¿Un gobierno de interregno?     
 
 El País.    27/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

¿Un Gobierno de interregno?

EL GOBIERNO formado ayer por Leopoldo Calvo Sotelo sólo puede ser interpretado o

como una broma de dudoso gusto o como una fórmula transitoria ideada para no

mantener en una peligrosa provisionalidad el funcionamiento de la Administración

pública. Parece necesario excluir la hipótesis del chiste, pues no otra cosa

significaría que el nuevo presidente del Gobierno considerase cerrada, con su

propia investidura y con unos ligeros arreglos en el Gabinete, la profunda

crisis política abierta por la dimisión —todavía inexplicada— de Adolfo Suárez y

agravada por el frustrado golpe de Estado del 23 de febrero.

La salida del Gobierno de González-Seara, ministro de Universidades; de Pérez-

Miyares, ministro de Trabajo, y de Eduardo Punset, ministro de Relaciones con

Europa, tiene como razón o como pretexto la amortización de sus carteras,

incorporadas, respectivamente, a Educación, Sanidad y Segundad Social y Asuntos

Exteriores. El destino del proyecto de ley de Autonomía Universitaria, ya

dictaminado por la correspondiente comisión del Congreso, dirá hasta qué punto

la agregación del Ministerio de Universidades al de Educación ha tenido

motivaciones políticas de fondo o ha obedecido a criterios de racionalización

administrativa.

La permanencia en Justicia de Francisco Fernández Ordóftez parece excluir el

supuesto de una. purga de los llamados socialdemócratas. El Ministerio de

Trabajo, colmado de poder bajo el anterior régimen, se reúne con una vieja rama

desgajada de su tronco. El Ministerio para las Relaciones con las Comunidades

Europeas, creado por Adolfo Suárez a la medida de Leopoldo Calvo Sotelo hace

tres años, vuelve al lugar de donde nunca debería haber salido: una secretaría

de Estado dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

También el teniente general Gutiérrez Mellado sale del Gobierno a causa de la

desaparición de la Viccpresidencia de Asuntos para la Defensa. Probablemente

existan motivos suficientemente poderosos como para justificar la medida.

Pero también es cierto que el corazón tiene ra/oncs que la ra/.ón no conoce, y

que hoy serán mayoría los ciudadanos, todavía emocionados por la gallardía y

dignidad con que este veterano soldado se enfrentó al faccioso teniente coronel

Tejero, que sientan extrañeza, irritación, inseguridad o dolor ante la noticia

de que Manuel Gutiérrez Mellado, cuya heroicidad desarmada, civilizada y serena

movió las fibras más sensibles de millones de españoles, no figura ya en el

Gobierno.

Agustín Rodríguez Sahagún había ya anunciado! al ser elegido presidente de UCD,

que no formaría parte del nuevo Gobierno. De esta forma, sólo es despedido, sin

pretextos o sin motivos de racionalidad administrativa, Rafael Arias-Salgado,

auténtica bestia negra para el sector crítico. Le sustituye en el Ministerio de

la Presidencia Pío Cabanillas, que cambia sólo de cartera, al igual que Sancho

Rof, que pasa de Obras Públicas al reforzado Ministerio de Trabajo, Sanidad y

Seguridad Social, y que Alberto Oliart, que deja este último departamento para

ocupar el Ministerio de Defensa.

Un hombre del nuevo presidente, Luis Orti/, represa a Obras Públicas, cartera

que ya desempeñó precisamente cuando Leopoldo Calvo Sotelo dimitió como ministro

para presentarse a las elecciones de junio de 1977 y desembarcar en Centro

Democrático como procónsul de Adolfo Suárez.

Rodolfo Martín Villa y Juan Antonio Diez han sido nombrados vicepresidentes,

respectivamente, de las comisiones delegadas de Economía y de Política

Autonómica, que equivalen a dos vicepresidencias devalua-das del Gobierno. A la

vista de esos ceses y cambios, entre los que sólo se puede destacar la

designación de Alberto Oliart, al que no cabe sino elogiar por su coraje y

decisión al aceptar un cargo que implica asumir las responsabilidades de aclarar

las connivencias y complicidades del frustrado golpe de Estado y de aplicar el

peso de la ley a los culpables, se impone, como más plausible y respetuosa con

la delicada situación que vive este país, la hipótesis de que este Gobierno sólo

se propone cubrir el interregno hasta una fórmula más meditada y renovadora.

La oferta de Felipe González, aunque rechazada ayer por Leopoldo Calvo Sotelo,

sigue en pie para hacer reflexionar tanto a UCD como a la Minoría Catalana y al

PNV, piezas estas indispensables en un eventual Gobierno de coalición. Resulta

comprensible, aunque puede ser peligroso y arriesgado, que el nuevo presidente

quiera tomarse algún tiempo, con un Gobierno transitorio en funcionamiento,

antes de decidirse por el rumbo a seguir en ese jardín de senderos que se

bifurcan que es hoy nuestro panorama político. Sólo cabe desearle suerte en un

empeño cuyo éxito o fracaso nos atañe a todos.

Porque´ la supervivencia de las instituciones democráticas en España depende del

acierto que Leopoldo Calvo Sotelo tenga, en las próximas horas, en los próximos

días, en las próximas semanas y en los próximos meses, para hacer imposible que

sucesos como los del 23 de febrero puedan volver a repetirse.

 

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