Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   Lo que piensa Felipe     
 
 Diario 16.    15/12/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

NACIONAL

15-diciembre-80/Diario1 6

GRITOS Y SUSURROS

Lo que piensa Felipe

José Luís Gutiérrez

Un viaje a América —o a cualquier otro paraje— con el líder del PSOE, Felipe

González, como el que

acabo de realizar recientemente, es de cualquier modo una interesante aventura

periodística. En este caso,

las largas horas de avión el líder del PSOE dormitando a veces en la isleta

central de un DC-10 o en los

asientos de un Boeing 727, clase turista rodeado de cetrinos, aindiados rostros

centroamericanos-, han

sido una buena ocasión para el intercambio de opiniones, para la reflexión a

veces intima, casi para la

confidencia. Pero también para la constatación: la figura de Felipe González se

aposenta día a día en los

escenarios internacionales y en alguna de sus áreas —la latinoamericana, por

ejemplo goza de notorio y

creciente prestigio.

Como señalaba un diplomático español destacado en un país americano, la figura

de Felipe González está

contribuyendo de forma muy importante a forjar la imagen de respetabilidad y

seriedad que el sistema

democrático español va adquiriendo ante las cancillerías occidentales.

Estas líneas son el resultado, sintetizado, de muchas horas de conversación con

el dirigente socialista.

Con respecto a la Internacional Socialista, su creciente implantación en las

áreas tercermundistas de

América Latina, África y Medio Oriente, es para el dirigente del PSOE una

consecuencia del espíritu que

impregna a la organización su presidente el «tío Willy», el alemán Willy Brandt,

uno de los políticos de

mayor talla histórica de los últimos tiempos, a juicio del líder del PSOE.

Sustituir a Brandt

Según Felipe González, Brandt está pensando en retirarse en un plazo de dos años

de la presidencia de la

IS, lo cual plantea el problema de sustituir a alguien tan insustituible como el

dirigente alemán.

Todos coinciden en que el candidato idóneo para esa sustitución seria el sueco

Olof Palme, aunque no

parece demasiado dispuesto a aceptar el cargo.

El propio Willy, ya es sabido, mira con especial cariño, casi filial, al

dirigente español: recuérdese que en

la reciente reunión de Madrid le soltó el requiebro de «hombre de Estado

mundial».

Posteriormente, en Washington, ante el senador Kennedy, Brandt señalaría que

Felipe González estaba

teniendo un papel fundamental en la acción de la Internacional Socialista en

América Latina.

Izquierda Socialista

El interior del PSOE es una de las principales —y lógicas— preocupaciones de su

secretario general.

Sobre la aparición de un ala crítica del partido, del tipo de Izquierda

Socialista o similar, el secretario

general se muestra de acuerdo con ello, siempre y cuando «sea una corriente

seria», capaz de ofrecer

alternativas reales y sensatas a las del equipo que dirija el partido en

cualquier momento.

Esta condición, la de presentar una auténtica alternativa programática en el

terreno internacional, en el de

la política económica, etcétera, ha de ir unida a una segunda, inexcusable para

Felipe González: que se

respete, por encima de todo, la unidad del partido.

No considera, por tanto, como razonables las posturas que abogan por la unión

electoral y de objetivos

con el PCE, entre otras cosas porque, a juicio del líder del PSOE, es el propio

PCE quien no desea dicha

unión.

Al igual que rechaza la rígida ortodoxia de la llamada «fidelidad al ideario

socialista», tendente a

considerar como «fieles» a 20 diputados y «traidores al ideario» al resto.

Proporcionalidad

Al margen de esto, Felipe considera que una corriente de opinión dentro del

partido tiene ventajas e

inconvenientes. Otra cosa son las tendencias, que rechaza

categóricamente. Igual que la

proporcionalidad que no permitirá mientras sea el máximo dirigente del PSOE.

Según Felipe, la proporcionalidad —representación proporcional en los órganos de

dirección del partido,

en función de los votos obtenidos— equivaldría a permitir la entrada en los

centros de dirección de los

«troskos» —trotskistas- financiados por el grupo Militant, y de algunos

infiltrados del PCE que los

dirigentes del PSOE saben que están enquistados en la organización socialista.

Felipe no permitirá la proporcionalidad no ya en la comisión ejecutiva; ni

siquiera en el comité federal del

partido. A su juicio, la representación en el comité federal se consigue ganando

las elecciones en alguna o

varias de las cincuenta y tantas agrupaciones provinciales con que cuenta el

partido.

A juicio del dirigente socialista, el partido tiene ante sí una disyuntiva

capital. Debe de decidir si desea

ganar las elecciones del 83 o no. Así, en su opinión, el PSOE, en su congreso en

septiembre de 1981, debe

de asumir la doble acción que le ha correspondido al partido vivir, como es el

de construir la democracia

al tiempo que ejerce de oposición, Si esto no se entiende, y no se asume

mayoritariamente, es posible que

el proyecto socialista no pueda llevarse a efecto.

En este aspecto, Felipe considera que el partido debe de hacer autocrítica y

análisis. En Jamaica, los

seguidores de Manley justifican su derrota en las elecciones tirando por el

camino más fácil, es decir,

culpando a la CIA de la derrota electoral. Para Felipe, la derrota de Manley ha

sido causada

fundamentalmente por las alas más radicales y desmesuradas de su propio partido.

A este respecto, los objetivos del partido son ante todo llegar al poder para

constituirse en el instrumento

que cambie la sociedad, Felipe se pregunta, en este sentido, dónde estaría el

país si el PSOE no hubiera

estado presente en el Parlamento, haciendo oposición.

En este sentido cree que el partido desde aquí a 1983 tiene la gran ocasión

histórica para fortalecerse y

llegar al poder.

Felipe señala esta doble acción -construcción solidaria con otros grupos del

sistema democrático,

simultaneada con acción de oposición política— que desaparece en otras

democracias occidentales.

Estos elementos limitativos no existen en otros países. En Francia, por ejemplo,

Miterrand no ha de

preocuparse de la estabilidad del sistema democrático, y tampoco Palme en

Suecia.

Estos elementos limitativos tienen para González serios riesgos de imagen

pública y política. El PSOE se

ha sentado ya seis veces con Suárez a negociar, y ya resulta difícil para el

partido borrar la imagen de

consenso ante un nuevo acuerdo.

La postura del partido será, pues, a juicio de Felipe, la de esperar hasta las

elecciones del 83. Y el PSOE

está dispuesto a pesar de todo a establecer un pacto autonómico global con el

partido del Gobierno, sobre

ciertos presupuestos básicos.

El propio Martín Villa, ministro de Administración Territorial, ha intentado

negociar por separado con

algunos dirigentes regionales del PSOE con no demasiada buena fortuna. A juicio

del líder socialista, no

tendrá más remedio que acudir a Santa Engracia —sede de la ejecutiva del PSOE-

más tarde o más

temprano.

La condición básica para establecer un pacto autonómico sería la estructuración

del Estado según un

modelo cuasifederal, llamándolo autonómico. Este modelo establecería la igualdad

institucional y de

competencias para todos los entes autonómicos, el derecho a la igualdad pero

también a la diferencia y

algún tipo de corrección y homogeneización en los sistemas electorales.

Cada estatuto lleva consigo su propio sistema electoral y se trataría, en

principio, de evitar que sucedan

cosas similares a las del Estatuto Vasco, que atribuye el mismo número de

diputados —veinte— para

Bilbao que Álava. Una tercera condición sería la regulación del papel de las

asambleas provisionales

hasta las elecciones de 1983.

Felipe González estima que la actitud de UCD respecto a estos temas será más

flexible que ahora, cuando

pase su II Congreso en enero y espera tener ocasión antes de que termine el año

de realizar una extensa

declaración política sobre el tema autonómico y la situación general,

posiblemente aprovechando alguna

de las jornadas del Pleno pendientes del Congreso de los Diputados.

 

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