Milans del Bosch, protagonista de la noche más larga, con carros de combate patrullando las calles. 
 Los valencianos vivieron angustiosas horas bajo la ocupación militar     
 
 El País.    25/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

El golpe de Estado

Milans del Bosch, protagonista de la "noche más larga", con carros de combate

patrullando las calles

Los valencianos vivieron angustiosas horas bajo la ocupación militar

Jaime Milans del Bosch, capitán general de la III Región Militar, fue el

principal protagonista de la más larga noche vivida por los valencianos en los

cinco años de democracia. Fuerzas acorazadas bajo su mando ocuparon la ciudad

durante más de cinco horas en la noche del lunes al martes pasado.

Desde el momento en que se hizo público el primer bando, por el que la región

militar quedaba en estado de sitio, la mayoría de los 840.000 habitantes de la

ciudad se sintieron protagonistas de excepción de la inquietante situación

originada tras el asalto al Palacio del Congreso de los Diputados.

Algunas zonas de la ciudad quedaron desabastecidas de alimentos (la carne y la

harina desaparecieron prácticamente en Benimaclet). Un impenetrable silencio

rodeaba todavía ayer la actuación de algunos mandos militares, entre los que

destaca el gobernador de la plaza, Luis Carúana:», de quien se rumoreaba que

había sido encargado por el Rey y el Gobierno provisional de asumir el poder

militar en la región.

las 18 24 horas del pasado lunes, los valencianos sintieron el mismo escalofrió

que el resto de los españoles.

Radio Nacional de España y la cadena SER transmitían en directo los lirus del

palacio de Congresos de Madrid. A las 19.22 horas, un grupo de soldados ocupaba

las instalaciones de Radio Nacional de España (RNE) en Valencia y entregaba

copia de un documento firmado por Jaime Milans del Bosch, capitán general de la

III Región Militar, y en once puntos, algunos de ellos calcados del bando de

guerra firmado por el general Franco el 18 de julio de 1936, suprimían las

garantías constitucionales, los derechos políticos y sindicales, reclamaba el

poder absoluto y dejaba a la región bajo un estado de excepción con toque de

queda entre las nueve de la noche y las siete de la mañana del día siguiente.

Desde la hora de ocupación de RN E y las otras tres emisoras de la ciudad, asi

como el resto de los medios de comunicación, los valencianos quedaron aislados

del resto del país, máxime teniendo en cuenta que Prado del Rey estaba ocupado

militarmente.

Cada media hora se leía el bando de once puntos y se emitía constantemente

música ambiental que llegó a crear una auténtica angustia en busca de

información.

A las 20.45 horas, la Policía Municipal valenciana, que había recibido la orden

de llamada general sin respuesta y, en definitiva, había sido militarizada se

ocupó de regular el tráfico a cualquier costo e impedir el espectacular tapón de

tráfico que sufría la ciudad, obstaculizada por la entrada de vehículos

militares y tropa hacia los puntos estratégicos que debían ser controlados por

orden del mando.

A la ocupación de la ciudad se unió el miedo de los primeros momentos que incitó

a los valencianos a copar las gasolineras, acudir de forma masiva a las tiendas

de alimentación y, en algunos casos, a salir de la ciudad en busca de la segunda

residencia en las afueras o en la casa de algún familiar.

Ese •xodo confirmado por la Policía municipal al Ayuntamiento se transformó en

retorno a primeras horas de la mañana, una ve/, que había sido difundido el

mensaje del Rey.

El toque de queda, que comenzó a las nueve de la noche, se demoró de hecho hasta

las diez de la noche, aproximadamente, por la imposibilidad material de los

valencianos por llegar a casa. A las diez de la noche la calma era absoluta, las

fuerzas del Ejército patrullaban la ciudad y 840.000 valencianos, a los que

había que sumar la masiva afluencia de visitantes con ocasión de la Feria del

Juguete, esperaban noticias.

Jaime Milans del Bosch, que fuera defensor del Alcázar de Toledo, legionario,

miembro de la División Azul y que desde enero de 1978 ocupaba el cargo de

capitán general de la III Región Militar, dirigía desde su despacho en Capitanía

la operación militar.

Ese despacho, que no abandonó durante todo el transcurso de los acontecimientos,

fue visitado por el gobernador militar de Valencia, general Luis Caruana. Esas

visitas, que tenían como objetivo convencer al teniente general Milans del Bosch

para que retirase los puntos contenidos en el bando se repitieron durante la

mañana del martes.

Capitanía ignora la retirada de tropas

Pese a que determinados medios informativos valencianos aseguran en sus

ediciones de ayer que antes de las seis de la tarde del lunes se habían

registrado movimientos inusuales de tropas en la ciudad y sus alrededores, el

comandante Silla, jefe de Prensa del gabinete de Capitanía General informaba que

eran falsas esas afirmaciones y que los movimientos de tropas, en todo caso,

correspondían a traslados rutinarios a los acuartelamientos de Marines.

Tras la aparición del Rey en Televisión a la 1.14 horas del martes, comen/ó a

detectarse un repliegue de tropas hacia sus cuarteles, pese a que Capitanía, en

aquel momento, negara que se hubiera producido cualquier orden al respecto.

Sin embargo, la retirada continuaba y hasta las cinco de la madrugada los

valencianos no supieron a ciencia cierta a que se debía el trasiego de materia!

militar.

A esa hora, el teniente general Milans del Bosch, cuatro horas después del

mensaje del Rey, que según él mismo le había inspirado la decisión, daba

publicidad a lo que los valencianos ya llaman el contra-bamdo. que dejaba sin

efecto el estado de sitio en que la ciudad había estado sumida durante toda la

madrugada.

Luis Caruana y Gómez de Barrera, general de división y gobernador militar desde

el 30 de junio de 1978, contestaban ayer con un silencio impenetrable a los

intentos de los medios de comunicación por conocer sus actividades durante la

noche del 23 al 24 de febrero.

La respuesta fue que no habría declaraciones y, por el momento, no habría

comunicado alguno. Una vez producida la ocupación de Valencia por las tropas

mandadas por el teniente general Milans del Bosch, Luis Caruana acudió al

Gobierno Civil, donde, con altos cargos del Ejército, Guardia Civil y Policía

Nacional, siguió los acontecimientos.

Diario de Valencia informó ayer, en una de sus ediciones, que Luis Caruana fue

responsable de la detención del gobernador civil durante siete horas en el

despacho de éste. El gobernador civil negó este extremo a EL PAIS, dijo que en

ningún momento había estado detenido, aunque sí privado de sus atribuciones, y

que, contra lo que informaba el rotativo valenciano, no había necesitado

escaparse a telefonear desde una cabina pública para recibir instrucciones del

Gobierno provisional instalado en Madrid.

José María Fernández del Río, gobernador civil de Valencia estima que el

teniente general Milans del Bosch asumió la responsabilidad que correspondía al

Gobierno Civil: «Sobre las medidas compleentarias añadidas por Capitanía

prefiero no opinar» Fernández del Rio estima que el comportamiento de las FOP

fue ejemplar durante la larga noche. La junta de orden publicó se rcunió con

carácter ingente en el momento en que se tuvo conocimiento de los hechos.

Durante la mañana del martes el gobernador civil mantuvo reuniones

extraordinarias con la mencionada junta, con los representantes del Consejo del

País Valenciano y de los partidos políticos. El gobernador civil informó a EL

PAÍS que había mantenido algunas conversaciones telefónicas con el capitán

general de la región durante la noche, la primera entre las 19.30 y 20 00 horas,

pero se negó a informar sobre el contenido de las mismas.

Los carros apuntan al Ayuntamiento

A las diez de la noche del lunes tres carros de combate apuntaban sus armas a la

fachada del Ayuntamiento de Valencia, en la plaza del País Valenciano, antes del

Caudillo, presidida por una escultura ecuestre del general Franco.

«A las ocho de la tarde me enteré de que por primera vez había dejado de ser

alcalde provisionalmente». Ri-card Pérez Casado, alcalde, del PSOn, permaneció

en el edificio con las puertas cerradas y enterándose de lo que pasaba en

Valencia por la Policía Municipal, que le informaba de cuando en cuando.

Inmediatamente después de escuchar el mensaje del Rey se trasladó al Gobierno

Civil, donde permaneció hasta las 3.30 horas, en que volvió al Ayuntamiento y,

contraviniendo el toque de queda, convocó a los concejales para que acudieran al

edificio.

A las 5.20 horas, la Corporación municipal valenciana escuchó el segundo bando

de Milans del Bosch, y a las seis de la mañana cada cual se fue a su domicilio.

Todos estaban convocados para asistir a un pleno extraordinario a la una de la

tarde, en el que se propuso el acuerdo de la Corporación para hacer pública su

adhesión al Rey, a la Constitución «y a las instituciones que el pueblo eligió

libremente y que nadie, en contra de la voluntad popular, puede arrebatar.

El Ayuntamiento expresa su respeto a las Fuerzas Armadas como garantes de la

Constitución y de las instituciones, al tiempo que rechaza cualquier tipo de

violentación de la legalidad vigente».

Cientos de llamadas bloqueaban la centralita del Ayuntamiento a mediodía del

martes con mensajes de apoyo y solidaridad.

La mayoría provenían de otros ayuntamientos españoles. Durante toda la

madrugada, el Ayuntamiento había tenido graves dificultades en las conexiones

telefónicas, y no se produjeron llamadas de Capitanía General para dar órdenes.

Muchos representantes de paiti-dus políticos pasaron fuera de sus domicilios la

madrugada del lunes al martes, y entre ellos Manuel Girona. presidente

socialista de la Diputación. Algunos archivos habían sido trasladados desde las

sedes de los partidos a otros lugares.

Uno de los puntos aprobados unánimemente por el pleno de la Diputación ayer fue:

«Exigir una oportuna depuración de responsabilidades por los hechos producidos

dentro y fuera del Congreso de los Diputados y, especialmente, por la suspensión

de derechos y libertades del pueblo valenciano».

Diversos partidos y centrales sindicales, entre ellos UCD, aprobaron

resoluciones similares durante las reuniones mantenidas ayer.

Rafael del Rio, jefe superior de Policía de Valencia, cuya jurisdicción coincide

con la de la III Región Militar, informó a EL PAÍS que durante toda la noche

estuvo en el Gobierno Civil como miembro de la Junta de Orden Público, salvo

algunos momentos en que, junto con el gobernador, salió a inspeccionar los

servicios de las fuerzas del orden. «No tuve ningún tipo de instrucción especial

proveniente de Capitanía, excepto por lo contenido en el bando del teniente

general Milans del Bosch.

El Gobierno Civil me ordenó que reforzara el servicio y me pusiera al frente de

las fuerzas que estaban a mis órdenes para mantener la tranquilidad en las

calles».

Según se desprende de estas declaraciones, tanto el jefe superior de Policía

como el gobernador civil, que teóricamente habían sido desposeídos de su

autoridad por el mando militar, la mantuvieron al frente de las Fuerzas de Orden

Público.

El protagonista de la larga noche valenciana, el teniente general Jaime Milans

del Bosch, al que quedan escasos meses para pasar a la situación de reserva,

abandonó ayer por la tarde Valencia a bordo de un Mystere de la Subsecretaría de

Aviación Civil con deslino a Madrid, adonde llegó poco antes de las ocho de la

tarde, concretamente a la zona militar del aeropuerto de Barajas.

 

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