos mil votos para ganar a

ucedé y yo no sé, la verdad, si los perdimos por ser demasiado radicales o por

ser demasiado moderados.

— ¿Piensas que a lo mejor el pesoe no está en el Gobierno por ser moderado?

—Eso lo quiero matizar.

- Matízalo.

— En principio, yo te diría que sí, que ha sido la línea moderada la que nos ha

alejado del poder. Hemos seguido una buena tónica a la salida de la dictadura y

en la transición, pero esa política no se ha explicado a los militantes y a tos

simpatizantes, y entonces ha habido cierto desencanto, y eso, me parece, nos ha

costado tos centenares de miles de votos que hubiésemos necesitado para haber

llegado al Gobierno.

— ¿El pesoe, pues, no tiene que renunciar a su aspiración de poder?

— Por supuesto, el Partido Socialista puede serio todo menos un partido

testimonial. Nuestra vocación es empezar a transformar lentamente, sensatamente,

razonablemente, la sociedad, pero hay que llegar al Gobierno para transformarla,

y para todo eso hay que apoyarse en el marxismo.

— ¿Te consideras marxista antes que socialista?

— No, para mí marxismo y socialismo es lo mismo, pero ¿qué quieres preguntarme

en realidad?

- Me refiero a la frase de Felipe en su discurso de despedida cuando manifestó

que había que ser socialista antes que marxista.

—Eso a mí me parece un error. A mi me parece que al socialismo se puede llegar

de todas las maneras; pero el socialismo sin un componente marxista no es

socialismo. Entonces nos convertiríamos, sí, en un partido progresista, en un

partido reformista, que intentamos reformar lo que hay pero no cambiarlo.

- ¿Tú temes que el pesoe esté abocado a convertirse en ese tipo de partido de

aquí a seis meses?

—Yo creo que no, pero eso ya lo veremos, que gane el mejor.

- ¿Va a ser una guerra sin cuartel?

— Hombre, sin cuartel, sin cuartel, va a ser una guerra, pero yo creo que el

compañerismo y la camaradería y la fraternidad socialista están por encima de

todo eso. Tú fíjate que, antes del treinta y seis, también hubo guerra sin

cuartel, como tú dices, y sin embargo todos eran socialistas y también se

peleaban tremendamente Caballero y Prieto, y Besteiro, y no dejaban por cito de

ser todos del Partido Socialista.

— ¿Si perdéis habrá escisión?

—No, en absoluto, jamás; yo pienso morirme siendo miembro del Partido Socialista

Obrero Español.

- ¿Aunque sea un partido socialdemócrata?

—Es que en un partido socialdemócrata, si yo fuese sueco, me encontraría muy a

gusto. Yo he vivido ocho años en el exilio y conozco, quizá más que mucha gente

de estos socialdemócratas de ahora, la socialdemócrata. Lo que pasa es que

Suecia tiene un nivel de vida cinco veces más alto que el nuestro, y al ritmo

que vamos tardaremos setenta años en llegar al nivel de Suecia. Por eso, entre

otras razones, la socialdemocracia no es viable en España.

- ¿No es viable en España?

— No es viable.

— Sin embargo, Felipe tiene el apoyo de la Internacional para que sea viable.

—Bueno, eso es relativo. En la Europa del Sur resulta que el cincuenta por

ciento de los votos no van al partido socialdemócrata sino a partidos marxistas,

a tos partidos de un socialismo de izquierdas. No sé qué apoyo tendrá Felipe

para eso.

- El de Willy Brandt, pongo por caso.

—Si pensamos que el presente y el futuro de España dependen de la opinión de

Billy Brandt, estamos aviados.

J. L.

 

< Volver