Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Sin matones     
 
 ABC.    27/02/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

4/ABC

OPINIÓN

Pequeños relatos

Sin matones

Confieso mi escándalo por el artículo de Antonio Tovar, de ayer, en «El País».

No refuto sus tesis básicas, que las refiero al «No matarás» de mi fe católica.

Nadie debe matar a nadie por su cuenta; nadie debe invitar a que maten a nadie.

Pero cuando Antonio Tovar habla de! bando provocador en la guerra civil y echa

sobre el la acusación y (a basura, resulta que ha tenido un trastorno de memoria

este profesor tan insigne, y a quien desde mi primera juventud he tenido

admiración, vínculos afectivos familiares —porque mi hermana Raquel fue su

secretaria— y ´alguna gratitud. Antonio Tovar figuraba relevantemente en el

bando provocador.

Tuvo la Propaganda en sus manos, antes las enseñanzas técnicas, estaba al lado

de ese gran personaje que es Ramón Serrano Suñer, y en función de la confianza

que se tenía en él, y en su gran preparación, fue el intérprete de Franco en

Hendaya con Hitler. Después fue nombrado rector de la Universidad de salamanca,

a la sombra gloriosa de Unamuno, y su conferencia sobre Jo que el Estado debía a

la Falange fue un gran monumento dialéctico. Salió de aquella Universidad cuando

Franco suspendió a Ruiz-Giménez como ministro de Educación, y nadie le tocó un

pelo de la ropa, y explicó sus enseñanzas fuera, y escribió aquí, y no le pasó

nada. Yo, afortunadamente, estoy más limpio de polvo y paja; me tocó la zona

republicana.

Y, por favor, no me toquen el pasado para aprovecharse del presente, porque a

la manera del maestro Juan Martínez, que estaba en la Rusia del 17, y la contó,

yo estaba en aquella época, y cambiar de opinión —que es razonable— no autoriza

a parcializar muertos.

Ese triste y lamentable grito de «¡Tejero, mátalos!», pero con otras víctimas y

otros verdugos suena también en otros lugares, que Antonio Tovar,

desmemoriadamente, calla. La autoridad moral de un profesor consiste en

denunciar a todos los que invitan a matar. Nuestra trágica historia moderna y

contemporánea empezaría a funcionar tras nuestro primer acontecimiento

constitucional de Cádiz.

Mataron los realistas, los cristinos, los liberales, tos carlistas, los

republicanos, los ácratas, los comunistas, los socialistas y los fascistas. La

pintura, la narrativa, del siglo XIX y del siglo XX está llena de emboscadas

criminales, de magnicidios, de pelotones de ejecución, de paseos, y de esas

invitaciones a matar.

Lo que procede, en una conciencia recta, no es escoger para la denuncia a un

solo bando de animadores a matar, e inhabilitarlo de justas repulsas, sino a

todos, porque, de lo contrario, el profesor Tovar habría escogido solamente una

razón política para matar, y todas, absolutamente todas, son intolerables. .

Por lo pronto^ es también justo, y objetivo, reseñar que en el golpe militar del

teniente coronel Tejero no hubo muertos, y tuvo a su merced a 350 diputados de

todas las especies políticas —cuya muerte habría sido repugnante y monstruosa—

y, sin embargo, en ios cuatro años que llevamos de transición a la democracia se

han producido varios centenares de muertos, gritos de «¡Mátalos!», y a manos de

personajes o de individuos no militares.

.

La historia, aunque sea de ahora mismo, hay que contarla sin emociones, sin

oportunismos y sin intereses. Acaso estas voces como la mía —las del análisis

sin compromisos y con carpetazo al pasado— sean más útiles para la concordia que

las del sectarismo, tristemente en la pluma de un profesor. Sepa bien el señor

Tovar que Unamuno, que se las tuyo tiesas con Primo de Rivera, con los

republicanos, y con Millán Astray en Sala-mancca, estaría hoy sí viviera, más

cerca de mí, respecto a lo que digo en este artículo, que de mi viejo, y

olvidadizo,´ y admirado amigo Antonio Tovar. Tenemos que hacer entre todos una

España sin matones.—Emilio ROMERO.

 

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