La mayoría de los defensores hicieron constar en acta su protesta. 
 El presidente denegó la lectura de un informe sobre el terrorismo     
 
 ABC.    02/03/1982.  Página: 7-9. Páginas: 3. Párrafos: 48. 

ABC/7

El juicio del 23-F

La mayoría de los defensores hicieron constar en acta su protesta

El presidente denegó la lectura de un informe sobre el terrorismo

MADRID.

Tras el habitual receso, la vista se reanudó a las doce y media, con la petición

del defensor del general Torres Rojas, Gerardo Quintana, de que fuera leída la

declaración prestada por el general Femando Ortiz Cali, que mandaba una de las

brigadas de la División Acorazada Brúñete el 23 de febrero de 1931.

El general Ortiz Call manifestó que en la mañana del 23 de febrero acudió, junto

con una comisión de la Brúñete, a los actos que se celebraban en el

acuartelamiento de la Brigada Paracaidista con motivo de cumplirse su

aniversario. Sobre las tres de la tarde —añadió— regresó a su casa y

posteriormente recibió una llamada telefónica del comandante Pardo Zancada,

quien le anunció que iba a celebrarse una reunión en el Cuartel General de la

División, a la que concurrían los generales Juste y Torres Rojas, así como otros

jefes y oficiales de la Brunete.

Ortiz Call declaró también que llegó sobre las seis de la tarde al Cuartel

General de la División, y que le extrañó que se encontrara presente el general

Juste, puesto que le hacía inspeccionando los ejercicios que algunas unidades de

la Brúñete estaban llevando a cabo en Zaragoza.

DECLARACIÓN DEL CORONEL ARNAIZ TORRES

El defensor de Torres Rojas, Gerardo Quintana Aparicio, solicitó que se diera

lectura a la declaración prestada por el coronel Francisco de Arnaiz Torres,

jefe del Regimiento Mixto de Ingenieros número 1 de la División Acorazada

Brúñete.

El coronel Arnaiz Torres manifestó en su testimonio que, hacia las cuatro y diez

de la tarde del 23 de febrero, recibió una llamada telefónica del comandante

Pardo Zancada, quien le dijo que el general Torres Rojas se encontraba en el

Cuartel General de la División y quería saludarle.

Señaló que, cuando llegó al Cuartel General, se apercibió de que se encontraba

presente allí el general Juste. A continuación participó en una reunión con él y

otros generales y oficiales de la División Acorazada.

El citado jefe del Ejército indicó que e! Estado Mayor de la División Acorazada

fue el que distribuyó las órdenes, y que a su Regimiento le correspondía ocupar

cinco emisoras de radio.

El coronel Arnaiz Torres añadió en su declaración que, tras la reunión, se

incorporó a su despacho en el Regimiento, y sobre las siete menos diez de la

tarde recibió una llamada del capitán Tamarit, del Estado Mayor de la División,

quien le dio la contraseña: la palabra «lunes», a partir de la cual había que

poner en marcha las órdenes cursadas.

Indicó también el coronel que una de las unidades de su Regimiento llegó a Radio

Popular, y su jefe pidió al director de la emisora que se difundiera música,

pero en ningún caso información. Después, el propio coronel Arnaiz indicó a la

citada unidad que volviera al acuartelamiento del Regimiento, porque el Estado

Mayor de la División Acorazada Brúñete había ordenado la suspensión de las

órdenes cursadas con anterioridad. Arnaiz Torres manifestó que el general Juste

estuvo preocupado durante toda la reunión que se celebró en el Cuartel General

de la DAC, y que no intervino en las órdenes.

«EN LA BRÚÑETE SE PENSÓ QUE EL REY APOYABA LA OPERACIÓN»

A continuación, el defensor del general Torres Rojas pidió que fuera leída otra

declaración del coronel Cervantes, efectuada en noviembre de 1981, en la que

afirmó que, a la vista de lo que expuso el comandante Pardo Zancada en la

reunión celebrada en la tarde del 23 de febrero en el Cuartel General de la

Brúñete, todos los presentes creyeron que el Rey apoyaba la operación que iba a

producirse.

El coronel Cervantes Roseli añadió en esa declaración que creía, sin poder

asegurarlo, que el general Torres Rojas, en aquella reunión, ratificó todo lo

dicho por el comandante Pardo Zancada.

Por último, el coronel Cervantes aseguró que creía que el general Juste no fue

suplan-

El juicio del 23-F

El coronel Cervantes cree que Torres Rojas ratificó el relato de Pardo Zancada

en el despacho de Juste

lado en ningún momento de la tarde del 23 de febrero, ya que el general Torres

Rojas no dio orden alguna en su presencia y Juste no hizo nada para variar las

órdenes que, escritas a tapiz, fueron distribuidas por el Estado Mayor de la

División ni llamó al capitán general de Madrid para informarse de ellas.

OCUPAR PRADO DEL REY

Después, el relator dio lectura, siempre a petición del abogado Gerardo Quintana

Aparicio, de la declaración que prestó el coronel Joaquín Valencia, jefe del

regimiento de Villa-viciosa el día 23 de febrero de 1981.

El coronel Valencia manifestó que cuando llegó a la reunión del Cuartel General

de la DAC le explicaron que su misión era ocupar las instalaciones de Prado del

Rey, ante lo cual regresó a su despacho y ordeno que salieran tres escuadrones.

E! primero de ellos, mandado por e! capitán Martínez Merlo, entró en Prado del

Rey, mientras que los otros dos permanecieron en sus inmediaciones.

El coronel Valencia declaró que tanto el capitán general de la I Región,

Quintana La-cacci, como el general Juste, le ordenaron posteriormente el regreso

al acuartelamiento.

En cuanto a su actuación en Televisión Española, el coronel Valencia afirmó que

no recibió órdenes de interferir la programación de Radio Nacional ni la de

Televisión, sino de impedir que fuera difundida cualquier tipo de información.

Momentos después, el abogado Gerardo Quintana pidió que se diera lectura a la

declaración, prestada en marzo de 1981 por el coronel Antonio Centeno Pérez,

quien el día 23 de febrero mandaba uno de los regimientos mecanizados de la

División Acorazada Brúñete.

Centeno Pérez explicó que en el cuartel de la DAC saludó al general Torres Rojas

y que, en compañía de otros generales y jefes de la División, pasaron a!

despacho del general Juste. Torres Rojas, después de hablar Pardo Zancada, dijo

que se trataba de una acción por el bien de España y que los Reyes lo sabían.

Mientras tanto, el Estado Mayor de la División preparó las órdenes, que luego

fueron distribuidas a cada una de las unidades.

JUSTE, PENSATIVO

En cuanto al general Juste, el coronel Centeno afirmó que, durante toda la

reunión, el general estuvo pensativo y preocupado por lo que iba a suceder y

que, a su juicio, eso no era norma habitual en el general Juste.

El relator íeyó después la declaración del coronel José Pontija, que en la tarde

del 23 de febrero era jefe de uno de los regimientos de la División Acorazada

Brunete.

Tras declarar que su impresión personal era que el general Torres Rojas no dio

orden alguna y que asistió a la reunión en actitud pasiva, el coronel Pontija

afirmó que el general Juste mandó en todo momento la División, aunque dejó hacer

a su Estado Mayor, por lo que su actitud fue más bien de aquiescencia.

A continuación, el letrado Quintana Aparicio, defensor de Torres Rojas, pidió

que fuera leído, como prueba de la defensa, un informe sobre el terrorismo

publicado por el diario «El Alcázar», que forma parte de la causa.

El presidente del Tribunal denegó la prueba, ante lo cual el letrado Quintana

Aparicio expresó su protesta y pidió que constara en acta a efectos de casación.

Se unieron a la protesta los abogados López Montero, Zugasti, Muñoz Perea, De

Miguel, Santiago Segura, De Mer, Julio Ortiz, Pedro Liñán, Salva Paradela,

Nobardos, Jesús Gómez y el teniente Hernández Griño.

A las dos menos veinticinco, el defensor del general Torres Rojas indicó que no

deseaba solicitar la lectura de ninguna diligencia sumarial más.

En ese momento, el defensor de Armada, Ramón Hermosilla, pidió que el letrado

Quintana Aparicio concretara los folios cuya lectura se reservaba para más

adelante, ante lo que Quintana Aparicio dijo que se reservaba solicitar la

lectura de aquellos folios que considerara más oportunos para el desarrollo de

su defensa.

El presidente del Tribunal intervino entonces para indicar que la presidencia se

reservaba también el derecho a aceptar o denegar la lectura de los folios que

solicitara el defensor de Torres Rojas.

El abogado Adolfo de Miguel pidió, en primer lugar, que fuera leído el télex

remitido por Su Majestad el Rey al teniente general Miláns del Bosch en la

madrugada del 24 de febrero.

DECLARACIÓN DE ALFARO ARREGUI

El abogado Adolfo de Miguel pidió a continuación que fuera leída la declaración

certificada remitida por el teniente general Ignacio Alfaro Arregui.

Por último, el abogado Adolfo de Miguel pidió que fuera leída la parte de la

declaración del general Aramburu Topete a la que había renunciado el letrado

Ramón Hermosilla.

Aramburu manifestó que a las puertas del Congreso le dijo a Camilo Menéndez que

se fuera a su casa y no complicara más tas cosas, pero después tuvo conocimiento

de que había entrado en la Cámara.

Por último, el general Aramburu señaló que el general Armada volvió al Congreso

a las once de la mañana con la orden del presidente de la JUJEM para que

negociara la rendición de Tejero, cuyo pliego de condiciones, una vez consultada

la JUJEM, fue firmada en uno de los pasadizos de la Cámara.

MARTES 2-3-82

El juicio del 23-F

Enfrenamiento dialéctico entre los defensores Hermosilla y De Miguel

Sanchez Harguindey, subsecretario del Ministerio del Interior. Afirmó que estaba

escuchando la retransmisión de la sesión de investidura del presidente del

Gobierno, por lo que se enteró del asalto al Congreso.

Llamó a Francisco Laína y así conoció que el asaltante era el teniente coronel

Tejero, por lo que se le ocurrió constituir la Comisión de secretarios de Estado

y subsecretarios, dado que el Gobierno estaba secuestrado. Comunicó esta

iniciativa a Laína y pidió autorización a la Zarzuela Habló con Fernández Campo,

secretario de la Casa Real, quien dio el asentimiento de la Zarzuela.

Constituida la Comisión de subsecretarios, Sánchez Harguindey señaló que esta

Comisión decidió que no hubiese ninguna alteración en los diferentes ambientes

de la vida administrativa y civil ordinaria.

La Comisión se disolvió después de reunirse en el Palacio de la Moncloa el

Consejo de Ministros, tras la salida del Congreso, el día 24.

Por su parte, el general Sáenz de Santamaría, inspector general de la Policía

Nacional el día 23 de febrero de 1981, afirmó en su declaración que conocía al

general Armada desde 1944. Fue su compañero en la Escuela de Estado Mayor, y

tenía gran concepto de él. Afirmó que es de ideas muy conservadoras. Sáenz de

Santamaría dijo que la actitud de Armada el 23 de febrero era de desconcierto y

perplejidad, y no se podía decir, al verle, lo que pensaba o lo que se proponía

el 23 de febrero. Sáenz de Santamaría declaró que el general Armada fue al hotel

Palace y dijo que iba a ofrecer un avión a Tejero.

Indicó también el general Santamaría que le produjo la impresión de que Armada

tenía una visión deformada de la situación, ya que dijo que en las Reglones

Militares II y IV y V también apoyaban a Miláns del Bosch.

Tras regresar Armada de su visita a Tejero —relató también Sáenz de Santamaría—

el general dijo:

«He fracasado en mi gestión.» Narró también Santamaría que a las once horas del

día 24 regresó Armada diciendo que traía autorización de la JUJEM para hablar

con Tejero.

Seguidamente fue leída la declaración de Enrique Múgica, prestada en el Palacio

del Congreso el 14 de enero de 1982, en período plenario, también solicitud del

letrado defensor de Adolfo de Miguel Garcilópez, defensor de García Garres,

Pardo Zancada y Camilo Menéndez.

MÚGICA: NO SE TRATO DE SALIDAS DE EMERGENCIA

En su testimonio, Enrique Múgica afirmó que en la comida celebrada en Lérida con

Armada meses antes del 23-F no se trató de una salida de emergencia a la

situación.

Afirmó también Enrique Múgica que posteriormente no ha mantenido conversaciones

con Armada. En el almuerzo no se habló de un Gobierno de coalición en el que

entraría el PSOE. Añadió que Felipe González fue informado posteriormente sobre

el contenido de la entrevista, y aseguró Múgica que no ha visitado a Armada en

Madrid, y que no ha entregado a la Ejecutiva del PSOE un informe sobre la

propuesta de Armada.

A continuación fue iniciada la lectura de un artículo de Prensa titulado

«Pequeños relatos», publicado el 31 de enero de 1961 en ABC. Este artículo, al

parecer, en su parte final, se refería a que Armada podría ser presidente de un

Gobierno de coalición.

El abogado Adolfo de Miguel preguntó de qué fecha era el artículo, y el abogado

señor Hermosilla, defensor de Armada, cuando ya se había iniciada la lectura,

dijo que el presidente está facultado para conceder la lectura de las

diligencias practicadas en el sumario, pero no de artículos periodísticos.

Adolfo de Miguel afirmó que los defensores no son quiénes para dar lecciones a

la presidencia, y, tras una discusión dialéctica, el presidente afirmó que no se

podía admitir ni fotocopias ni originales de periódicos que se leen

perfectamente en las hemerotecas; y que, además, la fotocopia había podido ser

leída en el sumario anteriormente, además de que su lectura podía ser dilatoria.

Dieciocho abogados defensores expresaron su «respetuosa protesta» por la

decisión del presidente, a efectos de un recurso de casación.

PARDO ZANCADA ES PERIODISTA

El abogado Adolfo de Miguel Garcilópez, defensor de Pardo Zancada, solicitó

seguidamente que se diera

lectura a la hoja de servicios de su patrocinado.

Según su hoja de servicios, el año 1980 Pardo Zancada fue nombrado jefe de la

segunda sección de Estado Mayor de la Brúñete. Tomó parte en diversas

operaciones y realizó el curso de Estados Mayores Conjuntos.

El referido comandante es especialista en carros de combate, tiene dominio de la

lengua inglesa y es licenciado en Ciencias de la Información.

El defensor del comandante Pardo Zancada pidió a continuación que se leyera el

mensaje remitido a éste por el coronel San Martín, en la madrugada del 24 de

febrero.

El mensaje, supuestamente consultado a la Zarzuela antes de su entrega al

comandante, decía que Pardo Zancada si abandonaba el Congreso de los Diputados

salvaría su honor al acatar las órdenes del Rey.

Adolfo de Miguel pidió a continuación que se diera factura a un informe en el

que se especifica que la compañía de la Policía Militar que entró en el Congreso

e! 23-F, al mando de Pardo Zancada, estaba compuesta por 200 hombres, de los que

sólo 113 fueron con el comandante.

Acto seguido fue leída la declaración del coronel Joaquín Piserra Velasco,

perteneciente a la División Acorazada, y que fue realizada el 21 de marzo de

1981.

Seguidamente, el relator leyó la declaración del teniente coronel Fernando Sanz

Esteban, jefe de la Plana Mayor del Regimiento Villaviciosa número 14 de la

División Acorazada. La declaración fue realizada el 30 de noviembre de 1981.

El teniente coronel Sanz Esteban dijo que en la División Acorazada existía el

convencimiento, ante los hechos, de que se estaba actuando a las órdenes del

Rey.

Sanz Esteban indicó que, en su opinión, el comandante Pardo Zancada es un

ejemplo digno de jefe e incapaz de dicir algo que no sea cierto.

El coronel Sanz Esteban dijo que el Regimiento Villaviciosa recibió siempre las

órdenes de sus jefes naturales, y añadió que, efectivamente, las órdenes que

recibió ese día se apartaban totalmente de las contempladas en la operación

«Diana».

A las seis de la tarde, el presidente del Tribunal suspendió la sesión del

Consejo.

 

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