Autor: Urbano, Pilar. 
 El Juicio del 23-F. 
 El presidente despolitiza la vista     
 
 ABC.    02/03/1982.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

MARTES 2-3-82

NACIONAL

ABC/5

El juicio del 23-f Hilo directo.

El presidente «despolitiza» la vista.

Me hacían guiños de advertencia. Dos datos, aparentemente baladies, chispeando

en mi memoria durante el fin de semana, «puente-sin-vlsta-de-la-causa», me

enviaban un secreto y diminuto mensaje. Al fin, decidí pararme a ver...

Rememoraba el relato de Herminia y Sara, las dos empleadas del hogar de la

familia Armada-Diez de Rivera: «El general pasó la tarde del domingo, 22, en

casa, desembalando paquetes de libros, de su reciente traslado desde Lérida».

(Hola!, eso era. «Desembalando...» La vida del militar, de destino en destino,

de desarraigo en desarraigo, con la casa a cuestas, como un caracol con su

concha... ¿Es comprensible, pensé, que un hombre que va a erigirse presidente

del Gobierno el 23, y trasladarse a vivir en la Moncloa el 24, se ocupe el 22 en

«desembalar cajas de libros»? No. Estaría todo más «listo» y a punto así,

embalado... como estaba. Él otro dato nimio. La camisa...

En los interrogatorios del viernes, y aún ayer lunes, se insistía «¿de qué color

era la camisa del general Armada cuando fue al Congreso?» Me extrañó la

pregunta, porque hay fotos. Pero todos respondieron que «caqui, de diario». Y el

general Armada, que hasta bien entrado el mediodía estuvo en los festejos

conmemorativos de la BRIPAC de Alcalá, vistiendo «media gala», camisa blanca y

corbata negra, a las cinco de la tarde estaba ya en su despacho del Cuartel

General con uniforme de diario. ¿No hubiese sido protocolariamente más adecuado

para la mente de un hombre que piensa quebrar la investidura de Calvootelo hacia

sí mismo, «permanecer vestido como estaba» para presentarse ante los

arlamentarios...?

¿Exceso de ficción y disimulo? ¿O más sencillo: que Armada ni el 22-F ni el 23-

F, a las cinco de la tarde, tenía intención de subirse, como luego intentaría

hacer, en un «tranvía en marcha» llamado «golpe de Estado»? Comprendo que son

dos menudos detalles, que acaso sólo una mujer valora. Pero ahí están. Reducen,

creo, el «puzzle» complejo de «conspiradores»... hasta que la llamada telefónica

de «Jaime», ya en la noche del 23-F, plantea la tentación y la oferta «sé

presidente tú».

• El lunes, ayer, continuó la causa pública todavía con el turno de! defensor de

Armada, Ramón Hermosilla. Demostró lo que pretendía: que fue Miláns quien,

telefoneando a los capitanes generales de las distintas Regiones Militares,

trató de lograr el efecto dominó: adhesión por empatia. Primero, sembrando

alerta y alarma sobre «la masacre que puede haber en el Congreso...»,

Al parecer, por las declaraciones de los distintos jefes de las Capitanías, no

obtuvo el eco esperado. Esa era la clave del éxito o del fracaso de la

operación. Pero en paralelo, y también por la narración de los capitanes

generales, vemos a Su Majestad el Rey contactando en directo con cada uno de

ellos.

Porque va siendo hora de recuadrar con cursivas la postura constitucional de

Don Juan Carlos, me dijo en la declaración certificada del teniente general

Elícegui Prieto, al mando de la V Región Militar, quien a las ocho de la tarde y

«por el teléfono de la Compañía Telefónica Nacional de España», recibe una

llamada del Rey: «Elícegui, se está utilizando mi nombre en falso. Yo no he

autorizado nada a nadie.

Resuelve las cosas trabajando con los gobernadores civiles y no recibas órdenes

más que de la Junta de Jefes de Estado Mayor. Si tienes duda de alguna de ellas,

antes de cumplirla habla conmigo.» Bien: y eso es a las ocho de la tarde. El

triángulo del poder aparece ya nítido: la entidad militar, la entidad civil y el

Rey «Hispaniae moderator», en el momento de mayor confusión. Hago notar que no

he elegido a capricho las palabras del teniente general Elícegui: bajo su mando,

aquel día, estaban todas las fuerzas de la V Región Militar, más... el numeroso

contingente de hombres,armas y carros blindados de la DAC que pernoctaron en los

campos de tiro de San Gregorio (Zaragoza), donde debían realizar maniobras a las

órdenes de Juste..., pero sin Juste, intempestivamente regresado a El Pardo, por

indicación del coronel San Martín.

• Obtiene el letrado Hermosilla, como el último día, un rosario de alabanzas a

Armada, desgranado por el generalato con mando de armas. «Uno de los mejores

generales de que dispone el Ejército..., un general sobresaliente», dirá

González del Yerro; «un magnífico caballero», «un militar leal al Rey, incapaz

de hacer nada contra él...», según Arozarena; «una gran preparación militar e

intelectual..., un acendrado espíritu cristiano», corrobora Campano; «le

considero incapaz de mentir o engañar, aunque no hacer esto le pueda suponer un

perjuicio», señala rotundo Polanco Mejorada...

De la sesión matinal yo quiero destacar un hecho interesante por cuanto encierra

de indicio de una filosofía o mejor dicho: de un talante, en el Consejo Supremo

de Justicia Militar, ante la «2/81»; impedir el repudrimiento interno del

proceso, evitando que se convierta en un «proceso político». Así, en ejercicio

legítimo de sus facultades presidenciales, el teniente general Alvarez Rodríguez

se negó a la demanda del defensor del general Torres Rojas y del capitán Bobis,

de la Guardia Civil, letrado Quintana Aparicio, que pretendía se diera lectura

al «Balance terrorista», publicado en su día por «El Alcázar». «Prueba admitida

como documento, pero no para su enunciación oral.» Protestó el defensor

Quintana, y a él, ucesivamente, se unieron, «a efectos de recurso de casación»,

una docena de letrados. «Consten en acta las protestas»,dijo el presidente sin

arredrarse ante la «crecida» contestataria, que veía así neutralizada la

argumentación de «motivos» para la rebelión que se juzga. Episodio similar, por

la tarde, cuando el abogado De Miguel solicitaba la lectura de un artículo de

Emilio Romero en A B C, dos días después de la dimisión de Suárez, en el que

apuntaba el retrato robot de un jefe de Gobierno... inicio, en la Prensa, de la

llamada «operación De Gaulle», cuando empezó el dime-direte en torno a «Armada,

for president».

También se niega a esta lectura el presidente del Consejo Supremo y también se

levantan oleadas de protestas entre los defensores: esta vez, dieciséis. «Quien

quiera conocer el contenido de ese artículo, que lo busque en una hemeroteca»,

fue su férrea decisión, después de zanjar el contencioso con un «jno admito más

polémicas sobre las atribuciones de esta presidencial» Y punto.

• Al más lego observador le llamaría la atención una doble estrategia de cierto

grupo de defensores. En primer lugar, más que seguir una línea clara de

«defensa» de sus representados, se dedican al ataque sistemático de «la

posición. Armada». En segundo lugar, se da la pasmosa «casualidad» de que, en

casi todos los folios cuya lectura solicitan, aparecen respuestas de declarantes

que tras el «creíamos» o el «pensábamos» involucran pertinazmente la anuencia

del Rey. Cuando no, preguntas de los mismos letrados quevienen a clavarse, una y

otra vez, sobre el acerico sensible de la Monarquía.

Se nos leen las hojas de servicios del general Torres Rojas y del comandante

Pardo Zancada. Hojas brillantes de hombres valiosos, forjados en la vida dura y

sin miedos ante el riesgo. Y extraña, sin embargo, que todo un general «hecho

para el mando» obedezca, sin pensarlo dos veces, a un comandante que le hace

volar desde La Coruña a Madrid, en la mañana del 23-F.

Y aún más extraña que ese mismo general, una vez en la DAC y ante un jefe,

Juste, «observante, pensativo... sin ser en él habitual esta actitud», «que si

bien con su presencia autorizaba las órdenes que se daban, producía la impresión

de que no las aprobaba...», «que parecía no estar de acuerdo, aunque nadie le

preguntó si lo estaba o no...», llegado el momento de dar el paso al frente —

¡para eso le habían llamado!— se retrepa en el sofá y dice a Juste «estoy a tus

órdenes». Como también es curioso que en la ya célebre «reunión de sobremesa en

la DAC», cuando Pardo Zancada anuncia «el hecho desencadenante que va a

producirse», sea el mismo Torres Rojas quien aporte el dato de «la

Ó/ABC

NACIONAL

El juicio del 23-F

Reina también lo apoya». ¿De dónde le sobrevino esa información?

• La crónica de esta sesión, séptima, de la Causa Pública podría resumirse en

una frase: tos defensores pasan al ataque. Pero a condición de hincar a renglón

seguido un interrogante de inquietud: ¿A dónde quieren ir a parar? ¿Por qué se

interviene, interrumpiendo un relato, para enjaretar una batería de preguntas

como a qué hora exactamente se dio en Zarzuela la orden de emitir el mensaje

televisado del Rey?; ¿cómo es el «escudo nacional» del membrete de la

declaración del señor Laína?, ¿el antiguo o el nuevo?; ¿qué autoridad civil dio

orden de intervenir teléfonos de posibles implicados el mismo día 23-F por la

noche?; ¿peoría leerse íntegro el télex del Rey al teniente general Miláns del

Bosch a las 4,55 horas del día 24-F?... Télex que, «casualmente», es el que

contiene las palabras de «después de esta orden ya no puedo volverme atrás»...

Como tampoco es coincidencia ingenua que un mismo letrado, y en Intervalo de

quince minutos, haga que nos tean las declaraciones de Múgica Herzog a raíz de

su almuerzo en Lérida con Armada, y el artículo de Emilio Romero, textos, ambos,

sutilmente emparentados por un mismo argumento.

Así la tesis de Emilio Romero se condensa en estas frases: «Están pasando cosas

que obligan a una remodelación sustancial... existiría la vía de "un hombre

ajeno y políticamente bendecido´... Estimulé la imaginación y encontré al

general Alfonso Armada... Un golpe de timón es un golpe de timón.» Y ello

publicado el 31 de enero de 1961. El 22 de octubre de 1980, Múgica almorzaba con

Armada y con Ravenlos en casa del alcalde llergeta Ciurana. Sale a relucir en la

Sala de Justicia lo que Múgica me contó en un «desayuno del Ritz»: «Armada dijo

que, antes que la democracia se fuera al traste por no poder resolver los

problemas, tendríamos que arrimar todos el hombro y hacer un Gobierno de

coalición presidido por un independiente.»

Preguntado Múgica sobre esta frase responde que «en cualquier caso, la

Constitución española permite esa fórmula». Sí, pero... sin «tejerazos» y

«itodos al suelol». Sí,-pero... Armada «desembalaba cajas de libros» la víspera

misma.—Pilar URBANO.

 

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