Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   El Guti: Abstemio, quijote, soldado, espía...     
 
 Diario 16.    29/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

«El Guti»: Abstemio, quijote, soldado, espía.

La durísima carta que el teniente general Milans del Bosh ha dirigido al ex

vicepresidente y teniente general Gutiérrez Mellado resucita a los aires de la

actualidad algunos pormenores de la densa biografía de «El Guti». Porque a lo

largo de toda la misiva, Milans menciona reiteradamente las antiguas

expediciones en el servicio de información de don Manuel, durante la guerra

civil, en el que tuvo una activa particpación como «espía», tal como señala

Milans.

Gutiérrez Mellado comenzó sublevándose en el Regimiento a Caballo número 18, el

18 de julio, siendo teniente, tras lo cual fue hecho prisionero en Madrid, de

donde logró huir y tras refugiarse en una Embajada, pasó a la zona nacional.

Ya en ella, se integró en los servicios de información y por órdenes del mando

regresó a la zona republicana, siendo el único oficial de los tres Ejércitos que

logró infiltrarse en los servicios de la República.

Milans, sin embargo, manifiesta una clara repulsión y un rotundo desprecio por

tales acciones -la sucia forma de los espías», dice—, y las describe con tan

hiriente y no sé si deliberada ambigüedad que tal parece como si las misiones de

información del ex vicepresidente las hubiera llevado a cabo a favor del bando

adversario.

Salvaron la vida

Y fue todo lo contrario. Como infiltrado en las líneas republicanas obtuvo,

según sus biógrafos, valiosísimas informaciones, como la orden de operaciones

«rojas» para la segunda ofensiva de Brúñete.

Asimismo, más de-50 compañeros suyos —muchos de ellos son hoy jefes y generales—

pudieron salvar la vida, gracias a su inestimable ayuda.

No se entiende muy bien ese visceral desprecio de Milans hacia lo que él

despectivamente llama

«espías». Entre otras cosas porque, al margen dé tópicos y clichés puestos en

circulación por la narrativa de evasión y las dos pantallas —la grande y la,

pequeña—, sí parece claro que para serlo se requieren las mismas cotas de valor

y patriotismo que demandan las trincheras del frente, además, de muy abundantes

dosis de sagacidad, inteligencia y sangre fría.

No sé si el teniente general Milans conoce los textos de uno de los soldados más

excelsos de la historia de Occidente, aquél que incluso atrajo el interés y la

admiración de intelectuales como «el hombre de las luces», Voltaire. Me refiero

a Federico el Grande de Prusia, quien dejó escrito: «Mis enemigos van a las

batallas precedidos de 100 cocineros. Yo, de cien informadores.» Siempre vencía.

Ni tampoco se entiende su cita de un anónimo general («a un espía se le paga,

pero no se le condecora»), tan ingeniosa como falsa. La historia moderna está

plagada de agentes convertidos en héroes de sus países o en altos dignatarios.

Dos casos bien recientes son los de Sadat y Begin, antiguos espías, ambos.

Quijote

«Yo también luché en la guerra desde un puesto en el que el riesgo permanente no

era menor del que corría quien empuñaba un fusil...», señalaría hace algunos

años el teniente general Gutiérrez Mellado a la periodista María Marida.

En la misma entrevista, «El Guti» —que se declaraba abstemio, porque «si bebo me

duele la cabeza»—, trazaba un breve apunte de su personalidad: «A mí se me

conoce enseguida, no tengo doblez. Tiro más a Don Quijote que a Sancho...», lo

cual es diametralmente opuesto al retrato que de él hace Milans de´l Bosch

cuando habla del hombre «de las dos caras», de este militar austero y silencioso

de tan multiforme peripecia vital: abstemio, quijote, soldado, espía...

José Luis GUTIÉRREZ

 

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