La noche de los transistores     
 
 El País.    25/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La noche de los transistores

Fernando Abril Martorell jamás volverá a vivir sin transistor. Gracias a su

pequeño aparato de radio y al que otro compañero suyo —parece que era Enrique

Sánchez de León— tenia en la Cámara, los diputados secuestrados en el hemiciclo

pudieron saber que el teniente coronel sedicioso les engañaba.

José María García, Eduardo Sotillos, los periodistas de Radio Intercontinental —

que dieron, con los demás, una lección de prontitud y eficacia radiofónicas—,

los de Radio Popular y Radio España y las restantes emisoras españolas

desmintieron puntualmente las afirmaciones golpistas, según las cuales la

sedición había triunfado.

Al oído, Fernando Abril Martorell hacía circular la vozs: «Milans del Bosch ha

rectificado», «No hay cnfrentamientos en las calles», «El Rey ha hablado», «La

tranquilidad está asegurada», eran las frases con las que él relajaba la tensión

del Gobierno y de sus compañeros de hemiciclo.

La radio fue la heroína de la noche. Fue la noche de los transistores.

Y entre sus personajes, José María García, el popular periodista deportivo. A

las 22.30 horas decidió que «no era deporte lo que esperaba el país», se puso a

las órdenes de Fernando Onega, se situó encima de la unidad móvil número dos de

la SER, su cadena de emisoras, y comenzó a retransmitir en directo las

incidencias de la ocupación militar desde los aledaños del Concreso. Al final

quedó agotado, pero con ganas de anah/ar el fenómeno.

«Lo que ha conseguido la SF.R es muy difícil de superar, y lo ha hecho porque

cuenta con técnicos muy veteranos, como Emilio Olabarrieta, que tuvo la

sagacidad y la sangre fría de dejar una línea instalada y en funcionamiento en

el hemiciclo, con lo cual nuestra cadena pudo asistir, punto por punto, a todo

lo que ocurría en el interior del Congreso». Hablando del mismo tema, Fernando

Onega, director de informativos de la SER, explica que esa información

importantísima sólo fue emitida cuando ya acababa la ocupación, para evitar

perjuicios u las personas que permanecían como rehenes.

José María García dice que lo tuvo relativamente fácil. «Llegar hasta donde

ocurría la acción no fue difícil, porque los policías y los militares me conocen

por mi trabajo en el periodismo deportivo. Y como anécdota puedo contar que,

cuando llegué a los alrededores del Congreso para integrarme a la retransmisión

en directo del largo incidente, un capitán me dijo: "pero hombre, García!, ¿a

dónde vas, si ahí no está Porta?».

No renunció (Garcia a su lenguaje, y habló de avituallamiento cuando un guardia

civil pedía

cerveza y bocadillos, y de «minutos de descuento» cuando se llegaba a la recta

final (otro término de la S.E.R.) del dramático incidente. «Es que el del

deporte no es un lenguaje privado, sino que hay modismos que sirven para

describir cualquier situación, y por eso es bueno usarlo».

Fue la noche de la radio. Sotillos decía que era terrible que se descubriera el

verdadero valor de la radio en directo en ocasiones como esta, y que esperaba

que a partir de ahora fueran las buenas noticias las que sirvieran de base para

esa radio total que mantuvo despierta a España durante la fría noche del pasado

lunes.

Fernando Onega reconoció que hubo momentos de la noche en que llorar no era una

alternativa despreciable; el miedo surgió y hubo más de un momento en que tanto

él como su equipo y los directivos de la SER. se mostraban extrañados de que los

militares no acudieran a ocupar la emisora central, como habían hecho con RNE.

 

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