Autor: Heras, Raúl. 
 Toda España, en la calle. 
 La manifestación más grande jamás contada     
 
 Diario 16.    28/02/1981.  Páginas: 2. Párrafos: 20. 

TODA ESPAÑA, EN LA CALLE,

Ejemplar servicio

El servicio de orden de la manifestación fue todo un ejemplo de servicio hacia

los demás. Integrado por personas de todas las edades, hombres y mujeres, debió

afrontar la contención de millón y medio de personas que a lo largo de todo el

recorrido pugnaban en algunos momentos por acercarse a los líderes que formaban

la cabeza

Su primera manifestación

Fraga nunca había´ ido a una manifestación. Y, por supuesto, jamás pensó que iba

a salir a la calle junto al líder sindical comunista Marcelino Camacho. Ayer lo

hizo. Juntos recorrieron los dos kilómetros de manifestación por la libertad, la

democracia y la Constitución, porque son ideales que no les separan.

La mejor escuela

¿Qué mejor escuela de democracia, de conciencia cívica, podrá tener esta niña

que su asistencia a la manifestación de ayer en Madrid? Sobre los hombros de su

padre, rodeada de miles de personas, sus. ojos miran asombrados, en ese su

despertar al mundo de los adultos, a los problemas de su país. Por ella debemos

luchar todos para que se encuentre con una España más libre y en paz, más tarde,

cuando sea mujer.

«¡Viva la prensa!»

Los directores de «El País» y DIARIO 16, Juan Luis Cebrián -paraguas en ristre—

y Pedro J. Ramírez —gabardina blanca—, asistieron juntos a la manifestación como

testimonio del frente común formado por ambos periódicos en las horas difíciles

del golpe. Entre ellos caminó Víctor de la Serna, gran periodista y defensor de

la libertad. Aplausos y gritos de «¡Viva la prensa!» subrayaron su llegada al

pie del Palacio de las Cortes. El coche de la Cadena SER había sido recibido con

similares manifestaciones.

LA MANIFESTACIÓN MAS

Madrid, este país, ya tiene un récord: La manifestación, que desde las siete de

la tarde a las diez de la noche recorrió la capital de España, desde la glorieta

de Embajadores hasta las puertas del Congreso de los Diputados, en la carrera de

San Jerónimo, fue la cita que se dieron millón y medio de madrileños para apoyar

con su presencia y con sus gritos su deseo de caminar en paz, en democracia y en

libertad hacia el futuro.

Raúl HERAS

Madrid — A las diez de la noche, entre los dos leones que escoltan la puerta

principal del Congreso de los Diputados, la locutora de televisión Rosa María

Mateo gritó: «¡Viva la Constitución!» «iViva la democracia!» «¡Viva España!», y

miles de personas que llenaban toda la carrera de San Jerónimo, las calles

adyacentes y la plaza de Cánovas del Castillo apoyaron con sus gargantas ese

grito de libertad y esperanza.

Fue imposible que la cabeza de la manifestación, en la que figuraban Rodríguez

Sahagún, Calvo Ortega, González Seara y Carmela García Moreno, en representación

de UCD; Felipe González y Enrique Múgica, por el PSOE; Santiago Carrillo y Simón

Sánchez Montero, por el PCE; Manuel Fraga y Jorge Verstringe, por Alianza

Popular, y Marcelino Camacho, Nicolás Redondo, Fidel Alonso, Zufiaur,

representantes de los partidos políticos y de las organizaciones sindicales,

llegase al Palacio

de las Cortes. Se quedó a unos metros, atascada ante el inmenso gentío que se

había congregado para gritar y apoyar con su presencia los deseos de democracia.

Atrás quedaban tres horas de lento caminar desde la glorieta de Embajadores.

Tres horas en las que la´ lluvia no arredró a nadie, ya que más de un millón de

personas aguantó a pie firme a lo largo de todo • el recorrido, coreando la

palabra «Libertad», cantando «Ei pueblo, unido, jamás será

vencido», afirmando que «Democracia, sí: dictadura, no», y «Se siente, se

siente, el pueblo está presente».

La reunión

- Ya a las seis de la tarde todas las vías que confluyen en la glorieta de

Embajadores eran un hervidero de gente y de coches. El Metro no daba para más,

igual que las líneas de autobuses. Miles y miles de madrileños acudían a la

convocatoria. Querían manifestarse por su libertad y lograron que la «más grande

manifestación jamás contada» en este país se convirtiera en una realidad.

A las siete y diez se daba la salida tras bastantes apuros de los servicios de

seguridad de la manifestación. No se lograba el espacio suficiente para que los

distintos cordones aseguraran un discurrir de la misma sin problemas, sobre todo

porque cerca del «scalextric» de la glorieta de Carlos V existia un «cuello de

botella» que obligaba al grueso de los manifestantes a juntarse aún más, si es

que aquello era posible.

Los puentes que atraviesan la glorieta de Carlos V y que unen la ronda de

Valencia con el paseo del Prado ofrecían una visión impresionante. Materialmente

llenos de gente eran la imagen viva y directa de la epopeya de todo un pueblo.

Lo mismo que las aceras, en las que una pancarta con la bandera española y la

leyenda «Viva el Rey» despertó los aplausos de todos los manifestantes.

Las cámaras de televisión, los micrófonos de las radios, _las cámaras de los

fotógrafos no paraban. Imágenes de familias enteras unidas brazo con brazo.

Hombres, mujeres y niños que se agolpaban en los balcones y ventanas para ver y

unirse a los que en la calle andaban unos metros, se detenían, volvían a

reanudar la marcha.

Los líderes de los distintos grupos políticos saludaban, sonreían o sumaban sus

voces a los gritos del pueblo. Antes, los distintos grupos habían concertado

citas previas en lugares próximos a Embajadores. Los funcionarios, los

sindicalistas, los intelectuales. Todos quisieron estar y allí estaban.

Impresionante.

... POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA

GRANDE JAMAS CONTADA

El Ayuntamiento

Pocos, muy pocos incidentes. Algunos desmayos que fueron rápidamente atendidos

por los servicios de la Cruz Roja, montados a todo lo largo del recorrido y que

funcionaron admirablemente. Incluso cuando, ya en el paseo del Prado, la luz de

las farolas desaparció y la calle quedó en penumbra, miles de personas seguían

gritando: «Libertad», «libertad».

Toda la Corporación Municipal, con su alcalde al frente, formó dos apretadas

filas, escoltados por varios maceros vestidos de gala. Su paso lo acogió la

multitud con vivas a Tierno y a los concejales más representativos de cada uno

de los grupos presentes en el Ayuntamiento: Ta.ma.mes, Puerta, Alvarez del

Manzano, que saludaban emocionados, sobre todo Tierno que llevaba en su mano

derecha la vara de alcalde.

Por cierto que los maceros debieron sudar tinta, sobre todo los que portaban las

mazas de bronce, que algunos las llevaban de aluminio pintado y aquello era otra

cosa. Si hay que poner alguna «pega», quizá haya que hablar de la Policía

Municipal, que no supo o no pudo abrir la marcha de la manifestación con alguna

de • sus dotaciones automovilísticas, de cara a evitar los parones y

embotellamientos. Pero, hay que reconocer que esa labor estuvo muy difícil. La

asistencia de ciudadanos rompió cualquier cálculo previo y desbordó hasta las

opiniones más optimistas.

Si algún cuerpo social puede, sentirse realmente satisfecho de la acogida y de

los aplausos de los manifestantes, éste era ayer el de la información. Miles de

personas gritaron y batieron palmas en honor de la prensa, la radio y la

televisión.

La información

El pueblo que estaba en las calles de Madrid, desde la glorieta de Embajadores a

la carrera de San Jerónimo, premió y valoró el esfuerzo, la dedicación de los

hombres y mujeres que informaron en los últimos días, puntual y exactamente, de

los dramáticos momentos por los que pasó la democracia.

También, en este aspecto, algo importante ha cambiado en esta semana. La

aparente distancia entre los medios informativos y el público se ha roto en

beneficio de todos.

El final

A las nueve y media de la noche la manifestación se acercaba a su meta: El

Congreso de los Diputados. Y, si detrás de la cabeza, miles de personas

apretaban los cuerpos para acercarse más y más a los leones.

Allí, a la espera, miles de madrileños esperaban la intervención final, las

palabras que resumieran el sentido de la extraordinaria manifestación popular.

La voz de Rosa María Mateo fue interrumpida varias veces. Los vivas se

prolongaban, como si del rugido de un inmenso animal se tratara, desde el cruce

de la carrera de San Jerónimo con Cedaceros hasta el paseo del Prado. Se coreó

la mención al Rey. Se vitoreó la actuación y unión de las Fuerzas Armadas con el

pueblo, al que pertenecen y sirven. Se aclamó la libertad, la democracia y el

deseo de un pueblo en decidir pacíficamente su destino.

Millón y medio de personas gritaron en Madrid «¡Viva la libertad!», «¡Viva la

democracia!»

 

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