Juste se justifica ante el juez  :   
 Colaboró con los golpistas hasta que conectó con la Zarzuela. 
 Diario 16.    22/08/1981.  Páginas: 2. Párrafos: 22. 

JUSTE SE JUSTIFICA ANTE EL JUEZ

Colaboró con los golpistos hasta que conectó con La Zarzuela.

El general Juste, jefe de la División Acorazada, dejó entrever en sus

declaraciones sumariales ante el juez y el fiscal que el 23 de febrero fue

engañado por sus colaboradores golpistas hasta que, en comunicación con el

general Sabino Fernández Campos, secretario general de la Gasa Real, éste le

manifestó que en "el palacio de La Zarzuela no estaba el general Armada —como le

habían anunciado sus colaboradores— ni se le esperaba.

Torres Rojas advirtió que a la operación no debía dársele el nombre de

«movimiento»

«Ante mi objeción de que debíamos informar al capitán general de Madrid,

Quintana Lacead, se me respondió que eso lo haría Milans»

N la mañana dei 23 de febrero, acompañado del coronel San Martín y del teniente

coronel Santa Cruz salimos de Madrid hacia el campo de maniobras de San

Gregorio, en Zaragoza, donde se encontraban unidades de la DAC realizando

ejercicios tácticos», explicó ante el juez instructor del 23-F, el jefe de la

División Acorazada, general José Juste.

«Tras parar en Alcalá de Henares con intención de asistir a los actos

conmemorativos de la fundación de la Brigada Paracaidista, proseguimos camino,

deteniéndonos en el parador de Santa María de la Huerta para recoger unos

«sandwichs» y unas cervezas para consumir en el camino.

Desde allí el coronel San Martin telefoneó a El Pardo para notificar la

modificación del programa,-comunicándole el capitán Tamarit que debíamos

regresar al cuartel general porque algo grave ocurría, sin precisar en qué

consistía.

Poco antes de las 17 horas llegamos a El Pardo. Eri el patio del acuartelamiento

vi en seguida al

general Torres Rojas, acompañado de un grupo de jefes y oficiales, al que

saludé. Me explicó que su presencia en Madrid obedecía a tener que resolver

cuestiones notariales relacionadas con un piso de su propiedad y había

aprovechado la oportunidad de saludar a los amigos, habiendo comido en nuestra

residencia.

Nos dirigimos a mi despacho, donde llegué con algunos de los jefes de la-

División que anteriormente habían sido convocados, según supe después, para

saludar a Torres Rojas.

Un hecho sonado

Nos encontrábamos en ese momento los coroneles Sanmartín, Arnaiz, Centeno,

Pontijas y Cervantes y el comandante Pardo, además de, Torres Rojas y yo.

Sucesivamente irían llegando el general Yuste y los tenientes coroneles Sanz, de

Villavi-ciosa, y Pardo de Santayana del Goal y, ya terminada la reunión, el

general Ortiz y el coronel Valencia.

El coronel San Martin anunció que hay un tema muy importante que tratar y pide

permiso para que sea expuesto por el comandante Pardo.

Este pasó a informar de la entrevista que el día anterior, domingo 22, había

mantenido en Valencia, con el capitán general de la 111 Región, llamado por él.

Según su relato, el teniente general Milans del Bosch le expuso que en esa tarde

del lunes iba a producirse un hecho muy importante y de extraordinaria gravedad

ante el que no habría más remedio que actuar para garantizar el orden y la

seguridad, que su Región ya estaba preparada —pensaba declarar el estado de

excepción—, y que la DAC tenía que estarlo por si fuera preciso. Que la señal

desencadenante sería un hecho «sonado» del que sabríamos por la radio y TV, que

no estaba en condiciones de concretarnos, y que se produciría a partir de las 18

horas; esta misma señal nos daría explicación de las razones de actuación.

El comandante Pardo y el general Torres Rojas insistieron reiteradamente en la

constitucionalidad de la acción- prevista, que se desarrollaría a las órdenes

del Rey y —llegaron a afirmar— con la simpatía y apoyo de la Reina.

Como garantía de esas afirmaciones se indicaban los nombres de los mandos

supuestamente implicados, de personalidad sobradamente por todos conocida: el

teniente general Milans del Bosch y el general Armada, que se encontraría en La

Zarzuela a partir de las 18 horas.

Hizo, asimismo, hincapié en la importancia de garantizar las instalaciones

y especialmente las de Radio ´ Nacional y TVE.

No era un movimiento

Se hicieron al comandante Pardo varias objeciones, por mi parte y por la de

algunos de los asistentes,

entre ellas la de que había que informar al capitán general, respondiendo algo

así como que el teniente general Milans establecería contacto en su momento con

los capitanes generales y que sobre otros aspectos no era posible conocer más

detalles, pero que se podía tener la seguridad de que todos estaban estudiados y

resueltos por quien procedía.

El general Torres Rojas advirtió que a la actuación eventualmente a desarrollar

no debía dársele el nombre de movimiento, que no se le ofrecían dudas sobre su

resultado por contar con la voluntad del Rey, poniéndose personalmente a sus

órdenes para lo que pudiera precisar, ofrecimiento al que no respondí. Al poco

rato, regresó al despacho el comandante Pardo solicitando autorización para leer

la propuesta de distribución de misiones que, en síntesis, consistían en su

conjunto en ocupar puntos de la capital y hacer

acto .de presencia en los centros de comunicación de radio y Televisión,

suspendiendo, si la situación lo hiciera necesario, la transmisión de noticias.

Únicamente, si las´unidades fueran atacadas violentamente por grupos civiles,

harían las fuerzas fuego al aire, primero, si no fuera suficiente, al suelo, y

sólo en último extremo, sobre los atacantes.

Apenas desalojado el despacho por los últimos llegados (salvo por los generales

Torres Rojas y Yusty, y coronel San Martín), supimos por un transistor que tenía

encendido la noticia del asalto al Congreso, hecho que sin duda correspondía al

anunciado por el comandante Pardo.

Desaparecieron mis dudas

Mi preocupación inmediata fue llamar a La Zarzuela para comprobar la presencia

del general Armada allí. Los enlaces telefónicos, indudablemente por la

sobrecarga de las líneas, eran difíciles de conseguir en esos momentos. Sin

embargo, sobre las 18,45 logré enlazar con el general Fernández Campo, al que

pregunté por Armada, contestándome que ni. estaba allí ni se le esperaba para

nada. Se extrañó ante mi insistencia y, al ponérseme en evidencia que no se

sabía nada de él en palacio, desaparecieron mis dudas.

Milans le dijo a Pardo Zancada, el domingo 22, que tenía que estar preparada la

División Acorazada por un hecho muy importante que se iba a producir en Madrid

el lunes.

En el contacto que me apresuré a establecer qon el capitán general le di cuenta

de la situación de la Acorazada, ordenándome dispusiera se mantuvieran las

unidades en^sus acuartelamientos.

Se procedió a transmitir las órdenes oportunas —que al hacerlo a algunas

unidades, ya las habían recibido directamente de Capitanía General—, que fueron

reiteradas por el mando de la División, procediendo a confirmarlas por escrito,

firmando personalmente por mí y distribuidas-inmediatamente por agentes de

enlace sobre vehículos.

Se me dio parte de que, salvo Villaviciosa y un destacamento del Regimiento

Mixto de Ingenieros, la totalidad de las unidades estaban en sus

acuartelamientos. Se insistió cerca del coronel Valencia, que al parecer tiene

dificultad para transmitir la orden. En todo caso, antes de las 21,15 habían

regresado las unidades del primero y, antes de las 20,30, la de Ingenieros.

Torres Rojas

Habiéndose informado al capitán general de la presencia del general Torres Rojas

en el cuartel general, hacia las 20 horas, se me indica por aquél le transmita

la orden de su capitán general (teniente general Fernández Posse) de que se

reintegre ^inmediatamente a su jpuesto en La Coruña, orden que recibe sin

comentarios, limitándose a consultar seguidamente un horario de aviones y a

pedirme un vehículo para trasladarse a Barajas, a lo que accedo. Se despide de

mí, sale de mi despacho y, según pude comprobar posteriormente en el control de

salida, a las 21,50 abandona el acuartelamiento.

Hacia la 1,30 horas del día 24, por el transistor que tenía en mi despacho me

enteré de que vehículos de la División Acorazada estaban aproximándose al

Congreso. Llamé al coronel San Martín para que se informara y me comunicó la

unidad a que pertenecían. Al momento, me informó de que se trataba de las

compañías de cuartel general y Policía Militar de la División, que, con sus

mandos naturales al frente y a las órdenes del comandante Pardo, habían

abandonado el acuartelamiento sobre las 12,30. A la expedición se habían

incorporado, voluntariamente, otros dos capitanes.

Hacia las 2,30 transmito al coronel San Martín la orden del capitán general para

que se presente en Capitanía, en donde se le encomienda la misión de tratar

nuevamente de convencer al comandante Pardo para que deponga su actitud,

acompañándole esta vez el teniente coronel Boneüo, del Estado Mayor de

Capitanía,, lo que tampoco consigue, a pesar de ser portador de un mensaje

personal de SM el Rey para el comandante. El coronel San Martín se reintegra al

cuartel general hacia las 9 horas.

A las 13 horas, poco más o menos, se me presenta el comandante Pardo para darme

cuenta de su reincorporación y la de las unidades que había mantenido a sus

órdenes. Le recrimino, con muy breves palabras, su acción y le transmito

asimismo la contrariedad de SM el Rey por no haber obedecido su mensaje, extremo

éste que me había comunicado el teniente general Quintana.»

 

< Volver