Autor: Milans del Bosch y Ussía, Jaime. 
   La carta de Milans     
 
 Diario 16.    29/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA CARTA DE MILANS

«Excmo Sr. don Manuel

Gutiérrez Mellado, ex vicepresidente 1.° del Gobierno, Palacio de la Moncloa,

Madrid.

No puedo empezar esta . carta con el encabezamiento normal entre militares, de

«mi querido amigo y compañero», porque a ti no te considero ni amigo, ni

compañero, pero además, tendría que cambiar el adjetivo de querido por el de

«despreciable» que es lo que realmente siento por ti y que, a fuer de ser

sincero conmigo mismo, tengo que decírtelo.

Te escribo indignado —aunque no sorprendido, pues de ti se puede esperar todo—,

después de leer en los periódicos tus declaraciones. Está muy claro que ni yo ni

nadie puede recibir lecciones de ética militar de ti, por la sencilla razón de

que no la conoces. Quiero pensar que estás loco, lo que justificaría, de algún

modo, tus muy frecuentes e histéricas reacciones, que todo el mundo conoce y que

quizás esta carta también te pueda provocar.

Decía, que ni yo ni nadie, podíamos admitir lecciones de ética militar de ti

pues ¡cómo se pueden admitir de quien —siendo oficial—, la única vez que ha

combatido, en vez de hacerlo al frente de sus tropas y frente al enemigo, lo ha

hecho de la sucia forma de los espías; de las dos caras; de la puñalada por la

espalda! ¿No es así como luchaste en lo que yo llamo Guerra de Liberación y

ahora se suele conocer por Guerra Civil? Es decir, luchamos en el mismo bando,

pero de forma bien distinta: yo al frente de unidades de Ja Legión;, tú desde

dentro del bando rojo o republicano, como quieras llamarle. Y muchas y muy

importantes «fechorías» debiste de hacer cuando no solamente creo que tienes el

«valor reconocido» sino que, según se dice (es vox populi), tú mismo te

propusiste para una importante condecoración, que un prestigioso general rechazó

diciendo: «A un espía se ¡e paga, pero no se le condecora.»

Nuestra actitud, por lo tanto, en la guerra, ha sido bien distinta y esa

misma actitud la hemos seguido, los dos, en la paz: yo siempre de frente, de

cara; tú siempre actuando en la sombra y por la espalda.

En cuanto a tu valor «reconocido» también tendría algo que decir, pues creo que

es preceptivo para alcanzarlo, tres operaciones con bajas en tu unidad o una

herida frente al enemigo o un determinado periodo de operaciones. No sé que

tengas nada de ello, pero en fin, algo muy importante debiste hacer en la

retaguardia roja, cuando te lo apuntaron en tu Hoja de Servicios, sin pasar,

tampoco, por Rusia, Ifni o Sahara.

Podría seguir dando razones para demostrar que nadie puede recibir lecciones de

ética militar de ti y recordar muchas cosas que se dicen de tus actuaciones y

que nunca - han quedado suficientemente claras: Villaviciosa, Regimiento a

Caballo, muerto en la Carretera de Extremadura, etcétera, etcétera, pero estimo

que no es necesario.

Finalmente, quiero recordarte que no te debo nada. Ni ascensos ni destinos.

Gracias a Dios tengo una Hoja de Servicios que hace.honor a mi apellido y ésta

es la que me los concedió. Intentar pedirme deudas de gratitud es confundirse

tan torpemente como en el caso de llegarse a creer que el Ejército hubiese caído

al suelo, de haber caído tu persona en el desgraciado incidente del Congreso.

Espero tu reacción, que será sin duda de puñalada por la espalda, iqué otra cosa

se puede esperar de ti! Es tu forma de actuar y estoy preparado en todos los

terrenos para ello. No me importa. Lo que me importa es mi honor y eso ni tú ni

nadie puede mancharlo. v

Te escribo esta carta al palacio de la Moncloa, pues se dice que tienes allí un

despacho, jen qué estarás trabajando ahora! I Qué asco!

Jaime Milans del Bosch y Ussía FU: A esta carta voy a darle la máxima

publicidad. Al menos, tanta como tuvieron tus declaraciones. Ya te ocuparás tú

de intentar silenciarla. ¡Es tu estilo! 77

 

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