Autor: Pujadas Domingo, Josep. 
   Nuestro Ejército, nuestra Policía, nuestra democracia     
 
 Diario 16.    28/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JOSEP PUJADAS DOMINGO

Diputado de Centristas de Cataluña-UCD

Nuestro Ejército, nuestra Policía, nuestra democracia

Pujadas cuenta en este artículo, más que su trágica experiencia en la larga

noche en que estuvo prisionero de los rebeldes golpistas, su trágica

coincidencia del hecho que se había llevado al Congreso material para preparar

una conferencia, precisamente sobre el tema que da lugar al título de este

artículo.

¡Qué ironías tiene la vida! Este es el título, fijado desde hace varias semanas,

del tema que desarrollaré en un club madrileño el próximo mes. Para documentarme

habla pedido una serie de publicaciones al Estado Mayor del Ejército y a,la

Secretaría de Información de UCD. Como no había terminado su estudio, las

diecisiete horas de encierrosecuestro en el Congreso de los Diputados me han

dado la oportunidad y la calma (!) necesaria para hacerlo.

i Y más ironías! Como el título indica y la documentación recibida contiene, su

objeto no es otro que probar que la Policía, el Ejército son nuestros, de todos,

pero esto sí, sólo en la democracia. Estas ideas aparecían nítidas durante el

intento de golpe de Estado, vía el secuestro del Gobierno y de los diputados,

realizado por algunos mandos, soldados y números del Ejército y de la Guardia

Civil. Muestra mínima y no representativa, cierto.

Pero esto lo hemos sabido ahora, una vez acabado. Cuando empezó, y, sobre todo,

cuando el teniente coronel Tejero nos informó falsamente de que la II, III, IV y

V Regiones Militares se habían sumado al movimiento, muchos pensamos que

habíamos llegado al fin de nuestro proyecto de convivencia.

Tumbados en los escaños

Estando tumbados en los escaños, se me hizo evidente que si el golpe ganaba, el

tema escogido para la conferencia era totalmente irrealizable. Así es que

susurré —las palabras más repetidas por los golpistas fueron «silencio, por

favor»— a mi vecino el diputado Mesa Parra, que quedaba cordialmente desinvitado

a la misma. Curiosamente, sólo un par de horas después y unas trece antes de

salir me dijo: «Debes seguir preparándotela, pues ya verás que se podrá

celebrar.»

i Y todavía más ironías, si cabe! Mientras se nos prohibía escribir —un libro

con notas recién manuscritas le fue retirado a un compañero—; mientras parecía

que la primera Constitución de todos les españoles iba a hacer aguas, coma todas

sus predecesores, que no fueron nunca de todos; mientras no sabíamos si aquellas

metralletas que dispararon al techo podían cambiar de dirección, algo había que

hacer. Diecisiete horas son muchas horas.

¿Por qué dejar pues de soñar por la felicidad, o mejor, por la convivencia

posiblemente perdida? Por tanto, fui leyendo artículos, declaraciones, ensayos

de temas tan apasionantes y tan . contraindicados en aquel momento —¿o

precisamente indicados?— como los siguientes: «Los militares ante la transición:

El posfranquismo», de Gomáriz; «Los militares en la política de hoy», de S. E.

Finer; «Las FAS en la Constitución Española», de Trillo-Figueroa; «Cinco años de

tensiones militares», de Pedro J. Ramírez; «Las FAS obedecerán al Gobierno para

defender el orden constitucional», del entonces ministro de la Defensa, Agustín

Rodríguez Sahagún, en marzo de 1980.

Mensaje en las antípodas

«Los Ejércitos cumplirán el mandato Constitucional», de los jefes de los Estados

Mayores de los tres Ejércitos en la Pascua Militar de 1980; «El Ejército no

sueña con imposiciones ni dictaduras», del teniente general Pascual Galmes, en

su toma de posesión como capitán general de Cataluña hace poco más de un año, y

hoy capitán general de Valencia, sustituyendo al cesado Milans del Bosch.

No es necesario seguir. El mensaje está claro. Tan claro que se sitúa

exactamente en las antípodas de lo que pretendían nuestros ex secuestradores.

Alguien podrá calificar este hecho de masoquista, pero puedo asegurarles que

este soñarleyendo en el duerme-vela de aquella noche, era a la vez motivo de

tristeza por lo que estábamos viviendo, y de esperanza para seguir luchando por

lo que tantos deseamos y que habían afirmado con contundencia y repetidamente

nuestras más altas autoridades en Defensa, fueran civiles o militares.

En las largas diecisiete horas tuve tiempo de creer en todo y a la vez de dudar

de muchas cosas. ¿Nos engañamos al creer posible tanta belleza, en el país que

inventó las palabras «golpismo, pronunciamiento» y que las ha aplicado sin ton

ni son en el transcurso de nuestros dos atormentados últimos siglos? ¿Fuimos

engañados por promesas vanas de altos responsables que, como las palabras, se

las llevó el viento de un sencillo «golpe»?

La realidad es que el Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional nos han

librado del Ejército y de la Guardia Civil. Esta afirmación paradójica y

evidentemente absurda, no pretende mas que señalar que de 58.000 miembros de la

Guardia Civil sólo una veintena de mandos son culpa•bles de esta locura

anticonstitucional,

Viva, pero la buena

Los demás hasta unos 200 por fortuna, y en su honor, sólo presos de su

tradicional disciplina al mando, ya que muchos fueron engañados. Baste un

ejemplo..El sargento que vigilaba el turno para ir a los servicios, sin

preguntarle yo nada, de manera totalmente espontánea, me dijo: «Yo creo que esto

debe ser cosa del Ejército porque nosotros aquí somos cuatro gatos.» Ni él ni yo

sabíamos entonces que en el Ejército los sediciosos también eran cuatro gatos.

Al ir hacia Barajas para regresar a Barcelona, unos manifestantes gritaron muy

cerca de mí: «[Viva la Guardia Civil!» Sin ni siquiera pensarlo les dije:

«¡Viva, sí, pero la buena!» Es decir, su inmensa mayoría. La que es fiel, leal,

constitucional y por eso democrática.

Parece, pues, claro que podré hablar de «Nuestro Ejército, nuestra Policía,

nuestra democracia».

 

< Volver