Autor: Urbano, Pilar. 
 El juicio del 23-F. 
 ¿Quién propuso a Armada: Sé presidente?     
 
 ABC.    27/02/1982.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

SABADO 27-2-82 NACIONAL

El juicio del 23-F Hilo directo

¿Quién propuso a Armada: «Sé presidente»?

Cuarenta y tres testimonios, y entre ellos los de todo el generalato del Estado

Mayor del Ejército, aporta el letrado Hermosilla para romper el cerco acusador

en-tomo a su defendido general Armada. Defensa muy difícil, pero que ayer se

reveló magistralmente dirigida. Estrategia: de uno parte, aportar unas coartadas

demostrativas de pue el general Afinada no podo deber estado en (a reunión de

Pintor Juan Gris, 3, con Tejero, ni el 20 ni el 21 de febrero.

Que no pudo haber hablado por teléfono con el coronel Ibáñez, por la mañana de»

domingo 22. Que no mantuvo conversaciones conspiratortas con este coronel,

segundo jefe del Estado Mayor de Miláns del Bosch, pese a sus tres visitas en

Lérida y Madrid. Que no tenía contactos «persona a persona» con Cortina.

De otra parte, dejar reiterada constancia de que su comportamiento tí 23-F fue

de «lealtad con el mando» y «sólo preocupado por la suerte de los rehenes del

Congreso». Todo ello escanciado con elogiosos Informes, de gran afecto,

ofrecidos por todos los generales declarantes. Táctica de gota a gota,

verdaderamente eficaz.

Yo, en esto de las coartadas, pienso como Agatha Christie, «só!o el culpable las

tiene bien sólidas: porque se las prefabrica..., el inocente no se cuida de

tenerlas». Así, no me parece un definitivo argumento de inocencia que Armada,

para llegar a las doce menos cuarto a casa de su hija, en Santa Engracia, 19,

desde su propio domicilio en Santa Cruz de Marcenado, el domingo 22, tuviese que

salir, antes de fas once y media... y que al terminar ta misa de doce y media en

la Encamación, o sea, la una y pico, aún se quedase charlando con el sacerdote

don Pedro..., con lo que en modo alguno pudo haber hablado cor el coronel Ibáñez

Inglés, «a las once y media» corro éste asegura, para acordar que esa misma

larde telefonearía a Miláns del Bosch a! famoso despacho de arquitectos, en

Valencia.

Pero tampoco me parece un contundente indicio de culpabilidad el que las

coartadas aducidas para probar que ni el 20 ni el 21 pudo haber estado con

Tejero, alrededor de las nueve de la noche en Pintar Juan Gris, 3, se difurminen

endeblemente, justo en ese tiempo! Asi´, e\ viernes 20 te vemos salir de)

Cuartel General del Ejército, en su coche oficia!, a las ocho menos cuarto. Y

despedir al ayudante y al conductor «como unos veinte minutos después», en su

domicilio.

Pero desde las ocho y cinco hasta las nueve y veinte, cuando al terminar la

misa de nueve en la iglesia de los Dolores charla con unos amigos de sus hijas

Luis y Loreto Ruiz Castillo y Juan Bodas], quedan... hora y cuarto «blancas».

Pero insisto con doña Agatha, ni por coartada maciza es más inocente; ni por

coartada endeble, más culpable.

* tn cambio, más enjundia tiene la reproducción que entre unos y otros testigos

militares hacen de to que ocurrió en el despacho de Gabeiras, desde que Tejero

entra en el Congreso hasta que son liberados !os diputados y el Gobierno.

Asi asistimos a la actuación de Armada, en ausencia de Gabairas, ordenando ei

regreso de las tropas del Villaviciosa que estaban en RTVE, atendiendo llamadas

y disponiendo medidas en clara estrategia de «restablecer la situación de

normalidad»... Por Dopico y Ballesteros, que acuden al Congreso, sabemos que

Tejero no les habla de Armada: «Es un golpe de Estado y cumplo órdenes del Rey y

del teniente general Miláns del Bosch.» Como tampoco aparece nadie que haya oído

decir a los oficiales sublevados de la Guardia Civil: «¡Por fin ha llegado el

general Armada..., fe estábamos esperando!» Y también así queda hecha trizas la

afirmación de los capitanes Bobis y Muñecas, que, segur sus declaraciones,

estuvieron presentes en la conversación Armada-Tejero cuando se negoció «e!

Gobiernode coalición" en un despacho acristalado de ía zona nueva del Congreso.

Será el ayudante de Armada, Bonell, quien describa de otro modo la escena: solos

Tejero y Armada. «Se les veía discutir, gesticular, llamar por teléfono...» En

un momento. Tejero sale fuera del recinto de cristales, al vestíbulo, y se

dirige a unos capitanes (están por allí Acera, Bobis, Muñecas...) para decirles:

«Nos oíre-cen un avión...»

Esta falta de testigos «auditivos» es crucial, porque, así las evidencias, sólo

queda la «intención» de Armada de hablar a los diputados y proponerse como jefe

de un Gobierno, que es lo que les ha anunciado a Aramburu y los generales Sáenz

de Santa María y al gobernador civil Mariano Nicolás «artas de entrar en el

Congreso». Propuesta que, si Armada -reálmente se la expuso a Tejero, éste la

hizo inviable.

* Pero ahí, el defensor hace resplandecer dos hechos: el interés de Armada por

lograr que te) propuesta tenga el refrendo del Rey y de la JUJEM, telefoneando a

Zarzuela y a los tenientes generales Alfaro y Gabeiras, en presencia de los

generales Arrazola, Esquivias, Castro San Martín, Rodríguez Ventosa, Boaid, Sáez

Larumbe, Lluch, Pérez Iñigo, Alvarez-Arenas..., y e( que, en cuanto (lega al

hotel Palace, lo primero que dice a sus interlocutores, antes de acceder al

Congreso, es: «Vengo como Alfonso Armada.

No vengo en nombre del Rey. El Rey está al margen de todo esto...» «Me voy a

ofrecer para presar un Gobierno de transición... Lo hará a título personal... No

vengo en nombre del Rey... Aquí tiene que haber un sacrificado, y ése va a ser

el general Armada», según testifican Alcalá Galiana y Sáenz de Santa María.

• El letrado HermosilIa nos lleva de testigo en testigo, buscando quien le haya

visto consultar la Constitución para terminar diciendo «la propuesta de presidir

yo un Gobierno formado por parlamentarios, libres de ´la presión de las

metralletas, es constitucional.

Y aunque nos hace asistir a la desaprobación de tal «salida» desde Zarzuela,

por Sabino Fernantez-Campo, «que no debió recibir la propuesta con entusiasmo,

pues el general Armada le contestaba por teléfono: «Estoy de acuerdo, yo también

pienso que es una barbaridad...»; y desde la JUJEM: el propio teniente general

Gabeiras to dirá delante de todos los generales, al regresar de la JUJEM a su

despacho donde está Armada: «La propuesta que has hecho no es aceptable para mi.

Y el Rey tampoco la aprueba. Hay que buscar otra solución»... Luego nos deja «en

la parte de fuera» de! despacho de Gabeiras, cuando esta pide a todos los

presentes «que te dejen solo». ¿Habla cor alguien*? ¿Delibera consigo mismo?

Después llama a Armada y se encierran «solos los dos». Poco después vemos salir

a Armada diciendo:

«Voy al Congreso a ver qué consigo para salvar a los rehenes.» ¿Autorizado soto

para intentar (a rendición de Tejero o su salida en avión...? ¿O también para

üegar a lo que sea... incluso al «sacrificio personal de presidir un Gobierno de

coalición... renunciando a mi carrera multar»? Todavía no lo sabemos. Entre

Gabeiras y Armada está el «quid» de ese «obstat» o «nihii obstat». Clave.

• Vuelvo atrás un breve tramo, y cuento una anécdota sucedida en la Sala de

Justicia. Aquella noche -del 23-F, estando Gabeiras ausente del Cuartel General,

entre las 19,% y las 21,40 horas, Armada, rodeado de generales, recibe una

llamada. Se le oye decir: «[Pero eso es una barbaridad...! ¡Eso no puede ser!

¡Es un disparate!... Además, yo no estoy preparado para eso... Bien... Sí,

claro...» E informa a los presentes:

«Acaban de proponerme, como solución constitucional, que yo presida .y forme un

Gobierno con diputados...», etcétera. Bien, como quiera que tos testigos de la

sesión matinal ce ayer no dijesen quién era el que telefoneaba a Armada, y como

también unos y otros pusieron en boca del general la expresión «se me pide que

me sacrifique...», entre los miembros del Consejo Supremo —me lo contó un

letrado cercano al estraoto de consejeros togados— se comentaba: «¿iPero quién!?

¿¡Quién le pibe que se sacrifique!?» Ya por la tarde, los testimonios sucesivos

fueron diciéndpnos que, «el interlocutor era o parecía ser Miláns del Bosch».

Que «Armada dijo que era Miláns del Bosch». Y que «se referia a él con

confianza, tuteándole y llamándole "Jaime"». ¡Y estamos en el mismo juego

telefónico que Miláns del Bosch utiliza en la conversación del domingo 22, ante

Pardo Zancada, Mas e Ibáñez Inglés: «Tarto al princiao como al despedirse le

llamó por su nombre de pila, Alfonso...», con lo que, uniendo esa mención a la

explicación dada por el propio capitán general de Valencia a sus testigos —«Me

va a llamar Armada a las cinco», «Armada me ha dicho que...-r-, el efecto

persuasivo de que «con quien hablaba era con Alfonso Armada» es inexpugnable.

Pero lo cierto es que cualquiera, incluso desde Valencia, pudo llamar

«convenidamente» a Miláns del Bosch el día 22. Y cualquiera, incluso desde

Madrid, pudo llamar «oportunamente» a Armada. Cualquiera..., ¡hasta un diputado´

Sí, pese al secuestro, hubo quien se movió de su escaño y tuvo acceso a un

teléfono sin salir del Congreso.

Los generales Rodríguez Ventosa y Bonald Sánchez coinciden, entre otros, en que

«la decisión-de ir Armada al Congreso se tomó estando solos en el despacho del

JEME Gabeiras y Armada». Y como varios testigos han visto que en un principio

Gabeiras hizo el intento y mandó preparar su coche para acompañar a Armada, pero

luego desistió, y como fue Gabeiras quien, teléfono a través, obtuvo desde

Valencia (exactamente de Ibáñez Inglés) la contraseña «Duque de Ahumaca» que [no

era necesaria para entrar en 6) Congreso, sino para acceder al hemiciclo...!

sólo cabe concluir que o Armada iba autorizado por Gabeiras... o ¿cómo Gabeiras

dejó ir solo y con la palabra «talismán» a un hombre que tenía en el ánimo la

idea de proponerse presidente del Gobierno?

Termino. La frase que nos transmite Sáenz de Santamaría «aquí tiene que haber un

sacrificado, y ése va a

ser el general Armada», de puro registro «heroico» me hace pensar en aquella

profecía de Caifas, en la noche de! Jueves de Nisam: «Conviene que muera un

hombre,., para que se salven todos». Podríamos estar «tocando» carne de

profecía, estos días, en la Sala de Justicia.—Pilar URBANO.

 

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