Autor: Urbano, Pilar. 
 Aunque anuncia que vamos a presionar con la moción de confianza. 
 Fraga: Si el pacto no se hace no será por nosotros     
 
 ABC.    26/07/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

SÁBADO 26-7-80

NACIONAL

ABC

Aunque anuncia que «vamos a presionar con la moción de confianza»

Fraga: "Si el pacto no se hace no será por nosotros"

De todo hubo en nuestra conversación mañanera con Manuel Fraga, quinto «desayuno en el

Ritz»: desde el pintoresco uso del «off the record» («El político Fulano de Tal es un, "off the record",

majadero... Y digo "majadero", por respeto a las damas»); la rigurosa intransigencia de no querer llamar

Euzkadi al País Vasco: «... En todo caso, le llamaría Euzkal Herría, que es un concepto netamente vasco y

constitucional.»

«Renunciaría al liderazgo, aunque el líder de la derecha soy yo»

«Si UCD prescindiera de Ordóñez no se perdería gran cosa»

Desde el chiste: «La gente, normalmente, se crea una situación en la vida, después se casa y luego tienen

un hijo... Pero el Gobierno, en sus conversaciones conmigo, pretendía invertir el orden de factores que, en

política, ciertamente alteran el producto: querían, primero, tener el hijo —el debate de mayo en el

Parlamento—, luego casarse —pactar—, y después... arreglar la situación... ¡Eso es de imbéciles!» Hasta

el mensaje contundente: Cuando a la pregunta «usted se pasa el día denunciando que el Gobierno no hace

nada eficaz por acabar con el terrorismo... Si usted fuese jefe del Gobierno, ¿qué haría?», respondía

exactamente así: «Cualquier teniente de la Guardia Civil sabe lo que tiene que hacer, si se lo dejan hacer.

España está en un plano inclinado peligrosísimo, del que hay que sacarla ¡ya! La Ley que tenemos es

suficiente instrumento. Pero la decisión del Gobierno... Mi querida amiga, el Gobierno no lo arregla

porque... no tiene "eso" que hay que tener. Punto.»

—Don Manuel, usted pone condiciones para pactar con el Gobierno; pero ¿acaso le han llamado con

alguna oferta, desde Moncloa?

—Les contaré la historia. Desde diciembre yo mantenía conversaciones con el Gobierno. Se llegó a un

cierto acuerdo, a una actitud parlamentaria menos dispar. Luego hubo un corte en el diálogo, y en el

entendimiento; había leyes, por ejemplo, la de Justicia Militar, en la que nos era imposible pactar. Se

produce, en abril, la larga crisis gubernamental. Suárez me explicó en qué iba a consistir y me pidió

opinión sobre personas. Yo le dije que si aquello era para entrar en el Gobierno... Se lo dije a él y a! Rey:

que o se trataba de una operación seria de remodelado profundo del Gobierno... o no se arreglaría nada

cambiando a tal o cual ministro, como hicieron. El día antes del debate parlamentario de mayo hablé con

el presidente Suárez y le dejé claro que o se conversaba seriamente sobre lo que había que hacer... o

nosotros jugaríamos como oposición. Suárez me dijo que estaba en ello, pero que no había tiempo

entonces, y que... más adelante. Termina el debate. Hablo con Pérez-Llorca, con Calvo Ortega y con

Jiménez Blanco. Les digo que me atengo a lo dicho: que empezamos una nueva etapa tras la moción de

censura, que o se habla en serio o yo no quiero saber nada. Quedo a su disposición... y advierto que estaré

a la espera hasta agosto: agosto es mi mes familiar de vacaciones, yo me voy a Perbes y allí no estoy para

nadie... Que con Fraga no cuenten para entrar en un Gobierno con socialistas. Y que tampoco vamos a

pasar por una coalición gubernamental en la que entren sólo uno o dos grupos nacionalistas, porque

haríamos notar nuestra absoluta oposición... Y vuelvo a exponerles los puntos sobre los que hay que

hablar en serio: Primero: Actualización del censo y reforma de la ley electoral. Segundo: ¿Cómo se va a

ejercer el poder ejecutivo: en subvenciones, en transferencias, en uso... o abuso de la televisión? Porque

estamos otra vez en el monopoio de tos medios al servicio exclusive de un partido. Tercero: Para llegar a

un pacto de legislatura hay que estudiar antes qué leyes se van a hacer y cómo son esas leyes... Y cuarto:

Que nosotros, si participásemos en el Poder, querríamos controlar el ejercicio de los poderes ejecutivos.

De otro modo, yo prefiero quedarme como el sastre de Campillo, que cosía de balde y además ponía el

hilo... Está claro que no es por nosotros si el pacto deja de hacerse. Pero que no nos niegue idoneidad

democrática el señor Suárez, ¡que en su vida se ha apeado del coche oficial y que hasta bien

recientemente no se ha quitado la camisa azul!

—¿Y por qué cree usted que la situación no puede ser gobernada por un ejecutivo de UCD en solitario,

como hasta ahora?

—Porque en una Monarquía parlamentaria hay que tener mayoría. Y porque aquí no se cumplen las

funciones del Estado: no se gobierna, no se legisla y no se juzga. Un sistema político ha de tramitar los

conflictos y procesar los problemas que la sociedad produce. Pero la máquina de procesar y solucionar

está cada día más atascada, y las leyes importantes, aparcadas. Habrá que crear un Gobierno de fuerte

mayoría parlamentaria, para poder salir de esto. Y nosotros vamos a presionar con la «moción de

confianza»... Con nuestra abstención y la oposición abierta de las izquierdas el Gobierno puede empezar a

perder votaciones en batería...

—Si UCD se coaliga con las minorías nacionalistas y con ustedes; la izquierda socialista-comunista

queda enfrente, y ya estamos en las dos Españas, don Manuel. ¿Eso puede ser bueno?

—Ese argumento es intolerable e inconsistente, porque las izquierdas se unen y se unirán siempre que

quieran. Es la izquierda quien introduce en el juego el fantasma de la «guerra civil». Saben que la

mayoría del país es de derechas. Incluso la clase obrera ya no es revolucionaria, pueden querer jo..., robar

al empresario, pero no que le entreguen las fábricas al PCE. Y si la izquierda se une, lógico es que nos

unamos las derechas, desde UCD hasta nosotros.

—¿Estaría usted dispuesto a dejar el liderazgo de las derechas para entrar en ese pacto?

—Si alguien ha hecho la oferta, y por dos veces, de que «sin mí, con tal que se haga», soy yo. Pero la

gente sabe también que la derecha democrática no tiene aquí otro líder que yo.

—Hablemos de las derechas... y del trecho entre ustedes y UCD.

—Hablemos. Nosotros aspiramos a Integrar, y hay que hacerlo, a todos los españoles que no sean

marxistas, ni separatistas, ni antidemocráticos, ni anticonstitucionales. ¿UCD y nosotros? El noventa y

nueve por ciento de los electores de UCD y gran parte de sus elegidos, son gentes de una derecha

democrática... aunque algunos "elegidos" se hayan desviado, a instancias de ciertas personas, como el

señor Ordóñez, de quienes podría prescindirse en UCD sin que se perdiera gran cosa.

—Con todo, la coalición, o la convergencia, entre UCD y el PSOE todavía está sobre el tapete, como

salida posible. ¿Usted qué opina?

—Que no lo entiendo. Abril, que es el único miembro del Gobierno que ha demostrado cierta entereza,

parece ahora deseoso de volver a la experiencia del consenso. Y se ofrece él, que ya antes desplazó, de

mala manera por cierto, a Lavilla, que era el encargado de llevarlo a cabo... En cuanto a Ordóñez, veo su

intento de socialdemocratizar la UCD, porque se da cuenta de que la inmensa mayoría de la fuerza que

arrastra ese partido está, como he dicho, en posiciones más a la «derecha»; y él está inquieto, nervioso... y

en baja.

En otro momento del desayuno, Fraga se refirió a la conveniencia de que el GobiernoSuárez aprovechase

«este respiro, esta iniciativa de acuerdo que todos le hemos dado de buena fe, y que sería un gravísimo

error despreciar». Y apuntó dos «malos finales»: «la moción de confianza, el Gobierno sólo la planteará si

antes la pacta..., pero es lo cierto que, sin mayoría, el Gobierno no puede salir a torear en esta plaza por

mucho tiempo», y «la moción de censura... no puede partir, con visos de éxito, si no la plantea el PSOE;

la anterior, pese a perderla, les ha hecho mejorar ante la opinión pública».

—Usted ha repetido mil veces que discrepa de los planteamientos de UCD en un veinte por ciento

¿puede, anularse esa discrepancia?

—No hay nada insalvable, si hay voluntad de salvarlo. Nos separan temas importantes, por ejemplo: el

divorcio, nuestra concepción de la familia, de la moral pública, de la cultura..., la idea de la unidad

nacional y de las autonomías. Son temas importantes.

—¿Es usted partidario de la pena de muerte para delitos terroristas?

—Cuando ese tema se discutió, en la fase constituyente, el grupo parlamentario de AP se abstuvo, aunque

había «síes», «noes» y «abstenciones». Hubo libertad de voto. Yo, y habla Manuel Fraga, creo que fue un

error discutirlo entonces tan alegremente. La pena de muerte es algo muy serio y desagradable. Pero yo

estoy por ella para los crímenes políticos, para el terrorismo. Y propondría una reconsideración de la pena

de muerte para delitos comunes con ingredientes de salvajismo y barbarie humana.

—Tras el propósito de «euzkadización» de Navarra, ¿ve usted, necesariamente, una intención separatista

del País Vasco?

—¡Es claro que sí! Navarra jamás «picará» en ello, si no es entregada por el Gobierno de Madrid, o

porque los terroristas imponen su terror a los navarros. Sería colonizar Navarra. La solución es el Sistema

Foral.

—¿Hasta cuándo mantendrá Fraga una lucha política que parece inútil...?

—Yo en política no estoy por ambición, sino por convicción. Y estaré mientras el cuerpo aguante...

Mientras crea que tiene utilidad que yo siga en la lucha, seguiré.

Pilar URBANO.

 

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