Autor: Tusell, Javier. 
   Cielos, Fraga de nuevo     
 
 Diario 16.    19/09/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

JAVIER TUSELL

Cielos, Fraga ataca de nuevo

«Ahora se ha convertido en el rey del chascarrillo parlamentario. Pero demasiados desastres en la mezcla

convierten al chascarrillo en algo parecido a una mueca.»

El señor Fraga, don Manuel, empieza a resultar tan previsible como el tránsito del verano al otoño. Uno

ya puede esperar con paciencia que cambie con el paso de los tiempos; aunque cambiáramos incluso de

época geológica, el señor Fraga, don Manuel, seguiría siendo el mismo. Hay que ver lo poco que le

apetece a uno que le caiga bien el ex ministro de Información, pero la verdad es que uno empieza ya a

cogerle el cariño con que siempre se toma a lo habitual.

Ortega decía de Maura que, con lo bien que hablaba, en cuanto cogía la pluma y se ponía a escribir lo

hacía en perfecto chino. Resulta que el señor Fraga es uno de los escasos políticos españoles que de vez

en cuando demuestran haber leído, que va, se pone a escribir y resulta que lo que le sale no sólo es legible

sino plausible e inteligente, que con asiduidad dice verdades como puños y que nadie se atreve a decir.

Ir a bocinazos

El señor Fraga, don Manuel, acudió al Congreso de los Diputados convencido de que en la votación de

censura había aumentado el número de sus sufragios incluso multiplicándolos por dos. Para el señor

Fraga cualquier mejora de su caudal político no es una planta recién nacida que cultivar amorosamente; es

la evidencia de que por fin la Providencia ha venido en decidir alzarle a las cumbres políticas, precedido

de trompeteos, sonoros timbales y jubilosos címbalos. Pero, claro, resulta que no. Cuando se tiene la

dieciseisava parte de diputados, por importante que sea la cantidad propia, no se puede ir a bocinazos a

pactar la rendición de un eventual aliado.

En un momento, al señor Fraga, como para aliviar la carga del desorden general del cosmos que recae

sobre el oyente, se le ocurrió utilizar el chascarrillo. Ahora, paradójicamente, se ha convertido en el rey

del chascarrillo parlamentario (un chascarrillo culto, como él, claro está). Pero demasiados desastres en la

mezcla convierten al chascarrillo en algo muy parecido a una mueca.

Desde luego estos dos hombres, Suárez y Fraga, nunca se entenderán. La razón es de una simplicidad

abrumadora: ninguno de los dos toma en serio al otro. Suárez sabe que es intelectualmente superior su

adversario; Fraga le trata como un duque a un representante de aspiradoras. Le ha llamado en público

«peso ligero»; imagínese lo que le llamará en privado. Suárez responde, a la defensiva, que lo que le pasa

a Fraga es que él le ha retirado de la vida política con muchos años de antelación y que no basta con tener

ideas, sino es preciso tenerlas ordenadas.

Ejerce de Jeremías

Ya en serio, ¿a quién beneficia que el señor Fraga ejerza de Jeremías? No, desde luego, al país; lo que

falta es que alguien multiplique su desconfianza hacia la clase política. Porque, ¿qué cabe hacer, aparte de

suicidarse, después de oír al señor Fraga? Si el Congreso está formado por marxistas y oportunistas, si en

el propio escueto grupo del señor Fraga hay opciones tácticas que van desde pactar con UCD a hacerlo

con nacionalistas y UCD pasando por colaborar con parte de UCD y el PSOE, si las cosas han ido tan

completamente mal en el pasado y hay tan remotísimas posibilidades de que vayan bien en el futuro, ¿qué

podremos hacer, pobrecitos de nosotros, los españoles?

No se trata de que el señor Fraga ingrese en UCD; se trataría más bien de que se diera cuenta de que

puede hacerle una oposición más seria, en el fondo más destructiva y a la vez regeneradora para este

partido y desde luego infinitamente más positiva para él empleando el lenguaje de Roca Junyent que el de

Piñar.

Pero por mucho que se tenga una paciencia benedictina, eso parece imposible. Pasados unos días el señor

Fraga, don Manuel, se calmará, hará dos o tres juicios oportunos sobre la situación política, intervendrá

agudamente en el Congreso, escribirá seis artículos y un libro... Y, luego, otra vez a empezar. De nuevo

entrará en erupción, nos tiraremos de los pelos porque el país puede permitirse desperdiciar a una persona

de su talla y, medio en broma medio en serio, comentaremos: «Cielos, Fraga ataca de nuevo».

 

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