Autor: Urbano, Pilar. 
 El Juicio del 23-F. 
 Contradanza de relatos dispares     
 
 ABC.    20/02/1982.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

6/ABC

NACIONAL

El juicio del 23-F

SÁBADO 20-2-82

Armada, dieciocho «verdes» de la Guardia Civil. Falta García Carres, «el

paisano», como se le denomina en el vocabulario procesal. Su silla, vacía. Y

nadie excusa su presencia. Se han sentado siguiendo un orden dé jerarquía, de

graduación y de antigüedad. Tienen buen aspecto. Once meses de obligada quietud.

Deporte, lecturas, conversaciones sin prisa, visitas... Han sabido del cariño de

sus familias y amigos. De la devoción de tales y cuales grupos de personas que,

desde la libertad, les hacían llegar sus alientos. Sin duda, también han

sufrido.

La pregunta, la cadenilla de preguntas íntimas que me hago, a lo largo de este

primer día, son sin duda de una vergonzante elementalidad ¿son todos ellos

culpables?, ¿puede haber, entre estos treinta y dos hombres que tengo delante,

dándome la espalda, alguno involucrado... por la versión de otros?, ¿hay otros

culpables que no están aquí, entre ellos?

En la magnífica «cuadratura» del escenario de esta Justicia, por casualidad,

Tejero queda en el centro. Frente por frente, a más de treinta metros, del

presidente del Consejo Supremo, y de los dieciséis consejeros, «jueces»

definitivos de esta historia. Un Tejero inmóvil. Tan sólo en un momento se

removió en su asiento «¿pero... qué pasa aquí?», cuando el presidente dio paso a

ciertos tramos de lectura del Informe Fiscal, que nada concernían al

Apuntamiento.

En ese instante, vi que un consejero pasaba una notita al presidente. Otro

gesto, por la tarde, cuando el relator se refería, ya en el episodio fina) de la

rendición, el 24-F, a que «Pardo Zancada, con más inteligencia que Tejero,

estaba dispuesto a aceptar la solución-Armada...» el teniente coronel Tejero

hace un comentario irónico con su compañero de la Izquierda, él, teniente

coronel Mas Oliver.

El teniente general Miláns del Bosch, mentón alzado, ojos entornados, bigotito

«de línea», escucha la lectura de sus propias declaraciones y sus careos con

Armada; las «certificadas» que le aluden reiteradamente en los testimonios de

Gabeiras, Sabino Fernández Campos, Laina...

• Me fijo en Pardo Zancada. Cráneo alargado, rasurado, tersa piel, barbilla

cuadrada de hombre voluntarioso, gafas de concha oscura. Quieto, casi

estatuario. Como un «radar» de fina sensibilidad, no pierde palabra. En algún

momento, toma un par de notas en su ,«luxinder» marrón de bolsillo.

Es un líder nato. De capacidad proselitista quizás superior a la de Tejero, para

la recluta de seguidores. En su careo con el general Armada, el joven comandante

demostró «mayor firmeza», según el juez togado. Sublevado cuando el golpe ya no

tenía fortuna, tres, cuatro llamadas suyas desde el Congreso estuvieron a punto

de removilizar la División Acorazada Brúnete.

Ya de madrugada, Sabino Fernández Campos recibirá en Zarzuela un «S.O.S.»

telefónico del general Juste: «Me dice que no está seguro de poder dominar la

DAC»... Pardo Zancada juega en tos episodios 23-24-F un interesante papel, y no

de mero enlace, y no de mero correo, entre Miláns del Bosch y la DAC a través de

San Martín.

Cuando Miláns del Bosch, personalidad que yo desearía conocer más de cerca para

entender muchos puntos oscuros, fe hace ir a todo gas a Valencia, en domingo,

«para que esté presente en una conversación telefónica que va a mantener con

Armada», Pardo Zancada, que «no tomó el auricular», que «no oyó la voz del que

hablaba al otro lado del hilo»..., afirma rotundamente que el que llamó era

Armada: «por el contexto de la conversación... por las frases de Miláns de

Bosch... por el nombre onomástico, "Alfonso" que utilizó al despedirse de su

interlocutor» bién según Pardo Zancada, Miláns de

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Bosch dijo a los presentes en aquella escena del domingo 22 de febrero, cinco de

la tarde en el estudio de arquitecto del hijo del coronel Ibáñez Inglés: «Su

Majestad el Rey respalda la operación y la Reina la ve con simpatía». Pardo, sin

mas razones le creyó de la cruz a la raya... Y se embarcó en ello.

En este punto, también es curioso que Miláns del Bosch provocase esa llamada de

Armada —que Armada niega una y mil veces— dándole la víspera, y por teléfono, el

número de tal estudio de arquitecto, al que tuvieron que desplazarse él, Pardo,

Ibáñez y Mas Oliver... en domingo, ¿Para evitar hablar desde un teléfono

«pinchado» por escuchas», ¿acaso no pudo ser «pinchado» también éste desde el

momento en que facilitó a Armada el número y la hora de la conversación? No. No

lo entiendo.

• En la desconcertante malla de contradicciones tomo nota de algunas, que

pueden entrañar cierta revelación de interés. Siempre he querido saber dónde

estaba Armada cuando el Rey habló al país por televisión.

Bien, pues ayer, de las sucesivas declaraciones que Armada hizo en su día obtuve

tres lugares distintos: «No oí el mensaje del Rey, porque estaba en el

Congreso»... «No tengo certeza de cuándo se dio el mensaje del Rey; pero creo

que yo estaba en el hotel Palace»... «No vi ni oí el mensaje del Rey, porque

estaba en el coche», dijo refiriéndose al coche del gobernador civil Mariano

Nicolás, que le trasladó desde el hotel Palace al despacho de Gabeiras, en el

palacio de Buenavista. También es raro que, de una conversación clave, la que

hubo de producirse en un despacho de la calle Pintor Juan Gris, 3 ó 5, en la

noche del día 21 de febrero, entre Armada y Tejero, con la presencia «enlace» de

Cortina, y de la que Miláns del Bosch y García "Carrés dan testimonio diferido

y a distancia, Tejero, «memoria de buen guardia civil», no recuerda «si fue el

día 19 el 20 ó el 21»... cuando, en cambio, recuerda el color gris del traje de

Armada, el número del piso, una placa ovalada «donde ponía algo así como

Experiencias Químicas...» los muebles metálicos... Claro que por otro lado,

Armada ofrece una minuciosa relación, minuto a minuto, de su tarde del día 20...

Pero no del 19 ni del 21. Todo eso ayer quedó en el aire.

• Detalles aparte, hay retazos de la lectura del relator, sumamente sugestivos.

Cuando Armada advierte a su jefe, el teniente general Gabeiras, el 12 de

febrero, nada más hacerse cargo del destino de segundo JEME, que no informará

nunca de sus conversaciones con el Rey, y, al día siguiente, al regresar de la

Zarzuela, Gabeiras le pregunta «¿qué opina el Rey de mí?» «Mis conversaciones

con el Rey son secretas», dice Armada que le contestó. O cuando Miláns del Bosch

declara que el 23-F telefoneó a Gabeiras y le informó de «haber redactado un

"manifiesto" para mantener el orden»... «obteniendo su conformidad».

Y más adelante, en la conversación telefónica en que Gabeiras le comunica la

«alerta-2», él le dice que había ordenado aproximar a Valencia unas unidades de

carros y tropas que estaban en ejercicios tácticos, a lo que Gabeiras, según

Miláns del Bosch, «no opuso objeción».

Tomo nota también de la versión de Miláns del Bosch sobre una temprana llamada

de Juste aquel día 23, «para decirme ¿qué hacía con la DAC?»... A lo que le

contesté «yo mando sólo en la III Región».

En esta contradanza dé afirmaciones dispares, Miláns del Bosch niega haber dicho

a Gabeiras «que no quisiera saber nada de él». Pero Gabeiras oferta una

reconstrucción de lo que hablaron: Cuando desde Zarzuela, concretamente el Rey

le informa del «bando» de Miláns del Bosch y de «fuerzas por la calle, en

Valencia», el entonces JEME telefonea conminatoriamente a Miláns del Bosch y le

advierte que ante tales iniciativas «va a tomar medidas» «...Miláns del Bosch me

responde que no quiere saber nada de mí y que no hablará más que con Armada.

Así que telefoneo al Rey y se lo comunico, pidiéndole que ratifique mis órdenes.

A través del teléfono, que queda en línea, oigo como el Rey da a Miláns del

Bosch la orden de...»

Un importante punto de discrepancia, que a lo largo de la vista deberá quedar

claro como el agua es el hoy brumoso de si Armada salió hacia el Congreso

autorizado, como él asegura «por la cadena de mando» para rendir a Tejero,

facilitarle una salida... y proponer su «fórmula hábil, constitucional" un

Gobierno de civiles que emergiese de la voluntad del Congreso, presidido por él

mismo...

O si, como afirma Gabeiras, sólo tenía autorización para «facilitar la salida a

Tejero...», porque el Rey había denegado la otra propuesta de Armada... O el

alcance interpretativo que en Armada pudo tener la respuesta de Sabino Fernández

Campo cuando él le indica que, «por evitar una masacre en el Congreso está

dispuesto a sacrificarse ofreciéndose como jefe de Gobierno»: «que cualquier

propuesta que hiciera fuese con carácter personal, bajo su propia conciencia y

sin involucrar para nada el nombre del Rey... y que debía meditarlo antes con

calma» testificó Fernández Campo.

Aún otro «flash» llamativo: en contraste con las declaraciones, orales o

escritas —certificadas— de casi todos los procesados y testigos cualificados que

lógicamente, no pueden recordar puntualmente ni encuadrados en un horario exacto

los hechos, las llamadas telefónicas, las idas y venidas... ríos sorprendió la

relación escrita del teniente general Gabeiras no ya exacta, sino milimetrada en

su cronometría: un pasmoso minuto a minuto, «1,38 llamada de Caruana... 1,40,

pregunta el Prejujem qué ocurre en la DAC... 1,48, llama Aramburu... 1,53,

telefonea Quintana...» Así, veinticuatro horas sin lagunas. Sólo cabe pensar que

o lo reconstruyó posteriormente.

O tuvo una grabación, con cronómetro, de todo cuanto habló por teléfono... y en

tal caso sería una prueba «auditiva» de primera magnitud... O el general

Gabeiras tuvo la sangre fría y la encomiable serenidad de conjuntar su ardua

tarea de mando, aquellas largas horas, con la redacción en vivo de una

apasionante crónica digna de premio Pulitzer. A las seis de la tarde se levantó

la sesión con un «¡Despejen la sala!». Pilar URBANO.

 

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