Conferencia de Fraga Iribarne en el Club Siglo XXI. 
 Frente a la alternativa revolucionaria, continuidad con reformas  :   
 En la Monarquía tenemos un cimiento para edificar y un eje sólido para la reforma. 
 ABC.    04/02/1976.  Página: 1,80. Páginas: 2. Párrafos: 21. 

CONFERENCIA DE FRAGA IRIBARNE EN EL CLUB SIGLO XXI

FRENTE A LA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA, CONTINUIDAD CON REFORMAS

En la Monarquía tenemos un cimiento para edificar y un eje sólido para la reforma"

NO PUEDE INTERPRETARSE NINGUNA LEY ESTALECIDA PARA LA PAZ EN CONTRA DE

ESA MISMA PAZ Y DEL MISMO ESTADO"

MADRID. (De nuestra Redacción.) «No puede interpretarse ninguna disposición de la ley que está

establecida para los hombres y para la paz, en contra de esa misma paz y del mismo Estado», dijo ayer el

vicepresidente para Asuntos del Interior y ministro de la Gobernación, don Manuel Fraga Iribarne, en el

curso de una conferencia pronunciada en el Club Siglo XXI, bajo el título «Continuidad y reforma». El

conferenciante añadió que no se puede pensar que hombres como el Generalísimo Franco «pudieran

entender que ninguna de sus frases y decisiones fuesen para dejar las cosas de tal manera que España no

pudiera salir adelante».

El señor Fraga Iribarne, que fue presen tado por el presidente del Club Siglo XXI, don Antonio Guerrero

Burgos, después de agradecer al Club el que le ofreciera su prestigiosa tribuna, y de felicitar a su

presidente y directivos por la destacada función doctrinal que está realizando, situó su disertación dentro

de la serie de trabajos que viene produciendo hace años en libros, artículos y conferencias, de

clarificación intelectual y terminológico, al servicio de un auténtico consenso nacional sobre las

cuestiones fundamentales de la convivencia entre los españoles. No debe interpretarse, por lo mismo,

como una declaración oficial; si bien los hombres públicos, inmersos en la acción y en la decisión diaria,

deben recordarse a sí mismos y a los demás hacia qué metas marchan, qué ob jetivos nacionales persiguen

y a partir de qué ideas básicas.

CAMBIO SOCIAL ACELERADO.—A continuación, describió nuestro tiempo como una época de

cambio social acelerado. Frente a los tiempos estabilizados, continuadores, que transcurren entre dos

grandes hitos históricos, hay otros años decisivos en que el ritmo se acelera y la Historia se suelta el pelo.

En estos tiempos, los acontecimientos desbordan los cauces y todo se pone en trance. Hoy vivimos

cambios básicos en el entorno mundial, que ha dejado de estar controlado por Europa y Norteamérica, y

donde emergen cada día fuerzas nuevas, tendentes a un equilibrio muy diferente, como es obvio, después

de la crisis del petróleo. En esta situación de tránsito es cada vez mayor el número de situaciones que

escapan a toda solución jurídica, como lo demuestra el increíble desarrollo del terrorismo, en todas sus

formas, y la falta de reacción adecuada contra el mismo.

TRANSITO A UNA NUEVA LEGITIMIDAD.— En la sociedad española, en concreto, los

cambios son también muy grandes. Lo eran ya en el plano sociológico, por el cambio hacia una sociedad

industrial y urbana, y en las ideas básicas sobre la religión, la moral, la familia, las relaciones entre

generaciones, etc. Ahora se suman el relevo en la Jefatura del Estado, el consiguiente tránsito a una nueva

legitimidad, un cambio serio en la coyuntura económica y el término del proceso descolonizador, todo

ello rodeado de nuevos estilos oolíticos y del relevo generacional.

En este contexto, el binomio «continuidad-discontinuidad», siempre apasionante en toda interpretación

histórica, se plantea en todo su crudo realismo vital: no es posible parar el sol de la Historia, como no es

posible bañarse dos veces en el mismo río. La continuidad es, por supuesto, deseable; pero la única forma

de lograrlo, de modo efectivo y sin ruptura, son las reformas adecuadas al proceso del cambio.

TRANSICIÓN A BASE DE REFORMAS.— Examinó las bases económicas, sociológicas,

políticas, personales y constitucionales de la continuidad, concluyendo que la continuidad pura y

simplemente es un imposible a largo plazo, y que la actitud más prudente es la de arbitrar

inteligentemente una transición a base de reformas y de aceptar una parte de discontinuidad sin ruptura.

Frente a la «alternativa revolucionaria» (cambio total impuesto) o de «ruptura» (cambio total pactado),

expuso las ventajas de un proceso de «reformas»; es decir, de cambios reales, establecidos gradualmente

y por consentimiento, con liderazgo claro de grupos reconocidos y aceptados con autoridad suficiente.

El reformismo sería una «revolución desde arriba», en la fórmula de Maura, pero empujado desde abajo,

en un proceso de participación y democratización.

LAS REFORMAS NECESARIAS.—Se refirió a una serie de reformas necesarias (religiosa, moral,

militar, económica, social, educativa, administrativa, constitucional y del planteamiento de nuestras

relaciones internacionales), centradas en torno a un gran designio u objetivo nacional: conservar lo bueno

que tenemos y reforzarlo reduciendo y reformando lo caduco y lo malo. Ello no podrá hacerse por vías

elitistas o tecnocráticas, sino recurriendo al empuje de la mayoría, y haciendo practicable su participación

por los únicos cauces posibles: libertad de asociación y sufragio universal.

En particular —dijo— no se puede hablar en serio de una justicia social sin reforma política, como a

veces se pretende. La justicia social sólo es posible con justicia política, lo que supone un mínimo de

igualdad política.

En conclusión, los años próximos van a ser apasionantes, y dignos de ser vividos. No podrá lograrse la

continuidad con reformas, más que con un equilibrio de orden y justicia, de autoridad y participación

democrática, en un Estado de Derecho. Tenemos, afortunadamente —terminó—, un cimiento para

edificar y un eje sólido para la reforma en la Monarquía, elemento a la vez dinámico y moderador de

nuestra Constitución.

La institución monárquica puede cumplir, de nuevo, la misma función trascendental que en su día tuvo en

la creación del Estado español. Reiteró el conferenciante su confianza en ese destino histórico, y su

lealtad a la Corona, «símbolo de la unidad superior de los Españoles y de la seguridad de su futuro».

 

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