En defensa de la libertad, la democracia y la Constitución. 
 La manifestación más grande de la historia de España desfiló ayer por las calles de Madrid     
 
 El País.    28/02/1981.  Página: 11,12. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

"Por la libertad, la democracia y la Constitución"

Millones de españoles se manifestaron ayer en defensa de la libertad, !a

democracia y la Constitución. La reacción popular de repulsa por el intento de

golpe militar se desarrolló sin incidentes graves, y únicaMente cabe reseñar los

cuatro artefactos «caseros» colocados en el paseo del Prado, de Madrid, y dos

cóctel molotov contra las sedes de UGT y de Convergencia, en Barcelona.

Alrededor de 1.500.000 personas en Madrid, 250.000 en Barcelona, 200.000 en

Valencia, 100.000 en Oviedo, Sevilla o Zaragoza, 50.000 en Granada, 45.000 en

Murcia, 30.000 en Valladolid son algunas de las cifras que ilustran esta masiva

petición popular de respeto a la Constitución. Guiomar, una mujer muy querida de

Antonio Machado, llamó a media tarde de ayer a EL PAÍS para decir que sentía

mucho no asistir a la manifestación, por su estado de salud, y aJ terminar dijo:

«¡Viva el Rey!».

Los telediarlos de anoche en la televisión francesa relegaron a segundo término

todo tipo de informaciones para dar cuenta de las manifestaciones, que a favor

de la libertad, la democracia y la Constitución, había habido en España.

En defensa de la libertad, la democracia y la Constitución

La manifestación más grande de la historia de España desfiló ayer por las calles

de Madrid

La libertad, la democracia y la Constitución congregaron ayer, en Madrid, n la

mayor manifestación celebrada jamás en la historia de España. Un millón y medio

de personas, aproximadamente, ocuparon todo el recorrido de la marcha —entre la

glorieta de Embajadores y la plaza de las Cortes—, junto con la totalidad de las

calles adyacentes, edificios en construcción, árboles y cualquier lugar donde

podía situarse una persona.

El inmenso gentío transformó a la cabeza de la manifestación en «centro» de la

enorme concentración humana, con masas delante y detrás que gritaban «Viva la

libertad», «Viva la democracia» y «Viva el Rey», puesto que fue imposible

mantener el silencio que inicialmenlc habían pedido los organizadores.

Desde las 17.30 horas, una hora y media untes de la fijada para el comienzo de

la manifestación, las calles de la Ronda de Valencia estaban ya prácticamente

atestadas de gente.

El servicio de orden que habría de cubrir los laterales de la calle espera

instrucciones l.os primeros en llegar a la cabe/a de la manifestación fueron los

representantes del Ayuntamiento de Madrid, en dos autobuses de la EMT,

acompañados por los mareros. «Es la primera vez en mi vida que veo a la

Corporación bajo mazas por la calle de manifestación», decía un oficial de la

Policía Municipal con cuarenta años de servicio poco a poco, y a partir de las

18.30 horas, fueron llegando los líderes políticos. Agustín Rodriguez Sahagún se

encontró con la representación del PSOE y UGT. Después Felipe González,

estrujado por la gente que aún no habla sitio controlada por el servicio de

orden estrechó la mano de Manuel Fraga y Rafael Calvo Ortega antes de saludar al

presídeme de UCD F.l último de los líderes en llegar. Santiago Carrillo, lo con

una puntualidad taurina a las siete Je la tarde.

A esa hora estaba ya formada la cabe/a de la manifestación. Detrás .le una gran

pancarta, de acera a acera, se encontraban Rafael Calvoy Rodriguez Sahagún en el

centro, hacia la´derecha, al lado del secretario general de UCD. Felipe

Gonzalez, Santiago Carrillo y Nicolas Sartorius Hacia el otro lado.

Manuel Fraga y Marcelino Camacho. Todos con una sola pegatina en la solapa una C

en negro sobre fondo blanco.Era el distintivo de manifestación. Durante los

momento* en que Unios los líderes, tras la pancarta, esperaban la orden Je

ponerse en marcha. Fraga y Marcelino Camacho mantuvieron una animada

conversación sobre el ambiente de la manifestación.

Poco después se incorporó a la cabeza de la manifestación el alto alto staff

dela banca privada en pleno, y entre ellos, su presidente, Rafael Termes.

También, en cabeza, los directores de diarios madrileños.

Pasadas las siete de la tarde, la manifestación se puso en marcha. Las aceras

ante las que había de pasar la multitud estaban abarrotadas.

Arboles, edificios en construcción, marquesinas de paradas de autobuses,

andamiaje de obra, cualquier lugar era bueno para subirse.

Nada más arrancar la cabeza de la manifestación comenzaron a caer las primeras

gotas, que seguirían cayendo de forma intermitente durante todo el recorrido,

sonaban los primeros gritos de «Libertad, libertada, y ios líderes fueron

informados de la explosión de tres petardos en el Prado. «No asustarán a lanía

gente», comentaban. Algunos miembros del servicio de orden insistían en que era

una manifestación silenciosa. Sin embargo, los gritos continuaban y cada vez con

mayor fuer/a. «F.l pueblo unido jamás será vencido», «Democracia y libertad»,

«Democracia si, dictadura no», fueron eslóganes que se repitieron en lodo el

recorrido.

Desde la cabeza de la manifestación era absolutamente imposible saber cuáles

eran b^límitcs de la marea humana que se habla concentrado a lo largo de la

ronda de Valencia, Atocha y paseo del Prado. El scalextric. abarrotado, semejaba

una complicada tarima repleta de gente. Un anciano, con el puño izquierdo

cerrado y en alto, sostenía una pancarta en la que se leía «Viva el Rey».

Mientras los cordones que habían de garantizar la imposibilidad de acceder a la

cabeza desde las aceras era perfecto, tos cordones de seguridad que se formaron

ante la manifestación y en la cabeza sufrieron modificaciones constantemente. De

hecho, antes de la cabeza había seis cordones humanos, otro inmediatamente

después de la cabeza de líderes políticos y otro tras los componentes de la

segunda cabeza, presidida por una enorme bandera nacional, de longitud igual a

la de la pancarta.

Sin embargo, esos cordones, que permitían el libre acceso de la Prensa hasta los

líderes, se modificaron, y la cabeza de la manifestación fue aislada de la

impresionante legión de fotógrafos, cámaras de televisión, unidades móviles de

radio (la de la SER fue vitoreada y aplaudida por la gente) y redactores por dos

cordones del servicio de orden. Este hecho causó.altercados frecuentes entre el

servicio de orden y la Prensa.

La manifestación, que al principio se desarrolló con una gran lentitud (una hora

para recorrer apenas trescientos metros), sufrió un colapso al ¡legar al

estrechamiento del scaíextñc.

Alud humano en Atocha A duras penas la cabeza de la manifestación pudo abrirse

paso

bajo el scalextric de la glorieta de Atocha. El servicio de orden difícilmente

podía contener el auténtico alud humano que, volcándose hacia adelante, repetía

constantemente gritos de «Libertad, libertad» o «El pueblo, unido, jamás será

vencido».

Los líderes políticos que encabezaban la manifestación animaban a los ciudadanos

que se agolpaban a lo largo del recorrido para que corearan los gritos de

«Libertad», «Democracia» y «Constitución». Pero la respuesta obtenida cada vez

hacía referencia al deseo popular de «democracia, sí; dictadura, no». En un

determinado momento, el secretario general del PSOE, Felipe González, tomó un

megáfono, e intentando superar las voces de los manifestantes, gritaba sin

cesar: «Libertad, libertad, libertad». Santiago Carrillo, a su lado, le seguía

en los gritos, mientras saludaba a su alrededor.

Poco a poco el grueso de la cabeza de la manifestación fue ganando todo el paseo

del Prado.

Apagón en el paseo del Prado

Sin embargo, de pronto las luces del paseo se apagaron. Sólo quedaron encendidos

los focos que iluminaban la fachada de la cercana junta municipal de los

distritos de Retiro y Moratalaz. Los jefes del servicio de orden gritaban:

«Cerrad ese cordón, cerrad ese cordón. Que no se acerque nadie». Alguien susurró

un atentado. Pronto las luces se encendieron y el susto pasó. Un poco más

adelante, el apagón se repitió.

Un coche, a la altura de ¡a calle del Hospital, intentó arremeter contra la

manifestación. Su conductor, al ser detenido, presentaba signos de posible

intoxicación.

La multitud ocupa los pasos elevados da la glorieta d« Atocha, a medio camino

entre al arranque del recorrido de la manifestación y la plaza da las Cortas,

ante (a imposibilidad de que todos transcurrieran por la calzada.

´Por la libertad, la democracia y. la Constitución´

Aunque hubo momentos en los que la lluvia arreció, ni los lemas se acallaron ni

los manifestantes se redujeron en número. La Policía Municipal, a esa altura,

había ya calculado, aproximadamente, el número de manifestantes. Según las

fuentes informantes de EL PAÍS, pudieran ser en torno al millón y medio el

número de asistentes. Una vez alcanzada la plaza de las Cortes, la cabeza de la

manifestación no pudo materialmente llegar hasta el estrado que había sido

colocado frente a la escalinata principal del Congreso y hubo de contentarse con

quedar frente a la puerta del hotel Palace. Difícilmente las personas que

esperaban desde hacia horas la llegada de la manifestación cabían en la plaza y

se desparramaban por las calles adyacentes. .

Una vez conseguido un precario silencio, Rosa María Mateo, por faltar Antonio

Hernández Gil, leyó el manifiesto previsto. Los aplausos, los gritos de

«Libertad, libertad» y los vivas al Rey interrumpieron en más de una ocasión la

lectura del escrito. Los servicios de la Cruz Roja hubieron de atender a más de

una persona que se desmayó en esos momentos.

Al final, los servicios de orden aún hubieron de canalizar la salida de los

manifestantes en dirección a la Puerta del Sol, unos, o hacia el Retiro, otros.

En ese momento, Landelino Lavilla, presidente del Congreso de los Diputados, se.

asomó a una de las ventanas del edificio. Los manifestantes que advirtieron su

presencia pidieron a gritos que hablara. Landelino La-villa se limitó a saludary

regresó al interior del palacio.

Desconcierto final

Felipe González, aplastado contra las barreras de la Policía Nacional, sopló a

Rosa María Mateo, al final de la manifestación, los gritos de «¡Viva la

libertad!» y «¡Viva la Constitución!», que no estaban previstos al fina! del

texto de la alocución unitaria de los partidos y qué fueron repetidos por la

locutora de Televisión Española. Rosa Mateo, finalizada la lectura del mensaje,

se dispuso a bajar de la pequeña tribuna cuando el primer secretario del partido

socialista le gritó, estimulándola para que volviera y diera los vivas, a los

que ella añadió un final «¡Viva España!».

El final del acto estuvo presidido por un gran desconcierto. Los líderes de los

cuatro partidos mayoritarios -Rodríguez Sahagún, por UCD; Felipe González, por

el PSOE; Santiago Carrillo, por el PCE, y Manuel Fraga, por AP sufrieron, con

calma y buen humor, avalanchas finales contra las barreras policiales situadas

frente a la entrada principal del Congreso, que no se abrieron a pesar de que

Carrillo, y después Fraga, requirieron la presencia del capitán de la Policía

Nacional que mandaba la fuerza. Los GEO rodeaban el palacio de las Corles y

fueron aplaudidos por la multitud en el momento en que se deshizo la

manifestación.

Al comienzo de la manifestación, Felipe González dijo: «Esperamos que esto sirva

para que los militares se den cuenta de una vez de que el pueblo quiere la

democracia». Uno de los líderes de AP, Jorge Verstrynge, dijo que esta

nanifestación significa «la con.ención del"golpe militar y el grito unánime de

no pasarán*. En el paseo del Prado, Santiago Carrillo, ^absolutamente

emocionado, dijo a EL PAÍS que era «la manifestación más grande que he visto en

mi vida, ´ eso que yo h~ visto muchas».

Un miembro del equipo de desactivación de explosivos (fotografía da la

izquierda) no aproxima, protegido por su escudo, hacia un cocha donde, al

parecer, so halla depositado un explosivo. En la fotografía de la derecha,

pedazos de la carrocería de uno de los automóviles que saltaron trallas

explosiones.

 

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