Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   No sacralizar la democracia     
 
 ABC.    27/02/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Planetario

No sacralizar la democracia

La resaca de los graves acontecimientos del lunes y martes pasados está

produciendo dos efectos complementarios: temor a que el golpismo haya entrado en

una fase conspiratoria secreta y activa, casi se diría que de despachos, y

«sensu contrario», tendencia a la sacralización de la democracia.

Tanto el golpismo como la sacralización democrática son residuos del siglo XIX.

Uno y otra deben quedar categóricamente,descalificados. El primero, lo ha sido

ya con admirable fidelidad a la Constitución y serena energía por el Rey,

apoyado en la lealtad de altos mandos militares e imponiendo a otros ta

obediencia. Así salvaba Don Juan Carlos al mismo tiempo la libertad, la

Constitución y la Corona.

La segunda corre el peligro de ser sacralizada. Y es importante decir que no,

que la democracia no es sagrada. Los siglos han cargado a este término de

ambigüedad. En la democracia ateniense la democracia tenía más de «kratos»,

poder, que de «demos», pueblo. Hoy diríamos que era una democracia autoritaria.

Lo que necesitamos en España no es ni una democracia sacralizada, ni una

democracia autoritaria. Esr sencillamente, una democracia con autoridad.

El miércoles, la sesión de investidura ha demostrado qué muchos diputados, *o

sea muchos delegados del «demos», no lo entienden. El aplauso total y prolongado

al teniente general Gutiérrez Mellado fue el reconocimiento al ejemplar valor

cívico de un militar ejemplar

. Fue también, por transferencia, el aplauso a un Ejército respetuoso de la

Corona y de la democrática supremacía del Poder civil, basado en la

Constitución.

Pero resulta evidente que para algunos grupos parlamentarios y para sus

portavoces, el dramatismo del golpe del lunes no ha constituido una lección. No

han entendido que si el golpe es inadmisible e injustificable, uno de sus

motores ha sido el penoso espectáculo de unos grupos políticos olvidados del

interés de España, obstinados en sus particulares intereses e ideologías.

Y, peor aún, entregados al vergonzoso placer, en este último Pleno cultivado

con asustada precaución, de lo que Suárez acertadamente llamó «descalificaciones

globales» en su sereno mensaje de dimisión, en el fondo del cual latía algo que

ahora ya puede decirse, tenía este nombre: asco.

Et sentido político, si esos politicastros lo tuvieran, les habría aconsejado

votar sí, como un solo hombre, a la investidura del candidato. Era, hubiera

sido, la respuesta de la democracia, al golpe, insistir cicateramente en las

descalificaciones o las impaciencias era enviar un mensaje confortador a los

golpistas.

Los programas podían esperar en ese Pleno. Había que establecer la profunda

unidad, del sistema democrático, sin sacralizar la democracia. Porque ésta no ha

de ser sistema de unanimidades, pero tampoco puede ser juegode tiquismiquis.

Unanimidad un día, para hacer respetables las futuras y necesarias

discrepancias. No han sabido, porque no saben todavía hacer la democracia.—

Lorenzo LÓPEZ SANCHO

 

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