Autor: Ribera, Manuel. 
   ¿Tampoco esto es una provocación?     
 
 El Alcázar.    13/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

FLASH DE URGENCIA

¿TAMPOCO ESTO ES UNA PROVOCACION?

Los elementos comunistas y separatistas han utilizado la reposición del monumento al doctor Robert,

como campaña revanchista y antiespañola. Cierto que millones y millones de españoles desconocen la

existencia de este súbdito mejicano que fue alcalde de Barcelona. Entre los mismos barceloneses, el 90

por ciento no saben quién era.. Nació en Tampico, Méjico, en 1842. Fue alcalde de Barcelona unos breves

meses en 1899. Su celebridad no le viene de la medicina, sino de ser uno de los promotores del

separatismo.

En 1940 el Ayuntamiento de Barcelona hizo desmontar el monumento. Y ahora, el mismo Ayuntamiento

está buscando, como Diógenes con su linterna buceaba por encontrar un hombre, un lugar para emplazar

la reposición del monumento. Pero lo que no se dice, lo que se oculta a la opinión nacional, es que

después de la vía libre a la ikurriña, con todo lo que significa de ataque a la unidad nacional, no podía

perpetrarse algo peor, más insultante, más anacrónico y más bellaco, que esgrimir otra vez las piedras de

un monumento que rememoran a un individuo fanático, incongruente y totalmente inoportuno para la

España de 1976.

Cuando fue alcalde el doctor Robert, la escuadra francesa visitó Barcelona. En la plaza de San Jaime, el

21 de julio de 1899, se abucheó y se silbó el himno nacional, mientras se aplaudía hasta rabiar la

"Marsellesa". En aquella misma ocasión, el alcalde Robert preparó un concierto de varias entidades

populares y musicales de Barcelona, en honor de los franceses que nos visitaban. El doctor Robert

prohibió la interpretación del himno nacional y el canto "Gloria a España", de Anselmo Clavé. El doctor

Robert ha sido uno de los que han regado de sal y ortigas la tierra catalana, con grupos de enfermos

mentales frenéticamente antiespañoles.

No sólo es eso. El doctor Robert, médico, expuso en el Ateneo Barcelonés, el 14 de marzo de 1899, su

teoría sobre "la raza catalana". El distinguía varios tipos de configuración craneal. Según el doctor Robert,

los catalanes tienen una superioridad craneal sobre el resto de los españoles. Ramón Menéndez y Pidal, en

su prólogo de la "Historia de España"; comenta: "El federalismo catalán toma entre los más extremistas la

forma de nacionalismo. Se quiso empezar descubriendo una diversidad étnica; en el mismo año trágico de

1898, el doctor Bartolomé Robert anuncia al mundo la superioridad craneana de los catalanes; y así en

otros muchos órdenes se abultaron artificialmente los hechos diferenciales por los que se presenta al

pueblo catalán en el curso de los siglos como algo completa y permanentemente separado de los demás

pueblos de España".

Si se permite que de nuevo el monumento al doctor Robert esté en la vía pública, será un desafío a los

millones de españoles que conviven en Cataluña y laboran por su grandeza. El doctor Robert es un signo

conflictivo, un nombre de guerra; una espada de división, un enfrenta-miento entre catalanes y el resto de

los españoles, un grito de odio, un anticientífico ridículo inventando una teoría que no tiene ninguna base,

un remover locuras antiespañolas, como el organizar silbas contra el himno nacional y hacer aplaudir la

"Marsellesa" , indicando que los separatistas antes que todo son apátridas y vendidos al afrancesamiento

mas provinciano.

¿No tiene otros problemas de más enjundia el Ayuntamiento de Barcelona?. ¿Permitirá y coronará su

actuación Rodolfo Martín Villa, todavía Ministro de la Gobernación, después de dar el salvoconducto a la

ikurriña, con la permisión de que los dispendios municipales se malgasten en actividades anacrónicas

como ésta?. ¿Presenciaremos otra bajada de pantalones de la autoridad nacional que, por juramento, debe

defender la unidad nacional?.

Hace unos días, en algunos periódicos, se insertaba una esquela de 60 muertos, asesinados por la ETA y

el FRAP, en el País Vasco, en Cataluña y en otras ciudades. Ahora los 60 muertos ya son 65. El

presidente de la Diputación de San Sebastián y los cuatro asesinados de las Fuerzas de Orden Público,

vienen proclamando la necedad de la política de los débiles, de los que transigen con los que quieren

escindir a España e incluso hablan con sus jerifaltes y a lo mejor les ofrecen carteras ministeriales, como

se dice en Barcelona, no sé si en broma o en serio, que se ha hecho con algunos que se han distinguido

por su odio a Franco y a España.

Ya sólo falta que inmediatamente, con la ikurriña y el monumento al doctor Robert, se planifique otra

campaña: pedir la amnistía total de los asesinos del señor Araluce y sus compañeros asesinados. Ya lo

viene diciendo la prensa vendida a la subversión. Hace falta todavía más democratización, o sea, más

facilidades para asesinar, como en el 6 de octubre de 1934, como en Cataluña durante el periodo

democrático de la República y de la Generalidad roja vendida a la URSS, como en Vasconia, donde ya

empezaron también en octubre de 1934, acribillando a don Marcelino Oreja y Elosegui, padre del actual

ministro de Asuntos Extenores, y del que suponemos que desde su tumba se habrá estremecido al conocer

las firmas que su hijo estampa a unos documentos que él, como católico y español, jamás habría admitido.

Todo esto y mucho más, como un diluvio de bajezas y sangre pronostica el monumento del doctor

Robert.

MANUEL RIBERA

 

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