Según Saénz de Santamaría, Armada afirmó:. 
 Aquí tiene que haber un sacrificado y ése va a ser el general Armada     
 
 ABC.    27/02/1982.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 43. 

4/ABC NACIONAL

SÁBADO 27-2-82

El juicio del 23-F

Según Sáenz de Santamaría, Armada afirmó:

«Aquí tiene que haber un sacrificado y ése va a ser el general Armada»

MADRID. Poco después de las diez de la mañana se reanudó la vista del juicio por

los sucesos del 23 de febrero, tras la interrupción del jueves, motivada por la

habitual reunión del Consejo Supremo de Justicia Militar. Al Iniciarse la sesión

se encontraban presentes, además del Tribunal, fiscal y defensores, todos los

procesados, con la excepción ya habitual del único civil juzgado, señor García

Carrés, que se encuentra internado en una clínica de Madrid.

Imprecisión sobre la visito de Ibáñez Inglés a Armada

La sesión se inició con la lectura, a petición del defensor del general Armada

Comyn, de dos télex difundidos por las agencias de noticias Efe y Europa Press

el 25 de febrero de 1981.

La noticia de la agencia estatal se refería a que el general Armada no se

encontraba arrestado ese día, pero habrá sido cesado en su cargo de segundo jefe

de Estado Mayor del Ejército, según habían informado a dicha agencia fuentes

militares solventes. Se decía asimismo que según las mismas fuentes la conducta

del general Armada había sido correcta durante los hechos del 23 y 24 de febrero

y que sus contactos con Tejero habrán sido siempre a las órdenes del general

Gabeiras.

La noticia difundida aquel día por Europa Press señalaba que el general Armada

había sido cesado en su cargo de segundo jefe de Estado Mayor, pero no había

sido sancionado, según habían informado a la citada agencia fuentes solventes

militares. El cese se podía haber producido por haber sobreva-torado lo que

estaba sucediendo en el Congreso, así como por la forma en que llevó las

negociaciones con el teniente coronel Tejero Molina.

LA MISA DE LAS SIETE

Seguidamente se dio lectura, también a petición del abogado Ramón Hermosilla,

defen-sor del general Armada, como todas las efectuadas a continuación a la

declaración efectuada el 14 de abril de 1931 por el teniente coronel Ángel Rojas

Riera, del Estado Mayor del Ejército. El citado militar manifestó en aquella

declaración que el día 19 de febrero Armada estuvo en su despacho todo el día,

salvo la hora del almuerzo, y no puede precisar qué hizo el general a partir de

las siete y media de la tarde, si bien solía ir a misa con su esposa a una

iglesia de la capital. Similar contenido tuvieron las declaraciones, leídas a

continuación, del teniente coronel Antonio Ruiz Mostari (del Estado Mayor del

Ejército).

El defensor del general Armada solicitó que se leyera la declaración del coronel

Eloy Ro-vira Montero, realizada el 26 de diciembre de 1981. Afirmó en esa

declaración que el coronel Ibáñez Inglés (segundo jefe de Estado Mayor de la

Capitanía de Valencia) visitó al general Armada en un día que no puede

concretar, pero que cree que fue el 16 de febrero de 1981.

A petición del mismo abogado, el relator leyó la declaración prestada en fase de

ple-nario por el teniente coronel Jesús Díaz Pena.

LA VISITA DE IBÁÑEZ

Se leyó seguidamente Ja declaración certificada del general Enrique Zamora y de

la Fi-guera (era jefe de la División Técnica de Armamento Terrestre el 23 de

febrero de 1981). Afirmó que no podía asegurar si la visita de Ibáñez Inglés a

la jefatura de Estado Mayor del Ejército fue el 16 de febrero. En fecha

que no recuerda exactamente, pero que debió ser a mediados de febrero, él fue a

felicitar al general Armada, que acababa de ser nombrado segundo jefe del Estado

Mayor, y que cree que a la entrada o la salida, coincidiendo con el coronel

Ibáñez, que estaba en el antedespacho conversando de temas generales con los

oficiales que se encontraban allí. Fue leída la declaración del comandante Pío

Castillo (del Estado Mayor del Ejército), que obra en el folio 4.296 del

sumario. Manifestó que el 20 de febrero de 1981, entre las siete treinta y las

ocho de la tarde despidió al general Armada, que se marcha vestido de uniforma y

en compañía del ayudante de su despacho.

Lo que confirmó Jaime Díaz Rodríguez, mecánico conductor del Ministerio de

Defensa, en su declaración.

El abogado Ramón Hermosilla solicitó a continuación que se diera lectura a las

declaraciones prestadas el 26 de mayo de 1981 por los testigos Juan Boga Gálvez,

Diego Castillo Carrero y María de Loreto Ruiz del Castillo, amigos de las hijas

del general Armada.

Los tres coincidieron en señalar que se encontraron al general Armada y a sus

hijas Paz e Isabel a la salida de la misa de nueve de la noche del 20 de febrero

de 1981, en la iglesia de los Dolores, de Madrid.

Seguidamente se dio lectura a la declaración formulada por don Juan Vigón

Sánchez, del Consejo Supremo de Justicia Militar, el 19 de mayo de 1981. El

citado general manifestó que el 20 de febrero de 1981 cenó en casa del general

Armada, a donde llegó hacia las ocho treinta de la tarde. El general Armada se

incorporó a su domicilio hacia las nueve treinta y pidió disculpas por el

retraso, que justificó diciendo que había asistido a misa con sus hijas.

Ramón Hermosilla ha solicitado también que se diera lectura a la declaración

certificada prestada por el general José Martínez Jiménez, perteneciente al

Servicio de Construcciones del Ministerio de Defensa.

El defensor del general Armada ha solicitado que se diera lectura a la

declaración de las testigos Herminia Nogueira Fijol, y Jara Crespo Pereiro,

ambas al servicio de la familia. Señalaron que el general Armada estuvo en su

domicilio hasta las seis de la tarde del día 21 de febrero, en que se dirigió a

casa de su hija Victoria para visitar a una nieta suya, que se llama Inés, y que

se encontraba enferma.

Herminia Nogueira señaló que Armada volvió hacia las diez de la noche para

cenar. Pasó toda la tarde del domingo día 22 en su casa y cenó allí mismo.

Jara Crespo indicó que al día siguiente, domingo, el general Armada abandonó su

domicilio alrededor de las nueve treinta de la mañana, diciendo que iba a oír

misa y luego a ver a su nieta Inés, y que por la tarde tiene

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NACIONAL

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El juicio del 23-F

Varios generales afirman que la propuesta de un Gobierno de coalición no partió

de Armada

Armada intentó hablar con el Rey el día 25 de febreronoticias de que Armada

permaneció en su domicilio, pero que ella se fue de paseo.

DECLARACIÓN DE LAS HIJAS

A continuación e! relator leyó la declaración firmada por María Victoria Armada

y Díaz de Rivera, hija del general Armada, fechada el 28 de marzo de 1981.

La hija de Armada manifestó que su padre estuvo en su domicilio desde las siete

y media de la tarde hasta las nueve de la noche del día 21 de febrero de 1981.

Por último, María Victoria Armada declaró que su padre permaneció en su propio

domicilio la tarde del domingo, día 22, ya que así se lo comunicó

telefónicamente a su madre.

Inmediatamente después fue leída la declaración de María Armada y Díaz de

Rivera, otra de las hijas del general Armada, quien declaró que por la mañana

del domingo, día 22, acudió con su padre a misa de once, a la iglesia de la

Encarnación.

DOPICO: «TEJERO NO SE REFIRIÓ A ARMADA»

A continuación, y a petición nuevamente del defensor del general Armada, el

relator leyó la declaración efectuada por el jefe supe-rior de Policía de

Madrid, José Luis Fernández Dopico, de fecha 30 de marzo de 1981.

El jefe superior de Policía indicó que, junto con los comisarios Ballesteros y

Martorell, se dirigió al Congreso de los Diputados, donde se le permitió entrar

sin impedimentos, y que una vez dentro del Palacio del Congreso se encontraron

con el teniente coronel Tejero, el cual abrazó a Ballesteros y le dijo: «Eres un

tío cojonudo.» Tejero dijo después que se hallaba a las órdenes de Su Majestad

el Rey y del teniente general Miláns del Bosch.

Por último, Fernández Dopico manifestó que Tejero, durante el rato que

estuvieron con él, no hizo referencia alguna al general Armada.

Tras la declaración de Fernández Dopico, fue leída la del comisario Manuel

Ballesteros, que después de manifestarse en parecidos términos señaló que Tejero

debió pensar que habían llegado los tres comisarios al Congreso para unirse a

él.

DECLARACIÓN DE ALCALÁ GALIANO

A continuación se ha dado lectura a la declaración prestada por el entonces

coronel Alcalá Galiano, formulada el 25 de marzo de 1981. El coronel Alcalá

Galiano, que el 23 de febrero era jefe de la I Circunscripción de la Policía

Nacional (Madrid), manifestó que escuchó el asalto al Congreso por la radio y

que comprendió que debía personarse inmediatamente en el Palacio de las Cortes.

Señaló que llegó al Congreso poco después de producirse el asalto, y una vez

allí preguntó quién era el más caracterizado de los asaltantes, a lo que le

respondieron que se trataba del teniente coronel tejero.

Precisó que se entrevistó con el citado teniente coronel, quien, tras darle la

novedad, le dijo que él no obedecía más órdenes que las que le transmitiera Su

Majestad el Rey y el teniente general Jaime Miláns del Bosch.

En ese momento, Alcalá Galiano se dirigió a un teléfono sito en el despacho del

jefe del destacamento de la Policía Nacional en el Congreso, y desde allí trató

de hablar con su despacho, lo que no le fue posible. Señaló que en ese

momento,entraron en el despacho el teniente coronel Aguilar y e! teniente

coronel Monzón, quienes le dijeron que habían sido enviados por Gabeiras para

informar directamente al jefe del Estado Mayor del Ejército de lo que estaba

sucediendo en el Congreso.

EL REY NO RESPALDABA LA ACCIÓN

Alcalá Galiano manifestó que habló telefónicamente con el teniente coronel

Gabeiras, quien le dijo que el Rey no respaldaba la acción que se había

producido. Gabeiras le ordenó que detuviera al teniente coronel Tejero. Señaló

que habló con Tejero, a quien le dijo que le estaban engañando. Tejero pidió que

le acompañara a un teléfono. Entonces, el teniente coronel de la Guardia Civil

marcó un número, y Alcalá Galiano escuchó la siguiente conversación:

«Soy el teniente coronel Más, ¿qué pasa?»

Tejero: «Ha venido aquí un coronel de la Policía Nacional.»

Teniente coronel Más: «Mándalo a hacer púnelas. Te paso con el coronel Ibáñez.»

Coronel Ibáñez: «¿Qué pasa?»

Tejero: «Que ha venido aquí un coronel de la Policía Nacional, que me dice que

no es cierto que el Rey respalde la acción.»

Ibáñez: «Desármalo. Eso no es verdad.»

En ese momento salió del despacho el teniente coronel Tejero a la carrera, dado

que le habían llamado desde otro lugar del Congreso.

Precisó que vio cómo el teniente coronel Tejero apuntaba con su pistola en el

patio del Congreso al general Aramburu Topete y le sostuvo por el brazo. Sin

embargo, tuve que soltarle porque un guardia civil, que me apuntaba con su arma,

me amenazó con disparar si no lo hacía.

Alcalá Galiano indicó que se instaló en el cuartel general en el hotel Palace,

donde llegó poco después el general Armada, quien dijo: «Vengo como Alfonso

Armada. No tiene que ver nada en esto el Rey.» A continuación se reunió con el

general Aramburu y el general Sáenz de Santamaría.

SAENZ DE SANTAMARÍA: PERPLEJIDAD

Seguidamente fue leída una certificación del general Sáenz de Santamaría, que el

23 de febrero de 1981 era inspector de la Policía Nacional. Sáenz de Santamaría

señaló que sabía que el general Armada era un hombre muy religioso, de ideas

conservadoras y un gran profesional del Ejército, y añadió que la actuación de

Armada durante los días 23 y 24 de febrero le produjo una gran perplejidad.

Afirmó Sáenz de Santamaría que Armada, cuando llegó al hotel Palace, dijo que

iba a hablar con Tejero, autorizado por el general Gabeiras. Sáenz de Santamaría

añadió que el propio Armada dijo: «Aquí tiene que haber un sacrificado y ése va

a ser el general Armada» Tras lo cual afirmó que se dirigiría a los diputados

para proponerles un Gobierno de coalición en el que él sería presidente.

A continuación, el defensor del general Armada pidió que fuera leída la

declaración del general Gustavo Urrutia, entonces jefe del Estado Mayor de la

Capitanía General de la II Región Militar, quien señaló que conocía al general

Armada desde hacía varios años.

El general Urrutia añadió que al preguntar a Armada qué había de cierto en su

designación como presidente del Gobierno, éste le contestó que había que

esperar, pues hacía falta la aprobación de los diputados para que fuera

constitucional, por lo que en todo momento le pareció que Armada trataba de

salvar una situación difícil.

Seguidamente, el abogado Ramón Hermo-silla solicitó que fuera leída por el

relator la declaración prestada por el general José María Sáenz de Tejada, jefe

del Estado Mayor de la I Región Militar, el 23 de febrero, y que figura en el

folio 326 del sumario.

EVITAR LA SALIDA DE LA DAC

Sáenz de Tejada indicó en su testimonio que en la noche del 23 al 24 de febrero

habló telefónicamente en una ocasión con el general Armada, quien le ordenó que

mantuviera a las unidades de la Acorazada Brúñete en sus acuartelamientos.

Posteriormente fue leída, a petición siempre de Hermosilla, la declaración

certificada que realizó el general Jaime Lluch Coromi-nas, jefe del mando

superior de personal del Ejército.

«LO ACEPTO POR EL BIEN DE ESPAÑA»

El relator leyó después la declaración del general José Pérez Iñigo Martínez

(del Estado Mayor del Ejército). Afirmó que el 23 de febrero llegó al cuartel

general del Ejército sobre las siete de la tarde, después de haberse enterado de

lo sucedido en el Congreso.

Se presentó de inmediato al teniente general Gabeiras, que estaba en su

despacho con Armada, quien tenía una actitud que era la que, su juicio, le

correspondía. Desde las ocho treinta de la tarde estuvo con Armada, aunque salió

varias veces. Una de las veces que entró oyó que Armada hablaba por teléfono con

alguien y le decía: «Eso es un disparate», para añadir más adelante: «Lo acepto,

no obstante, si es por el bien de España.»

El general Pérez Iñigo dijo que Armada, inmediatamente, llamó al Palacio de la

Zarzuela y estuvo hablando con el general Sabino Fernández Campo (secretario de

la Casa Real). Oyó decir a Armada: «Estoy de acuerdo contigo en que es un

disparate, pero es una solución que me han propuesto y quiero consultar al Rey.»

Armada llamó a la JUJEM, reunida en su sede. No oyó decir —sigue Pérez Iñigo— al

general Armada que en cuatro Capitanías la situación era grave. Por lo que

entendió, lo del Gobierno de coalición no había sido idea del general Armada,

sino que alguien se lo había propuesto.

ARMADA LLAMO AL REY

Se leyeron después varias declaraciones más del general Pérez Iñigo.

Manifestó que el 25 de febrero, cuando ya había cesado, el general Armada trató

de llamar a la Zarzuela para hablar con el Rey, lo que no le fue posible, por lo

que le comunicó a él personalmente que reiterara a Su Majestad su inquebrantable

lealtad.

 

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