Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 Positiva imagen de Felipe González en Nueva York. 
 El líder socialista ha difundido un mensaje de moderación y responsabilidad     
 
 ABC.    27/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

JUEVES 27-11-80 A BC NACIONAL

Positiva imagen de Felipe González en Nueva York

El líder socialista ha difundido un mensaje de moderación y responsabilidad

NUEVA YORK (José María Carrascal, corresponsal). De la intensa campaña de Felipe

González en

Nueva York —desayuno con los corresponsales, comida con la Cámara de Comercio,

conferencia en el

Hispanish Institute, entrevistas con la Prensa americana por medio— emerge un

perfil de él y de su

partido que es casi una declaración programática:

1. El PSOE está firmemente comprometido con los derechos individuales.

«Rechazamos —dijo el

señor González— todo totalitarismo, especialmente el comunista; sentimos

repugnancia por todo

sistema que ahogue las libertades.»

2.

2. El PSOE acepta la economía de mercado, siempre que el poder político

controle al económico, y no a

la inversa. «Pero tenemos la obligación de respetar la economía de mercado

porque hasta ahora no se nos

ha ofrecido otra más positiva. Por eso la retendremos por encima de cualquier

sistema de estatización. Se

ha creído que socialismo es nacionalizar, y no es así.»

3. El PSOE está decididamente contra la violencia terrorista —«el mayor peligro

para la estabilidad de

nuestra joven democracia»— y ofrece un programa de cuatro puntos contra ella:

llenar el marco de

competencias autonómicas, movilizar a todos los sectores sociales en un «frente

para la paz» que aísle a

los terroristas, insistir diplomáticamente en una acción francesa más enérgica

para acabar con los

santuarios de ETA y reforzar la infraestructura, efectivos y entrenamiento de la

Policía en este sentido.

4. El PSOE admite que en el nuevo Estado español debe haber una cierta dosis de

federalismo. Ahora

bien, partiendo siempre de la base de que «la formación del nuevo Estado

autonómico corresponde a

los partidos nacionales, no a los regionales», porque si a la dinámica

federalista se une la fuerza

centrífuga de los partidos regionales, el resultado puede ser grave. Y lo que ha

ocurrido es que

«a veces se ha primado desde el Poder a un grupo regional que se creía estaba

contra otro partido

nacional». «A mí, personalmente —dijo el señor González—, me preocupa menos

perder unas

elecciones que completar correctamente las autonomías.»

5. Por último, el PSOE está a favor de mantener el actual «statu quo» de

España en el mundo. Esto es,

acepta el Tratado de bases con los Estados Unidos y su renovación —siempre que

no nos obligue a

albergar cabezas nucleares—, pero no el ingreso de España en la OTAN. «Quiero

recalcar —dijo el

secretario general del PSOE— que no estamos contra la OTAN. Estamos contra el

ingreso de España en

ella, aunque respetamos la opinión de quienes lo defienden. Nuestra actitud no

es ideológica, sino práctica: no creemos que ese ingreso añada nada a nuestra

seguridad o comodidad.

Pensamos, en cambio que los tratados con los Estados Unidos cumplen con nuestras

necesidades de defensa.

¿EL «BAD GODESBERG» DE FELIPE GONZÁLEZ?

A la vista de lo que es posible que haya quien diga que Nueva York ha sido el

«Bad Godesberg» de

Felipe González, recordando la villa próxima a Bonn donde la socialdemocracia

alemana dio un giro

hacia posiciones más moderadas y occidentalistas. Tal vez sea mucho decir y será

interesante ver si

mantiene estas posiciones en España con la misma firmeza que aquí. Posiblemente

sí, porque Felipe

González es hombre que respira honestidad y se le nota, junto a su modestia

natural, el esfuerzo que

siempre está haciendo por unir su idealismo congénito con el pragmatismo que

exige la «real politik».

En cualquier caso, hay dos cosas que quiero anotar: existe una enorme distancia

entre este Felipe

González, prudente, paciente y relajado, y aquel que vino aquí por primera vez,

hace un par de años,

engallado y en actitud agresivamente defensiva. Lo que le ha valido no sólo ser

escuchado con interés por

la comunidad financiero-comercial, sino también causar impacto en ella. Al salir

de su intervención ante

la Cámara de Comercio, oí a dos banqueros decir: «Este hombre inspira confianza;

lo que no sé es si será

un plus o un minus en su partido.» Si funciona la lógica política, será lo

primero.

TRIUNFO PERSONAL

Si el objetivo de Felipe González en Nueva York era inspirar confianza tanto en

la próxima

Administración USA como en estos círculos económicos, para que no se ponga la

proa a una posible

entrada del PSOE en el Gobierno español, puede decirse que, por lo menos, ha

disipado buena parte de

los recelos que había hacia su partido.

El, por su parte, está convencido de que a partir de las próximas elecciones el

PSOE obtendrá

«responsabilidad de gobierno», lo que no quiere decir que sueñe con la mayoría

absoluta o incluso

operativa. «Pero —dice— será necesario llegar a un acuerdo con nosotros para

gobernar.» En

especulaciones sobre un adelanto de elecciones no quiere meterse, pues sabe que

es tema en el que anda

enzarzado la UCD, con un líder dispuesto a adelantarlas si su partido intenta

descabalgarle para correr con

otro más seguro. Es una lucha en la que no se mete. Pero cara a la próxima

batalla electoral —cuando

sea—, Felipe González quiere evitar que Adolfo Suárez repita la estrategia que

le dio la victoria en la

última: presentarla alternativa «yo o el colectivismo». La imagen del PSOE que

su secretario general ha

presentado durante su breve pero intensa visita a Nueva York es la de un partido

abierto, responsable, comprometido con las libertades individuales, la economía

de mercado y la defensa occidental, dentro de las peculiaridades españolas.

Si esta imagen corresponde a la realidad de las bases de su partido es algo que

un corresponsal en Nueva York difícilmente puede saber. Puede, en cambio,

testificar que el señor González salvó con gracia personal que no tienen muchos

políticos, la nada fácil tarea de presentar un socialismo atractivo en los

Estados Unidos.

 

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