Milans, a Tejero las capitanías están en marcha     
 
 Diario 16.    12/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

MILANS, A TEJERO «LAS CAPITANÍAS ESTÁN EN MARCHA»

Alas 18,20 horas del día 23, las primeras fuerzas de la Guardia Civil,

uniformadas y con armamento, llegan al Palacio al mando del teniente coronel

Tejero e irrumpen en el patio que separa Jos dos edificios, conminando a los

ujieres para que permanezcan quietas y requiriendo a los policías que se

encuentran de servicio a que les entreguen las armas, mientras los conducen a

las tribunas y al pasillo de los taquígrafos, donde ya permanecerán custodiados

hasta que a las 10,30 de la noche se les conmine para abandonar el edificio.

Sobra las 18,23 horas, cuando se estaba procediendo a la votación de investidura

de Calvo-Sotelo, irrumpe en el hemiciclo el teniente coronel Tejero, el cual,

pistola en mano, se dirige a la tribuna de oradores, hasta situarse a la derecha

y delante del presidente. Inmediatamente detrás entraron varios guardias civiles

armados que ocuparon posiciones en el salón y en la tribuna de invitados y, a la

vez que Tejero, gritaron: «¡Alto!» «¡Todo el mundo quieto!» «¡Silencio!» «¡Al

suelo!», mientras se producían varios disparos. Tejero manifestó que dijo:

«Estoy a las órdenes del Rey y del capitán general Milans del Bosch.»

El capitán Muñecas se dirigió a los diputados para anunciarles que dentro de

poco, cuestión de veinte minutos o media hora, llegaría la autoridad competente,

«por supuesto —añadió— militar».

Los diputados y senadores fueron obligados a tenderse al suelo,

permitiéndoseles, unos diez minutos después, incorporarse si bien permaneciendo

con las manos visibles, sentados en sus escaños y en silencio, siendo

acompañados por números de la Guardia Civil cada vez que tenían necesidad´ de

acudir a los servicios.

Guitiérrez Mellado

Mientras se producían los disparos, el vicepresidente primero del Gobierno,

teniente general Gutiérrez

Mellado, que no obedeció la orden de tumbarse en el suelo, se levanto de su

escaño para intentar reducir a Tejero, siendo interceptado por un grupo de

guardias, de los que han sido identificados dos, y dos oficiales, identificados

como los tenientes Boza y Ramos, en el forcejeo sufrió un pequeño arañazo en la

barbilla, interviniendo en ese momento Tejero, que lo zarandeó violentamente

poniéndole una zancadilla y sujetándole con la mano izquierda. En ese momento

salió de su escaño el entonces presidente Suárez para intentar ayudarle.

A continuación, Tejero, en compañía del capitán Abad, se dirigió a la centralita

y habló con Milans, diciéndole: «Naranjas, todo va bien. Viva España.» Milans le

recordó que en el plazo de dos horas debería llegar la autoridad militar

designada, así como el relevo de las fuerzas ocupantes

por las de la División Acorazada, y Tejero le contestó que hablaría con Armada

para que se pusiera en contacto con él, anunciándole que las Capitanías

Generales de la Península, excepto la I y IX, estaban en marcha y que las

insulares lo dudaban.

Hacia las 19,35, Adolfo Suárez se levantó del banco azul y exigió hablar con el

que mandaba la fuerza. Se oyeron gritos de «Retírese», «Silencio». Un guardia

dijo: «Tranquilidad. Al próximo movimiento de manos´ se mueve éste, ¿eh?»,

señalando la metralleta. Otra voz

conminó a Suárez a que permaneciera en su escaño, y éste contestó: «Yo tengo la

facultad, como presidente del Gobierno...», sin que se percibieran sus últimas

palabras, y fue interrumpido con la frase: «Señor Suárez, se siente, ¡coño!»

Momentos después, apareció en el hemiciclo Tejero, que comunicó que el general

Milans mandaba un abrazo y había decretado la movilización general. Se oyen

voces de ¡(¡Viva España!», «¡Viva el Rey!», «¡Viva la Guardia Civil!». Tejero se

dirigió a Suárez, y le cogió por el brazo, Suárez le pidió

que lo soltara y fue conducido a una habitación, en la que permaneció solo y

custodiado hasta el final de los acontecimientos.

Pasados unos minutos, se obligó a salir del hemiciclo a Felipe González y

Gutiérrez Mellado, y, poco después, a Guerra, Rodríguez Sahagún y Carrillo.

Todos fueron conducidos a una misma habitación; Rodríguez Sahagún se colocó en

el centro, y los restantes, uno en cada esquina. Felipe González y Guerra, de

cara a la pared; en ella permanecieron custodiados por el teniente Alonso

Hernaiz, por orden del capitán Muñecas.

Guardia Civil

Mientras, en el exterior • del Congreso, sobre las 19,05, llegó el general

Aramburu, director general de la Guardia Civil, acompañado por su secretario

particular, coronel Vázquez, y sus ayudantes.

Cuando vio a los guardias civiles que formaban el cordón aire edor del edificio,

mandó al teniente Blanco que se reintegre ai parque con todos los que pudiera

recoger, or en que éste cumplimenta. Aparece el capitán Francisco Ignacio Román,

a quien le ordena cooperar y, en vista de su actitud reacia, mandó al teniente

coronel Catalán que lo arreste. Otro tanto sucede con Jos capitanes Pérez de la

Lastra y Acera, sin que se llegue a tomar medidas contra ellos. A con-,

tinuación, se dirigió al edificio pretendiendo entrar en él, enfrentándose con

Tejero que, pistola en mano, salió acompañado de un teniente y varios números.

El general Aramburu conminó a Tejero para que depusiera su actitud y se

entregase, a lo que responde:

«Mi general, estoy dispuesto a todo y, antes de entregarme, primero le mato y,

después, me pego un tiro.»

Ante tal reacción, Aramburu hace ademán de sacar el arma, pero alguien se lo

impide, mientras los acompañantes de Tejero se desplegaron y adoptaron

posiciones de tiro. Observando que se daban órdenes de tajar de los autobuses,

Aramburu se dirigió hacía ellos para evitarlo, consiguiéndolo en cuanto al

teniente Blanco, pero no con el resto.

Entre las 19,30 y las 22,30 horas fueron obligados a desalojar el Congreso los

periodistas, funcionarios de la Cámara, invitados y miembros del Cuerpo Superior

de Policía.

A las 20,45, un miembro de la Guardia Civil, desde la tribuna de oradores lee el

télex de Europa Press, sobre la situación en el Cuartel General del Ejército y

en el Ministerio del Interior; inmediatamente el capitán Acera lee otro

comunicado .de, la misma agencia, que transmitió el manifiesto de Milans, a

continuación se lee la noticia de la ocupación de las instalaciones de

Radiotelevisión Española en Prado del Rey.

El presidente de la Cámara, los vicepresidentes y el secretario, fueron

cacheados por los hombres de Tejero

 

< Volver