Puntualizaciones al señor Tejero     
 
 ABC.    11/04/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Editorial

Puntualizaciones al señor Tejero

Es muy probable que a algunos de nuestros lectores les sorprenda la publicación

que en este número de hoy hacemos del artículo que hemos recibido del teniente

coronel Tejero. Y pensamos que no estarán de más algunas punluatizaciones.

La primera para señalar la infinita distancia que hay —en cuanto a visión de ta

democracia y las libertades— entre ABC y el teniente coronel Tejero. Basle una

elemental pregunta: De haber triunfado el golpe del señor Tejero, ¿habría

consentido éste a nuestro periódico el derecho a habíar en libertad y de hacerlo

contra su antidemocrático golpe? ¿Habría concedido a cuantos discrepaban de su

visión de España ese mismo derecho? No se lo negaremos nosotros a él. Porque

creemos que la grandeza y la fuerza de quienes defendemos su sistema de

libertades, basado en la primacía de la Ley, está precisamente en ese respeto

que nos conduce a no amordazar a nadie.

La segunda puntualizaron quiere subrayar a nuestros lectores cuál es el perfi!

del secuestrador de nuestro Parlamento: junto a la retórica bucólica, junto al

amor a los ríos, los montes, las mujeres, los niños, los vinos, los valles y los

quesos de España late en sus palabras esa grave desviación del patriotismo de

quienes, como los daltónicos, terminan por ver y pintar la realidad de España

tal y como la ven sus personales ojos a los que ellos mismos constituyen en

únicos e inapelables jueces de esa realidad. ¡Y se atreven incluso a imponer por

la violencia esa personal visión suya a los demás! El teniente coronel Tejero

piensa que España era más respetada en 1951 que en 1981. Y está en su. derecho a

creerlo así. Nosotros creemos que actitudes como la suya no contribuyen a ese

respeto.

El teniente coronel Tejero cree que el terrorismo es el más grave mal de nuestro

país; pero no lo creerá con mayor firmeza que nosotros. Sin embargo. Tejero

piensa que tos culpables del terrorismo sor» quienes ejercen el Poder, y esto

nos parece un juicio tan injusto como elemental y escalofriante. Y no debería

olvidar el señor Tejero que esos «cuarenta sectarios» como él les llama fueron

libre y voluntariamente elegidos por ese pueblo español que el teniente coronel

tanto estima y valora y que seguirán siendo legítimos representantes mientras

ese pueblo —y no el teniente coronel Tejero— no les retire esa confianza.

Y no será necesario señalar a nuestros lectores la parcialidad de ese escrito,

la autocomplaciente autocanonización del autor, la dulce ingenuidad que le lleva

a contarnos hoy la operación Galaxia como una charla de café. Pero sí queremos

ai menos aludir a la tan grave presentación en la que, a lo largo de todo el

escrito, se define como un «verdadero guardia civil» y la simultánea exaltación

de sus repetidas desobediencias a sus jefes legítimos, desobediencias que vienen

a negar la misma esencia de la disciplina —háganse por las razones por las que

se hagan— y de la propia dignidad de la Guardia Civil.

A pesar de tan graves discrepancias —y de muchas otras más que, al menos de

momento, omitimos—, ABC no quiere permitir que se nos acuse de coartar, nosotros

mismos, la libertad de expresión con el pretexto de que aquí, en España, se deja

opinar a todos sobre el golpe de Estado, salvo a quien lo protagonizó. Por eso

abrimos nuestras páginas al trabajo que el teniente corone! Tejero nos envía. Si

hemos de apostar por una democracia valiente, vamos a dar pruebas de ello, como

ha pedido, con entereza, el presidente del Gobierno.

Pero, junto a esta libertad, quede aquí nuestro rechazo a esa singular

interpretación del patriotismo que propone el autor del asalto al Parlamento.

Le abrimos hoy nuestras páginas. Las mismas que e) 24 de febrero se abrieron

para condenar sin paliativos la ofensa que, dirigida por él, se infligió al

nombre de España en la tarde del 23. Desde hace diez años venimos pidiendo que

el peso de la Ley caiga indefectiblemente sobre quienes, con acciones

terroristas, atacan la raíz misma de la sociedad. Ahora, tras el golpe de

Estado, hemos pedido y pedimos que todo el peso de la Ley caiga sobre los

autores del más grave atentado que ha podido hacerse a las instituciones

democráticas que, además, sólo por una afortunada coincidencia de venturosas

circunstancias, resultó incruento.

En todo caso es cierto que Tejero, en su pretendida acción salvadora, puso en

entredicho el nombre de España y comprometió el honor de las Fuerzas Armadas.

Este honor militar es una cadena que empieza en España con Gonzalo de Córdoba y

termina con el último de nuestros soldados, ef teniente coronel José Luis Prieto

Gracia, asesinado el mes pasado en Pamplona. No: el honor militar tiene en

España otros modelos que el teniente coronel Tejero.

En un pueblecito de Virginia yace hoy mismo, de cuerpo presente, un hombre

legendario, Omar Bradley, general de Estado Mayor que conoció el fuego de dos

guerras, vertió su sangre, tomó Túnez y Sicilia, desembarcó en Normandía al

mando de la Infantería americana y consumó, en ocho meses de infierno, a ío

largo de Baviera y Sajonia, la victoria final en la mayor guerra nunca vista:

algo más arduo que disolver manifestaciones en Málaga.

Pues bien, del viejo soldado, muerto anteayer, son estas palabras: «Mi patria me

ha dado estas armas y este uniforme. Me ha entregado con ello su confianza. He

tenido valor para mandar millares de soldados a ía muerte, y para saltar yo

mismo a su frente, en medio de la metralla de Messina o de Cherburgo.

No hubiera tenido nunca el valor de traicionar la confianza puesta en mi por los

ciudadanos americanos y de imponerles a la fuerza, disfrazado de salvador de la

patria, mis criterios particulares sobre los problemas de la nación.»

 

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