Autor: Neil, Rodolfo . 
   El pueblo en la calle corona a su rey     
 
 Diario 16.    06/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

EL GOLPE DEL 23-F, PASO A PASO (y V)

El intento frustrado de rebelión militar necesitaba una respuesta popular.

Algunos políticos tenían miedo de que fuese un fracaso y con su miedo

manifestaban también su poca confianza en el pueblo a que representan. Pero los

ciudadanos respondieron totalmente y en las calles de Madrid, un millón y medio

de personas volvieron, una vez más, a coronar a Don Juan Carlos como Rey de

todos los españoles. Más tarde llegarían los pactos, los proyectos para el

futuro y los intentos de consolidar una democracia —tutelada o no— que el Rey

había salvado antes.

Rodolfo NEIL

TEJERO se ha rendido. Los periodistas que, después de muchas horas de tensión y

de falta de sueño, hacían guardia en el Palace, todavía no comprenden

muchas de las cosas sucedidas en aquella noche.

Sin embargo, no ha llegado la hora de la reflexión.

Los diputados salen y se producen las primeras declaraciones. Pero también salen

por las ventanas los guardias que acompañaron a Tejero durante las dieciocho

horas de secuestro. Las imágenes de la televisión dejarán honda huella en los

espectadores españoles. Por un lado, la brutal entrada de los guardias de Tejero

en el hemiciclo y la actitud gallarda del teniente general Gutiérrez Mellado, un

anciano al que la fuerza bruta no pudo doblegar. Por otro, la salida de los

guardias, a quienes ni siquiera se les quitaba el arma.

Pasaron muchas cosas en aquella noche. Entradas y salidas en el hemiciclo que no

se explican. Un periodista reconoce a uno de los guardias civiles que disparó en

el hemiciclo. Eran las cinco y media de la madrugada y se encontraba junto a la

puerta del hotel. Al ver las miradas de algunos periodistas, desaparece.

La cartilla

Pero lo principal es que el mal sueño ha terminado. ¿Ha terminado? Cuando el Rey

Don Juan Carlos recibe a los líderes parlamentarios en La Zarzuela, les lee un

papel. Les lee, en realidad, la cartilla. El Monarca ha salvado la situación,

pero deja bien claro que la Corona no puede estar bajando siempre a la arena

poli-tica. Y les recuerda que el golpe lo han urdido unos pocos y que la

institución militar debe quedar a salvo.

Se plantea la respuesta popular. Es preciso responder a los golpistas con la

mayor manifestación democrática de la Historia. A Fraga y a Suárez no les

convence. Es arriesgado. Carrillo permanece en principio en silencio. Ha

mantenido una posición digna durante el secuestro, pero su dignidad no le

impidió ver de cerca otra vez la cloaca donde los fusiles pueden hacer volver a

los comunistas. Felipe logra el consenso. Y se convoca la manifestación.

Los ultras han lanzado su campaña para ensalzar la «valentía» de Tejero e

implicar a la figura del Monarca. Corren los más diversos rumores. Un pretendido

avión habría despegado de Barajas antes del golpe. Su ficha habría sido

destruida. Los bulos, perfectamente dirigidos, no logran engañar al pueblo, que

en la manifestación más impresionante de la historia de España corona a Don Juan

Carlos, en quien la sensibilidad popular adivina como el más sólido defensor de

su libertad.

Democracia, sí; dictadura, no. Es la frase que une a los seguidores de los

Fraga, Sahagún, Felipe y Carrillo. Los dos primeros no están acostumbrados a

este tipo de manifestaciones y la pancarta casi se rompe. La presión del gentío

es impresionante. Algunos locutores de radio lloran durante la retransmisión.

Sin coartada

Los ultras no tienen coartada. No es la izquierda contra las Fuerzas

Armadas. En todo, el pueblo español contra los golpistas. Alguien se pregunta

qué pensarán los eternos «salvadores» de su España al ver estas imágenes y

compararlas con los tres mil ultraderechistas que Siguen a Blas Pinar.

Si había alguna duda sobre lo que desea el pueblo español, ha quedado diluida

por los millones de ciudadanos que salieron a la calle. Y entre ellos muchos

militares que gritaban por la Constitución. Hubiesen sido más, pero en algunos

cuarteles hay orden de que se retrase la salida hasta las nueve de la noche.

En círculos internacionales ya no se duda. En Washington tampoco. El «domestic

affair» al que se refirió el general Haig, secretario de Estado americano,

cuando fue materialmente asaltado en un pasillo por un periodista, ha quedado

claro.

Embajada U.S.A.

La Embajada americana, desde el primer momento, conectó su línea directa con el

«Spanish desk», el encargado de. asuntos españoles de la Administración Reagan.

Se ha organizado ´ un centro de operaciones para transmitir la información.

Algunos funcionarios de la Embajada salen a la calle, conectan con amigos

periodistas e informan. El retraso de la llamada de Reagan al Rey ha sido

Justificado por fuentes de la Embajada por la diferencia de horario. Los

servicios de información U.S.A., según estas fuentes, no sabían nada. Algunos

periodistas no saben si eso representa un motivo de tranquilidad o todo lo

contrario. El apoyo oficial U.S.A.

a la joven democracia española quiere ser inequívoco.

Y ahora, ¿qué?

El Rey ha salvado la situación. Es la hora de los políticos. Leopoldo Calvo-

Sotelo sería investido. De momento rechaza el ofrecimiento de Felipe González de

un Gobierno de coalición. La derecha se agrupa y sale investido por mayoría

absoluta.

Se habla de pactos bajo la mesa con círculos castrenses. La izquierda recuerda

una vieja expresión: democracia tutelada. Pero tutelada o no, lo que sí parece

claro es que lo primero es salvar la democracia. Pero, ¿a qué precio?

Suárez sale para Estados Unidos. Dice que va a descansar y se le critica la

«huida». ¿Lleva una misión específica? ¿Trata de explicar el proceso autonómico

y pedir ayuda concreta contra el terrorismo de ETA? En América se niega a ver a

Haig y rechaza haber recibido ningún tipo de presión.

En medios políticos se sigue hablando del golpe, pero se van configurando dos

salidas. Un Gobierno monocolor —el primer Gobierno Calvo-Sotelo es recibido casi

como provisional— que desarrolle una política absolutamente atlantista o un

Gobierno de coalición que «aparque» los temas conflictivos y dedique sus

esfuerzos a construir un Estado sólido.

Y en todos los horizontes se mezcla el ruido ensordecedor de los carros de

combate con el rostro siniestro de los encapuchados de ETA. Son las dos

espoletas que pueden volar el nuevo intento de convivencia pacífica entre los

españoles.

La clase política se encuentra ante uno de los retos más importantes de la

historia española, con un pueblo detrás que exige ´que acaben los crímenes de un

lado y que no vuelva a llegarse a la,situación del 23-F, en la que alguien

preguntó a un guardia de qué parte estaba y éste respondió: «Pregúntele a mi

sargento».

Los implicados son procesados. Son pocos, pero la ultraderecha continúa su

campaña en la que pretende dividir al Ejército y tras la implicación falaz del

Rey que el pueblo no se traga lanza la posibilidad de que muchos jefes y

oficiales responderán con un «Fuenteovejuna, todos a una». La realidad una vez

más los desmiente. Y la lenta maquinaria de la justicia comienza su implacable

marcha.

El pueblo en la calle corona a su Rey

Don Juan Carlos advirtió a la clase política de lo delicado de la situación.

Los ultras desencadenaron una infame campaña contra el Rey que no engañó al

pueblo

Muchos militares no fueron a la manifestación porque no les dejaron

 

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