Televisión, con escasez de imágenes en un principio y falta de rapidez en la información, fue más tímida. 
 La radio mantuvo despierto a todo el país     
 
 El País.    25/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Televisión, con escasez de imágenes en un principio y falta de rapidez en la

información, fue más tímida

La radio mantuvo despierto a todo el país

La ocupación militar de las emisoras de radio y televisión del Estado en Madrid

y Valencia el pasado lunes, con ocasión del frustrado golpe de Estado, repite la

tendencia de los últimos golpes realizados en otros países, que consideran el

sometimiento y control de estos centros como base estratégica para llevarlos a

cabo. Asi sucedió con Pinochet en Chile, por ejemplo. la televisión y. sobre

todo, la radio pudieron dar cuenta puntual del frustrado golpe, porque sus

profesionales mantuvieron despierto a todo el país. La orden de un guardia civil

rebelde —«desenchufa eso, desenchúfalo» y «no intentes sacar la cámara que te

mato»— no pudo cortar el hilo directo de los micrófonos que unieron el

Parlamento con el pueblo.

La primera persona que luvo noticia en RTVE de que se había producido un intento

de golpe de Estado fue el director general, Fernando Castedo, que seguía a

través de los monitores de su despacho las imágenes en directo que llegaban de

las Cortes. Iñaki Gabilondo, director de los informativos, que luego se

encargaría de «contar la película de los sucesos», también estaba por allí.

Fernando Castedo llamó inmediatamente a su equipo, y en particular a Miguel

Ángel Toledano, director de Televisión, y a Eduardo Sotillos, director de Radio

Nacional. Castedo recabó personalmente información por teléfono cerca de los

escasos centros de poder que entonces operaban en el país. Mientras el director

general establecía estos contactos, llegó el aviso de que militares llegaban a

las emisoras de radio y televisión transportados por camiones y por tanquetas,

que se estacionarían durante u na hora y cuarto en Prado del Rey al mando de un

capitán. F.ste se dirigió al control central de Televisión, donde ya estaba

Miguel Ángel Toledano. El militar preguntó: «¿Quién manda aquí?». Toledano

contestó que, si se refería a la televisión, él era el director. «Pero ¿quién es

el qué más manda?», inquirió el capitán. «El que manda más es el director

general del Ente Público», respondió Toledano. Entonces, el militar, acompañado

de Toledano, abandonó el edificio y se dirigió a la Casa de la Radio.

Prohibida la información

El equipo directivo de Prado del Rey consideró que no era conveniente que todos

ellos estuviesen con Castedo, por si acaso se producía una detención masiva.

Decidieron que era más conveniente que alguien estuviera en condiciones de

permanecer en libertad en el supuesto de que ese secuestro de las autoridades

radiotelevisivas se llevara a cabo. El capitán, ya en el despacho del director

general, ordenó que prosiguiese la programación normal de RTVE y que se

suprimiese la inlormación.

No había marchas militares a mano en Radio Nacional de España cuando los

militares que tomaron Prado del Rey, hacia las ocho de la tarde del pasado

lunes, ordenaron que fuera esa, y no otra música, emitida por la radio estatal.

Eduardo Sotillos, director de la red, convertido en un locutor más en las horas

en que duró la ocupación del Congreso de los Diputados, buscó por todos los

estudios y no halló otra cosa que una marcha militar del siglo XVIII, que no

convenció a los militares. Cuando por fin apareció una marcha convencional, el

personal de la radio pudo respirar tranquilo bajo la mirada atenta de las

bayonetas. «No sabemos si son amigos o enemigos», comentó un redactor de RNE

cuando comenzó la ocupación militar, que se prolongarla durante algo más de una

hura, hasta las 21.20 horas.

Las seis tanquetas, les cuatro camiones, y los jeeps que acudieron u Prado del

Rey desaparecieron como vinieron: misteriosamente. Cuando llegaron, el

espectáculo que dominó los pasillos de Radio y de Televisión era el de una casa

tomada por soldados con la bayoneta calada, que tomaron el control central de

RNE y conminaron a Fernando Castedo, director general de RTVE, a cumplir las

órdenes que ellos dictaran bajo la amenaza directa de disparos. Inmovilizado,

Castedo no tuvo otra opción durante la hora y media de ocupación que cumplir

esas órdenes

Mientras seguía la música militar en Radio Nacional, un sargento se dirigió a

Castedo en estos términos: «Tengo órdenes de disparar si no se cumplen las

órdenes». El sargento estaba inquieto porque no tenía la seguridad de que aquel

tipo >le música estaba saliendo a las ondas. Uno de los militares preguntó cómo

habia que mover el dial de la radio de Castedo para sintonizar la emisión de

Radio Nacional. Cuando Castcdo le tranquilizó y fue localizada la emisora, el

militar se mostró más recatado.

El capitán ocupante utilizó constantemente el telefono de Fernando Castedo,

hasta que alguien Ic dio orden de abandonar el recinto de Prado del Rey.

Mientras tanto, el propio Castedo pudo hablar, según José Luis Balbín, «en

semiclave», por teléfono, con Miguel Ángel Toledano, situado en el control

central.

Asimismo, el director general estableció contactos con el Gobierno constituido

por los subsecretarios, y con la Zarzuela, hasta que le fueron enviadas tropas

de los GEO, que pasaron a proteger las instalaciones de R T VE.

El abandono de las fuerzas militares que ocuparon Radio y Televisión coincidió

con la salida de los jóvenes que participaban en la grabación del programa

Aplauso

Mientras se sucedían estos hechos, el Consejo de Administración del Ente Público

RTVE. presidido por Miguel Domenech acudió en pleno al despacho del director

general.

El momento más tranquilizador de Televisión Española se produjo sobre las diez

de la noche cuando cambiada la guardia en Prado del Rey, Iñaki Gabilondo.

Cristina García Ramos y Victoria Prego co

menzaron a relatar los hechos y anunciaron que el rey Juan Carlos se dirigiría

al país Sin imágenes, l.i información de Gabilondo respondía casi puntualmente

al con junto de las informaciones emitidas o publicadas por otros medios Por

otra parte, media hora antes, sobre las 21.30 horas, Eduardo Sotillos, «ya sin

la presión de las bayonetas», acudió al locutorio principal de Radio Nacional v

contó lo que había pasado en la radio estatal y en el país

Radio Nacional de España ofreció intervalos musicales con reportajes en

vivo de lo que iba sucediendo en la carrera de San Jerónimo, mientras que

Television Española anuló la programación del segundo canal, que omitió en

cadena la programación del primero. Desde las 19 50 horas I prácticamente las

tres de la larde de ayer, dibujos animados, documentales, películas de cine y

musícales alternaron con una información que salía en pantalla con bastante

retraso respecto a la recepción del teletipo y a la frecuencia de la radio.

El documento de los hechos

El momento culminante de toda la emisión fúe. excluida la presencia del Rey en

la pantalla y en la radio, que se repitió vanas veces durante la noche y la

mañana, la transmisión televisada completa de los 35 primeros minutos del asalto

de Tejero y los suyos. Los asaltantes descubrieron algunas cámaras, que

destrozaron a patadas y culatazos. Televisión Española no dio este impresionante

documento hasta ayer, a las 12.50 horas, terminada ya la ocupación, porque

estimaban sus directivos que esa emisión podía contribuir a incrementar la

tensión.

 

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