Autor: Heras, Raúl. 
   La lección gallega de Fraga     
 
 Diario 16.    24/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

RAÚL HERAS

La lección gallega de Fraga

El éxito político de Manuel Fraga y Alianza Popular en Galicia no ha cambiado de forma directa el mapa

electoral de España en su conjunto, pero incide de forma directa en las perspectivas de los diferentes

partidos ante los próximos dieciocho meses, si es que antes no se convocan elecciones generales. Y lo que

ha hecho, sobre todo, es abrir una puerta para que la derecha de este país mire hacia su futuro.

Fraga y Alianza Popular han ganado en Galicia. Lo mismo que el PNV ganó en Euskadi y Convergencia i

Unión en Cataluña. La única diferencia es que Fraga parte como un líder a nivel estatal y Carlos

Garaicoechea y Jordi Pujol, como líderes nacionalistas; que Fraga tuvo anteriores cargos en la

Administración y Gobierno central, y los presidentes vasco y catalán no los tuvieron; que Fraga es una

parte de la pequeña historia de este país, y Garaicoechea y Pujol tienen que ganarse el puesto. En

resumen: diferencias personales, pero que no deben obstaculizar la visión general de Alianza Popular

como un partido nacionalista, más que como un partido estatal. Por lo menos hasta que no se demuestre lo

contrario.

Tras sus respectivos descalabros tanto Rodríguez Sahagún, en nombre de UCD, como Santiago Carrillo,

en nombre del PCE, se han apresurado a repetir que los resultados de Galicia no son extrapolables al resto

de España. Y tienen razón en el aspecto global del problema, si bien ellos utilizan el argumento para

paliar la derrota de sus colores.

Sólo para ganar

El grave problema de UCD, el partido del Gobierno, más que su endeblez teórico política, fruto de

intentar la síntesis entre distintas corrientes ideológicas claramente diferenciadas en el resto del mundo

occidental, es su pasado. Desde su nacimiento como Centro Democrático, antes que Adolfo Suárez

desembarcara en él mismo y dejara a José María de Areilza en la cuneta, fue un partido concebido y

pensado para ganar, para mantenerse en el poder unos hombres que ya detentaban el poder. Y lo logró en

dos ocasiones gracias a que tanto la derecha como parte del centro sociológico de este país depositó sus

votos en lo que consideró el caballo mejor situado.

Eran y son votos inestables, que pueden fluctuar de unas siglas a otras, de unos hombres a otros, tal y

como lo han hecho en Galicia. Basta que cambien las circunstancias ambientales, que los «hombres-

producto» no se vendan también, para que el primer partido del país pase a ser el tercero, como si fuera

una moda.

De aquí a 1983, fecha en que se deberán afrontar las elecciones generales, la imagen de UCD puede

seguir deteriorándose nacionalidad por nacionalidad, región por región hasta quedar inservible como

opción ganadora.

¿Qué haría entonces la derecha? Presumiblemente pasarse con armas y bagajes al partido de Fraga, y es lo

que éste precisamente espera y en lo que confía. Y los votantes de centro, ante una UCD confusa y

confundida, darían su apoyo al moderado PSOE o a cualquier nueva opción «centrista» que apareciera en

el panorama político. Ese podría ser el famoso partido bisagra, del que tanto se habla y tan pocos se

atreven a afrontar de forma directa.

Si partimos de la hipótesis de que antes de dieciocho meses no habrá renovación de las Cortes, en ese

tiempo el presidente de Alianza Popular le habrá quitado toda opción a UCD para asumir su papel de

partido de derecha claramente diferenciado, con lo que «devolvería» el «robo» que Adolfo Suárez le hizo

en 1977 con la patente de «centrista» para UCD.

Difícil «resto»

El triunfo de Fraga en Galicia, además, le permite encarar desde posiciones de triunfo y firmeza las

disensiones de sus compañeros en Coalición Democrática —Areilza, Osorio y Senillosa— quienes, por

otra parte, sentirán menos deseos de abandonar a un aliado en alza.

Para ello el líder de AP debe realizar la misma política que le ha llevado a triunfar en Galicia. Y su

intención y esfuerzo pueden caminar en esa dirección, pero con el hándicap de que ni el resto de España

es su tierra natal, ni cuenta con los apoyos, contactos y características sociológicas del electorado que le

han convertido en la primera fuerza política gallega. Por de pronto, su empresa parece condenada al

fracaso en dos lugares tan importantes como Cataluña y el País Vasco, donde ya dominan

Convergencia y el PNV. Y otro tanto podría decirse de Andalucía, tierra en la que la hegemonía del

PSOE puede afianzarse en los próximos meses, pese al divismo de Rafael Escuredo.

El PSOE está solo

Aparece, pues, un mapa en el que la derecha tradicional española cuenta con partidos nacionalistas fuertes

en tres áreas tan importantes como Cataluña, Euskadi y Galicia, pero cada día más pierde imagen a nivel

nacional con su «challenger», la Unión de Centro Democrático.

Por la izquierda no hay dudas. Los socialistas son más fuertes cada día, y en esa progresión hacia arriba

sus diferencias internas van a quedar relegadas a un segundo plano. Juegan ya a ganadores y eso hace que

los problemas de marxistas y socialdemócratas puedan obviarse hasta después de las elecciones. Y en

cuanto al PCE parece encaminarse de forma decidida hacia ese seis y medio por ciento de votos que le

transformaría en un partido testimonial, sin influencias acusadas en la actividad política española y

convertido, paradójicamente, en correa de transmisión del sindicato Comisiones Obreras.

 

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