Autor: Urbano, Pilar. 
   La fórmula hábil de Armada     
 
 ABC.    16/08/1981.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 30. 

DOMINGO 16-8-81

NACIONAL

ABC/7

Hilo directo

La «fórmula hábil» de Armada

A Armada se le facilita, telefónicamente, en el despacho de Gabeiras, y desde

Valencia, la contraseña «Duque de Ahumada» que le permitirá acceder al Congreso.

Algunos generales proponen acompañarle.

Se desestima, por considerar que «una presencia en grupo de altos jefes puede

provocar una reacción hostil»... y desvirtuar el carácter acordado de «misión a

título personal». Esquivias expone la conveniencia de «medir bien las palabras y

delimitar los alcances de la proposición que ha de hacer Armada». Armada redacta

allí, ante los generales, y sin objeción de ninguno, un guión cuyos tres puntos

principales eran:

1.° «Necesidad de evitar una lucha fratricida.2.° La fórmula constitucional

(para Armada será, en sus propios labios, "la fórmula hábil", y así se la

propondrá a Tejero después) habrá de contar con la aprobación de los diputados.

3.°EI general Armada hace la gestión a titulo personal.»

Los tres puntos Iban acompañados de expresiones justificativas, apelaciones al

patriotismo, a la idea monárquica y al común destino histórico de los españoles.

UN PRESIDENTE MILITAR

Para Armada, desaconsejada por Aramburu una acción de fuerza, de contraasalto

violento al Congreso, y «no habiéndose declarado, afortunadamente, el estado´ de

guerra que, en su momento, propuso el teniente general Gabeiras, sólo cabe «la

fórmula hábil» .de proponer a los diputados una nueva «normalidad»

constitucional, con un candidato militar para presidir el Gobierno. En su

conversación con Tejero hará

hincapié sobre el carácter militar del «presidenciable», ´«pues era obvio que

las fuerzas militares sublevadas a esas horas no depondrían su actitud como no

fuese bajo la seguridad de que el nuevo presidente del Gobierno había de ser un

militar».

Del «documento-Armada» extraigo ahora literalmente las consideraciones que

Armada afirma haber expuesto personalmente a Gabeiras, antes de ir al Congreso:

«Que la propuesta al teniente coronel Tejero debe basarse en la "habilidad" y en

la necesidad imperiosa y en el propósito ineludible de mantener el ordenamiento

constitucional.»

«Que para lograr este mantenimiento, o sea, una solución enmarcada en la

Constitución, habrá de preverse una consulta a los diputados retenidos en el

Congreso.»

«Que esa consulta debe ser efectuada dejando a los mismos en libertad, o sea,

que no han de actuar coaccionados por ningún tipo de presión.»

«Que una negociación de esta naturaleza necesariamente habrá de ser hecha sin

mezclar o involucrar en ella al Jefe del Estado, precisamente para que tampoco,

con el. motivo de reconducir una situación de constitucionalismo vulnerado a

otra de normalidad constitucional, haya de salir el Jefe del Estado de sus

funciones estrictamente constitucionales.»

«Que en todo caso habrán de ofrecerse seguridades personales al teniente coronel

Tejero y a quienes están con él, llegándose incluso a poner a su disposición un

avión para que abandone el país si lo desea.»

ARMADA, ¿ABUSO DE CONFIANZA?

Y éste es, con eminencia de valor sobre otros muchos, el punto que debe

clarificarse

sin sombras de dudas y sin márgenes para juicios de "intenciones: ¿Hubo, por

parte de Armada, una impostura ante sus superiores y compañeros al trucar la

encomienda que se puso en sus manos?

¿Realmente se le autorizó, o se le concedió un amplio margen de «carta blanca»,

que llegase hasta la propuesta de una «reconducción constitucional»; que, dicho

en otras palabras, es el «golpe blando» al estilo «18 Brumario» francés: ¿un

Gobierno de presidencia militar aceptado por el Parlamento? ¿Quedó rotunda y

expresamente desautorizado para ello, incurriendo «a título personal» en un

claro «abuso de confianza»?

Porque o bien la «fórmula hábil» de Armada era una «impostura de conciencia»,

por su cuenta y riesgo, o bien Armada interpretó amplísimamente los alcances de

su competencia negociadora, llegando al «golpe de Gobierno», ya que no.de

Estado..., concentrando en su persona todas las credenciales incógnitas de «la

bandeja está grabada», «está aquí el elefante», «Migúelete», «Lunes», «Duque de

Ahumada» y «la autoridad militar que ha de llegar»...; o bien Armada «se limitó

a obedecer», «con todos los permisos». Y este es el nudo gordiano del

dificilísimo «enigma Armada» sobre el que reflexiono.

¿ESE «MILITAR» VAS A SER TU?

Su intención estaba patente. Cuando desde Prim, 8, llega al hotel Palace y habla

con Aramburu, Sáenz de Santamaría y Mariano Nicolás, gobernador civil de Madrid

les dice sin rodeos que «esta situación hay que resolverla... Hay un avión en

Getafe dispuesto por si Tejero acepta una salida... a donde sea..., Argentina,

Chile...». Y poco después, enfatizando el tono de voz, con gravedad: «Quiero que

quede muy claro que el Rey no sabe nada, ni tiene nada que ver con este tema...

Yo vengo a tratar de encontrar una solución, pero bajo mi exclusiva

responsabilidad. Si fracaso, la culpa será mía...» Ante las miradas expectantes

de .sus interlocutores, Armada anuncia: «Voy a dirigirme a los diputados y a

ofrecerles una solución...» Entonces se produce este diálogo rápido entre

Alfonso Armada y Mariano Nicolás:

MN: ¿Una solución... que... será militar?

AA: Naturalmente...

MN: Eso significa que... ¿va a «mandar» un militar?

AA: Pues sí...

MN: Perdona que te pregunte así, en directo, pero todo esto es muy nuevo... ¿Ese

militar vas a ser tú?

AA: Sí. Si me eligen.

MN: Bueno... Aquí hemos hablado de España, del Rey, de la situación comprometida

en que estamos, pero se te olvida «una cosa» llamada Constitución... Además,

¿con qué apoyos militares cuentas, Alfonso?

AA: Hay algunas Capitanías Generales que seguirían: la II, la IV, la V, la

VII... y la III.

MN: ¿Y Canarias?

AA (sorprendido): ¿Canarias? ¿Quién hay en Canarias?

MN (aún más sorprendido del «lapsus» de Armada): ¡Hombre, allí está González del

Yerro...!

AA: ¡Ah, sí! No, nada, nada... Canarias, no.

Diálogo tremendamente revelador que Ni-

colás transmite sin demoras al jefe de Gobierno en funciones, Laína, mientras

Armada está en el Congreso hablando con Tejero.

POR QUE TEJERO Y ARMADA NO SE ENTENDIERON

Durante una hora, y en un despacho del anexo nuevo del Congreso de los

Diputados, hablan Tejero y Armada. Mientras, en las pantallas de todos tos

televisores españoles, la imagen y el mensaje firmemente tranquilizador del Rey,

sólido acantilado contra el que se estrella el golpe.

La conversación Armada-Tejero es difícil y escarpada. «Por supuesto, discutimos

y nos enfadamos», diría Armada. .Son distintos talantes, distintas culturas,

distintos móviles. Armada siente —y así consta en su documento— que Tejero no ve

en él «un jefe, ni siquiera a un elemento afín a la conspiración, sino a un

enviado de quienes estaban "enfrente", o sea, leales a la Constitución y al

Rey». Dicho de otro modo: para Tejero el general Armada está en el bando opuesto

y desde ese punto de vista quizá incluso le considera un traidor.» Tejero no

acepta la fórmula de Armada, responde que «eso lo dejaría todo igual». Tejero

quiere .«un decreto-ley firmado por el Rey disolviendo las Cortes», «que sean

colocados fuera de la Ley algunos partidos», «que se haga cargo del Poder una

Junta Militar y que el rumbo político tome otros clarísimos derroteros». Propone

que «Armada presida el Gobierno, y Miláns la JUJEM».

Armada contrapone: «libertad para que los diputados puedan aceptar una propuesta

"constitucional" prevista en el artículo 99 de la Constitución, sin la presión

de las metralletas, comprometiéndose —los diputados— a aceptar una política de

Unión Nacional, que erradique el terrorismo y organice un plan económico

coherente y decidido, siempre acatando la Constitución y la democracia...»

Niega Armada haber, mostrado a Tejero lista alguna de posible Gobierno: «Y

cualquier lista de Gobierno que circule por ahí como mía es pura fantasía, pura

falacia... Ni mostré a Tejero ninguna lista, ni habló de ella, ni la hice

jamás.»

...Y EL GOLPE SOTERRADO

Es obvio que el «golpe» no se produjo porque en un determinado momento «Torres

Rojas, desde la DAC Brúñete, al saber que Armada no estaba en La Zarzuela, pensó

que o no podían contar con él, o se habían equivocado de hombre, o les había

traicionado». Y porque, en otro determinado momento, «Tejero vio en Armada a un

enviado de los del bando contrario: un traidor», cuya fórmula hábil «lo dejaba

todo igual».

Es obvio también que Armada no sólo no quiso, sino que impidió el movimiento de

tropas de la División Acorazada. Y que para él el primer obstáculo que había que

vencer era «la coacción de Tejero, en el Congreso, sobre los diputados». El

«golpe» que Armada se proponía dar —¡para «reconducir» el golpe dado por Tejero

y Miláns!— era de guante blanco, sin violencia: ni física, ni legal..., ni

política.

Sólo Dios sabe en qué momento Armada decidió entrar en el escenario del golpe

como protagonista. Pero es el caso innegable que a cierta hora de la noche,

bisagra entre el 23-F y el 24-F, entró.

Su pretendida «Unión Nacional», presidida por un militar «elegido» por unos

diputados «en libertad», ¿qué era sino una «Investidura» parlamentaria...- a lo

«operación De Gaulle»? Aquella que cacareábamos periodistas y políticos, desde

diciembre del 80, y sobre la que Armada, pese a tantos

por Pilar URBANO contactos con diputados y hombres de las finanzas, declaró

«estar al margen, sin promoverla ni estimularla».

En el documento-Armada se niega casi todo: el complot con Miláns; el acuerdo con

Torres Rojas; los «correos»´ con Ibáñez; las consignas a Cortina; las

instrucciones a Tejero; los mandos ´-bicéfalos»; las reuniones de conspiración

nocturna... Y se formulan, como en soliloquio íntimo, ciertas interesantes

preguntas. Por ejemplo, ¿quién dio la orden de movilización de la División

Acorazada Brúñete?». O «¿conocía alguno de los 350 diputados el significado de

las palabras "ya está aquí el elefante"? Porque si ninguno lo conocía, ¿de qué

podía servir esa contraseña que avisaba de la llegada de la autoridad militar

que había de hacerse cargo de la situación?»

Y es que, estimado lector, cuando hayamos digerido los trece mil folios del

sumario que, gota a gota, irán saliendo a retazos; cuando hayamos asimilado los

quintales de tinta que sobre el 23-F llevamos destilados en libros, reportajes,

artículos...; incluso cuando hayamos leído día tras día las interminables

sesiones del Consejo de Guerra, ... sólo entonces empezaremos a caer en la

cuenta de «la trama» del acertijo: El 23-F no fracasó un. «golpe de Estado». El

23-F fracasaron, chocando entre sí mismos, tres intentos de «golpe de Estado».

Uno tenía cuerpo..., pero no cabeza. Otro, tenía «cabeza»..., pero no cuerpo.

El,tercero, tenía cuerpo, «cabeza» y extremidades..., pero no ´se dejó ver en la

superficie.

Algún día, desde una isla, una periodista enamorada de las gaviotas se pondrá a

escribir un libro «secuestrable» titulado «El golpe número tres: el soterrado».

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