Autor: Márquez Reviriego, Víctor. 
   La voracidad de Fraga  :   
 Notas parlamentarias. 
 Diario 16.    19/09/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 34. 

Diario 16/19-septiembre-80

VÍCTOR MÁRQUEZ REVIRIEGO

La voracidad de Fraga

Notas parlamentarias

El autor de «El pecado consensual» reinicia en estas páginas sus notas parlamentarias, una vez que se han

reanudado las sesiones en el Congreso de los Diputados. Fraga es el objeto de la primera nota, junto al

duelo Solchaga-García Díez.

Fraga es un buen parlamentario, aunque no es un buen orador. De siempre se come las sílabas intermedias

de las palabras largas. Y esto es grave. Tanto que cambió su destino.

Porque el señor Fraga, a pesar de su fama de duro, es suave como el verde y umbroso paisaje de su tierra.

Pero la gula silábica le perdió.

Vamos a explicarlo con tres ejemplos.

a) Tenía Fraga escrita la siguiente frase: «Suárez está en un estado de necesidad». Comióse la sílaba

«si» y dijo: «Suárez está en un estado de necedad».

b) Frase escrita: «Fernández Ordóñez por simple vergüenza nacional». Frase leída (tras comerse «por»

y «ple»): «Fernández Ordóñez sinvergüenza nacional».

c) Escrito: «Sánchez de León, la cara de Extremadura».

Leído: «Sánchez de León, caradura».

Ahora —a medida que según dicen se aleja del poder— su gula aumenta. Antes, le bastaban sílabas y

palabras cortas. Ya come oraciones, párrafos y aun folios. Sus muchos enemigos de ayer y hoy tienen una

explicación:

«Como no puede censurar a los demás, se censura a sí mismo». Falso. Lo que pasa es que disfruta

comiendo palabras tanto como un buen gastrónomo disfruta comiendo manjares exquisitos. Cuando Fraga

engulle su propio folio es como si Víctor de la Serna tomara una langosta a la Thermidor o Xavier

Domingo un bogavante al 18 Brumario. Y por eso, cuando Fraga, en la tensa madrugada siguiente al

discurso de Suárez, se pasaba tres folios del tiempo, pensaba:

¡Menudo banquetazo me voy a dar esta tarde!

En uno de esos folios iba una crítica al señor García Añoveros. A García Añoveros le ataca Fraga por

reformar mucho y el socialista Barón por reformar poco. Y así, cuando el ministro (sevillano adoptivo

como don Ramón Carande) sale a defenderse, por más esfuerzos que hace para mirar al centro, parece

bizquear entre el barón de la derecha y al baroncito de la izquierda.

El duelo Solchaga-García Díez

Hay una hermosa novelita de Joseph Conrad, titularla "El duelo" (Bruguera, Libro Amigo, 696), que

recomiendo al amigo lector. En ella, dos oficiales del Ejército napoleónico sostienen un duelo tenaz y

continuado desde que son jóvenes tenientes en una guarnición fronteriza hasta que son generales retirados

en tiempos de Luis XVIII. Nadie sabía el motivo de ese legendario duelo.

Solchaga y García Díez son como esos dos oficiales napoleónicos. Ambos, socialdemócratas instruidos, y

uno enfrente del otro.

Quienes saben más que los que más saben dicen que todo viene de unas oposiciones. El ministro se llevó

el número uno y el otro no se lo perdonó.

Otros colocan la anécdota a Gámir, el cesado ministro de Comercio y Turismo. Como Gámir sólo estuvo

un verano, lo único que pudo hacer fue ejercer de ministro de Turismo y bañarse. García Díez, en cambio,

es un ministro para todas las estaciones, por ser ministro de Estado de Economía, Comercio y Turismo. A

saber:

Otoño: Estado.

Invierno: Economía.

Primavera: Comercio.

Verano: Turismo.

El vasco Solchaga (llamado Catalán de segundo apellido) quería, como Aristóteles, explicarlo todo. Así

explicó los graves problemas del PNV en esta votación y también las opiniones de los comentaristas

políticos. Luego explicó, con muchos datos, los problemas de Suárez y también los de España. Escuchaba

García Díez con atención, cuando de pronto su bigote de coronel de caballería quedó perplejo (a pesar de

que «la perplejidad es un sentimiento incompatible con el rango de coronel de caballería»).

¿Qué pasaba?

Solchaga retaba al ministro a discutir todo «en profundidad». Y ya se veía el ministro, cargado de

estadísticas y cifras, discutiendo con el vasco peleón en el fondo de un pozo, o acaso metido dentro de un

submarino en las profundidades insondables del océano.

Seguía Solchaga con sus ataques y datos. Y el ministro se encontraba cada vez más hundido, porque una

y otra vez decía el vasco «en profundidad» y «profundamente». Aquello no era pelear en el fondo de un

pozo y ni siquiera las «Veinte mil leguas de viaje submarino». ¡Aquello era ya el «Viaje al centro de la

Tierra»!

La gran sorpresa de la tarde

Esa misma tarde, Solchaga sorprendió a propios y extraños cuando afirmó que todo lo que pasaba se

debía a no haber formado un Gobierno de coalición.

O sea: que por ahí iban las cosas. Estos socialdemócratas instruidos son así. El drama de Solchaga (y de

su amigo Boyer) es que están más cerca de otros socialdemócratas instruidos, como el ministro García

Díez, que del temible y silenciado Pablo Castellano, que aunque es persona instruida, no tengo noticias de

que sea socialdemócrata.

 

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