Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Los papeles de la División Acorazada     
 
 Diario 16.    20/04/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

PEDRO J. RAMÍREZ

Los papeles de la División Acorazada

Nadie se explica —se llega a afirmar— cómo se ha consentido que la "Hoja del

Lunes", de Madrid, le

llame Jimmy Milans del Bosch

DESDE los sucesos del 23 de febrero venimos asistiendo a toda una escalada de

declaraciones —apaciguadoras las más, inquietantes las menos— sobre los

sentimientos y actitudes de nuestras Fuerzas Armadas. Todas ellas tienen como

denominador común su explicable voluntarismo: o bien •están hechas desde fuera

de la" milicia o bien corresponden a autoridades castrenses condicionadas por su

vinculación a los altos niveles de la cadena de mando. Hasta ahora el español de

a pie no ha tenido acceso directo, sin intermediarios, al corazón y al alma de

sus soldados. De ahí la extraordinaria importancia de los documentos que el

lector de este periódico encontrará en las páginas siguientes. Se trata de

algunos de los informes remitidos por los jefes de las distintas unidades al

mando de la División Acorazada Brúñete —antes, y después del intento de golpe—

sobre el «estado de opinión» de sus hombres ante los principales acontecimientos

del país.

Estos informes tienen, ante todo, la virtud de.la espontaneidad. Sería

presuntuoso argüir que su lectura proporciona una visión detallada de lo que

piensa el Ejército español, pero no cabe duda que ilustra bastante sobre lo que

piensa el sector dominante dentro de la más importante unidad de «lite del

Ejército español. El hecho de que la Brúñete quedara parcialmente implicada,

como consecuencia de maniobras ajenas a ella, en la primera parte del

«tejerazo», subraya el interés de lo que sus jefes y oficiales argumentan sobre

lo ocurrido.

Antes de sumergirme ya en el análisis de esta expresiva documentación, quiero

hacer constar que su publicidad no pretende desencadenar ningún tipo de proceso

crítico, ni contra las FAS ni contra la División Acorazada, sino acortar las

distancias de desconocimiento e incomprensión que median entre el pueblo y el

Ejército, a través de una, información no mediatizada o por las conveniencias

del poder político.

Es probable que algunos de los análisis que revela esta colección de informes

parezcan completamente ajenos a la sensibilidad civil de una España

mayoritariamente menor de treinta y cinco años y dotada de una Constitución

democrática. Complementariamente debe tenerse muy en cuenta hasta qué punto

irritan dentro de las Fuerzas Armadas —según estos mismos «papeles» demuestran—

determinados comportamientos de algunas instituciones y estamentos del Estado.

La «disciplina», valor absoluto

La primera conclusión que un atento lector puede extraer de estos informes es

que la virtud castrense de la «disciplina» continúa siendo un valor absoluto

para los hombres de la DAC. Las consignas del mando fueron obedecidas «tanto

cuando se dio la orden de prepararse para salir, como cuando se dio la orden

contraria». Según indica Uno de los jefes de unidad, «es de hacer constar que

nunca ningún escalón del mando solicitó explicaciones" sobre la finalidad última

que fuera del terreno puramente militar pudieran tener tales órdenes».

Aunque la falacia de que Don Juan Carlos apoyaba a los insurrectos sin duda

determinó muchas actitudes, de lo anterior parece deducirse que el escrúpulo de

sus subordinados a la hora de hacer acatar órdenes contrarias´a la Constitución

no hubiera supuesto un problema de excesiva envergadura para los golpistas.

Las continuas referencias a la figura del Rey indican, por otra parte, la

altísima dependencia unipersonal de la estabili-dad-del sistema.

La mayoría de las críticas al fallido golpe militar insertas en estos «estados

de opinión» son más accidentales que sustantivas. Así, en un caso se afirma, que

«el golpe no era necesario, ni acertado, ni oportuno, por lo que estaba

condenado al fracaso». En otro informe «se estima que el momento elegido era

completamente inoportuno \ no se encuentra una razón que justificase el intento,

se afirma que estaba deficientemente preparado v que se confió demasiado en la

improvisación».

Un tercer documentó va más allá e indica: «Aunque la gran mayoria disiente del

procedimiento empleado v de los medios utilizados, que se consideran fuera de

lugar en el contexto actual v como un acto totalmente irreflexivo, se considera

que tal vez havan actuado así pensando que era va la única forma que tenían de

lograr que se escuchasen los sentimientos v opiniones que incontables veces se

han manifestado a la superioridad.»

Desde esta óptica se comprende que una de las constantes de la mayoría de los

informes sea el enfoque exculpatorio del comportamiento de los encartados en la

rebelión del 23-F. «Preocupa ahora las consecuencias que pueda tener la condena

que se imponga a los generales implicados, que gozan sin duda de gran prestigio

en todo el Ejército, quien los considera como . verdaderos patriotas v hombres

de honor.»

En otro documento se habla de «extrañeza, incluso incredulidad, sobre la

absoluta falta de respaldo con que se presenta la actuación de unos generales,

jefes v oficiales de gran prestigio v ligados casi todos ellos a la DAC por

la/os orgánicos o sentimentales».

La «prensa marxista e izquierdista»

Para muchos de sus compañeros, Tejero, Milans y compañía —ya se ha hecho constar

en otras ocasiones la pobre opinión que a mí me merecen— perseguían un noble

objetivo con medios inadecuados: «Se descarta totalmente cualquier suposición de

que la acción fuese encaminada contra S. M. el Rcv ni contra las instituciones;

antes, por el contrario, se piensa que actuaron impulsados única v

exclusivamente por su gran patriotismo v lealtad a la Monarquía.»

De todo ello parece intuirse la existencia de un clima propicio a que el

desenlace del consejo de guerra se parezca al de los celebrados contra Atares y

contra los promotores de la «Operación Galaxia». Nada tiene de extraño esta

actitud si se tiene en cuenta el juicio emitido con ocasión de este último

proceso. «Ha levantado el ánimo v la moral —aseguraba uno de los partes internos

de la DAC en mayo del año pasado— el comprobar que pese a la politización v las

presiones de la prensa marxista e izquierdista, el tribunal-que vio la causa

contra el teniente coronel Tejero y el capitán Ynestrillas se pronunció con

justicia v serenidad.»

Pese a mi propósito de presentar esta documentación de la manera más aséptica y

desapasionada posible, no puedo por menos que estremecerme ante alusiones como

ésta dirigidas a la prensa. De todos es bien sabido que el único órgano

«marxista» de circulación regular es el archiminoritario «Mundo Obrero» y que

ningún periódico de Madrid se autodefine como «izquierdista».

Los informes de la DAC desvelan una tremenda e inquietante hipersensibilidad

militar hacia los medios de comunicación, precisamente en un momento en que

éstos no cesan de recibir elogios de tes restantes instituciones del Estado.

«Comentario muv largo merecería la actitud sectaria y revanchista de la prensa»,

se llega a afirmar. «Todo son acusaciones generalizadas v no hav ninguna

defensa. Es general el asombro producido por la falta de reacción oficial contra

lo que parecen ser verdaderas ofensas a las FAS. Nadie se explica, por ejemplo,

como se ha consentido que la «Hoja del Lunes», de Madrid, del día 2 de mar/o, al

referirse al cesado capitán general de Valencia le llame Jimmv Milans del Bosch»

.Del tono y contenido de los informes parece deducirse que una de las razones de

esta desmedida suspicacia es el desconocimiento. En uno de los documentos se

habla del .procesamiento de «Miguel Ángel Cebrián», sintetizando así las causas

seguidas en su día por la jurisdicción ordinaria contra el director de «El País»

(Juan Luis Cebrián), y por la jurisdicción militar contra mi antecesor en DIARIO

16 (Miguel Ángel Aguilar). En otro informe se confunde a este periódico con la

revista «Cambio 16». Nada sería tan provechoso para la consolidación de la

democracia´como un contacto más estrecho y directo, a corazón abierto, entre los

medios de información y las Fuerzas Armadas.

Tal vez eso nos permitiera comprender a los periodistas el fundamento de ciertos

tabúes que impiden aplicar a la órbita militar los mismos esquemas racionalistas

con que evaluamos la vida civil. Un ejemplo muy claro es la crispación,

aparentemente desproporcionada con la envergadura real del asunto, que produce

la hipótesis de la vuelta al Ejército de los hombres de la UMD. Cuando la

primera noticia militar posterior al golpe fue precisamente la decisión del

Gobierno de retirar su apoyo a la" proposición de ley que les beneficiaba, no

puede por menos que causar estupor la lectura de uno de los párrafos sobre

«estado de opinión» a finales de febrero: «Se teme que las circunstancias sean

aprovechadas para forzar la vuelta al Ejército de los miembros de la UMD); las

noticias aparecidas en los periódicos de hoy confirman estos temores. La

interrogante general es hasta dónde se piensa apretar e incluso vejar al

Ejército v hasta dónde éste está dispuesto a soportar.»

«La ineptitud de los políticos»

De momento, el único triste consuelo que los periodistas podemos encontrar ante

la mala opinión que muchos militares tienen de nosotros, es que todavía valoran

más duramente a la clase política. «Cada día que pasa se afianza el

convencimiento de que sólo consignas antiespañolas son las que reciben los

partidos desde el extranjero... Tan sólo han puesto de manifiesto su deseo de

propiciar la ruptura de la unidad de la patria, aunque empleen palabras e ideas

confusas para pretender ocultar esta certeza... No existe el menor vestigio de

autoridad, en las Vascongadas se vive un estado de guerra que el Gobierno tiene

miedo a reconocer, la unidad de la patria está a punto de romperse, la única

solución posible es ya la militar, el Ejército tendrá que solucionar lo que ha

provocado la ineptitud de los políticos...»

Con juicios de valor cómo éstos, incluidos en los informes de los meses

anteriores al 23-F, no es de extrañar que uno dé los análisis posteriores

desemboque en esta explicación del golpe: «Se piensa que los motivos que han

producido esta acción son innumerables v estén en la mente de todos, pudiéndose

resumir fundamentalmente en la pasividad de las autoridades ante hechos como las

permanentes acciones terroristas, asesinatos v secuestros, los sucesos

vergonzosos ocurridos en la visita de SS. MM. a Vascongadas, las manifestaciones

en las que se dan gritos de independencia v vivas a la ETA, las acusaciones

gratuitas contra las Fuerzas de Seguridad, los ultrajes a la bandera, etcétera.»

´Estos papeles de la División Acorazada revelan en general una actitud

hipercrítica del estamento militar hacia todos los elementos que cimentan la

actual situación. En algunas ocasiones, tal enfoque se vuelve tan indiscriminado

como para impulsar al jefe de una unidad a incluir esta apostilla en su informe

de abril de 1980: «Sólo merece la pena citar la reacción en torno a la fracasada

operación para liberar a los rehenes norteamericanos er. Irán: en general los

comentarios han sido irónicos sobre lo que cabe esperar de nuestros aliados.»

Estoy seguro que la lectura de estos documentos provocará una sensación bastante

poco confortable en muchos ciudadanos. No es, desde luego,´una visión amable la

que se desprende de sus párrafos, pero es bastante más auténtica que la filtrada

por los canales de relaciones públicas oficiales. Conociendo la verdad de lo que

piensa gran parte de nuestro Ejército, estaremos sentando las primeras bases

para afrontar él gran reto —hasta ahora inasumido— que supone la integración

efectiva de los afanes del pueblo y los anhelos de la milicia.

 

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