Autor: Tejero Molina, Antonio. 
 Tribuna Pública. 
 Un guardia civil     
 
 ABC.    11/04/1981.  Página: 4. Páginas: 3. Párrafos: 34. 

TRIBUNA PUBLICA

Un guardia civil

Por Antonio TEJERO MOLINA

Teniente coronel de la Guardia Civil

ABC es independíenle en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como

suyas los ideas vertidas en los artículos firmados.

En el Ejército, lo primero que se hace antes de iniciar una relación entre

varios es presentarse con el nombre, grado y destino, como pequeño adelanto de

fa personalidad del militar; y como por circunstancias harto conocidas me

encuentro en boca de muchos de mis compatriotas, quiero presentarme ante ellos

para quet de esta forma, lo más objetivamente que pueda hacerlo, sepan algo

sobre quién es Tejero y las circunstancias que te rodean.

Ante ustedes, no por voluntad propia, sino por avalares del destino, se presenta

Antonio Tejero Molina, militar español, para quien ante el sacrosanto nombre de

España iodo lo demás, excepto Dios, queda oscurecido de tal forma que apenas sí

se ve, de tai forma que por ella, por España y cuanto representa, no, sufro,

trabajo, vivo y si es necesario muero con alegría.

Que el sentirme español sea para mí el más preciado título, tiene una sencilla y

demostrable explicación: es que España es tan grande, tan hermosa... Es grande

en su historia, hermosa en sus tierras, rica en sus campos, fecunda en sus

gentes y divina en su lengua: ¡El español! Me he recreado miles de veces mirando

con avaricia sus tierras; y lo mismo me ha estallado • el alma de orgullo ante

sus altivas montañas, que ante sus verdes y sosegados ralles da Vascongadas; (o

mismo se ha perdido mi ilusionada mirada en su inmensa llanura manchega, que he

creído votar desde lo alto de los Picos de Europa; lo mismo me he tostado bajo

e! sol en sus playas de Málaga y de Maspalomas, que me he quemado con sus nieves

en Candanchú y en el «Escaparate»; me he empapado durante años con el agua de

sus cielos de Galicia, de la misma forma que me he abrasado al sol de su hermosa

«siberia» extremeña...

Y la belleza de sus las, y el fragor de sus minas, y el bullicio de sus

ciudades, y .el sosiego de sus pueblos, y el sabor de sus vinos: Jerez, Rioja,

Jumilla, Priorato, Rueda y Ribeiro...; y e! gusto de sus guisos: fabada, cocido,

escudilla, gazpacho, caldereta, pote, marmitako, sancocho... Comidas y bebidas

de una raza bravia cuyos machos han llegado a ser dioses y ejemplo de heroínas

sus hembras.

Y de su tierra a su historia, ante la que, señores, ¡hay que descubrirse! Todos

sabemos que desde los Reyes Católicos fuimos una gran nación, que no (ardo en

convertirse en grandísima. Tan grande era que en ella no se ponía el sol; y

alumbró entonces nuevas tierras y se entregó generosa a aquellas hijas de más

allá del océano, que son hoy pueblos hermosos que recuerdan a la Madre Patria

que les dio el ser, que la recuerdan en español, y que en español, y a la sombra

de la cruz, rezan sus hijos.

Desde entonces, nuestra Patria ha caminado siempre por la Historia sacudiéndose

el yugo cuando intentaron ponérselo, porque al grito de «¡La Patria está en

peligro!» ha tenido siempre prestos a sus hijos para volver a convertirla de

meretriz en soberbia matrona. Y es esa Historia la que ros grita: «¡Mirad a

España!, pero mirad sintiéndola, para que se nos grabe en el alma, para llevarla

eternamente en nuestros sentidos.» «¡Mirad a España!, pero viéndola en sus

tierras, oyéndola en sus cantares, descubriéndola en su Historia, abrazándola en

su bandera, rezando en sus templos, mirando sus cielos, trabajando sus campos,

amando a sus gentes, comiendo sus guisos, bebiendo sus caldos, sudando bajo su

sol y tiritando sobre su nieve.»

«¡Mirad a España! besando a sus hembras y pariendo a sus hijos.» Sólo así te

sentirás español. Español a quien le duele España. Y hoy nos duele porque no nos

gusta como es. Hoy nos duele porque España tiene que ser una y grande y no

muchas y rola. Nos duele porque antes era alegre y ahora está asustada, y porque

antes tenía trabajo y paz para sus gentes y ahora tiene paro y sangre en sus

tierras; porque antes era respetada y ahora es ef «hazmerreír» de los extraños;

porque antes estaba gobernada y ahora tiene a unos dirigentes que, en vez de

repartir paz, trabajo y justicia social —y también de la otra— discuten tan

ricamente desde sus cómodas poltronas el sexo de los ángeles.,., y eso, amigos,

como español, duele; (duele hasta reventar!

Pero volvamos a mi presentación. Este español dolorido nació en Málaga hace

cuarenta y ocho años, se crió en Alhaurin el Grande, «el lugar», corno le

decimos; nació de la clase media, bueno, eso creía yo hasta que protestaron

otros diciendo que mi clase no era la media, sino la baja, de acuerdo con mis

antecedentes. El caso es que nací hijo de honrados maestros y nieto de sufridos

labradores, y si tales antecedentes me sitúan en la clase baja, así lo admito y

de ello me enorgullezco, pues no debemos ser malos cuando, poco a poco, vamos

subiendo y progresando.,.

Estoy casado con una maravillosa mujer, hija de guardia civil y maestra de

profesión y vocación, honrada y española como la que más, una mujer religiosa y

prolífica que ha enriquecido nuestra unión con seis hijos que son nuestro

orgullo y nuestra fortuna, educados todos ellos a la sombra de la cruz y en el

amor a su Patria. En partes iguales se distribuye nuestra descendencia: tres

varones y tres hembras; de aquéllos, uno ya es militar, y de éstas, dos están

casadas, también con militares; un nieto y otro en camino aseguran la

prolongación de la familia. A la vista de todo ello es fácil sacar en conclusión

que soy un hombre completamente feliz.

Aunque no soy monárquico, no me importa que mis amigos lo sean porque acepto

cualquier forma de Estado, incluida la Monarquía, siempre que conduzca

certeramente a mi Patria. Amo la vida y la libertad. Me gusta el orden. Soy

católico practicante sin ser beato, y aunque no sea la mía una familia de mucho

«rezo», todos los días damos gracias a Oíos por los alimentos que permite llegar

a nuestra mesa y bendecirnos su nombre en familia al final de cada jornada.

Políticamente no estoy encuadrado en ninguna ideología. Mi única política es

España: su paz, su orden, su trabajo y su grandeza. No quiero nada que no haya

ganado . con mi sudor, y respecto a los demás, deseo que cada uno tenga lo que

se merece, y me inclino por el más débil, no en una relación paternalista, sino

en un plano de igualdad humana, de hombre a hombre.

En el trabajo y en el servicio soy duro para conmigo mismo y lo soy también para

con los demás, por ello, generalmente, no dejo pasar las faltas, las castigo,

sin rencor pero sí de acuerdo con mí sentido de la justicia; por eso ni he

guardado ni guardo rencor a quienes me han castigado si merecí el castigo. Entre

mis grandes preocupaciones está la de la justicia social, pero sin demagogia;

como cristiano sé que todos los hombres somos iguales, que lo único que cambia

es aquello que Ortega y Gasset llamaba las circunstancias; por eso no creo en la

existencia de razas privilegiadas, creo en los hombres y, sobre todo, creo en

los españoles, y por lo que a mí se refiere, creo tener una enorme capacidad

para encajar los reveses con la sonrisa en los labios, sin desfallecer nunca.

Tengo también defectos, quizá demasiados, pero de resaltar éstos ya se

encargarán otros cumplidamente...

Creo que he hablado ya lo suficiente de mis orígenes, mi vida familiar y los

pilares fundamentales de mi pensamiento como hombre y como español; quiero

concentrarme ahora en mi condición de militar. Desde siempre quise ser militar,

aunque no había precedente alguno en mi familia. Fue en 1951 cuando conseguí mis

cordones de caballero cadete de la Academia General Militar. Aún ahora, en

peligro de poder perder el uniforme, me parece mentira verme con los cordones en

la mano, en la mano porque en el corazón los he llevado siempre.

Sin vanidad alguna por mi parte, pero sí con la obligación moral de salir al

paso de quienes afirman que son militares tos que no sirven para otra cosa,

tengo que decir que fui un buen estudiante de Bachillerato, como certifican fas

abundantes matrículas de honor de aquellos años en los que se iniciaba mi

expediente académico. Ya en la Academia General fui, durante tres años, cabo

galonista por pertener a ia primera promoción de la Guardia Civil, Cuerpo

militar por entero, aunque yo siempre deseé que fuese Arma; Cuerpo militar

español por su origen y creación, benemérito porque lo ha ganado a pulso y

heroico porque lo ha demostrado a través de gestas como Santa María de la

Cabeza, el Alcázar de Toledo, Oviedo y Tocina, que si cada una por sí misma sena

suficiente, forman en su conjunto un póquer de ases que bien ganó para la

Guardia Civil el título de heroico Cuerpo militar.

Durante mi permanencia en la Academia me enseñaron todo lo que ahora pongo en

práctica y constituye el eje de mi vida, aunque mis profesores parecen haberlo

olvidado, i De desmemoriados anda el mundo lleno! Lo cierto es que de aquellos

profesores, hoy desmemoriados, aprendí el culto al valor, a la dignidad, al

honor, a la Patria, a su unidad y a su bandera, y también el culto a nuestros

muertos. Y me va a permitir el lector que haga un pequeño aparte para decir, en

voz baja, confidencialmente a quienes tales enseñanzas me dieron: Señores

desmemoriados ¡voy a tener que darles rabillos de pasas!

Tras este pequeño paréntesis, hecho gracias a la paciencia de los pacientes

factores, vuelvo a aquellos años de mi vida

la. Academia Genera!, de la que salí teniente en diciembre de 1955. Cataluña fue

mi primer destino, y allí permanecí durante tres años. Cataluña era por aquellos

años •o/no de tos últimos reductos de! bandolerismo español, con personajes como

Sabater, Facerías y «Caraquemada», entre otros. Y cumpliendo aquel primer

destino surgió la campaña del Sahara-lfní. Poco tardé en redactar mi instancia

(una instancia cuya copia conservo) solicitando mi incorporación a la Policía

Territorial del África occidental española, pero mi petición fue denegada con la

justificación de que estaba prestando servicio en zona de bandoleros de la que

no se podía distraer esfuerzo alguno.

Y de Cataluña, a Galicia. Al ascender a capitán en 1958 me incorporé a una de

las compañías del Miño, zona contrabandista de duro y sacrificado servicio.

Allí´ me salieron las primeras canas y allí gané la primera cruz. Vélez-Málaga

fue el siguiente destino, y después de Andalucía, Canarias; en 1963, con el

ascenso a comandante, llegó el destino a Las Palmas de Gran Canana. Badajoz fue

la etapa siguiente de mi vida militar; allí pasé los años más apacibles de mi

carrera, y de Badajoz he dicho siempre que es la tierra donde no nací pero en la

que sí me gustaría morir. Allí crecieron mis hijos y allí se terminó la lista de

ellos con nuestro Juaníco..., por lo menos eso creo yo.

El ascenso a teniente coronel en 1974 iba a tener una importancia decisiva en mi

vida militar. Fui destinado a Guipúzcoa y .allí me incorporé el mismo día que se

celebraba el funeral por el cabo Posadas. Aquella circunstancia debió ser como

una premonición de la honda transformación que en mí iba a producirse; fue en

aquellas tierras donde me convertí en un verdadero guardia civil, lúe allí donde

pude darme cuenta, en toda su dimensión, del temple, ta disciplina y el valor y

la gallardía de - nuestros guardias; y fue allí, ante cada uno de los féretros,

ante cada uno de los cadáveres de nuestros hombres, caídos por la insensatez de

nuestros dirigentes, donde me hice la solemne promesa de no quedar en paz con

aquellas víctimas heroicas hasta no igualar, al menos, su sacrificio.

Fue allí, en aquellas tierras, donde prediqué a mis hombres con el ejemplo, como

a mí me gusta que me prediquen, ¡mojándome el primero! Allí vestí y paseé mi

uniforme y mi tricornio con mayor orgullo que en ningún otro lugar de España.

Siempre llevé en mis salidas el coche negro de servicio con la matrícula PGC y

el letrero de «Servicio oficial». Fue allí donde más descubierto estuvo mi

pecho, sin camuflaje alguno, porque tampoco estaban camuflados mis guardias de

control; uniformado reglamentariamente visité los barrios viejos de San

Sebastián y Vitoria, cuyas dos Comandancias mandé; vestido de uniforme fui

también en ocasiones a las salas de fiestas en las que, en sus jomadas libres de

servicio, disfrutaban mis guardias con la sana alegría de la juventud. Y nunca,

¡nunca! recibí de uniforme insulto alguno.

Pude haber sido tiroteado.

No desconocía el riesgo y difícilmente podía olvidar a todos y a cada uno de

los hombres muertos. Pero el riesgo es siempre inherente a nuestra carrera.

Muchas veces he dicho a mis hijos que la vida es preciosa y que una de las cosas

que más la engrandecen es ,el saber que se la puede uno jugar por algo que

merezca la pena.

Durante mi estancia en Vascongadas

fueron cerca de veinte las víctimas que hizo ef terrorismo en el Cuerpo de la

Guardia Civil, aunque de ellos solamente el cabo Frutos estaba a mis órdenes.

Luché contra la ETA con todo mi afán, sin conceder descanso alguno a los

terroristas, para que no pudieran pensar ni reaccionar; nuestra lucha no admitía

tregua alguna, pero era, también por nuestra parte, una lucha limpia, enfrentada

a la sucia lucha de los terroristas. Así y lodo se logró detener a ciento

cuarenta etarras, todos tos cuales salieron en triunfante libertad gracias a la

amnistía.

Sí, a lo largo de mis años de destino en Vascongadas tuve que asistir a

demasiados entierros; eran mis hombres aquellos cadáveres, y es cierto, como

dijo en alguna ocasión la Prensa, que besé a mis muertos; sí, los besé, aunque

la mayoría de aquellos guardias muertos no tuvieran apariencia humana, como

consecuencia de las explosiones que habían segado sus vidas. Sí, es cierto que

los besé, y que mis labios se llenaron con su sangre de mártires; y es cierto

también que mi hijo los besó, y allí, que yo sepa, nadie sintió náuseas.

Aquello era para nombres y allí, que yo sepa, no había ninguno que no lo fuera.

También fue durante mi permanencia en Vascongadas cuando se llevó a cabo la

legalización de la bandera separatista,´esa bandera que ahora llaman las

izquierdas «banderola», y que entonces antepusieron a fa bandera de España. Aún

estaba callente la sangre del cabo Frutos cuando fue .legalizada la bandera

separatista y aquello me indignó, creo que justamente. Mis guardias y yo pasamos

la peor noche de nuestra vida. Salimos varias veces a rescatar banderas

españolas ultrajadas, en contra de las órdenes recibidas de no salir por ningún

motivo. Una de esas banderas que pudimos rescatar medio quemadas preside desde

entonces mi hogar.

Pensar que la «banderola» iba a ondear por encima de la sacrosanta bandera

española me hizo saltar contra los culpables y aquello me costó un mes de

arresto en Madrid y el cese en el mando de la Comandancia.

El siguiente destino fue la Jefatura de la Comandancia de Málaga, mi patria

chica. Y allá nos fuimos con toda la ilusión del mundo. Había allí un pabellón

precioso para mi mujer; allí estaban mis padres; allí estaban tos amigos. Se

reunían, en fin, muchas circunstancias para que en la Comandancia de Málaga

pudiera encontrarme a gusto. Pero seguían los asesinatos y las tropelías en

nuestra España. Las víctimas iban sumándose en cantidades que yo difícilmente

podía soportar, aunque no falten quienes se tragan esas cifras sin pestañear,

¡allá sus estómagos!

Un atentado terrorista se cobró tres vidas: el señor Unceta, un hombre cabal, y

dos guardias civiles. Y en aquella misma jornada me anunciaron que iba a haber

en Málaga una manifestación en apoyo de la´ mayoría de edad, en definitiva, uno

de esos «escandaleros» que organizar los marxistes y a los que acuden para

gritar «¡Amnistía!»

Aquello me pareció una provocación, un comportamiento que no podía aguantar.

Intenté por el diálogo evitar que la manifestación se celebrase, pero, aunque me

dijeron que iba a ser trasladada a otro día, comprendí que trataban de engañarme

y, ya al filo de iniciarse la manifestación, le dije al gobernador civil: «Hoy

España está de luto... Mañana seré un arrestado, pero hoy no se profana a mis

muertos.» Y así me jugué la mejor Comandancia que he visto, porque disolví la

manifestación, sin violencia, porque no fue necesaria más que la decisión y la

firmeza reflejadas en los ojos de los hombres que componían mi fuerza. Aquellos

hombres actuaban con energía y con la confianza en su mando, sabiendo que no iba

a dejarles en la estacada, y está demostrado que cuando hay autoridad y decisión

es innecesaria la violencia; solamente después de reculeos y blandenguerías es

imprescindible la violencia. En fin, mi actuación me trajo un mes de arresto y

el cese en el mando.

Marché a mi retiro extremeño, porque soy de carne, y en ésta me dolía lo que

había perdido. Allí, en mi retiro extremeño, sin esperarlo, llegó eí

nombramiento de jefe de la Agrupación de Destinos de la Dirección General del

Cuerpo. No era el mando ansiado por mí, pero era un mando. Y así llegué a la

Villa y Corte, y así empecé a respirar en tres dimensiones lo que a (as

provincias solamente llega en dos, En Madrid tuve oportunidad de leer un

proyecto de Constitución en el que faltaba Dios y sobraban «nacionalidades».

Escribí inmediatamente una carta af Rey pidiéndole que aquel proyecto no saliera

adelante y pidiéndole que no corriera más sangre... Catorce días de arresto y

nuevamente en peligro mi destino. Entonces tomé un café con tres amigos y otro

más, que, pareciendo serlo, resultó un vulgar delator; tomamos café en la

cafetería Galaxia y... diecinueve meses de prisión efectiva, siete de ellos

legal.

Me encontré nuevamente disponible y en Madrid, respirando a boca llena, durante

las veinticuatro horas del día: asesinatos, atracos, trabajadores en paro

mendigando por las calles, por las plazas y en las estaciones del Metro;

veinticuatro horas al día viendo humillados a muchos de los que hasta entonces

había considerado hombres dignísimos, viendo actos de cobardía, de indiferencia

ante iodo; veinticuatro horas al día oyendo los ladridos furiosos de los

cuarenta sectarias que emponzoñan a nuestro pueblo, oyendo los crujidos de los

cimientos de la Patria y oyendo el relato de las continuadas profanaciones de

banderas.

Disponible, viendo a lo largo de las veinticuatro horas a esas pandillas de

jóvenes degradados por la droga, a esas muchachas que sin haber consumido su

niñez han perdido ya el ansia de vivir porque ya todo lo conocen, aunque lo

hayan conocido mal, y enfermos que piden un tercer sexo, y pornografía a

raudales, degradando a la mujer y al hombre, y desprecio hacia nuestros mayores,

irreligiosidad.

Todo eso es lo que vi en esas largas horas de mi situación de disponible, y

pensé que no tenía derecho a dejar a mis hijos una Patria empobrecida y

degradada, porque de mis padres recibí esta Patria en perfecto estado. Y pienso

que si hay que liarse a tortazos, debo y quiero ser yo quien los dé y los

reciba, y no reservárselo a mis hijos, que ellos tendrán los suyos a su

tiempo...

Conocí a personas que se encontraban en circunstancias parecidas; que sufren por

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esta España que aún tiene arreglo si se "frena el separatismo, si se termina

con el terrorismo y con el terror callejero, si se pone fin a! paro mediante la

adecuada utilización de>la riqueza que en España existe. Y para ello solamente

es necesario ser honrado *y obligar a los demás a que lo sean, porque se puede

gobernar imponiéndose con autoridad.

Por todo ello, a las 18,24 horas del día 23 de febrero de 1981 entré en las

Cortes Españolas, hice público un comunicado explicando el porqué. Decía así:

«Españoles: las unidades del Ejército y de la Guardia Civil que desde ayer están

ocupando el Congreso de los Diputados a las órdenes del general Miláns del

Bosch, capitán general de Valencia, no tienen otro deseo que el bien de España y

de su pueblo. No admiten las autonomías separatistas y quieren una España

descentralizada pero no rota. No admiten la impunidad de los asesinos

terroristas contra los que es preciso aplicar todo el rigor de la Ley. No pueden

aceptar una situación en la que el prestigio de España disminuye día a día. No

admiten la inseguridad ciudadana que os impide vivir en paz. Aceptan y respetan

al Rey, al que quieren ver al frente de los destinos de la Patria, respaldado

por las Fuerzas Armadas. En suma, quieren la unidad de España, la paz, orden,

seguridad. ¡Viva España!»

Salí de las Cortes el día 24 de febrero, después de que el secretario de la

Junta de Jefes de Estado Mayor firmara, con el consentimiento de la misma, y en

presencia de mi.director general, Aramburu Topete, un documento, que conservo,

eximiendo de toda responsabilidad a soldados, guardias, cabos y suboficiales y

hoy, a pesar de ese documento, sigue habiendo guardias detenidos, y lo están

también todos los cabos y suboficiales.

Se les busca culpabilidad cuando allí todo lo que se hizo fue por orden mía, sin

tener en cuenta que no pudo ser más limpio ni más caballeroso el comportamiento

de la Fuerza con los diputados.

Yo me he declarado responsable de todo. Yo ordené los disparos. Yo ordené a todo

el mundo que se tumbara en el suelo. Yo distribuí y ordené los servicios y los

vigilé. Mi fuerza sabe que conmigo no se juega, y en mi poder está ese documento

que exime de responsabilidades a guardias, cabos y suboficiales. ¡Señores, soy

el único responsable de lo sucedido dentro de las Cortes! ¡Señores, dejen ya

tranquila a una Fuerza de la que deben sentirse orgullosos ustedes y toda

España, sea cual sea su color y su ideología! ¿No se pedía eficacia a las FOP?

¡Pues ahí tienen ustedes eficacia!... Claro que las órdenes que recibieron

fueron claras y enérgicas.

Por todo ello me encuentro hoy en prisiones militares para aceptar lo que España

disponga de mí, con el ánimo sereno / la conciencia tranquila, mucho más

tranquila de lo que puedan tenerla quienes debiendo no están aquí con nosotros.

Sea cual sea mi destino, ¡gracias España por permitir que te haya servido!

Alcalá de Henares (prisión militar), marzo de 1981.

Antonio TEJERO MOLINA

Teniente coronel de la Guardia Civil

 

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