¿Por qué ha ganado Fraga?     
 
 Diario 16.    22/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

¿Por qué ha ganado Fraga?

El espectacular e inesperado triunfo de Fraga en Galicia se asienta sobre tres pilares. Dos de ellos tienen que ver con sus propios méritos y el tercero con los deméritos ajenos.

Ante todo es el premio a la tenacidad, al trabajo duro y constante de la acción política sobre el terreno, en contraposición con el preciosismo estéril de los salones madrileños. Solamente en La Coruña, Alianza Popular había pasado en cuestión de meses de tener nueve comités locales a tener más de noventa. Muchas bromas se han hecho y se seguirán haciendo sobre el «estajanovismo» de Fraga, pero al final el esfuerzo y el tesón siempre pagan dividendos.

Los electores gallegos han recompensado también la firmeza de Fraga al mantenerse en posiciones inequívocamente constitucionales y democráticas, aun dentro de su acusado sesgo conservador. Los hechos demuestran que el desenfadado e ingenioso comportamiento del líder aliancista durante la moción de censura a Suárez y, sobre todo, su actitud de nítido compromiso con el sistema al filo de los sucesos del 23 de febrero, han diluido parte del rechazo visceral que la propia derecha sociológica sentía ante su talante autoritario.

Mientras aquellas fuerzas extremistas que mantuvieron posiciones ambiguas con respecto a los golpistas y pronosticaron masivas deserciones entre las huestes de Fraga han constituido ridículas opciones testimoniales en Galicia, los resultados de Alianza Popular son infinitamente mejores que los que le deparó su utilización de la parafernalia franquista.

El meteórico ascenso de Fraga en su feudo no se terminaría, sin embargo, de explicar sin el intenso factor de rechazo contra una UCD desprovista de liderazgo, cuarteada por las guerras intestinas y lastrada con personajes tan impresentables como el señor Sancho Rof, cuya circunscripción de origen ha sido precisamente la que ha inclinado la balanza.

Si Leopoldo Calvo-Sotelo había llegado a pensar en las últimas semanas en fórmulas acomodaticias que prolongaran la actual indefinición de quién es el que manda en el partido y cuáles son los objetivos políticos al servicio de los que se ejerce ese mando, el veredicto gallego debe sacarle del error. Mientras él no coja el toro por los cuernos, mientras él consienta que siga apareciendo como banderín de enganche del centrismo un señor que todavía debe importantes explicaciones al país en torno a su dimisión en vísperas del fallido golpe de Estado, su horizonte electoral se irá tiñendo más y más del color de la catástrofe.

Si bien su triunfo en Galicia no concede a Fraga ningún tipo de derecho de pernada en el Gobierno de Madrid, sí que le proporciona un argumento muy convincente para alejar el fantasma del «voto útil» que tanto ayudó en el 79 a UCD o incluso para hacerlo jugar en su favor.

El rosario de derrotas cosechadas por UCD en Andalucía, Cataluña, País Vasco y ahora Galicia puede convencer a los sectores conservadores y moderados del cuerpo electoral de que se trata ya de unas siglas perdedoras y de que la única manera de obstaculizar el triunfo socialista es pasarse con armas y bagajes al campo de Fraga. Bastaría que este fenómeno diera entre cinco y siete puntos electorales más a los aliancistas en ocho o diez provincias de la España rural para que el trasvase de escaños del centro a la derecha ocasionara un mayor tensionamiento de la dialéctica política y una seria amenaza para la templanza del proceso democrático.

 

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