Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Ramón Trías Fargas     
 
 ABC.    11/12/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 55. 

Ramón Trías Fargas

Nació en Barcelona, en 1924.

Catedrático de Hacienda Pública en la Universidad de Barcelona. Reside en Barcelona, está casado y

tiene cuatro hijos. Presidente dimisionario de «Esquerra Democrática de Catalunya». Autodefinición

personal: «No me considero un político. Si puede parecer otra cosa es porque, después de cuarenta años

de franquismo, estimo que todos hemos de intervenir en la reconstrucción moral y política del país. Una

vez asegurada la libertad en, un sistema democrático estable y ordenado volveré en exclusiva a mis

actividades profesionales jurídico-económicas, que por lo demás no he abandonado nunca.»

" Cataluña desea colaborar en la construcción de una España nueva, libre y basada en la soberanía

popular, y no aportará nada a una España retrógada, autoritaria y apoyada en los privilegios."

" Alguien ha dicho que los catalanes son sensatos en todos los momentos de la vida menos en los más

cruciales."

" En la calle el deseo de formación de un gran bloque de centro-izquierda, progresista y justiciero pero

sensato y realista, es aplastante."

LA ECONOMIA DE CATALUÑA

Creo que Cataluña sería viable como país independiente. Exportamos (artículos manufacturados) al resto

de España —los famosos mercados españoles— algo más —no mucho más— de lo que importamos

(alimentos, materias primas). Pero por la cuenta de pagos fiscales (y otras) remitimos mucho más dinero

del que recibimos. Y este déficit es muy superior al superávit indicado de la cuenta comercial.

En nuestras relaciones con el extranjero se invierten las posiciones. Importamos más mercancías de las

que exportamos (bastantes más). Pero por cuenta de servicios equilibramos este déficit; y como no

sufriríamos el déficit fiscal, podríamos equilibrar nuestro balance general de pagos. Estaríamos, pues, en

condiciones de vivir independientes.

Esta conclusión merece muchas consideraciones. Entre ellas: 1) Habría que cambiar nuestra estructura

productiva, que hoy está muy orientada a vender en los mercados españoles. 2) Tendríamos que reducir

nuestra población inmigrada, con lo que el volumen absoluto de nuestra economía bajaría, pero nuestra

renta per cápita probablemente subiría. 3) El que podamos vivir independientes no quiere decir que una

mayoría de los catalanes lo deseemos así. Y menos en momentos de integraciones supraestatales.

LOS «OTROS CATALANES»

No creo en los desarraigados porque yo lo he sido y conozco el tema. Luego, en principio, hay que

asimilarse. Tampoco estimo justos los desequilibrios económicos en el espacio. Hemos de crear

condiciones de vida aceptables en toda España y facilitar el regreso a su lugar de origen a los emigrados

que lo deseen. Por lo demás, son catalanes todos los que viven y trabajan en Cataluña con ánimo de

permanencia y deseo de comprender el hecho catalán. En la práctica los catalanes inmigrados deberán

aprender la lengua, la historia y la cultura catalanas lo mismo que nosotros hemos aprendido la suya de

origen. Este esfuerzo doble de unos y otros enriquecerá a todos y homogeneizará a los catalanes.

EL FEDERALISMO COMO FORMULA

Los Estados industriales modernos no se pueden administrar eficientemente más que de forma

descentralizada. Además, si en un Estado conviven más de una nación, sobre todo con diferencias

idiomáticas claras, conviene darle una fórmula constitucional capaz de albergar esa diversidad. El

federalismo puede satisfacer, en el caso de Cataluña, y de España, tanto la exigencia descentralizadora

como la reivindicación nacional. En este sentido yo soy federalista, aunque no se excluyen otras fórmulas.

Pero que quede claro que no soy separatista. Creo que Cataluña debe arrimar el hombro a la España

común. Pero debe hacerlo en pie de igual dignidad con los demás. Debe, pues, ser libre y ver reconocidas

sus instituciones históricas en una fórmula federal o autónoma suficiente. Además conviene que quede

claro que Cataluña desea colaborar en la construcción de una España nueva, libre y basada en la soberanía

popular, y no aportará nada a una España retrógrada, autoritaria y apoyada en los privilegios.

PRIORIDADES ECONÓMICAS DEL ESTADO ESPAÑOL

Creo que lo primero que debe procurar el Estado español es el suministro de trabajo digno a todos los

españoles, incluidos los que vuelvan de Europa y los que no puedan emigrar. Esto exige que podamos

pagar nuestra energía y otros productos importados, cosa que depende de nuestras exportaciones y éstas, a

su vez, de la inflación. Pero piense que ésta se basa en buena parte en cansas estructurales. Así, por

ejemplo, los alimentos están en la base del alza general de precios. Y esto depende de un mal

funcionamiento de nuestra agricultura y de sus canales comerciales y de su técnica, que no se va arreglar

con políticas monetarias o fiscales. No hay soluciones fáciles ni inmediatas para España.

A plazo medio hay que ganar además áreas de justicia y de mejora de la productividad que entre nosotros

no se dan todavía. Ello implica: 1) La enseñanza obligatoria, gratuita y compensatoria para todos. 2) La

defensa seria, igualitaria y gratuita ante la enfermedad, la subnormalidad, la deficiencia física, etc. 3) La

igualdad rigurosa en el hogar y en el trabajo entre la mujer y el hombre. 4) Pensiones dignas y

cooperación social adecuada para los viejos y jubilados. 5) Seguró permanente de desempleo para todo el

que quiera trabajar y no encuentre trabajo.

LA REFORMA FISCAL

Si hemos de alcanzar la justicia social hace falta modernizar nuestro sistema fiscal adecuándolo a las

exigencias de un Estado industrial moderno. Hay que buscar el predominio de la imposición directa, la

progresividad del sistema y la flexibilidad compensatoria incorporada en nuestra tributación, por ejemplo.

El fraude fiscal es un problema de solución urgentísima que forma parte del tema más amplio de la

reconstrucción moral de España. Es absolutamente preciso limpiar de corrupción la Administración

pública, los negocios privados, la especulación, la vida privada, etcétera. Al fin y al cabo la supresión del

fraude no ofrece dificultades técnicas. Defraudamos porque moralmente unos y otros estamos dispuestos

a tolerar el fraude en todos los campos.

CATALUÑA ANTE LA LEY ELECTORAL

En general creo que en Cataluña una mayoría propugna el sistema proporcional. En cuanto a excluir a los

partidos que no reúnan un porcentaje mínimo del censo, como implica una de las reformas de las Cortes,

puede entenderse como un atentado a los partidos de clientela catalana.

Por lo demás, la negociación de las condiciones en que va a desarrollarse la política electoral son el

meollo del quehacer político de las próximas pocas semanas.

POSIBILIDADES DE LA IZQUIERDA REVOLUCIONARIA EN CATALUÑA

El catalán es por esencia pactista. Por eso mismo no le creo inclinado a la violencia. Claro que alguien ha

dicho que los catalanes son sensatos en todos los momentos de su vida, menos en los más cruciales. De

momento, prácticamente todos los hombres y partidos de Cataluña predican la no violencia y los métodos

civilizados.

Sin embargo, fenómenos como el Ulster o Palestina no pueden olvidarse. A la larga, la paz dependerá de

la habilidad y de las concesiones de unos y otros. No puede haber pactis-mo sin transacción y por tanto

sin renuncias por parte de todos.

TENSIONES EN EL «CONSELL»

Muchas. Pero es más lo que une a sus miembros que lo que les separa, puesto que ahí sigue funcionando.

Puede decirse que hay un grupo moderado y otro más duro, pero la línea divisoria no siempre queda clara.

ALGUNOS NOMBRES

No me gusta hablar de los demás, pero si insiste le repetiré lo que contesté en un programa de radio

cuando me pidieron que definiera en relación a Cataluña y en una sola palabra a unos políticos catalanes,

muertos y vivos: Prat de la Riba: la inteligencia; Cambó: la acción; Maciá, el espíritu; Companys: el

infortunio; Laureano López Rodó: sinuoso; Jordi Pujol: mesiánico; Heri-berto Barrera: nostálgico; Antón

Canyellas: imperturbable; Gregorio López Raimundo: constante; Josep Pallach: gato viejo. Y no recuerdo

más. ¡Ah, sí! Ramón Trías: ambicioso, pero no lo bastante para triunfar en política.

Aunque quienes le conocen bien saben que Ramón Trías Fargas es cuando menos tan liberal como

catalanista, alguien comentó a su vuelta del exilio en 1950 que «entre vivir en su tierra y vivir en libertad,

había escogido vivir en su tierra».

En esta misma línea de frases felices, Amando de Miguel aprovechó la crítica al libro «Introducción a la

Economía de Cataluña» para escribir: «Como en tantos otros casos, el político que se equívoca de país se

convierte en un autor prolífico o en un empresario con éxito. En este caso se dan las dos cosas.»

Por encima de trazos simpli-ficadores, Trías Fargas —con su genuino aspecto de lord inglés, muy apto

para el dramatismo de las grandes ocasiones— viene dando hace tiempo testimonio de moderación y

cordura. Hace casi cinco años que lanzó su programa político «para ciudadanos razonables», y basta

remontarse un par de semanas atrás para encontrar su valiente denuncia del diletantismo intransigente de

la oposición con respecto al referéndum.

Dotado de especial sensibilidad para conectar con las ilusiones de la gente de su tierra, Trías Fargas hizo

un llamamiento en Granollers de cara a la formalización de un gran pacto catalán de centro-izquierda

—«Progresista y justiciero, pero sensato y realista», dice junto a estas líneas— en el que además de su

propio grupo intervinieran los de Jordi Pujol, Pallach, Cañellas y Heribert Barrera. Tratando de subrayar

su convocatoria nuestro hombre dio un paso defini-torio en su generosidad, abandonando la presidencia

de la Esquerra Democrática de Catalunya.

• Su abuelo, catedrático de Ginecología de la Universidad de Barcelona, participó en la fundación de la

Lliga Regionalista de Prat de la Riba. Su padre, catedrático de Cirugía en la misma Universidad, fue

militante de Acción Catalana Republicana.

• Pasó la guerra civil en Suiza y la posguerra en Sudamérica, terminando en 1947 la carrera de Derecho

en Bogotá. Hace después el «Master of Economic», en Chicago. En 1950 regresa a España y en 1954

se casa con una hija del doctor Trueta.

• En 1962 obtiene la cátedra de Hacienda Pública de Valencia y diez años más tarde pasa a ocupar la

misma cátedra en, la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona.

• Es miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras de Barcelona, del Institut

d´Estudis Ca-talans, de la American Economic Association y de la Royal Economic Society.

• Ha ocupado cargos de responsabilidad en una serie de empresas de los sectores bancario, financiero,

seguros, editorial y químico. Es jefe del Servicio de Estudios del Banco Urquijo. Fundador y presidente

de Esquerra Democratica de Catalunya, dimitió recientemente de este último cargo.

• Es autor de varios libros, entre ellos, «Introducción a la Economía de Cataluña».

EMPRESARIOS.

— «El franquismo no representa a los empresarios. Creo que la burguesía ha sido un grupo revolucionario

y no sólo en la República Francesa. El clima natural de los empresarios, en donde se desenvuelven bien es

el de la libertad. Libertad no sólo para ganar dinero, sino para, crear, inventar, luchar, triunfar por lo

bueno. Este es el terreno en el que ellos pisan firme.» («Informaciones», 5-VI-76.)

ALTERNATIVA DE GOBIERNO.

— «Es preciso constituir un gran partido catalán, cuyo centro de gravedad esté situado en la izquierda

huma-nista. Para gobernar hay que ser realista y eso es lo que la izquierda no dogmática debemos ofrecer:

una alternativa de Gobierno». (ABC, 14 de octubre de 1976.)

¿Qué es lo que impide la cristalización en Cataluña del anunciado pacto de centro-izquierda?

Creo que la palabra «impide» es excesiva. El anunciado pacto de centro-izquierda encuentra dificultades

que yo no estimo insuperables. En realidad las estructuras de partido, por débiles que sean, tienden a

discrepar de sus bases, y esto es el auténtico problema de todo sistema de gobierno representativo. En

efecto, si esto pasa con los partidos de esencia plu-, ralista, imagínese lo que pasará con los partidos de

esencia autoritaria.

Digo esto porque en la calle y por parte del pueblo catalán (¿y español?) el deseo de unión y de formación

de un gran bloque de centro-izquierda, progresista y justiciero pero sensato y realista, es aplastante.

Incurriríamos todos en responsabilidad si no le diéramos satisfacción.

Si no llega a formarse es evidente que el panorama político catalán cambiaría drásticamente, aumentando

la abstención y la indiferencia de los electores ante las elecciones y polarizando el resto de la gente en dos

grupos irreconciliables de extrema derecha y de extrema izquierda. Un desastre. Pero yo confío mucho en

el espíritu patriótico de las personas que pueden hacer la unión.

No hablo tanto por mí, que como usted sabe me retiré de la presidencia del Partido Esquerra Democrática

de Catalunya, precisamente con el objeto de remover cualquier obstáculo personal que pudiera derivarse

de mí presencia a la hora de esta tarea de concentración que considero vital.

Textos: Pedro J. RAMÍREZ

Fotos: Archivo «Prensa Española»

 

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