La necesaria neutralidad     
 
 ABC.    06/07/1976.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 6. 

LA NECESARIA NEUTRALIDAD

Los indicios actualmente disponibles, cuando la formación del próximo Gabinete se encuentra a nivel de

opinión pública traducida en las innumerables listas de pronósticos, permiten aventurar —sin demasiado

riesgo— que el Gobierno del presidente Suárez, junto a la juventud que parece imponer con su presencia

el propio primer ministro, estará formado por una serie de políticos con un denominador común: no serán

los grandes líderes de los partidos o grupos hoy conocidos.

Nos mueve a formular esta suposición el hecho de que este Gabinete ha de asegurar no sólo un campo de

acción y desenvolvimiento para los partidos, sino además una exquisita neutralidad para que, en suma, no

pueda hablarse, con justicia, de favoritismos. Con un líder acreditado en las filas ejecutivas de la

Administración, podría pensarse que la naciente o antigua disciplina de su grupo inclinaría la balanza de

su acción, que ha de encontrarse siempre en el más justo fiel, hacia ese mismo grupo, en lugar de buscar

el equilibrio que asegura un beneficio general, para el país todo.

Con un grupo de gestores, de hombres eficaces, capaces de enderezar tanto los rumbos de la economía

como los del desarrollo industrial; capacitados, además, para ir haciendo campo al presente y al futuro,

limando residuos y asperezas procedentes de un tiempo anterior, cada vez más lejano, el Gobierno puede

cumplir el papel de arbitraje político que el país precisa hasta llegar a las elecciones, previstas para 1977.

Se trata, en definitiva, de situar los límites del campo de juego y de reglamentar la acción de los que

aspiran a representar los legítimos anhelos e intereses del pueblo. Después, cuando as elecciones se hayan

celebrado, cuando os españoles todos hayan manifestado ealmente su opinión, llegará el momento de la

articulación de esas opiniones e inereses. Nada, en el planteamiento del sisema político español, en el

camino hacia la auténtica democracia, impide o coarta ue el Poder lo obtenga la opción mayoítaria.

Pero antes es necesario el arbitraje, la eutralidad. Y con ella, la preparación e un país que debe alcanzar

una salida ara la actual coyuntura económica, para que estos problemas, que amenazan ravemente la

estabilidad de los bolsillos e los españoles, no incidan de modo istancial en la toma de posiciones polícas

extremistas.

La labor de higiene económica y la de epsia en la ordenación en libertad de s partidos, son las tareas

sustanciales ese nuevo Gobierno, aún desconocido, vez intuido ya, que a las órdenes con Adolfo Suárez

ha de conseguir el gro de las condiciones exigidas para que los españoles tomen su compromiso con el

futuro, para que se cumplan las remisas establecidas en el mensaje de la Corona.

El Gobierno que ahora sale, con unas otras actitudes en sus miembros, ha cumplido indudablemente con

su deber.

us aciertos han sido muchos. Como no ables fueron sus deficiencias en algunos ectores específicos. Pero

todo hace su poner que ha finalizado una primera etapa. Aunque las Cortes tengan que

aprobar, todavía, el final del programa de reformas. Y aunque haya, al cabo, muchos ladrillos por

poner en el edificio del nuevo tiempo. El Gobierno Suárez tiene una difícil papeleta; frente a los grupos

políticos ya formados y ante la opinión pública. Ser arbitro es estar dispuesto a recibir críticas y

censuras por todos lados. Aunque lo que se pretenda a no favorecer a nadie para favorecer todos, o

precisamente por ello.

 

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