Autor: Ardiaca, Pere. 
   Por la necesaria negociación     
 
 El Correo Catalán.    22/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Tribuna

Por la necesaria negociación

NO era una simple cuestión de de trámite, tas cifras del referendum influirán sin duda en las más

inmediatas actitudes del Gobierno y de las distintas fuerzas sociales y políticas, independientemente de

que se continúe discutiendo la autenticidad de las cifras y la inflexión que en ellas haya podido causar un

acontecimiento tan grave y condenable como el secuestro del señor Oriol.

A mi parecer, la cifra más clara e inapelable es la dé los «noes». La condena del pasado, la inmensa

voluntad de acabar con él y de abrir al país nuevos horizontes, que, cual ola de fondo, ha removido la

conciencia de los pueblos de España, ha reducido a la mínima expresión los restos bunkeríanos. Todos los

argumentos de quienes basaban en la posible reacción de esos restos la propia resistencia a abrir paso a la

democracia han sido invalídalos.

El «sí» se prestará quizás a más confusión y a mayor manipulación. Hay indudablemente quienes lo han

votado y han llamado a votarlo porque, aun aferrándose desesperadamente al pasado, no han querido

presentarse como defensores de una causa irremediablemente perdida. Cabe deducir que su importancia

en la votación es tan exiguo como la de tos «noes», por más que, al igual que éstos, cuenten con cierta

resonancia, dado su monopolio casi total de los aparatos institucionales del pasado. Ha quedado

demostrado que la España oficial nada tiene que ver con la realidad social.

¿Qué ha deter minado el aplastante número de «síes» de los que han votado? Para responder a la pregunta

debemos tomar en consideración e] enorme poder de penetración de la propaganda con Jos actuales

medios de comunicación de masas, el importante presupuesto destinado a ella por el Estado y el hecho de

qué la propaganda oficial no se ha referido en ningún caso a las prohibiciones, discriminaciones y

limitaciones practicadas por el Gobierno. La propagando se ha basado en todos los casos en la promesa de

una «democracia plena», de la «plena soberanía del pueblo», de la «libre elección de los gobernantes»,

del «sí a Cataluña». La conclusión ha de ser lógico mente de que el sí mayoritario del pueblo catalán y de

los de más pueblos de España, además de tos que activamente se abstuvieron, se ha pronunciado porque

se cumplan aquellas promesas, porque se cumpla lo que se les ha dicho y repetido con tan poderosos

medios.

Por supuesto, el pronunciamiento por la plena democracia incluye la voluntad de conseguirlo sin traumas

ni convulsiones, pacíficamente, como siempre ha sido planteado oor las instancias unitarias y todas las

fuerzas de la oposición política: éste es el sentido que éstas dieron siempre o sus propuestas de

negociación a las siete condiciones últimamente aprobadas por el más amplio abanico de fuerzas

políticas, y sindícales.

Acabado el referéndum, tambien el presidente del Gobierno ha declarado en su breve alocucion: «Ahora

sabemos de verdad y claramente lo que quieren los españoles: una democracia plena, un cambio po lítico

sin violencias y con dignidad; uno civilizada convivencía de las Ideas y programas políticos...».

El presidente Suárez tiene en su despacho una petición de entrevista presentada por los señores Tierno

Calvan v Jordl Pu|ol en nombre de la Comisión de los nueve. Si realmente se desea lo que, tambien según

el primero, quieren los españoles, el Gobierno deberá aceptar la negociación que se le propone.

Por otra parte, la oposición y sus instancias unitarias se encuentran ahora en una encrucijada en que hay

que elegir camino. O bien el de las actitudes testimoniales y vanguardistas, más o menos máxima litas,

que las alejarán de la realidad social y política, o bien el de incidir políticamente en la lucha por la

democracia junto con las grandes masas de lo ooblación y con fines ciaros v comprendidos por éstas.

Estos fines son, a mi parecer, !a amnistía total y los principios e instituciones configurados por el Estatuto

de 1932 y, primordialmente, la libertad sin exclusiones ni limitaciones para todos aquellos que aceptan,

afirman y propugnan la autenticidad del juego democrático. No es el Gobierno, sino el pueblo quien debe

decidir el apoyo, y el grado en que quiera darlo, a este ó aquel programa, a esta o aquella fuerza política.

La lucha por la democracia y por el futuro se traslada hoy después del referéndum y de sus resultados, a la

inminente campaña electoral que pondrá en movimiento a las más amplias masas del pueblo, hasta aquí

imposibilitadas de moverse por la represión y también en parte a causa de la confusión sembrada por los

excesivos planteamientos vanguardistas.

Conseguir que se entable una .negociación clara y pública entre el Gobierno y la citada Comisión de los

nueve representando al conjunto de la oposición española, se ha con vertido en el objetivo más inmediato

y decisivo con vistas a unas elecciones realmente democráticas. Y lo es también con vistas a una

verdadera negociación conjunta y directa de la oposición catalana, que sólo podrá ser y fructificar

apoyando la realización de aquélla y apoyándose a la vez en ella.

Pere Ardioca

(Del PSUC)

 

< Volver