Autor: Luca de Tena y Brunet, Torcuato (MERLÍN; ABC). 
   El nuevo gobierno y sus responsabilidades frente a la evolución en la continuidad     
 
 ABC.    06/07/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. MARTES f DE JULIO DE 1974. PAG. S.

LA ROSA Y LA ESPADA

EL NUEVO GOBIERNO Y SUS RESPONSABILIDADES FRENTE A «LA EVOLUCIÓN EN LA

CONTINUIDAD»

Por Torcuato LUCA DE TENA

De la Real Academia Española

Tengo desgastados en mi máquina de escribir los pulsadores correspondientes a las letras que componen

la palabra «prudencia». La corrección de las galeradas de mi último artículo sobre este tema («La

prudencia política y los cambios de rasante») coincidió con la inesperada dimisión del presidente Arias.

La redacción del que ahora escribo coincide con el nombramiento del presidente Suárez. Mi cordial

salutación al nuevo jefe del Ejecutivo no habrá de entorpecer esta doble labor de desgaste: los de las

teclas de mi máquina de escribir y los de mi propia tenacidad al servicio de la cordura. El eco que más

debería incidir en el oído político de los hombres públicos con sentido de responsabilidad nacional,

pertenezcan al continuismo o a la oposición, sería éste: prudencia, prudencia, prudencia...

¿Va a mantenerse el compromiso de nn referéndum para el mes de octubre? ¿Van a tener tiempo las

Cortes de elaborar, en plena canícula, la reforma cabal y bien hecha —que es lo verdaderamente

importante— de las leyes constitucionales? ¿Tendrán tiempo suficiente, asimismo, antes de la consulta

nacional, para que el país sepa lo que va a votar y para que los órganos de opinión, clarifiquen, informen

y expliquen al hombre de la calle acerca de la verdadera significación y de la responsabilidad de un «sí» o

un «no»? El nuevo Gobierno del novísimo presidente, ¿va a «reformar» las «reformas» ya previstas por él

anterior? ¿Y qué Gobierno será éste?

Lamentamos profundamente que hombres de extraordinaria capacidad, con eran poder de convocatoria,

que habían abierto un amplio margen de confianza en el interior y en el exterior, cargados de experiencia

política (en ningún modo incompatible con el deseo de evolución hacia la plena democracia por ellos

mismos iniciada), procedentes del Gobierno anterior, hayan sido marginados, o ellos mismos hayan

querido marginarse, del futuro Gobierno. En primer lugar, por el hecho mismo de la discontinuidad.

Cuando se está subiendo por una difícil, empinada, tortuosa escalera, suprimir peldaños intermedios

equivale a facilitar el riesgo de una caída. Y quienes se mueven en la escalera no son unos hombres, sino

España misma. La evolución en la continuidad no significa desaceleración, sino prudencia. Y. reconozco,

que al nombrar la primera de las virtudes cardinales sigo desgastando, tal vez con inútil terquedad, los

pulsadores que contienen sus letras en mi máquina de escribir.

Yo deseo para el presidente Suárez la mayor de las asistencias y de las colaboraciones útiles posibles.

Perderlas seria tan lamentable como si un país, carente de fuentes de energía, viera cegados

voluntariamente sus pozos de petróleo más famosos v conocidos.

Para evitar este riesgo seria de importancia trascendental que el nuevo jefe de Gobierno —y los sucesivos

del futuro— iniciaran la correcta costumbre de no reformar el Gabinete sin un previo turno de consultas.

Así como el Rey se ve obligado «constitucionalmente> a escuchar al Consejo del Reino, el presidente del

Gobierno debería someterse «voluntariamente», sin merma de su última y superior decisión, a oír los

criterios de los nombres mas preeminentes que han protagonizado en los últimos años, desde el Gobierno

o al margen de él o fuera de él, las inquietudes nacionales. Que todos son uno y lo mismo en cuanto al

deseo de servir mejor a la Patria, en momentos tan delicados como el presente, no voy a discutirlo. Pero

es evidente de toda evidencia que el jefe del Gobierno no debería renunciar a quedar desasistido de

determinados consejos por parte de quienes son sus iguales en entusiasmo, capacidad y deseo de servir a

la Patria; siempre que sean superiores a él en acnu mulación de experiencias políticas. Estos hombres —

tanto en el campo del conservadurismo como del reformismo— deben ser escuchados.

En primer lugar, los miembro» más distinguidos y más políticos del Consejo del Reino. Sin merma de la

autoridad y de la jerarquía del presidente de este organismo, el jefe del Ejecutivo deberte escuchar las

voces, analizar los criterios y meditar muy hondamente del porqué y para qué fue seleccionado su nombre

entre los distinguidos políticos que fueron sometidos en terna al Rey. T debe escuchar las opiniones tanto

de quienes llevaron la voz alzada para su inclusión en la terna, como de quienes dudaron de la

oportunidad de tal inclusión, e de quienes abiertamente discreparon de ella.

Es muy importante que don Adolfo Suárez haga esto antes de la composición de su Gabinete. Esta

consulta ha de ser previa, al hecho de que sus primeros impulsos se conviertan en decisiones. Tantos

cuantos defendieron so nombre o discreparon de él en el Consejo del Reino, no lo hicieron por amistad o

desamistad a su persona, sino por motivaciones superiores que él debe respetar. Y para respetarlas debe,

sobre todo, conocer y profundizar en ese conocimiento.

Yo dividiría en tres campos las obligadas «consultas» del jefe del Gobierno previas a la configuración de

su Gabinete. Primera, la antedicha: quienes por qué y para qué te designaron en la terna sometida al Rey.

Segunda, el conocimiento directo de los miembros de la oposición dialogante; y por último, las cabezas

visibles de los grupos parlamentarios actuales legalmente constituidos. A muchos podrá extrañar que cite

a estos grupos —desde un punto de vista de la eficacia política— por delante de las cabezas visibles de

las asociaciones o partidos políticos. La razón es obvia: las reformas de las Leyes Constitucionales exigen

una mayoría de los dos tercios para progresar. Si esto es así, ¿cómo no consultar, cómo no oír, antes de la

conformación definitiva del Gobierno, a quienes han de aprobar en definitiva las reformas

constitucionales que se prevén a las reformas constitucionales que se preveían?

Más vale detenerse a tiempo que caminar forzado, dice un refrán. Más vale ponerse una vez colorado que

ciento amarillo, dice otro. Más vale un «por si acaso» que «¿quién lo hubiera dicho?», dice el más sabio

de todos.

Lo peor que podría acaecer al nuevo presidente del Gobierno es la desasistencia de quienes mejor quieren

colaborar al éxito de su política. Para evitar este riesgo debe recurrir al recurso de la consulta.

Consulta a quienes por experiencia, por reconocidas ejecutorias, por previsible o probada capacidad de

convocatoria podrían acrecer su clara inteligencia con su experiencia probada. T. L. T.

 

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