Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Los tres obstáculos     
 
 Informaciones.    21/12/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LOS TRES OBSTACULOS

Por Abel HERNANDEZ

Ayer el presidente Suárez cogió por los cuernos el tema regional en Barcelona. En Cataluña no habían

escuchado en los últimos cuarenta años por boca del Poder central un lenguaje tan receptivo y tan

comprensivo para Cataluña. El problema de las regiones es uno de los más arduos, complicados e

ineludibles con que se tendrán que enfrentar las Cortes constituyentes. El primer ministro, aparte de

reconocer la cooficialidad del catalán y apoyar la preparación de un estatuto de autonomía (que no es

poco), dio una larga cambiada al problema regional hasta entonces, como no podía ser por menos.

Pero para llegar en libertad y en paz a las importantes elecciones parlamentarias, clave del arco

democrático, quedan todavía serios problemas en el camino. Uno de ellos es el gravísimo momento

económico, que de seguir las cosas como van puede conducir a España a una situación insostenible,

propicia a actuaciones incontroladas de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Otro, sin alaridos

apocalípticos, es precisamente el manifiesto empeño de los ultras de desestabilizar aún más la situación

con acciones incluidas,en el Código Penal. El terrorismo, seguramente con connivencias internacionales,

no pierde ocasión de herir con sus zarpazos la sensible y doliente piel de España.

Hay, sin embargo, tres obstáculos políticos que hay que eliminar si se quiere llegar con garantías a las

elecciones generales: amnistía lo más amplia posible, que consume de una vez la necesaria reconciliación

nacional. El Gobierno debe dictar las medidas oportunas de aplicación sin dejarse coaccionar para

demorarlas por un secuestro, aunque sea el del presidente del Consejo de Estado. La segunda condición

«sine qua non» para la democracia es la legalización de todos los partidos políticos. El referéndum ha

demostrado que no hay riesgo de polarización del electorado hacia posturas extremosas. Y tercero,

desmontar cuanto antes, sin miedo al «elefante de papel», todo el anacrónico aparato del

Movimiento-organización.

Tras el «sí» masivo de los españoles a la democracia, no parece que sea ya tiempo de titubeos ni de

demoras. El tiempo apremia.

 

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