Sumario del 23-F. 
 Armada nunca contó con la autorización del Rey     
 
 Diario 16.    28/08/1981.  Página: 4-5. Páginas: 2. Párrafos: 32. 

SUMARIO DEL 23-F

28-agosto-81/Diario16

ARMADA NUNCA CONTÓ CON AUTORIZACIÓN DEL REY

El general de division y secretario general de la Casa Real, Sabino Fernandez

Campos declaro ante el juez que instruye el sumario del 23-F que Armada nunca

conto con la autorización del Rey ni para entrar en el congreso ni para

ofrecerse como presidente del Gobierno.

Fernandez Campos preciso que Armada temia un final sangriento de la ocupación de

las Cortes y que le dijo por telefono que otras Regiones militares podrian

adoptar la misma postura que la capitaneada por Milans.

«Le dije a Tejero: "¿Qué es lo que pretendes? Depon tu actitud inmediatamente".

Me contestó que él sólo obedecía a Milans del Bosch y me colgó el teléfono»

«Don Juan Carlos le dijo a Milans del Bosch que cualquier golpe de Estado no

podría escudarse en el

Rey. Es contra el Rey»

«Al enterarme de lo que está ocurriendo en el Congreso, me pongo inmediatamente

en comunicación con Su Majestad el Rey, que se encuentra en su despacho. Su

Majestad se encuentra vestido en traje de deporte, pues más tarde pensaba

practicar el «squash». Se iniciaron varios contactos para averiguar la situación

y se dispone el refuerzo de la guardia de palacio.

De acuerdo con Su Majestad el Rey, pedí comunicación con el general Juste, jefe

de la División Acorazada, y me puse al habla con él para preguntarle cuál era el

ambiente en su unidad. Juste me preguntó: "¿Está Alfonso Armada ahí, en La

Zarzuela?" Le contesté que no. "¿Pero le estáis esperando?", insistió. "No, ni

está ´ ni le esperamos", fue mi respuesta. "¡Ah!, eso cambia la situación", me

contestó.

El Rey, aproximadamente hacia las siete de la tarde, después de una conversación

con Gabeiras, la continuó con el general Armada en el Cuartel General del

Ejército, el cual se ofreció para trasladarse al palacio de La Zarzuela y

explicar al Rey lo que estaba ocurriendo. El Rey no aceptó esta propuesta y le

dijo al general Armada que permaneciera en su puesto, ya que al comunicarle yo a

Su Majestad la conversación con el general Juste no parecía aconsejable la

presencia del general Armada junto al Rey.

Conversación

A las ocho de la tarde establecí comunicación con el teniente coronel Tejero, a

quien le dije: "Soy el secretario general de la Casa de Su Majestad el Rey. ¿Qué

es lo que pretendes? Depon tu actitud inmediatamente". Respondió: "No recibo más

orden que la del general Milans del Bosch". Añadí: "Pero tu has invocado el

nombre del Rey, ¿por qué? ¿por qué?", repetí reiteradamente. Tejero colgó el

teléfono sin contestar. En mis contactos con el Rey acordamos no autorizar a!

general Armada para visitar La Zarzuela, que la JUJEM tomara la dirección

militar de los acontecimientos y establecer contactos con las Capitanías

Generales, zonas marítimas y regiones aéreas para conocer la situación. El Rey

habló personalmente con todos ellos, pero el contacto con la Tercera Región

resultaba difícil y se demoró.

Asimismo, se acordó que yo estableciera nueva comunicación con Francisco Lama.

A consecuencia de tales contactos, se acordó, con la conformidad del Rey, la

reunión de los secretarios de -Estado y subsecretarios en el Ministerio del

Interior.

Sobre las ocho de la tarde, el Rey habló con Milans del Bosch, que dijo que

estaba a las órdenes de Su Majestad el Rey, y que había tomado medidas de

seguridad para mantener el orden. Preguntó si Su Majestad había´hablado con el

general Armada, y le pidió que lo hiciera. Se conoció el bando del capitán

general de la Tercera Región, y que sus tropas estaban patrullando en Valencia.

Clarificada la situación en las Capitanías Generales, el Rey decidió aparecer en

la televisión para dirigirse al país. Con anterioridad, se mantuvieron contactos

telefónicos con el director general de RTVE, pero en uno de ellos se apercibió

algo anormal en la forma de expresarse de Fernando Castedo. Seguidamente, se

obtuvo la información de que el edificio estaba vigilado y ocupado por una

unidad al mando de un capitán de Caballería.

El jefe de la Casa Real, marqués de Mondéjar, se puso al habla con el jefe de

aquella unidad, coronel Valencia Remon, quien aseguró que retiraría las Fuerzas

de televisión. Hacia las nueve de la noche, el Rey habló por teléfono con

Gabeiras y seguidamente con Armada. Después de una conversación que duró varios

minutos con este último, el Rey me pasó el teléfono para que yo continuara

hablando con Armada.

Este me expuso, para trasladarlo al Rey, que la situación era grave, más grave

de lo que pudiera deducirse del estado de las cosas .en la III Región Militar.

Se refirió a otras regiones que podrían adoptar la misma postura y puso de

manifiesto la tensión en el Congreso, que podría acabar en una verdadera

masacre. Añadió que era preciso evitar la división del Ejército.

«El Rey atendió personalmente llamadas de Hussein de Jordania, Pinto Balsemao,

Constantino de

Grecia, Giscard y Eanes»

Sugirió trasladarse al Palacio del Congreso y, en nombre del Rey, establecer las

conversaciones que condujeran a la liberación del Gobierno y de los diputados.

Expuse al general Armada la dificultad de conseguirlo. El dijo que lo

intentaría, sacrificándose si era necesario, ofreciéndose para ocupar la

Presidencia del Gobierno, a fin de terminar la tensión y evitar un final

sangriento. Transmitiendo la orden del Rey, que estaba presente, le dije que

cualquier acción que realizara tenía que ser con carácter personal, bajo su

propia conciencia, y sin invocar el nombre del Rey.

Le pedí que, en todo caso, reflexionara con calma antes de tomar decisiones. Me

dio su palabra de que así lo haría.

Al preguntarle cómo se proponía entrar en el Congreso, me dijo que a través del

general Milans del Bosch conocía la consigna para que el teniente coronel Tejero

le dejara pasar.

A las doce y media de la noche se comunicó al general Juste que el mensaje de Su

Majestad saldrá en pantalla lo antes posible.-Juste urgió que se hiciera así e

informó que se le había escapado una unidad de la Policía Militar con el

comandante Pardo Zancada al frente.

Texto del telegrama

A la una y doce minutos de la madrugada se emite el mensaje de Su Majestad. Ocho

minutos después, Su Majestad transmite a Milans del Bosch las siguientes

órdenes:

1. Te hago saber con toda claridad lo siguiente: Afirmo mi rotunda decisión de

mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente y después de

este mensaje ya no puedo volverme atrás.

2. Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey. Es contra el Rey. -3.

Hoy más que nunca estoy dispuesto a cumplir al juramento a la bandera, por ello

muy conscientemente he pensado únicamente en España. Te ordeno que retires todas

las unidades que hayas movido. Te ordeno que digas a Tejero que deponga

inmediatamente su actitud.

Juro que ni abdicaré la Corona ni abandonaré España. Quien se ´sublevé está

dispuesto a provocar, y se hará responsable de ello, una guerra civil. No dudo

del amor a España de mis generales. Por España primero y por la Corona después,

te ordeno que cumplas cuanto te he dicho."

Llamadas

El Rey, atendió personalmente llamadas del rey Hussein de Jordania y del jefe

del Gobierno portugués, señor Pinto Balsemao, interesándose por la situación, y

apoyando a Su Majestad. Lo mismo hizo el rey Constantino de Grecia, desde

Londres.

También con el Rey hablaron los señores Jordi Pujol y Garaicoechea, a quienes Su

Majestad tranquilizó.

Otras conversaciones telefónicas de Su Majestad el Rey fueron las que sostuvo de

madrugada con el

presidente francés, Giscard, y con el presidente de Porgugal, Eanes.

Personalmente, sólo hable con el teniente general Milans del Bosch y con el

teniente general González del Yerro, capitán general de Canarias, al poco tiempo

de iniciarse los sucesos, sin que pueda precisar la hora. Expresó su lealtad al

Rey y su preocupación por lo sucedido en el Congreso y en la III Región Militar,

lo que consideraba un gran error.

En un momento determinado, cuando el comandante Pardo Zancada se encontraba ya

dentro del Congreso, el comandante Muñoz Grandes, ayudante de campo de Su

Majestad el Rey, propuso la idea de establecer contacto con el jefe citado para

apelar a su honor y convencerle de que abando-nará~su postura. No conozcolos

términos del mensaje que, al parecer, se pretendió transmitir a través del

coronel San Martín, con el que se puso al habla el comandante Muñoz Grandes.

Amistad personal

Conozco al general Alfonso Armada Comyn desde hace muchos años, cuando

coincidimos destinados en la secretaría militar de los ministros del Ejército,

tenientes generales Barroso, Martin Alonso y Menéndez Tolosa. Estuvimos en todo

momento perfectamente compenetrados, unidos por una íntima amistad y un

entrañable compañerismo.

Al cesar él para incorporarse a su destino militar, continuamos manteniendo la

misma amistad. Siempre aprecié mucho al general Armada, al que consideré un

militar competente, de clara inteligencia y un gran sentido común, profunda

religiosidad e indudable patriotismo. Merece para mí la consideración de un

auténtico caballero en todos los órdenes, de ejemplar vida familiar y leal a la

institución monárquica, según deduje siempre de sus manifestaciones.

Durante los días 23 y 24 de febrero de 1981, en las conversaciones telefónicas

que mantuve con el general Alfonso Armada Comyn le encontré más excitado que de

costumbre, pues siempre dio muestras de gran serenidad. Le noté impresionado por

los acontecimientos que estaban ocurriendo, de gran trascendencia para las

Fuerzas Armadas, para el Rey y para España, y sumamente preocupado por los

posibles resultados trágicos de la ocupación violenta del Palacio del Congreso.

Afirmaba que los hechos eran aún más graves de lo que parecía, y temía un final

sangriento de aquella ocupación.

Se ofrecía con absoluta decisión y entrega a realizar todas las gestiones

posibles para obtener una solución. Aunque yo no coincidiera con algunas de sus

propuestas concretas, o mejor aún, no lograra comprenderlas ni explicármelas

claramente, mostraba un espíritu de sacrificio que no me sorprendió por el hecho

en sí -pues siempre le juzgué capaz de realizar los que fueran necesarios en

favor de sus convicciones más elevadas—, sino por los procedimientos que

consideraba aplicables a la solución en unas circunstancias difíciles y

decisivas.

En una conversación con el general Armada, en modo alguno partió de mí la idea

de que se presentara en el Congreso, ni yo podía decirle lo que debía hacer,

pues como es lógico no me correspondía a mí ninguna facultad decisoria y en

todas las ocasiones actué por orden o en nombre de Su Majestad el Rey.

Cuando el general Armada lo propuso, en la parte de conferencia, telefónica que

con él mantuve —después de que Sil Majestad el Rey interrumpiera lasque con el

general estaba celebrándole transmití con toda claridad que si decidía ir al

Congreso con autorización de sus superiores militares, no se presentara allí ni

hiciera ninguna proposición en nombre del Rey, sino que en todo caso iría a

título personal y de acuerdo con su propia conciencia, si pensaba que así podía

obtener una solución favorable para la situación de quienes estaban en el

Congreso.

Me dio su palabra de que así lo haría, jugándose todo lo que fuera necesario.

Por mi parte, transmití a Su Majestad el Rey, que estaba presente, esta promesa

del general Alfonso Armada Comyn, que tengo entendido cumplió.»

 

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