Autor: Barral Agesta, Carlos. 
   La necesidad unidad del socialismo catalán     
 
 Diario 16.    16/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La necesaria unidad del socialismo catalán

Carlos Barral

(Socialista independiente)

Para el hombre de izquierdas el espectáculo preelectoral de las coaliciones entre agrupaciones y partidos

de la derecha resulta sumamente inquietante. Con una lógica fácilmente explicable que transparenta

mecanismos meramente fácticos, coordinación previsible y natural de intereses, los grupúsculos

constituidos alrededor de personalidades relevantes, y en muchos casos ni siquiera eso, alrededor de

personajes tenaces que consiguen con su insistente presencia en los medios de información hacer olvidar

pasados que nadie perdonaría a los líderes de la izquierda, se van poco a poco constituyendo en

verdaderas fuerzas. Es esa que se llama plataformas, que no necesitan para su funcionamiento eficaz la

existencia de base alguna.

La fuerza de la derecha es la de su relativa unidad determinada por la lógica a la sombra siempre

indeterminada de los grandes intereses, de la abstraccióa de los verdaderos poderes. Uno sabe que la

izquierda está hecha de dos cosas: de la violencia reivindicativa de las clases obreras que sólo hablan por

sí mismas en las ocasiones pugnaces o en Jas grandes ocasiones, y por la chachara de los intelectuales. Y

la chachara es natural discordia. Los partidos políticos constituidos sobre andamiajes de ideas y de

matices dé ideas, tienden naturalmente a la disgregación. Todo, incluso lo más serio,

puede naufragar en una question de nuances.

Unidad provisional

Una inmensa mayoría de la izquierda española sabe, piensa y dice que el negocio fundamental para el

futuro de ía clarificación política de este país a corto y a medio plazo es el de la unidad, siquiera

provisional, electoral de los partidos y las agrupaciones socialistas. Todos sabemos que desde él credo

marxiste no leninista, hasta la frontera de una socialdemocracia no específicamente anticomunista corre

una de las venas principales de la rehabilitación política del Estado español. Lo sabemos todos y se dice

tanto que no parece necesario insistir en ello. Parece, en cambio, menos dicho o menos claro y

repetidamente afirmado que el socialismo corre en Cataluña riesgos suplementarios de disgregación y de

virtual ineficacia. Ninguno de los partidos socialistas catalanes —como ninguno, probablemente, de los

socialismos que pretenden abarcar todo el ámbito del Estado español— cuenta aún con una base obrera

definitoria. Todos son —cual más cual menos— partidos de cuadros y de peligrosos intelectuales

simpatizantes. Pero en Cataluña, además, ningún partido parece corresponder a la anatomía real de la

clase obrera catalana. Coofieialidad de las dos lenguas, reconocimiento del biculturalismo., no

bastan para pretenderse partidos representantes de la mayoría de la dase obrera; mientras en muchos

aspectos el Partit Socialista de Catalunya (Congrés) está escasamente dotado de líderes y de

personalidades convincentes, capaces de conseguir fácilmente la confianza del alto porcentaje de

proletariado recientemente inmigrado, que conserva lengua, tradiciones, costumbres y, sobre todo, una

capacidad de fascinación por los profetas de sus tierras de origen, la Federaeió Socialista de Catalunya,

sucursal, se quiera o no, de un partido de centenaria vocación centralista, corre el riesgo evidente del

lerrouxismo y de tropezar con la intransigencia del nacionalismo incluso minimalista. Tampoco sus

líderes tienen gran capacidad de convocatoria y pudieran caer en la tentación de ejercer de cónsules ae

personajes exteriores a esté país que sí la tienen, pero que sería disparatado que pretendieran

representarlo. Sabemos que su Congreso Nacional veta al PSOE las alianzas electorales para la Cámara

Baja, pero me parece absolutamente disparatado que el PSC y la FSC compitan en la campaña electoral y

se repartan unas cuantos miles de obreros discriminados por lenguas y apellidos.

PSC-PSC: difícil alianza

No habiendo alianza posible, esos dos partidos deben concurrir a las elecciones con una forma de fusión o

de germinación suficiente, convertidos en un solo sujeto de confianza y respaldados por las fuerzas

mayores del socialismo del Estado, del PSOE precisamente. Ni mención merece el caso del PSP catalán,

que no tiene más que una existencia simbólica y hasta hace poco una líder guapísima. La unidad del PSP

y del PSOE en Cataluña y en el resto del Estado, es una exigencia fundamental de la estrategia de la

izquierda, seguramente sólo obstaculizada por menudas cuestiones de personalidad de sus gentes. En

Cataluña, por otra parte, ía táctica del otro PSC, la del malogrado Pallach, tampoco parece tener mucha

incidencia en el planteamiento general del socialismo. Ese PSC siempre se debió llamar Partit

Socialdemócrata, y sus intereses y su clientela están claramente en otro cuadrante. El problema

fundamentar del socialismo catalán —y habría que empezarlo a gritar desde ahora con machaconería del

maestro de escuela— es el de la unidad operativa del Partit Socialista (Congrés) y del PSOE catalán y, á

otros niveles, pasando del consulado a la metrópoli, el de la unidad de acción del PSC de Raventós y del

PSOE de Felipe González, A mí todo lo demás rae parecen monsergas y entreguismo ante la lógica de la

derecha.

 

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