Autor: Vera, Jaime. 
   Compañeros: Serenidad, consecuencia y socialismo     
 
 Diario 16.    18/06/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario16/l8junio80

NACIONAL

Compañeros: Serenidad, consecuencia y socialismo

Jaime Vera (*)

El análisis de quince parlamentarios socialistas sobre los debates

parlamentarios de finales del mes de

mayo, que ha publicado DIARIO 16, es comentado críticamente en el artículo que,

bajo estas líneas

firma, con el pseudónimo Jaime Vera, un antiguo militante socialista.

El autor se pregunta por qué los parlamentarios no defendieron sus puntos de

vista antes de que se

presentase el programa socialista y ante los órganos competentes del partido.

Hace tiempo que la dirección del Partido Socialista está conduciendo éste por

derroteros que, con la

experiencia de sus cien años de historia y en la actual situación española,

pueden calificarse, sin riesgo de

error, de peligrosamente equivocados. Y eso al margen de los éxitos —

últimamente más bien

fracasos electorales, de los elogios benevolentes de la derecha más lúcida y

de sus incuestionables

servicios a la transición política. Concretando este juicio general se

puede decir que:

1. La tradicional democracia interna de nuestro partido sigue deteriorando

se progresiva y continuada

mente. A la hora de tomar decisiones prevalecen los órganos gestores sobre los

políticos y la influencia

de los líderes cuenta más que el debate colectivo.

2. La claridad y coherencia del PSOE, centradas en la idea de ser un partido

de los trabajadores

para cambiar la sociedad, están siendo constante y prácticamente puestas en

entredicho.

3. La acción política inmediata, que debiera estar orientada a la

defensa sin paliativos de los

intereses de los trabajadores, se quiebra una y otra vez con pactos

inexplicables y con temporizaciones

múltiples que no se pueden encubrir ni disimular con verbalismos pretendidamente

radicales.

Reacción tardía

Por todo ello somos legión los que estamos disconformes e íntimamente

encolerizados mientras

vemos cómo se desactiva la militancia, aumenta la desafiliación y se

decepciona al electorado,

preguntándonos ante esta situación qué hace la ejecutiva, qué hacen tos

cacareados cuadros y,

también, qué hacen los llamados líderes del sector «crítico», tan

carismáticos y separados de las

bases corno los del aparato, sin que en ningún caso hayamos obtenido respuesta.

Por eso, a todos nos ha

sorprendido que un grupo de parlamentarios haya expuesto ahora sus razones.

La sorpresa no está,

claro es, en sus argumentos, la mayor parte conocidos y asumibles por

todos, y sí en las circunstancias

políticas en que se han producido.

En primer lugar, teniendo en cuenta que el comportamiento de la ejecutiva en el

terna de la moción de

censura no ha sido diferente del que habitualmente prodiga, sorprende ahora que

los compañeros que han

mostrado su desacuerdo no hayan criticado situaciones precedentes de

trascendencia similar, contando

estos compañeros con fuerza algunos han sido ejecutivos hasta hace poco, todos

son parlamentarios, los

hay que están en el comité federal y sin que se sepa que hayan hecho algo, en la

medida de sus

posibilidades, por frenar los excesos de la dirección.

Debate a la luz

En segundo término, ¿cómo no protestaron en el momento adecuado? ¿Por qué no

pidieron que el grupo

parlamentario se reuniera para emitir su opinión sobre la estrategia a seguir y

el programa a exponer?

¿Cómo explicarnos la censura actual cuando en declaraciones cantaron las

excelencias y oportunidad de

la moción? ¿Por qué los que asistieron al comité federal no pusieron reparos a

nada, aceptaron todo e

incluso contribuyeron a explicar la unanimidad? ¿A qué viene ahora la

preocupación por la política de

alianzas cuando en el congreso extraordinario se eludió subir a la tribuna para

defender las posiciones que

cabe suponerles? ¿Cómo es posible cuestionar la acción de la ejecutiva dejando

al mar gen al ejecutivo

más significado? ¿Estaremos, así, ante un «felipismo crítico»?

En definitiva, ¿por qué se quejan ahora cuando es de sobra sabido que estuvieron

en el secreto (algunos

son firmantes presurosos de la moción) mientras que la mayor parte del grupo

parlamentario y la totalidad

del partido se enteraron al tiempo que los demás ciudadanos? Para colmo hasta su

queja tiene un aire

elitista; sólo un reducido grupo donde como ha observado alguien ni están todos

los que son ni son todos

los que están asume el protagonismo, olvidándose de otros diputados, no menos

disgustados pero sí

con mayor seriedad y coherencia, y, ¿hará falta decirlo?, sin que

militantes con responsabilidades

orgánicas o experiencia probada fuesen advertidos de una acción extemporánea,

discutible y fuera do

lugar que confunde a la opinión pública, enfada a la militancia,

perjudica al partido y, por contraste,

fortalece la actitud de la ejecutiva.

En lo que respecta al medio de difusión elegido no cabe reparo

alguno, ya que es evidente el

derecho de los compañeros a usar la prensa para difundir sus puntos de

vista, teniendo presente

que otros militantes con mayores responsabilidades también lo hacen así,

apoyándose en que

nuestro partido debe proyectarse sobre toda la población y no conformarse

con llevar su mensaje a un

reducido número de convencidos. Es más, las discusiones en un partido

democrático tienen que hacerse

a la luz, sin oscurantismos ni puertas cerradas que si son usuales en otras

organizaciones nunca lo fueron

en la nuestra, y máxime si se tiene en cuenta lo precario de los canales de

comunicación interna (doce

páginas anuales para cien mil militantes puede conformar a Carmen García

pero no es precisamente un

estimulante para el debate si, además, no nos llega a todos. ¿No será que

todavía no estamos llenados?.

Discutibles son, sin embargo, los reproches, miedos y desmentidos «a

posteriori» y la puesta en tela

de juicio de la ética de unos profesionales, remedando actitudes reiteradas de

otros compañeros cuando

manifestaron cosas que luego negaron haber dicho.

Respeto mutuo

Un último comentario merece la postura de la compañera secretaria de la

organización. Resulta perfecto que se recuerde a los compañeros «críticos» sus

obligaciones en cuanto a disciplina y discreción, y

hasta podría aceptarse que se tomasen, dentro de los cauces estatutarios y

reglamentarios, medidas en el

caso. Pero, ¡ojo!, la compañera debe empezar por quien tiene más cerca y con

mayores responsabilidades;

los compañeros Guerra y Peces-Barba han hecho declaraciones que, según reconoce

la compañera ahora,

cuando los demás las critican, son muy graves sin que a aquéllos se les eche

nada en cara. Además, la

compañera debería ya distinguir que no es lo mismo incumplir los acuerdos de los

Congresos que

cuestionar la acción política de un órgano del Partido, sobretodo cuando estos

no llevan a la práctica las

resoluciones congresuales.

Es necesario que todos volvamos a la buena usanza del respeto mutuo, de

la defensa de nuestros

ideales sin mistificaciones y al ejercicio de una política seria y enérgica al

servicio de la clase

trabajadora y demás capas dominadas de nuestra sociedad y, en última

instancia, al cambio de esta.

De la entraña del pueblo trabajador, del seno de nuestras propias

bases surge un clamor

unánime reclamando que el PSOE sea el instrumento de liberación que en su

día creamos.

(*) Bajo el nombre de Jaime Vera, histórico personaje del socialismo español,

firma un reconocido

militante de base del PSOE.

 

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