Los gobernadores militar y civil de Valencia declaran ante el juez. 
 Caruana quiso arrestar a Milans y éste se lo impidió, revólver en mano     
 
 Diario 16.    25/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

LOS GOBERNADORES MILITAR Y CIVIL DE VALENCIA DECLARAN ANTE EL JUEZ

Luis Caruana, recientemente ascendido a teniente general, a pesar de las dudas

que su actuación suscitó en algunos sectores políticos en relación con la noche

del 23-F en Valencia, es tajante en sus declaraciones. Quiso arrestar a Milans,

en su despacho, por orden de Gabeiras, pero el ex capitán general de la III

Región se lo impidió, revólver en mano, con una sola palabra: «Atrévete». La

respuesta de Caruana fue: «Mi general, puedes pegarme un tiro.» En ese momento

sonó el teléfono y Milans del Bosch dijo al Rey —que estaba al otro lado del

hilo telefónico— que retiraría las tropas. Caruana, hoy teniente general en

situación de disponible forzoso y que ocupará probablemente la Capitanía General

de Zaragoza, cuando su titular pase a la situación de destino de Arma o Cuerpo,

asegura en su declaración que cooperó en todo momento con el gobernador civil

para que se mantuviese el orden en la ciudad, hecho éste que ni desmintió ni

confirmó Fernández del Río

Caruana quiso arrestar a Milans, y éste se lo impidió, revólver en mano

•• Caruana le dijo a Milans: «Mi general, puedes pegarme un tiro, pero creo que

debes retirar las tropas hacia sus acuartelamientos»

«Me llamaron de Capitanía para que fuera a ver al capitán general a las 17,30

horas sin decirme para qué. Fui a Capitanía a esa hora, y en el despacho de

ayudantes me encontré a los demás generales. Salió el capitán general de su

despacho y nos hizo pasar a una salita, donde nos sentamos. Nos dijo que

esperaba un grave acontecimiento en Madrid y que cuando pasara, le tenía que

llamar el general Armada. Que si sucedía, pensaba publicar un manifiesto que nos

leyó.

A todos nos pareció bien en principio, ya que era para mantener el orden y la

tranquilidad en

la ciudad y región. El manifiesto regía hasta que se recibieran órdenes eel Rey

o de la superioridad, y terminaba con el viva al Rey y a España que suscribíamos

todos.

Al terminar de leer el manifiesto le pregunté: "Dame órdenes y misiones", a lo

que me contestó: "Tú te vas al Gobierno Civil y cooperas con el gobernador civil

con diplomacia para que se mantenga el orden, no haya disturbios,

manifestaciones ni jaleos en la calle." Creo que llegué al Gobierno Civil sobre

las siete de la tarde, y entré en el despacho del gobernador, que estaba con

José Luis Manglano (UCD), que se marchó después de saludarnos.

También vinieron muchas visitas asustadas y con cara extraña, cuando me veían en

el despacho. Entre ellas, el señor Lorca, de CC 00, el rector de la Universidad,

el vicerrector del Politécnico, el alcalde y alguien más.

Permiso

£1 gobernador me pidió permiso para reunir la Junta de Defensa y así vinieron el

jefe superior de Policía, los mandos de la Guardia Civil y Policía Nacional, y

me informó que iban a redactar un acta donde constaría que reunida la Junta, y

habiendo tomado el mando el capitán general, no tenía nada que actuar, aunque

seguirían reunidos a la espera de acontecimientos.

Debió ser sobre la una de la madrugada, cuando me llamó el teniente general

Gabeiras. La conversación con él fue poco más o menos: "Hola, Caruana, ¿sabes

que tu capitán general se ha sublevado?" Yo respondí: "No, mi general, el

capitán general está actuando para mantener el orden, y el Rey está en

conocimiento de lo que hace." Gabeiras agregó: "Te digo que no, que por tres

veces le ha dado

el Rey la orden, y se niega, a obedecerla." "Mi general —dije— yo sé que Jaime

está en contacto con La Zarzuela." Gabeiras me preguntó: "¿Tú con quién estás,

con Jaime o con el Rey?" "Con el Rey, por supuesto, pero Jaime está en contacto

con el Rey."

Nuevamente Gabeiras dijo: "Estás es un error. Vete a Capitanía, arrestas al

capitán general y te constituyes tú en capitán general." A esto repliqué: "Mi

general, hay un general de División más antiguo que yo." Gabeiras señaló: "No

hay forma de localizar a León Pizarro. Ya lo he intentado repetidas veces."

Pregunté: "¿Qué quieres, que vaya yo? Es una papeleta, pero ahora mismo salgo

para Capitanía y te llamaré desde allí."

Fui a Capitanía y entré en el despacho del capitán general. Creo que estaba allí

el general Urrutia, el coronel Ibáñez y alguien más. Jaime estaba hablando por

teléfono y cuando terminó me acerqué a su mesa y le dije: "Mi general, traigo

orden del teniente general Gabeiras de que te consideres arrestado en tu

domicilio y a hacerme cargo de la Capitanía." Se sonrió y, cogiendo el revólver

que tenía encima de la mesa, me dijo: "Atrévete."

Tiro

"Mi general —le dije—, puedes pegarme un tiro, pero creo que debieras retirar

las tropas hacia sus acuartelamientos. Eres el único que has sacado las tropas y

no hay razón, ni motivo, para esta situación."

Creo que fue entonces cuando llamaron por teléfono de La Zarzuela y le oí decir:

"A las órdenes de Vuestra Majestad. Señor, mi lealtad hasta el fin. Son unas

unidades de vigilancia para mantener el orden." Y cuando colgó el teléfono dio

inmediatamente la orden de retirar las Fuerzas a sus acuartelamientos, lo que se

hizo inmediatamente.

Me volvió a llamar Gabeiras y me dijo que era verdad que Jaime había hablado con

el Rey. Me preguntó si las tropas se estaban retirando, lo que contesté

afirmativamente. ¿ Cómo iba yo a arrestar al capitán general si acababa de

hablar con Su Majestad?

El gobernador

A eso de las 3,30 de la madrugada volví a Capitanía llevando el periódico "Las

Provincias", y senténdome al lado del capitán general traté de convencerle de

que con el mensaje del Rey no podía mantener el manifiesto en vigor. Eramos la

única Región de España con el toque de queda y demás medidas del manifiesto. El

mismo había puesto que estaba en vigor hasta recibir instrucciones del Rey, y ya

las tenía.

Consultó con el general Urrutia, que estaba presente, y me dio la razón, así

como el teniente coronel Pacheco, de su Estado Mayor, que también me apoyó. Al

fin ordenó que se redactara la orden por la que se anulaba el manifiesto.

Ya no volví al Gobierno Civil, y estuve con Jaime y su Estado Mayor hasta las

siete de la mañana, siguiendo las incidencias del Congreso, y viendo como Jaime

hablaba con La Zarzuela, con Tejero, con Pardo, Armada, etcétera, preocupados

todos por la solución que tendría el desenlace- óe la situación.

Gabeiras, en la segunda conversación que mantuve con él, no me reiteró la orden

de arresto del capitán general. Hasta que Gabeiras me llamó, sobre la una de la

madrugada, no tuve dudas de que lo que hacía Milans, el Rey lo sabía.

«Este tío está loco»

En la conversación que mantuvieron Tejero y el teniente general Milans del

Bosch, este último decía del primero: "Este tío está loco", pues Tejero le decía

que sólo le quería a él como jefe del Gobierno, y que eso no era así.

Los hechos constituyeron una completa sorpresa para todos, pues no estábamos

enterados de nada hasta que el capitán general nos lo dijo sobre las seis de la

tarde.

Si pensaban arrestar a Jaime, lo lógico es que lo hiciera por teléfono el Rey,

con quien hablaba, o que hubiera dicho que me pusiera al teléfono yo u otro para

su arresto.

Milans nos dijo que el hecho que iba a ser el detonante era la ocupación del

Congreso pocos minutos antes de producirse, cuando ya no era posible

reaccionar.»

Además del entonces gobernador militar de Valencia, general Caruana, ha prestado

declaración también en el sumario el gobernador civil de dicha provincia,

Fernández del Río.

«A las 19,15 horas, el general Milans del Bosch se puso en contacto conmigo y me

dijo textualmente: "En mi opinión se ha producido un vacío de poder al estar el

Gobierno secuestrado, por lo que me he puesto en contacto con el Rey, quien me

ha indicado que me haga cargo del mando de la provincia para garantizar el orden

y la seguridad ciudadana." Tuve conocimiento de esa decisión de Milans del Bosch

antes de la entrada en vigor del manifiesto, sintiéndome, al conocer éste, y a

la vista de su contenido, no sólo marginado, sino engañado.

Consideré que Milans se había excedido, no ya por no contar conmigo, sino por el

contenido claramente anticonstitucional del bando, y así se lo manifesté a las

21 .horas al gobernador militar, que me acompañaba, y en posterior conversación

telefónica a Milans del Bosch. Las palabras de respuesta de este último fueron:

"Las cosas hay que hacerlas así, porque no pueden dejarse a medias."

Antes de la publicación del manifiesto y durante la vigencia del mismo tomé

medidas consistentes en ponerme en contacto con el jefe superior de Policía y

teniente coronel de la Guardia Civil ordenándoles lo siguiente: que

establecieran contacto con todas las Comisarías y puestos de la provincia,

ordenando a sus mandos permanecieran alerta observando cualquier anomalía o

alteración del orden que se produjese e impidiendo cualquier acto tumultuario,

que la Policía Nacional adoptase medidas de protección para las sedes del

Consejo del País Valenciano, Diputación Provincial, Ayuntamiento, Palacio de

Justicia, así como las de los partidos políticos y centrales sindicales.

•• Fernández del Río: «Cuando tuve conocimiento del manifiesto, consideré que

Milans

actuaba fuera de la ley»

SUMARIO DEL 23-F

Diario! 6/25-agosto-81

 

< Volver