El jefe de la DAC temió ser desbordado por sus subordinados     
 
 Diario 16.    27/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LAS REZONES DEL GENERAL

El jefe de la DAC temió ser desbordado por sus subordinados

El general jefe de la División Acorazada Brúñete temió en la tarde del 23 de

febrero que una oposición frontal por su parte a la movilización iniciada por

sus subordinados en su ausencia pudiera acabar por desbordarle, en vez de

asegurarle el control de la situación.

Tras insistir en la precariedad de la información de que dispuso, el mismo día

del. asalto al Congreso, hasta que llegó a su cuartel general así como en el

desconocimiento absoluto de los preparativos de la rebelión, Juste Fernández

presenta con carácter de constatación en su tercera delcaración el malestar

existente por la situación general del país entre los mandos militares y su

predisposición a una solución incluso violenta.

«Es muy conocida —reconoce en la declaración— la situación de ánimo de la

mayoría de los cuadros de mando del Ejército, producida por la evolución de la

situación nacional en los últimos años, que ha podido crear en ellos un clima

favorable a las soluciones que propusieron y que, por añadidura, se presentaban

avalados por el Rey. Prueba patente de lo anterior es que no se produjeron

peticiones de órdenes por escrito, ni solicitudes de explicaciones de fondo, ni

una mayor información

general que la que fue proporcionada.»

Reacciones

A lo largo de la declaración, el general de la DAC reitera la posibilidad de que

entre sus subordinados se produjesen reacciones incontrolables en el caso de que

por su parte no hubiese adoptado la actitud «moderada» que asumió.

Concretamente, Juste sostiene que «presentaba gran dificultad en´ aquellos

momentos establecer hipótesis lógicas en cuanto a las reacciones que los propios

mandos de la División ante otro tipo de de decisión»/ Y más adelante^ agrega:

«También se presentaba la posibilidad de reacciones al lado del comandante

Pardo, incluso, por razones estrictas de compañerismo y de compromiso moral con

la acción de una fracción del Ejército.»

A continuación, Juste reconoce que «accedí a que por el Estado Mayor se

elaborasen las directrices para la actuación y que fueran leídas a los mandos».

Más adelante recuerda que a los dos días del intento de golpe de Estado informó

a los mandos de la División, conforme le había ordenado el capitán general de

Madrid. En la exposición «afirmé —añade .Juste— que siempre mantuve el mando de

la División, así como que me responsabilizaba de todas las órdenes dadas con mi

conocimiento, a excepción de la salida del comandante Pardo al Congreso».

«Dichas órdenes —precisa seguidamente— no cubren las concernientes a la

retención del personal de las unidades dadas a las 16,55 horas y antes por el

Estado Mayor en mi ausencia.»

«Sí cubren —reitera Juste— las concernientes a la asignación de misiones y de

actuación en las condiciones previstas en el plan expuesto por el Estado Mayor,

en el que se incluía que el acontecimiento desencadenante de la acción sería un

hecho sonado que se produciría a partir de las 18 horas.»

«Dadas las reservas mentales q^ue me establecí en aquellos momentos —a las que

alude a lo largo de la declaración a tenor de -distintas conversaciones e

informaciones-, y aunque mantuvo el mando siempre, en estas condiciones no

recuerdo haberme expresado «bueno, pues adelante».

Mi actitud —resume Juste— en el periodo de tiempo anterior a las 18,30 horas no

fue de inhibición ni de mera aquiescencia a las iniciativas del jefe del Estado

Mayor, sino que fue de mantener el mando efectivo de la División, con las

reservas mentales que me planteé a causa de la situación, y en la que otra

actitud podía haber producido, a mi parecer, una evolución de los

acontecimientos completamente distinta.»

El general de la División Acorazada asegura que la conversación telefónica con

el secretario de la Casa Real, Sabino Fernández del Campo, se produjo a

iniciativa suya, al igual que el diálogo con el capitán general Quintana Lacead.

 

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