La larga noche del 23 de febrero. 
 El poder constitucional, civil y militar, conjuró en toda España, coordinadamente, la actuación de los sediciosos     
 
 El País.    01/03/1981.  Página: 19,20,21,22,23. Páginas: 5. Párrafos: 69. 

La larga noche del 23 de febrero

El poder constitucional, civil y militar, conjuró en toda España,

coordinadamente, la actuación de los sediciosos

A las 18.20 horas del lunes 23 de febrero, cerca de trescientos guardias

civiles, a! mando del teniente coronel Antonio Tejero, irrumpían en el Congreso

de los Diputados. Durante casi dieciocho horas, et Gobierno de la nación y los

parlamentarios fueron rehenes de un grupo de sediciosos, cuyo propósito era

alterar la voluntad popular e imponer una junta militar. El poder

constitucional, civil y militar, logró conjurar en toda España, coordinadamente,

la actuación de los sediciosos. En este reportaje, realizado por seis redactores

de EL PAÍS en colaboración con toda la red de sus corresponsales en provincias,

se reconstruye la historia de aquella noche.

"No hay ni buenos ni malos históricos, sino sólo la defensa de la Constitución,

de la Monarquía y de España"

«¡Qué chorradas estáis diciendo, pero si eso es imposible!». A las 18 20 horas

del lunes pasado, el gobernador civil de Sevilla, José María Sanz Pastor, piensa

que eso de que «en el Congreso de (os Diputados estén pegando tiros» —como le

anuncia por teléfono su secretario particular— es una chorrada El gobernador ha

subido un momento a su residencia, a recoger unos papeles, y allí le sorprende

la noticia. Le acompaña en ese momento su esposa, María del Carmen Moreno,

sobrina nieta del almirante Salvador Moreno, dos ve-ces ministro de Marina con

Franco, \ nieta del almirante Francisco Moreno cuya actuación en el paso del

estrecho por las tropas, de Franco, vital para los sublevados del Dieciocho de

Julio, le hizo merecedor u un título de noble/a: marqués de Alborán.

La reacción de Sanz Pastor, de incredulidad, no es muy distinta de la mayoría de

los españoles. Pero a diferencia de muchos, a quienes el miedo, en unos casos, o

la pura estupefacción, en otros, los paraliza durante largo tiempo, José María

Sanz Pastor reacciona inmediatamente: llama a Madrid, desde su despacho oficial,

primero, para pedir confirmación a las noticias todavía no se lo cree y

después, para recibir instrucciones.

Pero no las hay. El subdirector general de Política Interior es et alto

funcionario que responde en esos momentos en el Ministerio, sólo sabe lo que

cuenta la radio. El golpe está siendo retransmitido en directo.

El teniente general Gutiérrez Mellado, por esos momentos, aguanta a pie firme,

sin movérsele un músculo de la cara, el estampido de los disparos hechos en el

hemiciclo del Congreso por los guardias civiles asaltantes, Es la reacción

valiente de un profesional de la milicia. A quinientos cuarenta y tantos

kilómetros de la carrera de San Jerónimo, de Madrid, frente al sevillano parque

de María Luisa, Sanz Pastor reacciona en gobernador civil: hay que defender la

Constitución, de acuerdo con la Constitución. Y convoca en su despacho, con

carácter de urgencia, a los responsables de la policía, Policía Nacional y

Guardia Civil.

En el tiempo que media hasta la reunión de la Junta de Orden Público, iniciada a

las 19.30 horas, el gobernador civil —con una pistola cargada y montada al

alcance de la mano, mas. dos cargadores llenos— se entera que, además de amigos

y correligionarios, los hombres del teniente coronel Tejero mantienen

secuestrados a seis miembros de su familia: una hermana, un cuñado.

dos primos hermanos (uno de ellos es Leopoldo Calvo Sotelo, candidato a la

investidura) y dos sobri nos. Se lo cuenta su padre, que le ha llamado por

teléfono para preguntarle qué va a hacer. La pregunta la hacia un hombre que ha

vivido una sublevación militar, la de 1936, a otro, hijo suyo, que carecía de

tal experiencia. Pero que, como diplomático de carrera, ha presenciado dos

golpes de Estado.

Información contra rumores

Lo que pudieron hablar aquella larde padre e hijo se desconoce. La actuación de

éste en las horas próximas permite, sin embargo, hacerse una composición de

lugar. En la indefinición de Madrid, el gobernador civil de Sevilla decide

actuar por su cuenta.

Si el elemento sorpresa es vital para el contrario, hay que ganarle en la

iniciativa. Si los de enfrente - quienes quiera que fuesen— pueden propalar

rumores, arrastrar a personas de buena voluntad o cercara fuerzas leales al

Gobierno, entonces lo que hay que hacer es dar más información y más

puntualmente que nadie, aclarar sin lugar a dudas quién es el que manda en la

provincia y no encerrar a las fuerzas de policía en sus acuartelamientos. El

gobernador es también periodista.

Cuando, hora y diez minutos después de la irrupción del teniente coronel Tejero

en el Congreso, se reúne a) fin la Junta de Orden Público de Sevilla, los

asistentes se encuentran con que el gobernador les Ice una nota, en la que está

resumida todo su pensamiento y todo su programa de acción. Sanz Pastor ordena la

alerta máxima («Bajo mi total responsabilidad», dice), intensificar los

servicios de uniformación y ser informado «al instante» de cualquier incidencia

y, por último, estar listos para una posible intervención rápida. Esta, añade la

nota, «seria ordenada exclusiva, directa y personalmente por mi autoridad». E!

encuentro dura un cuarto de hora. Los reunidos saben qué hacer y, sobre todo,

«que no hay ni buenos ni malos históricos, sino sólo la defensa de la

Constitución, de la Monarquía y de España, y que sus enemigos, sean quienes

sean,serán los nuestros».

De esa nota se hacen fotocopias y se envían con urgencia a los medios de

comunicación, para que sean difundidas inmediatamente. Un pequeño fallo de

aquella tarde sería detener durante unos diez minutos estos envios porque

faltaba la dirección de una agencia de Prensa.

Simultáneamente se organiza la protección de los representantes del pueblo y de

las instituciones. Los partidos políticos, las centrales sindicales, las

emisoras de radio, y los periódicos advierten la presencia de efectivos

policiales. En Radio Sevilla, de la cadena SER, hay un pequeño incidente, más

bien un malentendido.

El teniente de la Policía Nacional que manda las fuerzas exige el control de

todo lo que se emite; no censura nada, pero lee previamente todo lo que se pone

en antena. La protección de las fuerzas de orden es especial en la Junta de

Andalucía. «Más que nada, ´para mí era algo simbólico», explicará después el

gobernador; «creía que el concepto autonomía era de lo que más podría chirriar

al concepto de los rebeldes».

Mientras tanto, en Valencia, el bando de Milans del Bosch, que suspendía todos

los derechos ciudadanos, era hábilmente sorteado por el gobernador civil, José

María Fernández del Rio. Contra viento y marca, Del Río convocó la Junta de

Seguridad ciudadana en la única hora en que le fue posible, a las diez de la

noche del lunes 23. Tras e! mensaje del Rey, la Junta celebraría una nueva

reunión a la 1.30 de la madrugada. Milans del Bosch no había dado todavía su

brazo a torcer; sin embargo, se sabía ya en el Gobierno Civil que se contaba con

lodo el apoyo del director general de la Seguridad del Estado, Francisco Laina.

Mientras las moles verdinegras de los carros de combate se situaban

estratégicamente en la plaza del Temple, frente al sobrio palaCarros de combate

y uniformes militares ponen la ñocha del 23 a los españoles el alma en vilo. En

Valencia, imagen a la que corresponde la foto, los uniformes estuvieron en las

calles en otras provincias —sin llegar a salir fuera da los cuartetes— al país

temió que nuevamente la tuerza desplazara a la libertad y a la convivencia. El

Ejército, en su mayor parte, permaneció leal al pueblo.

cío gótico donde tiene su sede el Gobierno Civil, su titular, José María

Fernández del Río, hacia frente a la situación junto al general Hermosilla —el

sucesor del sancionado general Atares en el mando de la Guardia Civil de la zona

de Valencia-, del jefe superior de Policía Rafael del Rio, y del jefe de la

Policía Municipal, Manuel Jordán, quien, con más de una década de actuación en

este puesto, es también profesor universitario de Derecho Romano y doctor en

Derecho Canónico.

Paralelamente, en Alicante, el gobernador militar, general Leonardo López,

visitaba en su despacho al gobernador civil accidental, Luis Romero y le leyó el

bando emitido por Milans del Bosch, al tiempo que le comunicaba que a partir de

entonces asumía e¡ poder civil. Desde aquel momento, la Juntade Defensa pasaba a

reunirse en el Gobierno Militar. Alicante se encontraba también bajo el estado

de excepción y, sin embargo, el único punto del bando que se cumplió con todo

rigor fue el cierre de espectáculos y lugares públicos.

Tanto !os coches particulares, como los peatones, pudieron circular libremente

sin ningún problema. Ningún destacamento militar hizo acto de presencia en las

calles. Sólo unos cuantos jeeps de la Policía Militar se encontraban en las

proximidades. delGobierno Militar. El resto de los edificios públicos, así como

la sede de los partidos políticos, centrales sindicaies y medios de información

estuvieron protegidos por la Policía Nacional, Inmediatamente después de la

intervención del Rey en televisión, el gobernador militar llamó por teléfono al

gobernador civil para comunicarle que el poder volvía a sus manos, al tiempo que

le informaba que salia hacia Valencia. Luis Romero, que no había dejado de

mantenerse en contacto con el estamento político de la ciudad en ningún momento,

reanudó las operaciones propias de la Junta de Defensa. Fue entonces

precisamente cuando cobró más relieve el hecho de que hubiera hecho, ante el

gobernador militar algunas puntualizaciones sobre la anticontitucionalidad del

bando en el momento en que éste le fue leído.

Por lo que se refiere al resto de los miembros de la Junta, hay que señalar que

el jefe de la Policía Municipal —militar con graduación de comandante— se puso a

las órdenes del gobernador militar. El teniente coronel jefe de la Comandancia

de la Guardia Civil se encontraba en Madrid en el momento del golpe; sin

embargo, se trasladó en seguida a Alicante. Su sustituto, el comandante Leyva,

mostró desde el primer momento su respeto y adhesión al Gobierno constituido, y

lo mismo hizo el jefe de Policía, Rafael Arjona.

La esposa de Albino Caballero, gobernador civil de Murcia, jamás había hecho

tantas tortillas de patata como la noche del 25 al 24; ni repartió tanto café

con leche. Murcia estaba también bajo el bando de Milans del Bosch, pero

Caballero estuvo doce horas reunido con sus hombres de confianza en el Gobierno

Civil.La primera llamada telefónica entre Albino Caballero y el gobernador

militar de la plaza, general Llamas, se había producido recién proclamado el

bando de Valencia. Llamas anunció, en «tono correcto», que se hacia cargo del

poder civil, administrativo y judicial. Caballero, al parecer resignado,

contestó que no tenia inconveniente.

A las 21.30 horas, el general Llamas habló oirá vez con el gobernador. F.sta vez

le invitaba a que fuera a visitarlo. Caballero conectó con Francisco Laína,

director general de la Seguridad del Estado, que le ordenó no moverse de su

sitio.

Caballero se lo comunicó así al general Llamas, y éste, comprendiéndolo, no

insistió. Ambos gobernadores se pusieron de acuerdo para no enfrentarse, y el

general aceptó las medidas que tomó Caballero de proteger con la Policía

Nacional las emisoras locales y los periódicos.

El almirante de la zona del Mediterráneo no asume el bando de Milans________

En Cartagena, el almirante de la zona del Mediterráneo aseguró a Murcia que él

no asumía el bando del general Milans del Bosch. Pero en Lorca, donde está

ubicado el Regimiento Motorizado Mallorca 13,se pudo comprobarque algunos jeeps

del regimiento circularon hasta el pueblo de Librilla, a unos once kilómetros de

Murcia.

La Juma de Defensa de Murcia seguía tomando medidas oportunas, como formar

retenes en los ayuntamientos, reforzar las brigadas de seguridad ciudadana y

ordenar a los coches patrulla del 091 que circularan por la ciudad con las luces

encendidas, «para que la población no pudiera confundirles con movimiento1;

militares y se tranquilizara. A cien metros escasos del Gobierno Civil, !a única

institución que mantenía las luces encendidas era el Ayuntamiento. En su

interior, el alcalde, José Maria Aroca; el jefe de la Policía Municipal,

comandante Casanova, y concejales de diversos partidos políticos mantenían la

vigilancia a base de comunicados y bocadillos preparados por el cuartelillo de

la Policía Municipal.

En Albacete, la situación estaba bastante más controlada por el Gobierno Civil.

Su titular, Juan José Franch, el teniente coronel jefe de la Guardia Civil,

Francisco Almiñana; el comandante de la Policía Nacional, Antonio Gallardo, y el

jefe de la Policía Nacional, Vicente Romera, formaban la Junta de Defensa.

Estuvieron reunidos «siempre que fue necesario», al decir de ellos mismos, y no

se realizó ningún movimiento de tropas sin orden directa del gobernador civil.

La Junta acordó que la Policía Nacional intensificara la vigilancia de los

puntos estratégicos de la ciudad, sin olvidar las emisoras de radio. Fueron

precisamente estas las que, bajo órdenes directas del Franch, emitieron el

comunicado del Gobierno de la nación proclamado por los secretarios de • listado

y subsecretarios.

Al mismo tiempo, Franch se negó a que ei bando de Milans del Bosch fuera enviado

a la Diputación y al Ayuntamiento. Aunque el bando estaba ya en la calle, lo

cierto es que el gobernador militar, coronel Francisco Fernández Cerezo lo

transmitió con considerable retraso.

Todas las tropas de la Policía Nacional, Guardia Civil y Ejército fueron

inmediatamente le acuarteladas. Precisamente aquel mismo lunes 23. camiones del

Ejercito, procedentes de Córdoba, habían llegado a\ polvorín de Chinchilla a

escasos kilómetros de Albacete para recocer armamento y munición, en una misión

que había calificada de «normal» por el gobernador militar En la base aérea de

Los Llanos, los Mira ge F-l seguían en tierra, sin novedad.

Los hechos de Valencia ofrecían pocas dudas: era un golpe mili tar lo que estaba

en marcha. En Sevilla, en cambio, las tropas seguían acuarteladas y el

entendimiento entre los dos gobiernos, ei civil y el militar, cordial. Sanz

Pastor y el general Esquivias hablaron varias veces por teléfono a lo largo de

esa noche y comentaron el bochornoso espectáculo del Congreso, en el que un

teniente genera! es zarandeado e insultado por otros hombres de uniforme, según

la apreciación del gobernador civil.

«Para mí estaba claro», tómenla Sanz Pastor «no era un no era un cuartelazo sino

la punta de iceberg de un golpe de listado. F.n aquellos momentos yo tenía una

ventaja: conocía a Tejero, de Algeciras. Y sabía que podría ser un visionario o

un iluminado, pero no un estúpido. Pensaba que un hombre acostumbrado a mandar

tropa no arrastra a sus hombres ni pone en peligro el futuro de trescientas

familias, sin contarcon apoyos, sin estar seguro. Por lo que pudiera pasar en

Sevilla, me pongo en contacto con la autoridad militar, le informo que el orden

está asegurado. En cualquier caso, no estaba dispuesto a entregar gratis el

Gobierno».

E igual hacen los alcaldes. El de Camas llamó al jefe del puesto de la Guardia

Civil para decirle que en aquellas circunstancias, asumía las funciones de Ja

Junta de Seguridad, por ser la máxima autoridad, y que debía ponerse a sus

órdenes. El de Baldelatosa, comunista, orFranco (foto de la izquierda) todavía

está presente en una ««trema derecha poderosa y minoritaria en Andalucía. La

crispación social y el recuerdo da los trágicos «paseos» do los años treinta

también son algo vivo en estn región. En este marco, José María Sanz Pastor poto

de la derecha), gobernador civil da Sevilla, tuvo que afrontar la situación.

ganizó partidas de vigilancia en los accesos del pueblo, mientras que Jos

vecinos se intercambiaban escopetas y cartuchos.

El ambiente de tensión y autodefensa debió ser tal que el comandante de puesto

de la Guardia Civil se presentó al alcalde para decirle que estaba a favor «le

la Constitución y que se ponía a sus órdenes.

En Villar del Rio estaba convocado un mitin de Comisiones Obreras sobre la

autonomía y el Plan de Urgencia de Andalucía.

Lo iba a dar el secretario de organización de CC OO del Campo. Pero el acto se

suspendió y e¡ líder sindical paso a organizar una red de contactos clandestina,

por si el golpe triunfaba. A las nueve de la noche, dos horas y media después

del inicio del golpe, más de medio centenar de pueblos estaban conectados con

Comisiones Obreras.

«Fue muy fácil coordinar a los pueblos», ha comentado posteriormente Romero,

secretario general de comisiones del Campo. «Aparte de que tengamos muchos

alcaldes comunistas, socialistas y de izquierda, es que la gente recuerda

todavía cómo sacaron a sus padres en I932yen 1936 y los fusilaron a la puerta

del cementerio. Y como en !as zonas rurales todos tienen escopeta legal, para

cazar, la mayor

parte durmió con ella bajo la almohada.

La gente se decía: a mi no me sacan de casa, si no es con los pies por delante.

Muchos se fueron a dormir con la escopeta al campo, debajo de un olivo.

En Sevilla capital, la reacción de la izquierda es más indecisa. El socialista

Manuel del Valle, senador y presidente de la Diputación, a quien las noticias

del golpe le sorprendieron en lo alto del peñón de Alfamitas, con unos

ingenieros, viendo dónde se podía perforar el suelo con más posibilidades de

encontrar agua subterránea, regresó aquella misma tarde a la capital, y se fue

directamente a su casa. Después, pasada la media noche, se encaminó a la sede de

su partido.

«Fui yo solo, en mi coche», ha explicado posteriormente, «Sevilla estaba

desierta a esas horas y no noté ningún movimiento de tropas ni nada extraño. En

realidad, yo tuve mucha más sensación de peligro directo el día en que volaron a

Carrero Blanco que la otra noche, timonees trabajaba con Felipe González en el

mismo despacho laborista, y me acuerdo que sólo unos minutos después de conocer

la noticia, a las 10.30 horas, yo estaba tirando papeles comprometedores a un

canal del Guadalquivir.

Tras la reunión celebrada aquella noche en la sede del PSOE («se tomaron medidas

para poner a salvo los archivos»), Manuel del Valle regresó a su domicilio. A la

mañana siguiente, cuando aún continuaba tomado por los sediciosos el palacio del

Congreso, la Comisión de Gobierno de la Diputación Provincial de Sevilla se

reunía con absoluta normalidad y con el número de miembros suficiente como para

obtener quorum.

Al secretario regional del PSOE en Sevilla, José Rodríguez de la Borbolla, la

noticia del golpe le sorprendió en la sede del partido, preparando la asamblea

de Córdoba sobre el Estatuto.

«Oímos los tiros por la radio», ha comentado Rodríguez de la Borbolla, «y

pensarnos que los habían matado a todos. Tuvimos veinte minutos de

consternación, en los que intentamos evaluar lo sucedido. En ese tiempo

intentamos hablar con el PSOE provincial y con Madrid. Luego abandonamos la

sede, que quedó vigilada por el servicio de orden.

Yo me fui a casa, cogí a ios míos y los trasladé fuera de Sevilla, a un lugar

seguro. Hacia las ocho volví a la sede. Entonces hablamos con el Gobierno Civil

y nos dijeron que no tenian noticias de que Capitanía estuviera en el golpe.

Llámame» también a los cargos (al presidente de la Diputación, al consejero del

Interior de la Junta, al primer teniente de alcalde sevillano) para que no se

abandonasen las instituciones. Acordamos, en fin, que Antonio Ojeda, consejero

del Interior, ejerciera de presidente de la Junta de Andalucía en funciones.

En calidad de tal, Ojeda llamó al gobernador civil y a la Zarzuela. El primero

fue muy claro. Le dijo: «Si llega aquí un capitán, a mí no me van a sorprender

como en Valencia; eso te lo aseguro. "En cuanto a la Zarzuela, un ayudante del

Rey —su nombre no lo sé— tranquilizó a Ojeda"».

Alrededor de las once de la noche, los partidos de izquierda y las centrales,

emiten un comunicado conjunto, en el que se hace un llamamiento a un paro de dos

horas, Aparte de los socialistas, tos reunidos son representantes del Partido

Comunista de Andalucía, del Partido Socialista de Andalucía, de UGT y de CC OO,

No asistieron los de UCD ni el alcalde de la capital, Luis Uruñuela, del PSA,

que no aparecía por ninguna parle. Juan Carlos Aguilar, diputado del mismo

partido e tntimo amigo suyo, explicaría después que a Uruñuela es difícil

encontrarlo «incluso en circunstancias normales».

Hacia las 0.30 horas, una comisión fue a entregar el comunicado de los partidos

al Gobierno Civil, pero sólo se le permitió entrar al secretario de organización

socialista. Perales. Según ha contado éste, íe dijeron que el gobernador no

podía recibirle, y cuando quiso dejar el comunicado, se lo rechazaron,

diciéndole «que estaba cerrado ei registro y que no abrirían hasta la mañana

siguiente». Rodríguez de la Borbolla ha reconocido el incidente y ha explicado

que el gobernador civil, el cual les ha pedido disculpas, pensaba que los paros

eran intolerables en aquellas circunstancias.

Horas antes, en el Pirineo gerundense, hubo alguien también que no creyó

conveniente algunos gestos. Por ejemplo, el presidente de la Diputación de

Gerona, Arcadio Calzada Salavedra, que se encontraba cerca de Puigcerdá

realizando una gira oficial cuando la radio retransmitió en directo el brutal

asalto al Congreso de los Diputados.

Antes de subir al coche oficia!, el chófer le preguntó si le parecía bien que

quitara la senyera de) capó, a lo que Calzada respondió inmediatamente: «Me

parece que será lo mejor».

En aquellos momentos, e] gobernador civil de Gerona, Ramón Codina Rívas, se

reunía con el teniente coronel de la Guardia Civil, José Blazquez Pedraza, el

comandante de la Policía Nacional Luis Ramos y el comisario de la Jefatura

Provincial Juan Francisco Pancorbo.

La reunión se prolongó durante toda !a noche y toda la mañana siguiente.

E! gobernador militar, general Ricardo Oltra Calderón, estuvo informado desde

los primeros momentos de! golpe. «Inmediatamente estuvimos de acuerdo», declaró

mas tarde el gobernador civil. Por su parle, el general Oltra declararía: «En

ningún momento pensé que el golpe de Estado pudiera seguir adelante. Era

evidente que se trataba de un grupo sin demasiada importancia y que. por tanto,

no podía cuajar en el resto de la nación».

La misma tranquilidad demostró el jefe de la Policía Municipal, Pedro Serra

Planella, que se encontraba en Barcelona cuando el golpe. Se trasladó

inmediatamente a Gerona, pero no intervino en las Juntas de Seguridad.

En Lérida, la tranquilidad venía marcada tras una ausencia: desde el pasado 3 de

febrero la plaza se hallaba sin gobernador militar titular; hasta entonces, el

general Alfonso Armada —ahora arrestado— había ocupado el cargo.

En la actualidad lo ostentaba, en funciones, el general Gimeno, que se puso

directamente a las órdenes del capitán general de Cataluña, Pascual Galmes.

Mientras tanto, el gobernador civil, José Martí, y los cinco miembros de la

Junta de Seguridad tranquilizaban a la población, que ya estaba distendida al

ver que a las ocho de ¡a tarde se podía ver a los soldados como cualquier dia

normal paseando por la calle. Tampoco en ías fronteras con Andorra y Francia se

habían recibido instrucciones cara a medidas especiales.

El gobernador civil creyó que el asalto a las Cortes era obra de un loco. Con

todo, José Martí ofreció protección policial a las dos emisoras de radio de la

ciudad y a los dos periódicos hasta el desenlace de los acontecimientos. Sólo un

pequeño incidente en la madrugada del martes 24: policías de paisano se

presentaron en el diario La Mañana —de la Cadena de los Medios de Comunicación

Social del Estado— para solicitar del director.

E) general León Pizarro (foto de la derecha) fue sustituido como jete do la

División Maestrazgo 3 tras los sucesos del día 23. Tanquetas de la Policía

Nacional, imagen >!• la izquierda, aparecen estacionabas en las proximidades del

Congreso —pocas horas después de la toma da éste por el teniente coronel Tejero—

en defensa de la Constitución y da la legalidad.

José Antonio Rosell, que les fuera entregado —para su lectura— el comunicado que

habían elaborado conjuntamente UGT y CC OO. El director se negó a ello.

Barcelona estaba tranquila. Tanta era así que los miembros que componen la Junta

de Defensa consideraron que, dado el clima de normalidad ciudadana, no era

necesaria la constitución de la misma. Fue el único caso en todo el territorio

español. Desde los primeros momentos del golpe, el alcalde de Barcelona, Narcis

Serra, se puso en comunicación telefónica con el capitán general de Cataluña,

Antonio Pascual Galmes. «Aquí, el que se mueve, la paga», le habría manifestado

el general Galmes.

No obstante, cada uno de los organismos cuyos responsables forman la citada

junta determinó una serie de medidas de carácter preventivo.

La Policía Nacional dispuso un discreto servicio de vigilancia en varios

centros de interés (Generalidad, emisoras de radio, periódicos). Todo seguía en

calma. El jefe superior de Policía, Enrique Mosquera, permaneció inicialmente en

el Gobierno Civil. A medianoche regresó a su despacho de la Via Layetana y dijo

a la Prensa: «No tenía ningún objeto que continuara en el Gobierno Civil. Había

un clima de completa calma.

Ni robos, ni incidentes, nada. Normalidad total». Excepto en las conversaciones

telefónicas. Como la que sostuvo el gobernador civil de Barcelona con López

Bulla, secretario general de CC OO de Cataluña. Para la misma noche del lunes.

Comisiones Obreras habla convocado una huelga general. Coderch, gobernador

civil, ´miento disuadirle para que desconvocara la huelga. López Bulla le

contestó airadamente que hablara con el secretario local en Barcelona, que él

era secretario para Cataluña. Acabaron colgándose mutuamente el teléfono.

El incidente lo solventó más tarde el propio Pujol.

En Sevilla, la nota del Gobierno habla previsto ya que las medidas de segundad

adoptadas podrían provocar roces en el ejercicio de dos derechos fundamentales:

el de reunión y el de opinión. La nota deda: «En previsión de que, en uso del

ejercicio del derecho de reunión en lugares abiertos al tránsito público,

pudiera producirse algún tipo de disturbios, mi autoridad recuerda que no podrán

desarrollarse sin su previo conocimiento». En cuanto al derecho de opinión, la

nota decía que para evitar la divulgación de «noticias confusas procedentes de

grupos incontrolados», el Gobierno Civil mantendría informada a la opinión

pública, «preservándola así de posibles actos de divulgación irresponsable».

"El poder lo tengo yo o !o tienen los vecinos"

La falta de información le jugaría una mala pasada al Gobierno Civil de Sevilla.

Cuando a las nuevo de la noche José M aria Sanz Pastor se entera que el coronel

de la Policía Nacional ha recibido un comunicado de Capitanía Genera!, con el

número de registro ¡50, por el que entra en vigor la alerta 2, también llamada

operación Diana, nadie en el Gobierno Civil sabe en qué consiste y ni siquiera

que existiese. Otro que ignora de qué se trata es el jefe superior de Policía.

Pero lo saben los militares, la Guardia Civil y la Policía Nacional.

E! coronel de este cuerpo de la Seguridad del Estado, con quien Sanz Pastor se

pone en contacto por teléfono, acabará explicándolo: la alerta 2 u operación

Diana supone la puesta en marcha de algunas medidas militares. «Yo lo que quiero

saber», acabará diciéndole Sanz Pastor al coronel, «es si el poder lo te ngo yo

o lo tienen los vecinos» (en Sevilla, Capitanía General y Gobierno Civil se

encuentran frente a frente, a no más de doscientos metros de distancia).

Se encuentra asi con que el poder es suyo; o sea, civil, pero las medidas son

militares y han sido adoptadas, sin consultársele, por militares. A las cuatro

de la mañana, el Gobierno Civil recibe una explicación verbal, la última

comunicación habida hasta ahora, casi una semana después del intento del golpe,

entre los dos poderes: «Hemos cumplido las órdenes de Madrid».

En Capitanía, mientras tanto, el teniente general Pedro Merry Gordon, con

uniforme de la Legión y gorra de tanquista, despacha con sus más inmediatos

colaboradores: el genera! Esquivias, gobernador militar, y el general Saavedra,

jefe de la División Motorizada Guzmán el Bueno número 2, y persona muy allegada

a Milans del Bosch, a cuyas órdenes estuvo en varios destinos. Merry Gordon en

cuya casa se recibe por esas horas a varias señoras de la alta sociedad

sevillana, hablará esa noche con Alfonso Armada, varias veces con la Zarzuela y

varias también —parece que cinco— con Milans del Bosch. Estos contactos harán

decir que el mando militar de Sevilla estuvo indeciso hasta muy avanzada la

madrugada.

Elementos de ´derechas, cuyas simpatías por los golpistas ni siquiera tratan de

ocultar, dirían a la mañana siguiente que el teniente genera! Merry Gordon no se

puso al teléfono cuando se le llamó de la Zarzuela, lo cual no es cierto. Harán

ostentación también de conocer con mucha anticipación el nombre de aquella

autoridad competente, müitar por supuesto, que los hombres de Tejero esperaban

en el Congreso de los Diputados. Se transmitía por teléfono, en forma de

acertijo, entre los iniciados: «Empieza por a y termina pora».

La izq uierda, que no se acostó en toda la noche, pendiente de la radio y la

tele y que si se durmió fue bajo un olivo, con la escopeta de caza a mano, a la

mañana siguiente bromeaba también. El tejerazo recibía el nombre de una canción

y de una película que dentro de pocos días veremos por Televisión Española,

interpretada por Lola Flores: Morena clara. ¿Por qué? Porque, como dice ¡a

canción: «Entró un civil con bigote, ozú que mieo chavó, se echó er fusil a la

cara, y deesta manera habló...»

En este país de contrastes, del ingenio y la chunga andaluza se pasó a la sobria

ocurrencia castellana. En Benavente (Zamora), en pleno golpe de Estado, se

reunió el Ayuntamiento en sesión extraordinaria y decidió enviar telegramas a

los parlamentos sueco y noruego solicitando el Premio Nobel para el rey Juan

Carlos, por su actuación en los momentos que se estaban viviendo.

Las viejas provincias de Castilla vivieron con serenidad estas horas tensas. La

actuación de los gobernadores civiles y de los distintos partidos fue de

colaboración y mutuo apoyo, en lineas generales, a! igual que los contactos con

la autoridad militar. «Dando taconazos como jamás en la vida se habían visto»,

afirman fuentes del Gobierno Civil de León, los mandos de las Fuerzas de Orden

Público de esta provincia se presentaron al requerimiento del gobernador, aun

antes de que se hubieran recibido órdenes de Madrid.

En Burgos, sin embargo, hubo dificultades para localizar al teniente coronel de

la Guardia Civil, Jaime Salom, que se encontraba de «visita por la provincia»,

según se dijo después. El inmediato inferior a Salom no quiso ocupar su puesto

hasta entrar en contacto con el teniente coronel.

En Segovia, a primeras horas de la noche del dia 23 se incorporó al Gobierno

Civil el comandante de la Policía Nacional Francisco Cassillas, actualmente

director de la Academia Especial de dicho cuerpo en Aguilafuente, considerado

como un hombre de la línea dura, que participó en los graves sucesos de El

Ferrol a principios de los sesenta y que poco después ascendió de teniente a

capitán. El coronel del tercio de la Guardia Civil Buenaventura López permaneció

en contacto, pero no abandonó su cuartel. Vecinos de la avenida de José Antonio,

donde está ubicado el regimiento de artillería de campaña número 41 y la base

mixta de carros de combate, observaron movimiento de loas.

En Zamora capital, entre tanto, José Ramón Onega (hermano de Fernando, el

periodista, y primera autoridad provincial) emulaba a los profesionales de los

medios de comunicación y utilizaba como arma prioritaria la radio para

tranquilizar a los ciudadanos y darles cuenta de lo que ocurría.

Cuatro aviones con doscientos soldados a bordo

En Salamanca, Manuel Engo Morgado, recientemente nombrado gobernador militar de

esta provincia, ofrece su colaboración incondicional al titular del Gobierno

Civil. Este rechaza por innecesario el ofrecimiento de este militar, considerado

de ideología conservadora. En el cuartel de ingenieros, Regimiento de Zapadores,

un teniente coronel reúne a la oficialidad y les dice que se ponen al servicio

de la Constitución, y para ello facilita a la tropa mochila, fusil cetme y

ochenta balas a cada soldado, colocando el cuartel en situación de intervenir en

cualquier momento. En la base de Matacán, cuatro aviones de carga, con

doscientos soldados a bordo, permanecen listos para lo que ordene el Rey.

Según un parlamentario vallisoletano, las detenciones de ultraderechistas de

hace un mes en esta ciudad evitaron que se produjeran incidentes graves tras

conocerse la acción de Tejero. Tomás Rodríguez, alcalde socialista de

Valladolid, mandó cerrar las puertas del Ayuntamiento a la Poljcla

La larga noche del 23 de febrero Municipal, nada más escuchar por radio los

disparos en el Congreso, en evitación de posibles conflictos. Existe la creencia

de que la ultraderecha conocía en esta ciudad el golpe de Estado horas antes Je

que se produjera.

La gran incógnita en estas horas fue el capitán general de la Región, teniente

general Ángel Campano López. La actuación del general Gobernador militar de

Valladolid, Manuel María Mejias, antiguo profesor del Rey y hombre al que se

considera clave en la evolución de los hechos, tranquilizó a las autoridades

civiles de esta provincia. Habló varias veces con el Rey y se puso

incondicionalmente al servicio de las posibles necesidades de las autoridades

civiles. El teniente general Campano, con el que trataron de hablar esa noche

varios gobernadores civiles de esta región, sin conseguirlo, se ha negado en

días posteriores al del golpe de Tejero a hacer declaraciones a los medios

informativos.

de la Guardia Civil de Orense, que con anterioridad y durante dos meses habia

estado a las órdenes del teniente coronel Tejero. En Lugo también fue absoluta

la normalidad, y las fuerzas de seguridad estuvieron sometidas en todo momento a

una perfecta disciplina. Sólo se vivió un momento tenso en la Junta de Orense

cuando fracasó el primer intento de comunicar con la Capitanía General de la

VIII Región Militar.

En Zaragoza, la División Acorazada Brúñete —que se hallaba realizando unas

maniobras, previstas de antemano, en el campo de San Gregorio— se puso, según

unas fuentes, a disposición del capitán general de Zaragoza; otras noticias

señalan que un teniente coronel de Capitanía tuvo que rastrear durante algunas

horas antes de dar con los carros de combate. La Junta de Zaragoza, a las

órdenes del gobernador civil, Francisco Javier Minondo —39 años, sustituto de

Francisco Laína en el cargo—, amparó emisoras de radio, periódicos, emisora de

RTVE y la terminal del oleoducto Rota-Zaragoza.

.Era, más que nunca, la hora de las lealtades. Todos los despachos coinciden en

señalar al capitán general de Canarias, Jesús González del Yerro, como uno de

los primeros en mostrar su lealtad al Rey y en adherirse al orden

constitucional. Como hizo el teniente coronel jefe de la Guardia Civil Manuel

Paláu —antiguo miembro de la Casa Militar del Rey— cuando el gobernador civil.

Rebollo Amandi, le preguntó con quién estaba: «Estoy», dijo Paláu, «con el Rey y

con usted». Cuando más y más amenazadoramente arreciaban las malas noticias hubo

un ciudadano que llamó por teléfono al gobernador civil con una duda: «¿Podremos

celebrar los carnavales?». «Jamás he pensado en suspender la fiesta», respondió

Rebollo; «este pueblo ha demostrado cómo hay que comportarse en los momentos

difíciles».

Pedro Aristegui, gobernador civil de San Sebastian, recordó tiempos

dictatoriales ajenos cuando escuchó los tiros en el Congreso. Estaba en

Fuenterrabía y oyó por la radio la violenta irrupción de Tejero y los suyos. En

seguida le vino a la memoria su tiempo en Nicaragua, donde fue embajador, en uno

de sus destinos de diplomático de carrera. En diez minutos se puso en San

Sebastián y estableció contacto con los mandos policiales y con el gobernador

militar. No fue posible hasta después de las ocho de la tarde reunir a los

miembros de la Junta Provincial de Orden Público. Una ausencia notable: la del

jefe de la Policía Municipal, que no fue convocado.

Ni en los calabozos ni en la comisaria habia entonces detenidos por actividades

terroristas, «lo que facilitó las cosas»; otra cosa que facilitó la tarea del

gobernador civil fue la actitud de la Policía Nacional, tranquila y literalmente

dormida: «No pasa nada, mi comandante.

Los guardias se han metido en la cama a la hora de siempre y ni siquiera han

querido oír la radio», contestó el capitán de guardia a un superior Mientras

tanto, en Ceuta las cosas no se complicaron porque el mando militar y el mando

civil se concentran en una sola persona, el general Gerardo Marinas, que habla

dicho a unos periodistas de El Faro de Ceuta que la acción había sido obra de

unos irresponsables; la actitud de Milans del Bosch al decretar el estado de

excepción en Valencia fue disculpada: es para salvaguardar el orden, dijo el

general Marinas.

La acción de Tejero interrumpió las vacaciones de! comandante de la Guardia

Civil de Granada, Pedro Cortés Camacho. El hijo del famoso capitán Cortés,

defensor del santuario de la Virgen de la Cabeza durante la guerra civil, se

personó de inmediato en el Gobierno Civil, cuando el reloj aún no marcaba las

siete de la tarde del día

23, para ponerse a las órdenes déla Junta de Orden Público. El capitán general

de la IX Región Militar (Granada, Jaén, Málaga y Almería), Antonio Delgado

Alvarez, se encontraba en Almería despidiéndose de sus compañeros de armas por

pase a la reserva, y regresó urgentemente a Granada al tener noticias del golpe.

El gobernador militar de la provincia sustituyó al capitán general hasta su

reincorporación a la plaza.

«A los quince minutos de que se iniciaran los sucesos del Congreso, que escuché

en directo por radio, al no haber podido hablar con Madrid, y sin saber

exactamente lo que estaba pasando, llamé a los mandos de la Guardia Civil,

Policía Nacional y jefe superior de Policía», confiesa el gobernador civil de

Málaga, José Estévez Méndez. «No sé lo que está pasando en realidad», les dije.

«Pero les comunico que asumo el mando de todas las Fuerzas de Orden Público.

Pasamos al estado de alerta.

Les ordeno que dupliquen los efectivos de todos los servicios y que una vez

cumplido esto se reincorporen al Gobierno Civil».

Estévez Méndez habló numerosas veces, sin ningún problema en el diálogo, con el

gobernador militar, general Puig Riobo. En los cuarteles, incluido el del

Tercio, habla tranquilidad. Al coronel jefe de la Guardia Civil de Málaga,

Rafael Lafuente Martín, le sorprendió el golpe de paisano y limpiando su coche.

Este hombre, muy querido en Málaga por los ciudadanos y la Prensa (dio toda

serie de facilidades cuando los atentados de ETApm del verano), se puso el

uniforme y se presentó de inmediato en el Gobierno Civil.

El teniente coronel Tejero, años antes de sus intentos golpistas de la operación

Galaxia y del asalto del Congreso, fue jefe de la Comandancia de la Guardia

Civil de Málaga. Protagonizó en aquellos días un grave incidente con el

gobernador civil, Enrique Riverola,

al detener a punta de metralleta una manifestación autorizada en la calle de la

Carretería. Tejero, como consecuencia de este incidente, fue relevado de la

comandancia de esta ciudad.

En Almería, donde se suspendió la despedida del capitán general de la región de

sus compañeros de armas, fuentes socialistas han mostrado su extrañeza de que

ningún representante de la Policía Municipal fuera convocado a la Junta

Provincial de Seguridad, y han protestado, al igual que los centristas, de la

desprotección de sus sedes; aunque el gobernador civil insistió que habla

ordenado tal protección.

El primero al servicio de la Constitución

Rafael Torres, jefe de la Policía Municipal de Córdoba, lleva en la manga de su

uniforme un escudo de la División Azul, en la que participó. A la hora del

golpe, sin embargo, se puso como el primero al servicio de la Constitución. Las

autoridades civiles y militares estuvieron toda la noche en contacto y sin

problemas. La tranquilidad fue absoluta, los partidos retiraron por precaución

los ficheros de sus ,sedes, y la vigilancia se redobló. Algunos vehículos

militares repostaron gasolina en una céntrica calle de Málaga, en los Jardines

de la Victoria, pero fuentes militares aseguran que se debía al retorno de un

contingente militar de unas maniobras.

En Huelva, donde el gobernador civil, Jesús Posado Moreno, es hijo de otro

gobernador que lo fue bajo e! mando de Franco, todo transcurrió con normalidad.

José Tena, gobernador militar, expresó reiteradamente la colaboración del

Ejército con las autoridades civiles.

Un falso rumor se extendió por Cádiz a los pocos momentos del golpe: la Marina

había tomado el Ayuntamiento de San Fernando (esta ciudad es sede de la

Capitanía General del Estrecho), y fuerzas de marinería se dirigian hacia Cádiz.

El rumor, completamente falso y que pudo ser originado por la similitud en el

chaquetón de la Policía Municipal y de los infantes de Marina, llegó a provocar

especiales medidas de seguridad. Hubo también temor de que algunos

ultraderechistas se vistieran de militares y atacasen el Ayuntamiento. En la

provincia de Cádiz, numerosos ayuntamientos de izquierda redoblaron la

vigilancia de sus policías municipales, aunque en algún caso, como el de

Algeciras, su titular (un comunista), Francisco Esteban, diese orden de que no

se utilizasen las armas de fuego.

El PSOE, por su parte, estableció en La Linea de la Concepción un sistema para

pasar a Gibraltar en caso de que prosperase el golpe y se complicase la

situación.

En la provincia de Jaén, la tranquilidad fue absoluta. La totalidad de los jefes

castrenses permanecieron en aquellas horas criticas al servicio de la Junta

Provincial de Orden Público.

Pese al temor y la indignación reinantes, el buen humor no ha faltado. Algunas

agrupaciones dei Carnaval de Cádiz, que se está celebrando en estas fechas, han

incluido en su repertorio letras alusivas al fallido golpe de Estado. El

cuarteto Cuatro Parlamentarios Parlanchines y Estrafalarios realizó incluso una

parodia de la llegada al hemiciclo del teniente coronel Tejero (Telera, para

ellos), lo que provocó un fuerte aplauso del público que asistía al concurso de

agrupaciones.

Normalidad en Galicia

I:nlas cuatro provincias gallegas la normalidad fue también prácticamente total.

En todas ellas, una vcv conocidas las noticias del golpe, se formaron las juntas

de defensa en los correspondientes gobiernos civiles. En Pontevedra se ordenó el

acuartelamiento inmediato de las fuerzas por la tarde, mientras que en Vigo

recibieron instrucciones en un acuartelamiento de que estuvieran preparados

desde la mañana del lunes para una posible salida por la tarde.

La Junta de Defensa de La Coruña, pese a estar implicado en el golpe el

gobernador militar, general Torres Rojas, no tuvo problema alguno para actuar

con normalidad. En Orense se formó sin novedad la Junta de Defensa, a la que

pertenecía el teniente coronel Campos, jefe de la Comandancia

 

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