Autor: Martín Bernal, Obdulio. 
 Alfonso Guerra sale reforzado en la nueva configuración. 
 El poder del PSOE, concentrado en una superejecutiva felipista     
 
 ABC.    25/10/1981.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DOMINGO 25 10-81

NACIONAL

ABC/7

Clausura del XXIX Congreso del PSOE

Alfonso Guerra sale reforzado en la nueva configuración

El poder del PSOE, concentrado en una «superejecutiva» felipista

MADRID (O. M. Bernal). Al fin, no podía ser por menos, se cumplieron los

secretos o manifiestos

designios de la afilada cúspide socialista. La nueva estructura del máximo

órgano decisorio, la Comisión

Ejecutiva, se ha perfilado con la formación de una superejecutiva que va a

concentrar en sus manos la

práctica totalidad del poder real del partido. El Pleno, tras un debate no tan

vivo como cabria suponer, dio

por buena la ponencia de Estatutos, cuya principal novedad consiste en una

jerarquización patente —y

hasta un algo vergonzante— de la máxima plataforma de poder dentro del PSOE.

Ni la Comisión ni el Pleno entraron, sin embargo, en el supremo debate

pendiente: la corrección y el

reequilibrio de los cauces representativos, que ahora constituyen un auténtico

peligro de ensordecimiento

de las minorías, por muy mayoritarias que éstas sean. Se hizo, desde luego, un

retoque de circunstancias,

en el proverbial sentido de cambiar algo para que todo siga igual. Los delegados

tendrán derecho a ejercer

su voto individualmente en el Congreso al margen del jefe de Delegación, que era

quien lo usufructuaba

hasta ahora. Por lo demás, ni la más mínima mención a un posible replanteamiento

del sistema

mayoritario.

TODOPODEROSO GUERRA

Un presidente —más bien honorífico—, un secretario general, un vicesecretario

general y seis secretarios

responsables de las áreas fundamentales constituirán en el futuro el meollo, la

superestructura de la

Comisión Ejecutiva del PSOE. Flanqueándolos, un total de dieciséis secretarios

ejecutivos, sin cargo, sin

oficio, por el momento. O dicho en términos mucho más crudos, dieciséis

ejecutivos descafeinados (o

desnaturalizados, según un lenguaje más actual), aunque en la teoría sus votos

sean tan válidos como los

otros a la hora de tomar las decisiones. Pero, además, se ha dado entrada a una

nueva figura que viene a

reforzar el mecanismo de concentración del poder: aunque de manera un tanto

imprecisa, los nuevos

Estatutos recogen la posibilidad de que la Comisión Ejecutiva funcione también

como Comisión

Permanente. Y los ingredientes básicos de esta permanente serán el secretario

general, el vicesecretario y

los seis notables.

Se deja abierta la puerta para que puedan participar el resto de los

secretarios, pero una Comisión

Permanente requiere condensación para ser operativa, de modo que no es probable

que en la práctica

tenga muchas oportunidades.

En el más superficial análisis de la nueva configuración de la Ejecutiva ya

salta a la vista la irresistible y

definitiva ascensión del vicesecretario general, o por decirlo de una manera

mucho más. llana y precisa,

del polémico Alfonso Guerra, que se constituye como un auténtico factótum del

partido. Entre otras

muchas competencias, tendrá la de «coordinar la política constitucional». Lo que

convenientemente

traducido parece querer decir que supervisará y encarrilará la labor de cargos

municipales, parlamentarios

y autonómicos del partido.

Esta clara voluntad de acumulación del poder es un arma de por lo menos doble

filo. No se puede discutir,

porque resulta más bien perogrullesco, que esta condensación de funciones y

competencias dará una

mayor efectividad, rapidez y operatividad a las decisiones. En este sentido, la

nueva configuración parece

muy adecuada, mas aún, le va de perilla a una organización electoralista

enfrascada en una lucha

inmediata por el Poder, modalidad por la que parece haber optado sin reservas el

PSOE. El hecho de que

se haya ampliado a tres años el lapso entre Congresos es otro dato que apunta en

esta misma dirección.

EJECUTIVA HOMOGENEIZADA

Pero el PSOE ha sido, y todo indica que va a seguir siéndolo, pese a estas

nuevas y coyunturales

directrices, un partido de masas. Y el riesgo nada banal que corre Felipe

González y Alfonso Guerra es

que el día menos pensado las masas se rebelen y se produzca el cataclismo. Y,

antes de nada, su propio

cataclismo. El secretario general elegido ayer por todos, absolutamente todos

los votos, prevenía a los

delegados contra los peligros de «oligarquización» del poder en el seno del

partido. Luego aclaró que

apuntaba a una eventual presión de las estructuras de poder en los partidos de

las nacionalidades y

regiones. Pero la sentencia bien se la puede aplicar a sí mismo y a quienes

consciente o

inconscientemente están haciendo aparato del PSOE una camarilla de notables

perfectamente

homogeneizados. (Si acaso, habrá que descontar la permanencia de Carmen García

Bloise, con quien

Alfonso Guerra no parece muy identificado, por decirlo de modo más suave.)

El cada día más irremediable riesgo de desenganche entre las gentes de a pie que

transitan el partido y el

estilizado aparato fue puesto de relieve por un prestigioso personaje

socialdemócrata en el debate que se

desarrolló, un poco a trasmano, en plena madrugada del sábado. El diputado Luís

Solana clamó en el

desierto para que no se consumara la concentración de poder. Algún malicioso

puede pensar que lo hacía

más que nada por tratarse de una «concentración» de la que está ausente. En todo

caso, razón no le

faltaba, aunque la mayoría, con otros argumentos no menos razonables, decidiera

no dársela. Otro

dirigente no menos prestigioso, el catalán Martín Toval. echó también su cuarto

a espadas en la discusión,

y esta vez con relativo éxito. Se le aceptó una enmienda según la cual al menos

el Reglamento interno de

la Ejecutiva ha de ser aprobado por el Comité federal del partido.

Por lo demás, la nueva Ejecutiva es claramente continuista. Han salido hombres,

todos a petición propia,

o casi. Otros han bajado de cotización: Solana y Múgica, por ejemplo. Y han

entrado dos catalanes,

Clotas y Prat. Ya son tres con Obiols —y éste es uno de los datos más

significativos del nuevo equipo,

que da cuenta de la verdadera fuerza del PSC-PSOE y de la necesidad ineludible

de ir dando paso en la

CE a hombres de los «partidos de nacionalidad». Claro que, quizá por eso,

también lo intentó Escuredo. Y

obtuvo un rotundo fracaso

 

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